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Bach, «Ya tengo suficiente»

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Jueves 25 de abril, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo, XI Primavera Barroca: Anacronía, Rita Morais (soprano): La familia Bach. Obras de J. Ch. Bach, C. Ph. E. Bach y J. S. Bach.

Avanza la undécima primavera barroca ovetense, en colaboración con el ciclo «Circuitos» del CNDM, con otro lleno y todo vendido en la sala de cámara para disfrutar de un programa en torno a Bach y sus hijos, contraste entre el Padre Bach desde el barroco y sus enseñanzas a dos de sus hijos en la transición al Clasicismo conocida como «Estilo Galante«.

El ensamble Anacronía formado por seis jóvenes músicos están demostrando que las nuevas generaciones afrontan sin complejos estos repertorios impensables hace poco para formaciones españolas, obteniendo distintos premios en su breve carrera, y siendo Bach la escuela perfecta tanto para su familia, los intérpretes y un público que siguen teniendo al kantor como el mejor ejemplo, de quien Casals decía «Inicialmente estaba Bach… y entonces, todos los otros». Con el permiso de mi tocayo catalán añadiría un slogan tipo «No diga música, diga Bach…«.

Para abrir esta velada familiar el «menos reconocido» de los hijos músicos de Bach, Johann Christian (conocido como ‘el Bach de Londres’) con un cuarteto para flauta donde lucirse además de presentar David Gutiérrez al traverso, con violín, viola, viola de gamba y clave en dos movimientos, recordando que Bach padre también era virtuoso intérprete del violín y la flauta que transmitió a su prole musical. Obra bien escrita y con la plantilla interpretándola de memoria, buena señal de estudio y ensayo, diálogos violín-flauta matizados más un continuo que ya despuntó en este primer cuarteto.

Si las cantatas de Bach son un auténtico «corpus», era lógico que Carl Phillipp Emanuel también compusiera estas formas para voz, en este caso una cantata profana de título Der Frühling (La Primavera) con todo el simbolismo e inspiración del texto en la voz de la soprano portuguesa Rita Morais junto al ensemble sin el traverso. Una voz femenina recordando las voces blancas con las que se trabajaba entonces, buen acompañamiento de Anacronía y color vocal perfecto para esta obra luminosa llena de contrastes, como era obligado en el Sturm und Drang, de volumen suficiente manteniendo uniformidad tímbrica en toda la amplia tesitura de esta «primaveral cantata» donde los trinos los puso un clave siempre acertado en las ornamentaciones y registros elegidos.

No se admiten comparaciones con «Mein Gott», Bach padre de todas las músicas, y de hecho la Cantata BWV 82a titulada Ich habe genug (Ya tengo suficiente) con todo el orgánico, es una joya -aunque sin órgano o contrabajo- pero perfecta para la acústica de esta sala y el ensamble formado en tierras murcianas. De recuerdos «pasionales sanjuaninos» en el dúo de flauta y soprano que presentaría la propia Rita Morais como un hito del Maestro, final de una etapa, de una vida, tres arias con dos recitativos intermedios, el segundo verdaderamente intenso aunque en ambos la soprano mostró una dramatización acorde con el texto, más la alegre y «agradecida» aria final, agilidades y saltos melódicos resueltos sin problemas contando con un acoplado orgánico que ayudó a realzar una voz bella que tomará cuerpo en pocos años y Bach siempre ayuda a prepararla para cualquier repertorio.

Y volveríamos a Carl Philipp Emanuel con un divertimento (en sol mayor, H 642) para la misma formación inicial, presentado por Pablo Albarracín, una fiesta llena de guiños a «papá Bach» (como a la tocata en re menor), aires quasi operísticos, bromas entre el cuarteto con un clave nuevamente acertado y una viola de gamba sustentando un continuo que no defraudó en todo el concierto.

El regalo tenía que ser de Johann Sebastian y la segunda aria (Ricetti gramezza e pavento) de su cantata profana BWV 209 escrita en italiano (Non se che sia dolore) compuesta para soprano y orquesta en la feliz etapa de Weimar, presentado por Marina López que en Oviedo sonó con el ensemble Anacronía al completo y Rita Morais rindiendo cuentas «sin dolor» al padre de todas las músicas. Como siempre digo a mis amistades, en las cronologías debería cambiarse a. de JC y d. de JC por a. de B. (antes de Bach) y d. de B (antes de Bach) o si se prefiere en inglés after & before Bach, y así quedó demostrado en este antepenúltimo concierto de la Primavera Barroca.

PROGRAMA

Johann Christian BACH (1735-1782):

Cuarteto para flauta en do mayor, WB 58:

I. Allegro – II. Rondeau: Grazioso.

Carl Philipp Emanuel BACH (1714-1788):

Der Frühling, H 723 (1770-1772)

Johann Sebastian BACH (1685-1750):

Ich habe genug, BWV 82a (1727, rev. 1731, 1735, 1747):

Aria: «Ich habe genug» – Recitativo: «Ich habe genug» – Aria: «Schlummert ein, ihr matten Augen»  – Recitativo: «Mein Gott! wenn kömmt das schöne: Nun!» – Aria: «Ich freue mich auf meinen Tod»

C. P. E. BACH:

Divertimento en sol mayor, H 642

I. Allegro – II. Andante un poco largo – III. Rondeau in tempo di Minuetto

ANACRONÍA:

David Gutiérrez, TRAVERSO

Pablo Albarracín, VIOLÍN

Sara Balasch Lozano, VIOLÍN

Luis Manuel Vicente, VIOLA

Marc de la Linde, VIOLA DA GAMBA

Marina López, CLAVE

RITA MORAISSOPRANO

Desde Budapest con parada en Oviedo

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Miércoles 29 de noviembre, 20:00 horas. 25 años de Conciertos del Auditorio de Oviedo: Orquesta de Cámara Franz Liszt, István Várdai (violonchelo y dirección). Obras de B. Bartók, C. P. E. Bach y Mendelssohn.

Oviedo sigue en el mapa de las giras europeas y «La Viena española» tras el inicio zaragozano de la Franz Liszt Chamber Orchestra y antes de San Sebastián, con un programa de los que saben a poco y no solo por la corta duración a pesar de las dos propinas de István Várdai, sino por lo conocido y agradecido de unas obras que todo melómano tiene en su memoria auditiva y hasta puede tararear mentalmente según las va escuchando. Lástima que este último miércoles de noviembre el público no respondiese como en anteriores citas, pero como siempre digo «ellos se lo pierden» aunque algunos me lean para enterarse cómo fue todo.

La tarde arrancaba con la cuerda casi camerística a cargo de la formación húngara, defendiendo su calificativo, bajo la dirección de su concertino desde hace cinco años Péter Tfirst, una leyenda en esta orquesta de Budapest, con las conocidas seis Danzas rumanas de Bartók, de imposible pronunciación pero con excelencia sonora, rítmica, folklórica y la calidad que en las antes llamadas «orquestas del este»  (europeo, claro) tienen asumida y son casi genéticas, más en estos repertorios. Danzas llenas de color, cercanas y con los aires zíngaros donde los violines disfrutan y desprenden alegría desde un sonido limpio en todos los tempi, compacto con dos contrabajos que dieron sustento a una tímbrica impecable de la cuerda, matizada y con pizzicati rotundos pese a ser sólo 25 instrumentistas.

Con la incorporación de una clavecinista (que completó y redondeó el sonido de los húngaros) llegaría el Concierto para violonchelo y orquesta en la mayor de C. P. E. Bach con István Várdai (Pécs, 1985) «armado» del instrumento que perteneciese a Jacqueline du Pré (el ‘Ex du Pré-Harrell’, un Stradivari de 1673) que aún parece estar impregnado del genio de la malograda y recordada chelista inglesa de apellido francés y matrimonio famoso con Daniel Barenboim que tanto ayudaron a convertir la mal llamada música clásica en todo un fenómeno de masas para su época (sin redes sociales ni apenas televisiones), hoy todo un mito tras sufrir una esclerosis con 28 años que la apartaría de la práctica musical y su posterior muerte a los 42.

El solista húngaro afrontó los tres movimientos con un sonido que conmueve en los graves y proyecta los agudos con facilidad, ejerciendo también de director aunque «los Liszt» podría decir que tocan solos este concierto del quinto de los siete hijos que tuvo «mein Gott», genética y música pura para este enorme clavecinista y compositor del periodo galante considerado uno de los fundadores del Clasicismo, quien decía: «Un músico no puede conmover a menos que él mismo se conmueva» como recuerda en las notas al programa Juan Manuel Viana. Y Várdai leyó y sintió este tercero de los conciertos para chelo (entre los más de cincuenta que escribió). Sturm und Drang o Empfindsamer Stil son expresiones en el idioma de Goethe que todos los estudiantes de música hemos tenido que conocer, y este concierto del «Quinto Bach después de dios padre» contiene tanto la tormenta e ímpetu así como el estilo sentimental, éste en el Largo con sordini mesto central de clave perlado, frente a los rápidos extremos más impetuosos que tormentosos, donde el Allegro assai parecía adelantarme en vivo la emisión de «La dársena» de Jesús Trujillo en Radio Clásica, programa con la actualidad musical que cumple 10 años, cuya agenda de conciertos (donde Oviedo está -casi- siempre en ella) utiliza este último movimiento del bellísimo tercero para chelo. Bien el chelista y mejor la orquesta, balanceada al servicio del solista con una tímbrica además del estilo muy cuidado.

Y mentando a «dios Bach» nos dejó el «menuett» de la Suite para chelo nº 2 en re menor, recuerdo de la sangre Bach y magisterio del padre de todas las músicas en todos los instrumentos (incluso los aún no inventados entonces) con que Várdai se/nos deleitó. Aplausos más que merecidos y un guiño a nuestro Gaspar Cassadó (Barcelona, 1897 – Madrid, 1966) con su Capriccio aún más contundente, virtuoso pero también sentido en un homenaje al músico catalán que el chelista húngaro tiene grabado en su repertorio solista.

Con viento (maderas a dos, trompas y trompetas) y timbales se «engordó» la Orquesta Franz Liszt para afrontar una «Italiana» de Mendelssohn que no fue del todo clara ni Vardái la llevó de la mano aunque la calidad de la formación se notó en todos, pero pienso que este repertorio no les va a los húngaros. El Allegro vivace resultó precipitado pese a no abusar del «calificativo», con unos timbales demasiado bravos y dinámicas exageradas confundiéndolas con la agógica, crescendi en los acelerandos, unos rubati algo «traídos por los pelos«. Las indicaciones «moto» del segundo y tercer movimiento tampoco aportaron nada nuevo a una sinfonía tan luminosa como la cuarta del hamburgués afincado en Leipzig, y al menos el Saltarello mostró la capacidad de afrontar el «presto» pero sin claridad en los tutti, falto de balances para disfrutar la calidad de una orquesta que no encontró en el romanticismo la chispa de Bartók ni la elegancia del Bach clásico. Pese a todo la bella sinfonía sigue resonando en mi memoria recordándome el LP rayado precisamente en el Allegro inicial que me obligaba a empujar cuidadosamente la aguja y perderme algunos compases. La llegada del CD con otras versiones no daría estos problemas aunque siga retomando mis viejos vinilos en grabaciones que para mi son históricas.

PROGRAMA:

Béla Bartók (1881-1945)

Danzas populares rumanas, Sz. 56, BB76:

I. Jocul cu bàtă – II. Brăul – III. Pe loc – IV. Buciumeana – V. Poarga romănească – VI. Mărunțel.

Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788)

Concierto para violonchelo y orquesta en la mayor, Wq 172, H. 439:

I. Allegro – II. Largo, mesto – III. Allegro assai.

Felix Mendelssohn (1809-1847)

Sinfonía nº 4 en la mayor, op. 90, «Italiana»:

I. Allegro vivace – II. Andante con moto – III. Con moto moderato – IV- Saltarello. Presto

Un jardín barroco en el colegio renacentista

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Miércoles 5 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Colegio Mayor Santa Cruz la Real, “Cantar y tañer. Sones antiguos y barrocos”: Avi Avital (mandolina), Il Giardino Armonico, Giovanni Antonini (flauta y dirección). Obras de Durante, Barbella, C. Ph. E. Bach, Paisielllo y J. S. Bach. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Decimoquinto día de Festival y la música volvía a “mi colegio” con la ilusión de escuchar al mandolinista israelí Avi Avital (Beerseba, 1978) al que sigo como diletante del instrumento que heredase de mi padre. Y además se presentaba junto a Il Giardino Armonico y su fundador Giovanni Antonini, con lo que las espectativas eran altas añadiendo un programa donde primaría lo italiano pero no podía faltar “Mein Gott”. La mandolina napolitana de cuatro órdenes (que afina como el violín) sería uno de los instrumentos que los barrocos compondrían por esa sonoridad tan evocadora y hasta cautivadora, exigente para la mano derecha pertrechada de un plectro o púa, pero aún más para la izquierda que puede asegurar destroza las llamas de los dedos.

Il Giardino abriría la velada nocturna con dos napolitanos, primero con uno de los ocho conciertos a 4 conservados de Francesco Durante (1684-1755) , el Concierto nº 2 en sol menor para cuerdas y bajo continuo bien contrastados (Affettuoso / Presto / Largo affetuoso / Allegro) siguiendo la “receta de la sonata de Corelli”, donde poder disfrutar de la sonoridad perfecta de estos intérpretes italianos que dominan el repertorio de su tierra, con un Antonini marcando todo y la plantilla ideal para ello (4-4-2-2-1, más continuo de tiorba y clave); después Emanuele Barbella (1718-1777) ya con Avital en el Concierto en re mayor para dos violines, mandolina y bajo continuo en tres movimientos (Allegro / Andantino / Allegro) que ya mostraron el dominio de la mandolina y los dos solistas de violín en conjunción exacta para encontrar las sonoridades que tan bien maridan entre los tres, catálogo de virtuosismo en la púa capaz de matices amplísimos con la amplificación equilibrada para todo el concierto. Un aperitivo para abrir boca ante lo que aún nos esperaba.

De nuevo Il Giardino dando un paso adelante en el tiempo con Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788) y la Sinfonía nº 1 en sol mayor para cuerdas y bajo continuo, Wq 182/1, organizada en tres movimientos (Allegro di molto / Poco adagio / Presto), obra de tensión y agitación del movimiento conocido como Sturm und Drang, aún con aromas barrocos pero ya respirando nuevos aires prerrománticos, con los reguladores de la “Escuela de Manheim” que generan toda la tensión que Antonini con Il Giardino imprimen a esta composición del hijo más famoso de Johann Sebastian, y apostando por tempi exprimidos al máximo para comprobar la calidad de unos intérpretes que funcionan como una máquina perfecta.

Pero el padre siempre acaba reinando en este jardín, siendo el elegido para el broche de cada una de las dos partes con transcripciones (o reutilizaciones) del material que Johann Sebastian Bach escribe “soportando” cualquier combinación instrumental.
El Concierto en re menor, BWV 1060, para flauta, mandolina, cuerdas y bajo continuo, como bien explica Pablo J. Vayón en las notas al programa, «…nos ha llegado en una copia para dos claves (y Avital ha transcrito para su mandolina y la flauta dulce de Antonini) se trata seguramente de la versión de un original para violín y oboe. En ambas obras, Bach aplica los principios del concerto ritornello típico de Vivaldi, con estructura tripartita y unos tiempos rápidos en los que alternan los tutti orquestales con los pasajes solistas. En cualquier caso, el genio de Eisenach aporta siempre la especial densidad de su trabajo contrapuntístico, dando relieve a las voces internas”. El tejido orquestal del “Giardino” fue alfombra floral para Avital y Antonini en un duelo virtuosístico por parte de ambos, tímbricas que empastan jugando el flautista con la piccolo en los rápidos y la contralto en el movimiento central (Allegro / Adagio / Allegro) mientras la mandolina recorría toda la tesitura del instrumento, ambos dialogando, acercándose, explorando nuevas sonoridades que para El Cantor siempre vienen bien.

Antonini dejaría sus flautas para centrarse ya en “su” Giardino y los dos conciertos de Avital para la segunda parte, subiendo tanto la carga emocional como el virtuosismo bien tratado en un claustro colegial que parecía respirar aires del sur.

De Giovanni Paisiello (1740-1816) han sobrevivido tres conciertos, entre ellos el Concierto en mi bemol mayor para mandolina, cuerdas y bajo continuo, R 8.14, sin las violas y con el continuo algo “apagado” en presencia pero reinando la mandolina mágica de Avi Avital en los tres movimientos (Allegro maestoso / Larghetto / Allegretto). Más allá del dominio técnico, destacar la amplia gama de sonidos y matices, pasando de las melodías a los acordes que realzaban el ritmo, y sobremanera el movimiento central donde Il Giardino fue una alfombra floral para adornar la sonoridad y sentimiento del israelí.

Y el propio solista ha transcrito para la mandolina dos de los conciertos para clave de Bach, escuchando este miércoles el Concierto nº 1 en re menor, BWV 1052 , del que sabemos usó en los conciertos del Collegium musicum de Leipizg, y como la inmensa mayoría de los conciertos que el genio de Eisenach destinó al clave, eran transcripciones de obras anteriores, seguramente creadas en su feliz período de Cöthen, donde estuvo centrado en la música instrumental, por lo que este concierto para clave, hoy para mandolina en la transcripción del israelí, se ha reutilizado el Concierto para violín en mi menor y usado ya en las cantatas 146 y 188. El timbre de la mandolina resultó ideal para esta joya de concierto, si del violín posee la afinación, del clave el sonido metálico y la armonía, por lo que Avital desplegó todos los recursos del instrumento al servicio de la música de Bach, siempre divina y más si se interpreta con buen criterio, caso de Il Giardino con Avital.

Los tres movimientos (Allegro / Adagio / Allegro) se sucedieron con la sensación de ser originales para mandolina, orquesta de cuerda y continuo, y sólo un virtuoso como el israelita pueden afrontarlos con tan amplia gama dinámica, combinaciones de melodía y armonía, ornamentos increíbles, arpegios poderosos, agudos al límite y acordes completos sin perder nunca la referencia. De nuevo el movimiento central lento ofrece el color (casi el olor en este jardín) único de mi instrumento favorito, pero los rápidos soportaron todo el peso (como los magnolios del claustro) de la exigente escritura clavecinística. Público rendido a Bach y a estos intérpretes que hicieron grande la música de “Mein Gott”.

Pero habiendo una mandolina italiana, no podía faltar, aunque fuese la propina, Vivaldi y el primer movimiento de su Concierto en do mayor, que cambiaría el perfume alemán por el veneciano en este jardín barroco del claustro renacentista

Il Giardino Armonico

Violines pimeros: Stefano Barneschi (solista), Fabrizio Haim Cipriani, Ayako Matsunaga y Liana Mosca.
Violines segundos: Angelo Calvo (solista), Francesco Colletti, Archimede De Martini y Gabriele Pro
Violas: Ernest Braucher (solista) y Maria Cristina Vasi
Violonchelos: Marcello Scandelli (solista) y Elena Russo
Contrabajo: Giancarlo De Frenza – Tiorba: Michele Pasotti – Clave: Riccardo Doni.
Avi Avital mandolina
Giovanni Antonini dirección y flauta

PROGRAMA

I

Francesco Durante (1684-1755): Concierto nº 2 en sol menor para cuerdas y bajo continuo (Affettuoso / Presto / Largo affetuoso / Allegro)

Emanuele Barbella (1718-1777): Concierto en re mayor para dos violines, mandolina y bajo continuo (Allegro / Andantino / Allegro)

Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788): Sinfonía nº 1 en sol mayor para cuerdas y bajo continuo, Wq 182/1 (Allegro di molto / Poco adagio / Presto)

Johann Sebastian Bach (1685-1750): Concierto en re menor, BWV 1060, para flauta, mandolina, cuerdas y bajo continuo (Allegro / Adagio / Allegro)

II

Giovanni Paisiello (1740-1816): Concierto en mi bemol mayor para mandolina, cuerdas y bajo continuo, R 8.14 (Allegro maestoso / Larghetto / Allegretto)

Johann Sebastian Bach: Concierto nº 1 en re menor, BWV 1052 (transcr. de Avi Avital para mandolina y orquesta). (Allegro / Adagio / Allegro).

Piano para locos e inocentes

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Viernes 23 de junio, 21:30 horas. 72 Festival de Granada, Patio de los Mármoles (Hospital Real), Grandes Intérpretes: Víkingur Ólafsson (piano): “Mozart y sus contemporáneos”. Obras de Galuppi, C. Ph. E. Bach, Haydn, Cimarosa y Mozart. Fotos: Fermín Rodríguez.

Dícese del Hospital Real que “Fue para locos e «inocentes», devino Universidad y en sus salas se conjugan tradiciones musicales” trasladadas al bellísimo Patio de los Mármoles de este hospital encargado por los Reyes Católicos para enfermos pobres y peregrinos que con el emperador Carlos empezará a albergar también a los locos e «inocentes». La Universidad de Granada instaló aquí su sede principal en 1980 con el Rectorado y la Biblioteca Central “donde aquellos empeños quizá se continúen en forma de conocimiento y mapa del mundo, cartografía del espíritu humano y sus meandros que toda biblioteca puede contener” y el Festival también trae un mapa del piano clásico con todos los meandros en este recital del mediático pianista islandés, una de las figuras del “sello amarillo”.

Al pianista Víkingur Ólafsson (Reikiavik, 1984) se le ha calificado de atípico por los programas elegidos y cómo los cohesiona, nos trajo para este recital en el Festival las mismas obras que grabó en 2021 para DG “Mozart & Contemporaries” aunque en distinto orden, desde el más puro Clasicismo pianístico del genio de Salzburgo, pasando por “papá” Haydn, C. Ph. E. Bach (el quinto hijo de “Mein Gott”) junto a los menos escuchados en las 88 teclas por ser más operísticos caso de Cimarosa o “Il Buranello” que abría sesión cual preparación estilística al esperado “tour de force” de hora y media.

La forma de intercalar las obras del islandés es digna de analizar, no se rige por tonalidades afines o aires contrapuestos sino que parece responder a un momento vital y personal como el vivido esta calurosa tarde-noche granadina. Los pájaros parecían querer sumarse a los trinos al inicio con el Andante spiritoso de la Sonata nº 9 en fa menor de Baldassare Galuppi (1706-1785), y las palomas querían escuchar el primer Rondó en fa mayor, K 533/494 (1786) de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). Poco a poco llegaba la luz crepuscular y sonaba el más clásico de los Bach, Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788) con el Rondó en re menor, Wq 61/4 (1785), misma forma y tonalidad relativa pero recreo o recreación musical total. Más que suficiente para comprobar que Ólafsson es único por y en todo. Como el volcán impronunciable de su tierra pasa de la erupción rompedora, explosiva, a la más delicada estrella boreal. Su sonido es limpio, claro, preciso, inmaculado, donde el uso de los pedales parece de otro mundo y engrandece cualquier obra por «pequeña que sea». Podemos escuchar todas las notas escritas mimadas en su duración exacta y con toda la gama de matices posible.

Sin pausas, enlazando cada obra sonaría Domenico Cimarosa (1749-1801) y su Sonata nº 42 en re menor arreglada por el propio V. Ólafsson, sonidos casi orgánicos en un piano estratosférico de volúmenes extremos y fraseos degustando hasta los silencios.

Globalidad y preparaciones tímbricas antes del puro Mozart a pares, la Fantasía nº 3 en re menor, K 397 (¿1782?) y el Rondó en re mayor, K 485 (1786), melodías del genio que recuerdan al Beethoven coetáneo de entonces, frescura expositiva, silencios grandiosos, noche luminosa y mágica donde Ólafsson se plegaba, mandaba, respiraba, emocionaba.

Un puente mínimo ya plenamente enamorados del piano otro arreglo del islandés para la Sonata nº 55 en la menor de Cimarosa, sin necesidad de razonar estilo o época, capaz de sonar como barroco trastornado en este hospital real, la música sin etiquetas para disfrutarla en toda su extensión desde el universo en blanco y negro del piano.

De Joseph Haydn (1732-1809) la Sonata para piano en si menor, Hob XVI:32 (c. 1774-1746) fue el mejor ejemplo de la escritura más que el período clásico, inspirador en todos los compositores elegidos pero con un aire común que el piano unifica. No es cuestión de analizar o ver cambios modales o tonos relativos de Mozart a Haydn con la fuerza del sordo de Bonn conviviendo en la Viena imperial y con el islandés paladeando una sonata exigente y contrastada, extremismos emocionales desde la pasión y fuerza en los tiempos rápidos al deleite y recreación del intérprete en los lentos, buscando sonidos siempre claros aunque cambiase la atmósfera.

De nuevo como preparando al genio Mozart que Ólafsson disecciona compás a compás con tres joyas que parecieron una: Kleine Gigue, en sol mayor, K 574 (1789), sólo pequeña de título y enorme interpretación, la conocida por todo estudiante Sonata para piano nº 16 en do mayor «Sonata facile», K 545 (1788), nuevo calificativo satírico del juguetón Mozart, delicia en los tres movimientos con el Allegro al límite sin errores, el riesgo controlado con la limpieza exquisita, los fraseos y la pausa subyugante antes del Andante, inocencia o locura antes del Rondó. Allegretto culminando esta sonata que enlazaba con el Adagio en mi bemol mayor, del Quinteto de cuerda nº 4 en sol menor, K 516 (1787) arreglado por el pianista. La capacidad de exprimir cada detalle, cada frase, la melodía precisa y presente con una musicalidad personal que hace un Mozart islandés lleno de contrastes como la propia tierra nórdica.

Y otra vez los tiempos lentos para comprobar el trabajo sonoro desde el piano, Galuppi y el Larghetto de la Sonata nº 34 en do menor, dolor, oscuridad interior llena de luz, la isla de Burano en otoño y otra inocente locura en el piano de Ólafsson antes de repetir con Mozart en otra terna que iría de la pasión a la interiorización total: la Sonata para piano nº 14 en do menor, K 457 (1784) tripartita y casi “revolucionaria” más que “patética”, Sturm und drang (tormenta e ímpetu) en sus tres movimientos  (Molto alegro – Adagio – Allegro assai), contrastes brutalmente delicados dando paso al Adagio para piano en si menor, K 540 (1788) y cual siguiente plegaria que acalló hasta el respirar, la transcripción que hiciese Liszt del Ave verum corpus, K 618 (1791), escuchar este himno sin coro ni orquesta con la misma emoción e interiorización que el original, el respeto del Abate por el “inocente loco de Salzburgo” ingresado en estos extramuros históricos.

Público entregado, discreción en los saludos y si los 90 minutos “de disco” el directo los mejora, el regalo del CD dedicado a “Mein Gott”, de la Organ Sonata nº 4, BWV 528, el II. Andante (Adagio) en transcripción de August Stradal redondeando un gran recital de un gran intérprete con personalidad propia transmitiendo un sonido único que las grabaciones nunca reflejarán como pudimos escuchar todos los melómanos que llenamos el Patio de los Mármoles más cálido que nunca por ese juego de palabras que no nos dejó fríos a ninguno de los presentes, salvo alguna “loca” quejándose de lo largo que merecía quedarse ingresada como “pobre de espíritu”…

Trompeta regia en Valdediós

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Viernes 30 de julio, 20:30 horas. Iglesia de Santa María de Valdediós: X Ciclo de Órgano de Villaviciosa. Johannes Skudlik (órgano): «La trompeta real«. Entrada libre por inscripción.

Segundo concierto del ciclo maliayés, de nuevo con aforo completo para escuchar al organista titular de Landsberg en Alemania, Johannes Skudlik (Munich, 16 febrero 1957)  criado en Barcelona, con un programa variado, eligiendo lo mejor de la música de tecla ibérica y europea, muy trabajado y plenamente adaptado a la sonoridad del órgano de Valdediós que volvió a sonar imperial y también llevará al órgano de Turull (Morella) dentro de su Festival Internacional de la ciudad castellonense. De momento Villaviciosa sigue siendo capital del instrumento rey y el público sigue apoyándolo, cumpliendo con todas las restricciones y medidas de higiene, sin importarle la climatología astur (hoy afectando la afinación de la lengüetería) y agotando las entradas disponibles, porque «La Cultura es segura» además de necesaria.

El director del Festival Euro-Via comenzó su amplio recorrido musical con varios de nuestros ilustres españoles: el valenciano de Algemesí Juan B. Cabanilles
(1644-1712) y su barroca Battaglia Imperial, casi obligada en el órgano de Valdediós para «desatascar» las trompeterías siempre reales de las que presume este BIC, continuando con el renacentista sevillano Francisco de Peraza
(1564-1598) del Tiento de registro alto de 1° tono, registrando en solitario, pasando hojas y luchando con los primeros gemidos del instrumento lucieron con oficio en las manos del alemán.

Siguiente parada en Tudela (Navarra) con Andrès de Sola
(1634-1696) que ejercería en La Seo zaragozana, cuyo Tiento de medio registro de mano derecha de 1° tono mantiene en auge esa forma instrumental típica de nuestra escuela ibérica, verdaderas fantasías virtuosísticas que exigen limpieza en ejecución y exactitud en los registros, como así demostró Skudlik, finalizando este primer periplo con Pedro de San Lorenzo
(del siglo XVII): Obra de 1° tono de registro de mano izquierda. De nuevo la afinación algo desigual debido al efecto de la humedad y especialmente de la baja temperatura no nos impidió disfrutar de unas partituras a las que el órgano maliayés le van como anillo al dedo.

No podía faltar el genio Wolfgang Amadeus Mozart
(1756-1791) con su Andante für eine Walze in eine kleine Orgel KV 616, un juguete para pequeño órgano mecánico, siempre grande en escritura y buscando esos registros agudos de flauta que nos transportan a las calles musicales europeas.

Tras el austríaco, tres sonatas ibéricas en este repaso «formal»: del portugués Carlos Seixas
(1704-1742): su Sonata XVI en tres movimientos (Allegro, Adagio, Minuet), originalmente para clave pero adscrita a la llamada «música de tecla«, que al órgano resultan más exigentes por la figuración exacta. También del valenciano de Onteniente Vicente Rodríguez Monllor
(1685-1760) otra Sonata, referente hispano de esta forma, para continuar con la Sonata del gerundense y monje en Montserrat Anselmo Viola
(1738-1798), ya en pleno clasicismo y haciendo todo un recorrido histórico comprobando la evolución de la sonata que seguiría después con dos nuevos ejemplos en un órgano poderoso que necesita respirar a diario porque lo agradece, aunque el clima de este valle sea su peor enemigo y hasta se empapiza cuando el verano se convierte en invierno astur.

Si de sonatas se trata no podía faltar el considerado como su padre, «El Bach de Berlín» Carl Philipp Emanuel Bach
(1714-1788) con la maravillosa Sonate a-moll Wq 70,4, tripartita y organística a más no poder y equiparable sin complejos a la siguiente de nuestro Antonio Soler
(1729-1783), el padre catalán cuya Sonata de Clarines sacó lengüetería y trompetas al aire de Valdediós combinando registros variados plenamente acertados aunque no siempre limpios al oído.

Quedaría cerrar este programa titulado «La trompeta real» (registro que casi todos los órganos poseen y este especialmente) con una Batalla Famossa, anónima española del siglo XVII para poner a máximo rendimiento y «pleno pulmón» esta joya organística de nuestro patrimonio cultural. Sobre la «Batalla» o «Batalha» añadir que fue muy apreciada por los compositores ibéricos del renacimiento y el barroco que se llevará a Hispanoamérica; muchas composiciones que aparecen como anónimas generalmente fueron realizadas por los religiosos que vivieron durante este periodo y en el que su oficio secular les permitía copiar o crear estas obras musicales como una habilidad más dentro de sus funciones eclesiales. El papel que el clero ha aportado a nuestra historia de la música merece una honda reflexión y nuestro órgano ibérico es la mejor voz, siendo el de Valdediós destacada, más en las manos de un maestro como Johannes Skudlik. Excelente repertorio el de este veterano intérprete y defensor del instrumento rey.

Mucha calidad desde Edimburgo

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Miércoles 25 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Dunedin Consort, Joanne Lunn (soprano), Rowan Hellier (mezzo), Thomas Hobbs (tenor), Lukas Jakobski (bajo), Jonathan Manson (chelo), John Butt (clave y dirección). Obras de C. Ph. E. Bach y W. A. Mozart.
Semana musical sin apenas descanso y penúltimo de los conciertos del auditorio, esta vez un conjunto llegado desde Edimburgo con el maestro Butt al frente que sustituyó al programado inicialmente con el regreso de la violinista Midori y la Fort Worth Symphony Orchestra de Texas bajo la dirección de Miguel Harth-Bedoya que la crisis petrolífera fulminó toda la gira europea. Imagino las enormes dificultades para encontrar una formación de calidad equiparable a la norteamericana pero finalmente todo fructificó y pudimos tener un concierto luminoso y de altura con el Dunedin Consort, ideal en número con instrumentos de época que como otras formaciones van más allá del barroco para adentrarse en el clasicismo, primero el Concierto para violonchelo en la mayor, Wq. 172 de C. Ph. E. Bach con Jonathan Manson de solista con el chelo -aunque también toca la viola de gamba- escoltado nada menos que por Mozart con sus Visperas solemnes de confesor en do mayor, K. 339 y el Réquiem en re menor, K. 626, dos joyas corales para degustar en formato camerístico e histórico (recreando cómo sonarían en su estreno) más que suficientes, con un coro de 16 voces -cuatro por cuerda- donde estaban los excelentes solistas vocales, porque la calidad de todos los músicos permitió saborear un concierto de 95 minutos preparando ya el de clausura del día 2 de junio totalmente opuesto (Berlioz con su Requiem) al de este lluvioso último miércoles de mayo.

Las «Vísperas de Mozart» demostraron la calidad del «consort» en los seis números llevados con el tempo giusto por Butt y con un coro donde los solistas integrados en él fueron desgranando belleza por doquier, especialmente el conocido Laudate Dominum para mayor regocijo de la soprano Joanne Lunn (ya me gustó hace dos años) que a pesar del ruido generado por un desmayo y caída en el anfiteatro no se descentró y pudo dejarnos una de las páginas más escuchadas y geniales de Mozart desde el dominio técnico y la expresión ideal, arropada por «su» coro y la formación escocesa en estado de gracia, sin desmerecer a sus otros compañeros solistas.

Del concierto de chelo compuesto por el segundo de los siete hijos varones del gran Bach, y en cierto modo padre del clasicismo desde el llamado «Estilo galante«, el ensemble reducido a la cuerda y el clave del propio Butt volvió a enamorar con un sonido apropiado al estilo, con un Jonathan Manson dominando este lenguaje desde el conocimiento de la viola da gamba evolucionada al violonchelo igualmente ideal desde los criterios historicistas, tres movimientos académicamente perfectos en escritura e interpretación, sumándose al «grosso» como uno más -lo es en el resto del programa- y gustándose en las partes solistas con presencia sonora por la tímbrica, expresión cantada en los momentos adecuados y especialmente en ese segundo movimiento Largo con sordini, mesto que explora el registro agudo casi de viola con sus compañeros en sonido velado más que amordazado por la sordina, como si versionease un «vidit suum» desde el instrumento más cercano a la voz humana, haciendo casi música coral con toda la cuerda más el clave, complemento de un Mozart de religiosidad cercana y luminosa proveniente de los genes del kantor que Carl Philip Emanuel encarnó con la losa de un apellido marcado por su padre. El Allegro assai pareció la banda sonora ideal de un documental para presentar los criterios del Dunedin Consort más cercano al barroco pero respirando aires clásicos durante todo el concierto.

Y del Requiem mozartiano alegrarme de esta recreación o «reimaginación» sonora para nuestros días, despojada de enfoques románticos y entendida como la partitura incompleta y póstuma del genio de Salzburgo finalizada con respeto en esta nueva edición de David Black a partir de la «versión» de Süssmayer, tratando de mostrar no una nueva edición sino darle mayor claridad al original de Mozart con los «añadidos» del discípulo, muchos detalles que parecían como «oscurecidos» por las versiones posteriores, sobre todo la primera que no mencionaba a Süssmayr y realizada por Breitkopf&Härtel en 1800. La nueva edición de Black que trajeron los escoceses devuelve la partitura al estado inicial de su primera audición (10 de diciembre de 1791) en unos años cruciales que parecen acercarnos desde este «ministerio del tiempo musical» con el Dunedin, tal y como comentan en su web completada con la historia perfectamente comentada por Mª Encina Cortizo en las notas al programa (enlazadas como siempre en los autores). Auténtica revisión llevada al CD por estos mismos intérpretes salvo el bajo y vendiendo varias copias en el propio auditorio de una grabación galardonada con el premio Gramophone pero que el directo siempre hace todavía más irrepetible. Personalmente me resultó luminosa por la elección de los tiempos, una misa de difuntos pensada como propia por Mozart, momentos de congoja como el Dies Irae que el coro contagia junto al Rex Tremendae, el Tuba Mirum esperanzador con Jakobski pugnando con la excepcional trombonista Emily White en fraseo, reconfortantes como el Ofertorio en la alternancia coral y solistas, o el Sanctus más Agnus de «sana envidia vocal» por parte de ese coro de 16 voces inglesas, versión de continuidad entre original y añadido sin fracturas, solistas (Lunn y Hellier de mejor empaste que los caballeros) y coro en «comunión» ideal con una orquesta y órgano siempre en el plano perfecto, alcanzando la Lux Aeterna tranquilizadora tras dudas y arrebatos emocionales sin extremismos pero sentidos por todos.

Salvando distancias temporales, me recordó a la de Savall en 1992 con La Cappella Reial de Catalunya, Le Concert des Nations y un cuarteto solista que bien podríamos permutar con el del Dunedin Consort de hacer realidad los viajes en el tiempo. Interesante también la colocación del coro a la derecha del «ensemble», aportando equilibrios y sonoridades distintas a las habituales, reafirmando calidades y aportaciones del maestro John Butt, una autoridad en la materia que hace práctica la teoría compartiéndola con el público, labor de limpieza que puede cambiar conceptos nunca inamovibles en el terreno musicológico.

Ofrenda Bruggen de La Tempestad

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Jueves 14 de agosto, 22:00 horas. 63 Festival Internacional de Santander, Ciclo «Marcos históricos»: Santillana del Mar, Claustro de la Colegiata de Santa Juliana. La Tempestad1747: «Una ofrenda musical». Música de cámara para Federico II de Prusia. Obras de C. Ph. E. Bach y J. S. Bach. Entrada: 6 €.

Festivales de verano como forma de turismo cultural y en uno de los más asentados de España que sale de la propia capital cántabra para llegar a lugares con historia como es Santillana del Mar. La formación con sede en Murcia fundada en el año 2000, liderada por la clavecinista aragonesa Silvia Márquez y dedicada a la música antigua, acudía como cuarteto para un concierto dedicado a la memoria de Frans Bruggen, fallecido el día anterior y uno de los padres de estas músicas que nunca pasan de moda, siendo las que están captando más público joven, con colas dos horas antes para adquirir unas localidades en la propia colegiata (desconozco la imposibilidad de hacerlo en internet o cajeros) con un programa muy trabajado.

Con la Ofrenda musical en torno al rey músico de Prusia, como el recordado Bruggen, fue Guillermo Peñalver al traveso quien ejercería de monarca junto al violín de Pablo Prieto y el continuo del cello Guillermo Turina más el clave de la citada Silvia Márquez, abriendo velada nocturna con la Sonata a trío en si menor Wq. 143 (H. 567) para flauta de Carl Philipp Emanuel Bach en tres movimientos (Allegro – Adagio – Presto) bien contrastados e interpretados por el cuarteto, perfecto preámbulo y referente antes de afrontar la gran obra del concierto del padre Bach:

«Una ofrenda musical«, Eine musikalische Opfer BWV 1079, densa, dura, llena de historia partiendo del tema de Federico II que el rey Bach recrearía con dos fugas a tres y seis voces (casi nada), diversos cánones y la sonata final para flauta travesera, violín y bajo continuo, «despliegue de maestría, virtuosismo y laberinto de juegos y variaciones sobre un mismo tema» como la propia profesora Silvia Márquez Chulilla escribe en el programa del concierto, no solo declaración de intentaciones para una interpretación emocionada de principio a fin sólo «rota» por las campanadas de media y completas las once de la noche además del pertinaz teléfono móvil femenino que sigue mostrando su mala educación en cualquier lugar, primero al finalizar el Ricercar a 3 inicial a cargo del clave solo, con sonoridades rotundas en el grave y delicadas en el agudo (no pude fijarme en el modelo) antes de comenzar los cánones sobre el tema regio en las distintas combinaciones instrumentales para solaz y virtuosismo de los músicos: dúos de Cancrizans para violín y chelo, cambiado por el clave en Violin in unissono, el trío con la flauta del Per motum contrarium o el lento per Augmentatione, contrario Motu del cuarteto, segunda y eterna melodía telefónica. Chelo y violín per Tonos con las campanadas de las 22:30 horas y la impresionante Fuga canonica in Epidiapente, cuarteto en estado puro para ir armando la estructura académica compositiva e interpretativa, violín clave, chelo y finalmente la flauta, sin precipitaciones, paladeando la matemática musical.

Tras semejante torbellino los «pianissimi» del Canon perpetuus super Thema Regium despojados del clave prepararon el rápido octavo número Canon perpetuus en «tutti», arcos amplios, respiraciones ajustadas a las frases y nuevamente el clave presente siempre y protagonista en su sitio.

Aún quedaba la recta final: Quaerendo invenietis con el Canon a 2 del clave, esforzandos y amplia gama dinámica en el Canon a 4 y el Ricercar a 6 con el clave solo de Silvia plagado de musicalidad en cada voz, virtuosismo en tecla que engaña al oido cual laud con plectro por las tímbricas encontradas, antes de la Sonata Sopr’Il Sogetto Reale a Traversa, Violino e Continuo que cerraba esta ofrenda y homenajes varios, del propio Bach, de La Tempestad a Bruggen, como repartidos en cada movimiento:

Largo, Allegro, once campanadas sumándose al festín, Andante y Allegro, disfrute por y para todos, emociones que trajeron como propina el bis de uno de los cánones finalizados en do. Marcos históricos para músicas históricas desde la atemporalidad y el rigor incluso de las noches de verano.

Barrockeros potentes y convincentes

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Domingo 7 de julio, 20:00 horasGijón Música Antigua 2013. XVI Festival y II Concurso Internacional de Música Antigua, Centro de Cultura «Antiguo Instituto». Final Grupo 1: Barrock’n Roll. Obras de Andrea Falconiero, A. Corelli, Telemann, Marco Uccellini, C. Ph. E. Bach, Frescobaldi y Vivaldi.

Primera final del concurso gijonés en el marco del festival, con un grupo joven hasta en el nombre: Barrock’n Roll formado por Moisés Maroto y Olga Radón (flautas), María Simón (violonchelo) y Sara Johnson (clave), formados en el Conservatorio Superior de Aragón en 2010 aunque de procedencias diversas, y que nos ofrecieron un programa arriesgado, completo y variado, con algunas adaptaciones (recreaciones prefiero llamarlas) realmente logradas para esta formación, transmitiendo desde la primera nota una alegría contagiosa viéndoles disfrutar con la música que nos regalaron desde un dominio técnico impecable y con auténtica madurez interpretativa que comentaré en detalle. Destacar unos finales muy trabajados, cuidado de la sonoridad de una formación personal que domina la articulación, las dinámicas, los fraseos y ornamentos, así como una permanente preocupación por la afinación que puntualmente les jugó alguna sin desmerecer el trabajo global que pondrá el veredicto del jurado difícil antes de escuchar el del lunes.

La Batalla de Barrabaso, yerno de Satanás (A. Falconiero) con dos flautas soprano resultó una delicia de simpatía y efectismos, auténticas diabluras técnicas incluyendo glissandis en todos los instrumentos.

De Arcangello Corelli afrontaron con flautas contralto la Trío Sonata en fa mayor, op. 3 nº 1 en tres movimientos claramente contrastados, Grave, Allegro y Vivace, éste en un tiempo perfecto nada exagerado para degustar los contrapuntos entre flautas y un dúo cello-clave que dejaron momentos impactantes.

La Trio Sonata en la menor, TWV42 a 4 de Telemann mantuvo la línea de calidad en los cuatro movimientos, un Largo impecable, un Vivace excelente con una amplia paleta ornamental y dinámica disfrutando de los silencios como subrayados temáticos, un Affetuoso íntimo de empastes perfectos y un Allegro remate perfecto de una obra difícil.

El aire fresco trajo de nuevo las flautas sopranos para el Aria quinta: sopra la Bergamasca op. 3 (M. Uccellini) en este danzante con entradas sucesivas de clave, cello y flautas que fueron variando el tema desde unas ornamentaciones en su sitio por parte del cuarteto, técnicamente perfectos y sonoridades cuidadas nunca estridentes en diálogos complementarios dentro de una globalidad siempre virtuosa.

Probablemente la obra más compleja del programa y nada barroca fue el Trío en la menor H537 de Carl Philipp Emanuel Bach, partitura de cuarteto que no deja nada al azar en su escritura, tampoco en la adaptación, con gran peso del clave y el cello, que Sara Johnson Huidobro y María Simón hicieron aún más protagonistas desde el Andantino, nueva paleta tímbrica con la flauta contralto de Olga Radón y la soprano de Moisés Maroto, brillantes desde la templanza en el Largo e sostenuto, y el Allegro assai poniendo el énfasis en unos fraseos que nunca se solaparon sino que tuvieron unidad expositiva, cuidando al detalle cada final de movimiento.

La Canzona seconda a 4 (due bassi e due canti) de Frescobaldi resultó ideal para el cuarteto (de nuevo las dos flautas sopranos) con contrastes brillantes, intervenciones de clave y chelo de hondura interpretativa, Da capos siempre bien variados y disfrute total por parte de músicos y público.

No podía faltar Vivaldi en el programa, su Trio sonata en re menor RV63 «Follia» que se les «atrangantó» un poco: afinación algo imprecisa en las flautas contraltos o algún cambio de tempo no del todo bien resuelto aunque demostraron tanta profesionalidad y desparpajo que fueron de menos a más para terminar,  jugando como ellos con las palabras desde el cariño y el respeto, bien «folliados» en el final vivaldiano con atronadores aplausos de un público nuevamente entregado a esta música «barrockera» que no tiene edad para dejar de amarla.

Y como en un concierto, una propina como la Ciaccona del italiano Tarquino Merula para «quitar hierro» y demostrar la calidad musical de un grupo español joven y maduro, completando una hora larga de programa que el jurado, auténticas celebridades y autoridades en la materia, habrá anotado con mucho más detalle que este comentario personal. A esperar la siguiente final de este concurso con el grupo argentino Don Gil de las Calzas Verdes y el veredicto tanto oficial como del público, que también votaremos al finalizar. Lo contaremos en Twitter© y más detenidamente desde Siana…