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Inquietud y sosiego

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 18a). Conciertos matinales.

Domingo 6 de julio, 12:30 horas. Crucero del Hospital Real. Trío Arbós. Juan-Alfonso García y la Nueva Música en Granada. Obras de Bach, Busoni, Sánchez-Verdú, Manuel Hidalgo, García Román y Francisco Guerrero. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Finalizando mi tercera semana de Festival volvía en sesión matinal al crucero del Hospital Real para seguir recordando a Juan-Alfonso en otra de la llamada «Nueva Música en Granada» que verdaderamente siempre suena nueva, y más en nuestro caso.

La web del Festival presentaba este aperitivo musical del domingo así:

La Nueva Música en Granada y Bach
El Trío Arbós presenta un fascinante diálogo entre Johann Sebastian Bach y la Nueva Música granadina, bajo el magisterio de Juan-Alfonso García. Juan Carlos Garvayo ha tomado algunos de los corales de Bach que Ferruccio Busoni transcribió para el piano y los ha convertido en piezas camerísticas vibrantes, que resuenan al contacto con la música de vanguardia de cuatro compositores que, desde distintos puntos de Andalucía, representan sensibilidades diferentes: el antequerano Manuel Hidalgo y el algecireño José María Sánchez-Verdú con su fuerte conexión con la creación germana; el linarense Francisco Guerrero, con su indomable y volcánica personalidad, en una obra para piano que preservó como la primera de su catálogo; y el granadino José García Román rindiendo homenaje a «la ciudad del corazón y de la amistad».

Nueva música en Granada de una escuela así bautizada desde Madrid con una conexión andaluza entre sus compositores y «Mein Gott, padre de todas las músicas», con transcripciones para trío de Juan Carlos Garvayo (también autor de las notas al programa) que fueron estreno absoluto, y donde explica a la perfección cómo unir el Bach de Busoni para recrearlo y combinarlo desde el preludio inicial al cierre desde un círculo virtuoso perfecto en un programa de Inquietud y sosiego, pues pese a que esta generación de compositores (dos de ellos presentes entre el público) no es tan nueva, menos aún se puede seguir denominando «vanguardias» tras 20, 30 o 40 años, aunque siguen provocando muchas preguntas al oyente que sólo, y siempre, dios Bach -en cualquier versión- es capaz de responder.

Explica y escribe el compositor además de pianista Juan  Carlos Garvayo (Motril, 1969):

Escuela juanalfonsina de composición

«Sólo cuando existe un nexo vital, efectivo y afectivo entre maestro y discípulo (como en los viejos talleres de arte), sólo entonces se puede hablar con algún sentido de escuela. Y puede que algo de esto exista entre nosotros». Estas palabras de Juan-Alfonso García pronunciadas en su discurso de contestación al de ingreso de José García Román en la Real Academia de Nuestra Señora de las Angustias de Granada, describen a la perfección la esencia de esa supuesta «escuela granadina de composición» —así denominada desde Madrid—, que engloba a los compositores incluidos en este programa en torno a su maestro común, Juan-Alfonso García. Sin embargo, la ausencia de rasgos estilísticos y estéticos comunes entre ellos, frente a la vigencia de los mencionados nexos vitales, efectivos y afectivos, nos inclinan más bien a hablar de una «escuela juanalfonsina de composición». La música de Juan-Alfonso no suena en este programa, pero su presencia simbólica aflora abrazando las músicas diversas y únicas de sus queridos discípulos, a través de cinco de los corales de Bach que Busoni reinterpretó en sus geniales versiones pianísticas. El copioso material polifónico y tímbrico propuesto por Busoni, invita a una nueva reelaboración del material, en este caso para trío con piano, que entronca con una práctica común entre los compositores representados: desde las originales orquestaciones guerrerianas de la Iberia de Albéniz, los corales de Franck orquestados por García Román, las reelaboraciones de obras beethovenianas de Hidalgo, hasta las recientes adaptaciones de Lieder de Schubert para voz y cuarteto de cuerda de Sánchez-Verdú. Describe José Luis Téllez el Trío III «Wie ein Hauch aus Licht und Schatten» (Como un soplo de luz y sombra) de Sánchez-Verdú como «una fascinadora exploración por los diferentes tipos de armónicos y de sonidos concomitantes […] para generar una música ingrávida y casi fantasmal que surge de la nada y a ella regresa». Sus nueve secciones van precedidas, como una suerte de guía emocional para los intérpretes, de versos extraídos de Poemas de la consumación de Vicente Aleixandre. Algunos de ellos («Ignorar es vivir: saber, morirlo» o «Pero ya no amanece») definen el pulso poético y trascendente en el que flota la obra. De civitate cordis de José García Román forma parte del ciclo de ciudades reales o metafóricas iniciado con la obra De civitate aquae en el año 2000. Esta «ciudad del corazón y de la amistad» rinde un homenaje criptográfico a José Luis Ocejo y a su Coral Salve de Laredo. Un fugaz motivo extraído del Te Deum gregoriano es sometido a sorprendentes combinaciones tímbricas y rítmicas entre violín, chelo y piano dibujando un personal y delicado trazo sonoro pleno de luminosidad y belleza. La música del antequerano residente en Alemania Manuel Hidalgo ha sido descrita como «sensual, arcaica, irrespetuosa, libre de dogmas» (F. Kämper). El particular universo de su Trío esperando reconstruye, mediante gestos precisos, elocuentes y un exquisito equilibrio de dinámicas y timbres, estilemas sonoros alojados en nuestra memoria musical más profunda. La obra sucede milagrosamente durante la espera de una resolución que nunca llega. Op. 1 Manual de Francisco Guerrero es fruto de un nuevo periodo en el decurso compositivo de Francisco Guerrero iniciado en 1976. Marcado por exigentes procesos de construcción formal que emanan de «acontecimientos» (que el propio compositor define como modos de ataque, diseños sobre los que estos actúan y duraciones), su título alude a los manuales o teclados del órgano —instrumento de su maestro Juan Alfonso— y a su capacidad de espacialización sonora. Articulada en cuatro secciones sin solución de continuidad, su ejecución supone un verdadero tour de force, un gesto casi heroico de naturaleza xenakiana.

«Efectivo» utilizar el Bach tamizado por Busoni, más actualizado que los corales originales y donde Garvayo desmenuza para el trío los registros organísticos y pianísticos de ambos. «Afectivo» alternarlo con esta «escuela granadina» donde Juan-Alfonso sigue presente en un festival que también dirigió y donde el órgano catedralicio fue su herramienta, pero sobre todo la ciudad que le inspiró tan vasta producción musical para saber aglutinar en su entorno una verdadera escuela «abrazando las músicas diversas y únicas de sus queridos discípulos«.

El Preludio-Coral BWV 667 es grandioso en «el rey de los instrumentos», Busoni lo reduce y Garvayo para su Trío Arbós lo reelabora tras la «deconstrucción» italiana y enlazarlo con el algecireño Sánchez-Verdú (1966), compositor residente de la pasada edición al que «los Arbós» ya han intrepretado, esta vez su trío III Wie ein Hauch aus Licht und Schatten para pasar del sosiego a la inquietud, una auténtica «Arquitectura de la ausencia» del gaditano muy exigente para un trío que debe trabajar unas tímbricas especiales, resonancias, golpes y una reflexión sonora que ya tiene 25 años pero sigue causando al menos perplejidad, con una interpretación rica por parte del Trío Arbós.

Tras los aplausos el despertar bachiano de su cantata BWV 140 con el posterior coral BWV 645 del que el Trío Arbós cantó sin palabras y devolvió sonoridades que Busoni en cierto modo «robó» para engrandecer el piano, ahora devuelta la raíz con los registros de las dos manos y pies traídos al violín, cello y piano «esperando» el trío del antequerano Manuel Hidalgo (1956) emigrado a Alemania pero de «escuela juanalfonsina» como la llama Garvayo. Nuevo desasosiego que explica el anterior y prepara los posteriores: recursos tímbricos, texturas y estructuras de hace 30 años que hoy en día siguen sonando novedosas para muchos (alguno se fue de la sala).

El coral BWV 615 nos «devolvió la alegría» (In dir ist die Freude) triplicada desde Busoni en otra interesante reconstrucción del compositor motrileño. Riqueza sonora más allá del piano con un buen «reparto» entre un violín casi viola y un chelo agradecido, enlazando sin respiro con De civitate cordis de otro alumno «juanalfonsino», el granadino José García Román (1945), una obra de 2004 que titula en latín «De la ciudad del corazón» con un lenguaje instrumental moderno, abriendo camino idiomático a sus continuadores pero sin olvidar los cánones compositivos clásicos, innovador en el tratamiento y desarrollo temático que el Trío Arbós interpretó con la profesionalidad y respeto a estas partituras, recibiendo el aplauso del autor al finalizarlo.

Como si corriese aire fresco el siguiente coral pedía «Ahora alégrense, queridos cristianos» (Nun freut euch, lieben Christen) BWV 734, más garbayiano que busoniano, ligerísimo en el trío que además coincidiría con un despliegue de abanicos sincronizados cual coreografía visual al «dios Bach», aplaudido sin dejar conectar con el siguiente como había sucedido en los anteriores.

Y sería el propio Juan Carlos Garbayo en solitario quien derrocharía todo el poderío, técnica, tímbrica, sonoridad, efectos y dominio del lenguaje contemporáneo en el piano del compositor linarense Francisco Guerrero (1951-1997), siempre recordado al que podría llamarle uno de los pioneros en aquella España de 1974 (junto a mi admirado Luis Vázquez del Fresno) con su colosal Op. 1 Manual -que revisaría en 1981- para abrir camino tras unos años oscuros pero esperanzadores, al igual que este programa de la mañana dominical que he titulado, y repito, como de «Inquietud y sosiego».

Mientras estaba finalizándola, volvían casi de puntillas al estrado Trematore y Gómez para enlazar con «dios Bach», desandar lo andado gracias a la maravillosa invocación del coral al Hijo, Ich ruf´ zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639: relajación, meditación y paz, tanto de Busoni como del Trío Arbós en el que Garbayo nos devolvería nuevamente unas sonoridades que ya han hecho nuestras con la «Nueva música en Granada» que lo es cada vez que la escuchamos en cada irrepetible y único directo (Radio Clásica lo grabaron para emitirlo en diferido gracias a unos técnicos que seguramente mejorarán lo vivido para revivirlo en las ondas).

INTÉRPRETES:

Trío Arbós:

Ferdinando Trematore (violín) – José Miguel Gómez (violonchelo) – Juan Carlos Garvayo (piano).

PROGRAMA:

Johann Sebastian Bach (1685-1750) Ferruccio Busoni (1866-1924)
Komm, Gott Schöpfer!, BWV 667 (1747-49) *
José María Sánchez-Verdú (1968)
Trío III «Wie ein Hauch aus Licht und Schatten (2000)
Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni
Wachet auf, ruft uns die Stimme, BWV 645 (c. 1746) *
Manuel Hidalgo (1956)
Trío esperando (1995)
Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni
In dir ist die Freude, BWV 615 (c. 1713-17) *
José García Román (1945)
De civitate cordis (2004)
Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni
Nun freut euch, lieben Christen, BWV 734 (1708-17) *
Francisco Guerrero (1951-1997)
Op. 1 Manual (1974, rev. 1981)
Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni
Ich ruf´ zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639 (c. 1713-17) *

* Transcripciones para trío de Juan Carlos Garvayo (estreno absoluto)

Un grande de muerte

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Martes 25 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Stephen Hough (piano). Obras de Bach, Busoni, Chopin, Hough y Liszt.

Venía a Oviedo el gran pianista, compositor y escritor británico Stephen Hough (1961) sustituyendo al previsto Nelson Freire que no pudo hacer el concierto debido a la rotura de un brazo producida por una caída, y con el cambio pienso que salimos ganando tanto por la altura del intérprete como por el programa ofrecido, con el virtuosismo esperado de unos compositores que son el abecé de todo pianista, aunando en ellos la faceta interpretativa.
Muy interesante la entrevista ofrecida a La Nueva España donde explica esta dedicatoria musical a la muerte, «y tal vez se trata más de la fragilidad y la brevedad de la vida. Y eso debería estar lleno de felicidad y alegría. La muerte solo es mala porque tenemos que dejar ir algo hermoso… pero la vida se trata de dejar ir de muchas maneras. Y sobre aceptar la realidad«.

Podría haber titulado la entrada como las notas al programa de Iván J. Román Busto, «La muerte como inspiración» que parece sacada de la citada entrevista casi como preparación antes del concierto, porque había mucho del tránsito entre lo terrenal y lo eternal. «Saber que algo tiene un fin debería hacernos sostenerlo con gran ternura y amor mientras está con nosotros. La música es quizá la más temporal de las artes, es como un perfume en el aire. Se tocan las notas y luego mueren y solo nos quedan recuerdos. Pero eso es parte de lo que hace que un concierto sea tan especial. Recuerdos que compartimos con amigos y vecinos mientras duran«. Nos quedarán los recuerdos de un Stephen Hough rotundo, con un uso algo saturado del pedal pero desde una entrega total a cada obra, interioridad y curiosamente solo usando la partitura para su composición.

El padre de todas las músicas Bach revisado por Busoni, la Chacona, BWV 1004, esa recreación del mundo violinístico en el piano escrita por el Cantor de Leipzig tras la muerte de su primera esposa Mª Bárbara, la chacona convertida en lamento mientras suenan materiales del coral luterano que Hough delineó dentro e una visión plenamente romántica de esta obra.
Del propio Busoni escucharíamos la Berceuse elegiaque op. 42, la original al piano antes de orquestarla, emparentada con el Liszt de la segunda parte,  nuevamente con la muerte flotando en la música, esa «Canción de cuna de un hombre en el féretro de su madre», lenguaje elegíaco lleno de dramatismo que el piano traduce con la fuerza y el dolor, un «canto desquebrajado que da la espalda a sus presupuestos románticos de juventud» (Iván J. Román) aunque desde una interpretación poderosa e íntima, sin afectación y desde una búsqueda del sonido puro. No hubo aplausos tras finalizarla puede que por la impresionante lección del pianista británico que afrontaría la inmensidad romántica de Chopin y su Sonata No. 2 en Si bemol menor, Op. 35, cuatro movimientos donde destaca la famosa Marcha fúnebre del tercero aunque también podamos disfrutar de momentos que nos recuerdan a sus polonesas, valses o nocturnos, enlazados en esta sonata que aúna la solemnidad de la muerte con lo efímero de la vida, casi «De la brevedad de la vida» (Séneca) y «Del sentimiento trágico» (Unamuno), guiño literario al Hugh que escribió un Chopin rotundo y entregado, que exigió un retoque de afinación en el intermedio.

El Hough compositor además de interprete abriría la segunda parte con su Piano Sonata IV (Vida breve), nueva reflexión sobre lo transitorio y efímero de la vida, con una cita a la canción de Charles Trenet En Avril à Paris, ya utilizada por Weissenberg pero que en la visión de Hough está más cercana al Debussy pictórico que a la capital de la luz, cinco pequeñas células con la alegoría a la juventud que se marchitará pidiendo vivir cada momento sin pensar que puede ser el último, una filosofía vital que comparto.

Tras la sonata propia, el tributo a Liszt con tres obras inconmensurables y sin espacios para disfrutar de la total mortandad sin perecer en el intento: Funerailles. ese mundo religioso del Abate de las Harmonías poéticas y religiosas III, S 173, las iniciales campanas en la mano izquierda (aquí el pedal sí ayudó a la expresividad), cierto aire chopiniano de polonesa por el sacrificio heróico y feroz de los ejecutados en la Revolución Húngara de 1848, el horror y el honor, dos marchas contrapuestas, fúnebre, lacrimosa y la heróica, todo ese caudal sonoro de trasfondo religioso en la visión de un Hough virtuoso capaz de matices extremos (rotos por la tos y el papel de caramelo siempre inoportunos) que dejaban boquiabierto al respetable.
De los cuatro Mephisto-Walzer, comenzar por el «inconcluso y añadido» Vals Mefisto nº 4 (bagatela sin tonalidad) S 696, es como enlazar muerte y vida, el avance hacia la luz, la vuelta al piano tras la orquesta, el mundo sinfónico recreado por el virtuoso único que fue Franz Liszt fielmente reflejado por el pianista británico en una explosiva y contenida, tempestuosamente delicada, la redención de los excesos del pasado antes del nunca mejor dicho «diabólico» Vals Mefisto nº 1, S 514, «Der Tanz in der Dorfschenke» (El baile de la taberna del pueblo), alquimia pianística, redención de condena por el amor, el hombre enfrentado a su destino tras los excesos de su vida. Sensualidad y erotismo de esa bodega, el recuerdo del pasado propio hecho música con Hough perfecto narrador en una demostración de fuerza y virtuosismo para este Liszt inconmensurable.

Y como tras la tempestad llega la calma, nada mejor que esa oración, Ave María de Gounod sobre el Preludio 1 de Bach, el descanso del guerrero, la penitencia cumplida con la gratitud íntima de esta maravillosa partitura donde dada uno rezábamos en latín como abates melómanos.
Todavía nos regalaría un Jeux sur la plage de Mompou, de las cinco Escenas de niños como vuelta al inicio y la inocencia, la playa como destino o final, todo delicadeza y relajación llena de luz, noche lóbrega de carnaval, muere Don Carnal y llega Doña Cuaresma, pero siempre con la esperanza a pesar del «memento mori«.

Eternamente joven Argerich

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Domingo 24 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”:
Martha Argerich (piano), Mate Bekavac (clarinete), Kremerata Baltica. Obras de Bach, Busoni, Kremer, Weinberg y Liszt.
Reseña rápida para La Nueva España del lunes 25 desde el teléfono móvil, con los añadidos ya en casa de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Primera visita esta temporada de la eterna Argerich nombrada artista en residencia de estas jornadas, junto a los bálticos de Gidon Kremer, otro “habitual” en Oviedo, de gira española con parada obligada en “La Viena del Norte” español y una excelente entrada para un público algo acatarrado en los movimientos lentos y pianissimos en parte por un aire no acondicionado al gusto de todos.

El fundador de la formación nórdica aunque solo presente como instrumentador de la Chacona en re menor de Bach (a partir de Busoni) es capaz de seguir redescubriéndonos al kantor de Leipzig y más con una orquesta de cuerda poderosamente delicada, compacta y de amplísimas dinámicas comandada por el concertino Dzeraldas Bidva que “hace de Gidon” con igual maestría. Inicio grabado de clave y final de violín encajado por la Kremerata al milímetro.
Otro redescubrimiento del maestro letón es Miezyslaw Weinberg (1919 – 1996), cuya Sinfonía de cámara nº4, op. 153 en cuatro movimientos resulta una autobiografía oscura y dolorosa de este compositor que con el clarinete de Bekavac parece narrar cada etapa con esas reminiscencias de folklore “klezmer” como notas luminosas de esperanza incluyendo las pinceladas del triángulo en el Andantino – Adagissimo final con un excelente Mate Bekavac ejerciendo tanto de virtuoso como ensamblado tímbricamente en el sonido báltico.

La esperada Martha llenaría de más música una segunda parte con Bach siempre presente que en la interpretación de la porteña alcanza cotas sublimes. La Partita núm. 2 en do menor, BWV 826 para piano solo es un testamento vital tanto en lo escrito como en lo escuchado, magisterio de juvenil madurez con balances increíbles, limpieza expositiva y tiempos contrastados de hondura inexpresable en sus seis movimientos con ese Capriccio final pura medicina también para la propia tos de la argentina.
Y madurez juvenil, impetuosa, brillante, vibrante para Liszt y su Concierto para Piano nº1 en mi bemol mayor, S. 124 con la Kremerata casi sinfónica por sonoridades incluido el triángulo. Majestuosa Argerich mandando, valiente de principio a fin con un ímpetu sin perder calidad en nada, emocionando y empatizando con todos desde su eterna juventud pianística.

Propina bachiana para el padre de todas las músicas y esperando ya la próxima visita esta temporada.

Musika Música toma 7

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Domingo 8 marzo 2015, 12:30 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio EuskaldunaSala Rúspoli: Luis Fernando Pérez (piano): Bach: Partita nº1 BWV 825; Bach / Busoni: “Wachet auf, ruft uns die Stimme” BWV 645; “Nun komm´der Heiden Heiland” BWV 659; Bach / Hess: “Jesus bleibet meine Freude” BWV 147; Bach / Kempff: Siciliano de la Sonata para flauta nº 2 BWV 1031; Bach / Busoni: Chacona de la Partita para violín nº 2 BWV 1004. Entrada: 6€.

Mañana de domingo en la Sala Rúspoli, la misma con la que «cerré» el sábado, con difícil elección (en general todo «Musika – Música 2015» supone armar nuestro puzzle sonoro y priorizar, así como encontrar entradas disponibles) y donde «Mein Gott Bach» estaba representado tanto al clave del músico de Getxo Miguel Ituarte como en el piano del madrileño Luis Fernando Pérez, decantándome por el madrileño al tener «fresco» el bien temperado ovetense de Aimard, y contando con las versiones que Ferruccio Busoni, Myra Hess o el gran Kempff hicieron del Kantor de Leipzig para las 88 teclas, con todo lo que supone de recrear un mundo siempre inmenso de posibilidades musicales.
Sin apenas respiro tras el concierto anterior otro lleno en la sala pequeña, trasiego de los operarios para vaciar escenario y colocar ya perfectamente afinado el imponente Steinway presidiendo además de reinar en las manos de Luis Fernando Pérez que recreó un Bach realmente impresionante.
La Partita nº 1 en si bemol mayor BWV 825 consta de siete movimientos aparentemente sencillos pero donde el piano debe modelar el sonido en cada tecla, algo que el pianista madrileño hace con cada obra y estilo. Poder estar cerca de él permite disfrutar con el trabajo de manos y pedales, cincelando sonidos como si del clave se tratase pero con la grandeza del piano. Maravillosa versión llena de toda la gama barroca, matices extremos, ritmos contrastados, melodías claras, variaciones sobre temas que Bach utiliza con la genialidad matemática inspiradora de fuerza interior, la misma de Luis Fernando Pérez, recordándome sus interpretaciones de nuestro Padre Soler.
El Siciliano de la Sonata para flauta nº 2 BWV 1031 que recrease mi pianista de juventud Wilhelm Kempff, fue un leve descanso entre las visiones de Busoni previas y finales, delicia melódica llena de detalles expresivos más allá del original, con una mano izquierda poderosamente aterciopelada que asentó la maravillosa melodía de esta versioneada sonata esta vez con el magisterio de un gran pianista que amaba a Bach como tantos otros.
Las recreaciones que Ferruccio Busoni hace de Bach son un mundo paralelo al original, más allá de un arreglo y sin perder notas ni espíritu del más grande compositor de la historia, porque el órgano rey así está coronado por su versatilidad tímbrica, sonora y expresiva, así que plantear al piano corales como los elegidos por Luis Fernando Pérez son todo un reto para cualquier pianista. El madrileño volvió a demostrar el mimo del ataque, la amplia dinámica que es capaz de sacar con todo un catálogo de recursos técnicos puestos al servicio de Bach, los corales como el BWV 645 que crecen en cada ornamento de la derecha, el peso de los pedales en la izquierda todo ello entretejido en un teclado que parecía sonar a tres, así como la profundidad y meditación de la BWV 659, entendida por un público en respetuoso silencio que ayudó a mantener una calidad y calidez irrepetibles.
No escuchamos la famosa BWV 147 programada pero quedaba un final de auténtico genio, ya sin la atadura del papel, despliegue virtuosístico captado en primera línea de fuego, y nunca mejor dicho, la monumental Chacona de la Partita para violín nº 2 BWV 1004 que Busoni eleva a la enésima potencia, engrandeciendo la inmensidad bachiana para violín al infinito del piano. Honestidad hacia la partitura tanto del compositor como del intérprete, riguroso con cada duración, plano, volumen, fraseo, matices extremos impregnados en todo el cuerpo, poderosa mano izquierda, vertiginosa mano derecha, derroche musical y respirando el mismo aire. El silencio de la sala contenía emociones indescifrables e inenarrables, empujando con el pianista, esfuerzo sin apenas descanso, para romper en estruendo y aclamaciones, bravos y vivas que salen del alma tras haber escuchado MÚSICA en estado puro.
Colas para saludar, felicitar y agradecer una mañana irrepetible, para preocupación de los trabajadores de Musika-Música que recogían el piano, protagonista nuevamente en las manos de Luis Fernando Pérez, y desmontaban la tarima preparando el siguiente, porque la maratón no tiene descanso hasta la meta, cerca pero necesitando de carga extra. Y la tarde ya se echaba encima.