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Bohemia capital Bilbao (9)

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Domingo 5 de marzo, 13:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música«. Concierto nº 48, Auditorio: Janáček Philharmonic Orchestra Ostrava, Heiko Mathias Förster (director). Mahler: Sinfonía nº 1 en re mayor «Titán». Entrada: 12 €.

Mahler presentó esta obra en Budapest (1889) como «Poema sinfónico en dos partes y cinco movimiento», dirigiéndola en Weimar en 1894 aunque no fuese del agrado de público ni críticos, cosas del momento y quién le iría a decir que «su tiempo» llegaría tan pronto y continuaría revisándola. La versión definitiva de 1899 deja el título simplemente en Sinfonía en re mayor, llena de sonidos de la naturaleza como el viento o el cuco recordando aquellos paseos con su padre por los bosques de Moravia.
Sabor de Bohemia como el de esta «orquesta del este» con la que repetía para «la primera» que era última y cierre de mi particular «Ciclo Mahler» de Bilbao esta mañana de domingo con un vibrante final para la luminosa «Titán» con algunos chaparrones de las trompas que fueron templando, como en el exterior.

El primer movimiento (I. Langsam, schleppend…) que nos acerca a la naturaleza sacó lo mejor de la cuerda checa, sumándose las trompetas fuera de escena bien encajadas con el resto, una dificultad añadida que da espectáculo además de la sonoridad buscada, contestada por el cuco en maderas y el ambiente bucólico de las trompas aún no muy centradas, aunque fueron evolucionando todos en este paseo por el bosque mahleriano.
En el segundo (Kräftig bewegt, doch nicht zu schnell), ese länder o danza popular austríaca que nos recuerda el vals, Förster intentó sacar los grandes contrastes y dominando los tempi, con unos bajos redondos, percusión colorista, los metales calentando (bien las sordinas) y la limpieza de una cuerda que es lo mejor de esta orquesta, sin olvidarnos del arpa, con buenas dinámicas y balance entre secciones.

La conocida Marcha fúnebre (Feierlich und gemessen, ohne zu schleppen) marcó el punto de inflexión e hizo música celestial ese choque brutal uniendo tristeza y música popular, algo que los músicos de esta formación conocen de primera mano, transmitiendo uno de los momentos más emotivos de «La Primera»: cuerda doliente, viento pletórico (muy bien oboe y fagot) más percusión ajustada en dos mundos musicales que son los propios de Mahler, ganando en calidad y preparando el explosivo final con el paso de las tinieblas a la luz, Stürmisch bewegt, toda la intensidad dramática que culmina en esa coda triunfal donde la cuerda volvió a brillar, aunque todos fueron mejorando en esta obra grandiosamente luminosa, incluyendo la percusión. Puedo decir que Mahler lució en esta joya que «la Janáček de Ostrava» sacó a flote, una cuerda además de limpia desgarradora cuando así se le exigía, los bronces ayudando a toda la carga expresiva y la madera sin quedarse atrás, con un Förster conocedor de todo lo que ahí se cocía aunque buscando más precisión que emoción, que sí logró finamente, dando una lección de dirección a todos.

Comida rápida y a la tarde la despedida con un esperado Dvořák muy asturiano…

Santísimo Durón

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Sábado 11 de marzo, 20:30 horas. Auditorio Ciudad de León, CNDM, XIV Ciclo de Música Históricas: La Grande Chapelle, Albert Recasens (director). Música al Santísimo Sacramento (Sebastián Durón, 1660-1716). Entrada: 10 €.

Buena entrada en el auditorio leonés para lo que suele ser habitual y un excelente programa en el decimocuarto ciclo patrocinado por el CNDM que ocupa el actual curso escolar, este sábado dedicado a clausurar el año «Durón 300» (ya el arranque en octubre fue de lo más prometedor) con una formación adaptada a un repertorio del que Raúl Angulo Díaz, el mayor especialista en el músico de Brihuega, comenta lo difícil que es establecer cuáles son versiones «originales» y «modificadas», autor de unas excelentes notas al programa que iré citando puntualmente en el formato habitual de este blog (cursiva en este color), pero obras de una calidad enorme en un compositor no lo suficientemente reconocido. Quince números variados en distintas combinaciones vocales e instrumentales durante hora y media que pasó volando por lo bien que se estructuraron tonos, villancicos o cantatas con unos músicos encabezados por Recasens en la dirección musical, muchos de ellos participantes en la grabación del último CD dedicado a Durón «Música para dos dinastías» con el sello «Lauda» propio de La Grande Chapelle, en gira nacional:

Eugenia Boix y Soledad Cardoso (sopranos), Gabriel Díaz Cuesta (contratenor), Gerardo López Gámez (tenor); Peter Barczi y Eva Borhi (violines), Sara Ruiz (viola de gamba), Kim Stockx (bajón), Maria Ferré (guitarra y tiorba), Sara Águeda (arpa) y Herman Stinders (órgano).

Formación «ad hoc» para las obras seleccionadas de Sebastián Durón, algunas recuperaciones históricas siendo estreno en tiempos modernos en transcripciones de Mariano Lambea (CSIC, Institución Milá y Fontanals) y el ya citado Raúl Angulo Díaz (Ars Hispana), de las que dejo a continuación el programa que iré comentando en cada una sin entrar en los textos, que también se incluían, aunque perfectamente vocalizados e inteligibles, punto notable este porque no siempre es así:

Todo es enigmas amor, tono a 4 al Santísimo Sacramento, con las cuatro voces en perfecto empaste polifónico más los instrumentistas, optando Ferré por la guitarra barroca como en la mayoría de sus intervenciones (salvo las indicadas), tímbricas muy logradas donde el bajón completa una sonoridad colorista más allá de duplicar voces, y el órgano dando el sustento grave necesario para unas voces todas ellas agudas.
Aves canoras, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, jugando como siempre entre estribillo y las «coplas a 4» y todo el conjunto con la tiorba, elección buscando la mejor tímbrica con el arpa, siempre presente y colorida, amén de unos violines etéreamente claros y precisos con la dirección de Recasens atenta a todos los detalles.
Ay infelice de aquel agresor, villancico a 4 al Santísimo Sacramento (1699), unas voces que van tejiendo una página de recogimiento solo acompañada por la cuerda del arpa y la tiorba de complemento instrumental engrandeciendo el texto cantado en alternancia de solistas y cuarteto en las coplas.
Corazón, que suspiras atento, solo de «Miserere» con violines, en la voz de Eugenia Boix más la cuerda y la entrada posterior del bajón, suspirando desde el canto elegante y seguro de emisión ideal sobrevolando los instrumentos.
Duerme, rosa, descansa, dúo con las dos sopranos, Boix y Cardoso, acompañadas por órgano, viola de gamba y tiorba de una hondura indescriptible, perfecta unión de color y sentimiento en ambas con el subrayado de la cuerda más el sustento organístico, adornos en su sitio para las pausas textuales sin espacio vacío.
Hola, hao pastorcillo, villancico a 4 al Santísimo Sacramento con violines y todo el «ensemble», casi una égloga musical con el trasfondo religioso pero exportable al profano de no ser por la emoción y juego instrumental donde el órgano supone casi una firma distintiva.
Atención a la fragua amorosa, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, sin los violines en un «juego ingenioso que busca asombrar al espectador (…) representa de modo contrapuntístico el repiqueteo que hacen los martillos al forjar el corazón del creyente, al tiempo que se expresa la urgencia de la tarea mediante progresiones armónicas ascendentes» a cargo de los instrumentistas en feliz acompañamiento que equipara su protagonismo al vocal, siempre claro además de empastados.
Y pues de tu error los suspiros, tono a 3 al Stmo. Sacramento de nuevo con un solista, esta vez el contratenor sevillano Gabriel Díaz Cuesta de buen color para esta partitura y potencia suficiente acompañado solamente por bajón, tiorba y arpa, con sorprendentes disonancias para la época así como unos cromatismos que realzan un expresionismo avanzado en aquella España no siempre a la «última moda».
Impresionante y hermoso Segadorcillos que al son de las hoces, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, con una escritura donde van apareciendo los distintos solistas contestados en polifonía, sumándose los instrumentos en una construcción sonora realmente impecable, a partir de melodías profanas construido sobre el entonces muy conocido baile del «Tatatá» como recuerda Angulo.

Sin pausa pero dando descanso al cuarteto vocal pudimos disfrutar a continuación Qué sonoro instrumento, dúo del «ensemble» para lucimiento de los intérpretes como bien reza el título, en un despliegue de timbres variado dentro de esas polifonías «intercambiables» capaces de convertir páginas vocales en instrumentales recreando unas armonías muy del momento.
Cupidillo volante, solo al Stmo. Sacramento, nos permitió disfrutar del tenor Gerardo López Gámez con la viola de gamba y la tiorba, un trío para degustar color vocal, dicción, emoción y buen gusto en un repertorio que precisa precisamente de todo esto, la melodía y el acompañamiento al servicio del texto, los «morir» en melodías descendentes y graves, «mariposa amante» sobrevolando, buscando la rama y la llama, y cómo la ronda… La grandeza del texto con música sacra de devoción popular.
Una de las páginas más conocidas de Durón es la cantata Ay, que ma abraso de amor, interpretada y sentida por una Eugenia Boix cada vez más asentada en un repertorio que domina y en el que se siente a gusto, con todo el «ensemble» completando esta colorida partitura, verdadera «pintura musical (…) sobre la metáfora del amor de Dios entendido como una llama que abrasa al creyente y que le hace renacer como el Ave Fénix, el movimiento agitado en octavas de los violines que se escucha al comienzo trata de ilustrar el movimiento de las llamas, así como la punzante ansia amorosa que experimenta el creyente« en palabras de Angulo.
Ah, Señor embozado, villancico a 4 al Santísimo Sacramento, para los instrumentistas sin los violines y nuevamente las cuatro voces empastadas pese a ser de registro agudo, por el contrapeso de La Grande Chapelle en un acompañamiento adaptado para disfrutar de los textos además de engrandecerlos subrayados siempre instrumentalmente.
Volcanes de amor, tono a 4, continuó la línea de expresividad tanto vocal como instrumental, con la guitarra dando también el toque rítmico casi percusivo más el colorido bajón en contracanto, nueva metáfora de amor y fuego interpretadas textualmente, ardientes y queridas.
Prescindiendo del órgano llegamos al final con Negliya, qué quele, cuatro de Navidad, nuevo juego de estribillo polifónico y las distintas coplas para disfrutar de voces e instrumentistas en común unión al servicio de una música celestial.

Como propina bisaron el Todo es enigmas amor en un recital con predominio de partituras en ritmo ternario y alternancias muy variadas de tiempos, muy matizados en expresión por parte de todos los intérpretes, con Albert Recasens en la dirección de los números «totales» dejando en los solos y dúos a los propios intérpretes que marcasen el discurrir musical, calidad que atesoran todos ellos como pudimos comprobar, brindándonos un concierto (re)descubriendo a Durón en León.

Bohemia capital Bilbao (8)

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Domingo 5 de marzo, 12:15 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música«. Concierto nº 47, Auditorio: Katie Stevenson (mezo), OSPA, Perry So (director). Obras de Dvořák y Mahler. Entrada: 12 €.

Segundo concierto de «mi» OSPA con So a la batuta dejándonos una sorpresa de lo más agradable con el Poema Sinfónico «La bruja del mediodía», op. 108, B. 196 de Dvořák, con una gama dinámica impresionante y toda la madera (bravo el oboe y especialmente el clarinete bajo) aportando calor y color. El maestro So transmite seguridad y calidad por lo que la respuesta de la orquesta asturiana es excepcional. Las distintas secciones suenan precisas, claras, transparentes todas ellas, de la cuerda al viento sin olvidarme de una percusión siempre en su sitio. Vuelvo a citar las notas de Mercedes Albaina para mejor comprensión de esta obra del checo: «Esta bruja del mediodía sirvió de base para la fábula versificada por el poeta checo Erben quien habiendo perdido a la mayor parte de sus hermanos siendo niño, utiliza el tema de la muerte infantil de manera recurrente en sus baladas. En ésta, la mezcla de folklore y superstición es evidente y el retrato musical que hace Dvorak del malvado personaje y del suceso de trágico final -la muerte del niño y la maldición de los padres-, es excelente: los hechizos y abracadabras se enroscan en colores tímbricos, motivos onomatopéyicos, acentos marcados y secciones donde la música contiene la respiración ante la magia y el horror. La muerte, la poesía, la brujería y la tradición, como fascinaciones románticas sublimadas en su música«. Y es que So es un brujo del sonido haciendo hechizos en los asturianos para volver a enamorar al respetable con esta partitura poco habitual ejecutada al detalle y con auténtica magia.

Y Mahler nos trajo otra mezzo para «la colección», la joven Katie Stevenson de color carnoso aunque con un vibrato algo excesivo, más allá de la expresión, que no impidió la dosis de emoción de las «Canciones a los niños muertos» (Kindertotenlieder) con un So atento a la OSPA en momento álgido como verdadera coprotagonista. La muerte ligada a la infancia es algo tristemente habitual en la vida del bohemio y tomando los versos de Rückert creará esta obra de una belleza que acongoja desde los propios textos, con la música elevando ese dramatismo desde el dominio sinfónico.

El semblante de la mezzo británica reflejaba esa angustia hecha música, el dolor como experiencia, la voz de(l) Alma, los contrastes desgarradores de luces y sombras aunque la muerte sea como decía Mahler un camino hacia la vida: «El acto de la creación está en mi tan estrechamente ligado a toda mi experiencia, que cuando mi inteligencia y mi espíritu se hallan en reposo, no puedo componer nada«. Stevenson puso sentimiento y buen gusto en cada uno de los cinco números y la OSPA el ropaje ideal con un Perry So atento a los volúmenes para no ocultar ningún detalle, con otro triunfo ante el público que dejó una buena entrada en esta sesión matutina del domingo, quedando aún a los asturianos la tarde nuevamente con Dvořák cerrando emociones de dolor elevadas al éxtasis sonoro.

Bohemia capital Bilbao (7)

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Sábado 4 de marzo, 21:00 horasPalacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 20, Auditorio. María Espada (soprano), Ainhoa Zubillaga (mezzo), Sociedad Coral de Bilbao (director: Enrique Azurza), Bilbao Orkestra Sinfonikoa (BOS), Yaron Traub (director). G. Mahler: Sinfonía nº 2 en do menor, «Auferestehung» (Resurrección). Entrada 12 €.

Momentos antes del inicio del concierto más esperado (y que el anterior jueves inauguraba esta edición de la fiesta de la música), se avisaba por megafonía la indisposición de la anunciada María José Montiel por Ainhoa Zubillaga (a quien tenía «fichada» para el último de mi particular maratón bilbaina, en un esfuerzo y profesionalidad por su parte que merece todo el aplauso del respetable). Aunque hubo algún murmullo en la sala dada la expectación que la mezzo madrileña había despertado en sus mucho seguidores, conocedores de su reciente triunfo como Carmen en la temporada operística del Kursaal donostiarra, y sabiendo que por Mahler tiene una especial predilección en sus apariciones sinfónicas, la mezzo vecina no defraudó (nos dejó un Urlicht realmente con luz primaveral) y completó el elenco para esta segunda.

Globalmente esta «Resurrección» bilbaína quedó un tanto desequilibrada pese al esfuerzo del maestro Traub (titular hasta hace poco de la Orquesta de Valencia) buscando lo mejor de la BSO aunque sin la limpieza deseada, un maestro que transmite seguridad desde la claridad del gesto, buscando comunicar la grandeza de esta descomunal partitura. Me gustó la elección de los tiempos para los cinco movimientos (1. Allegro maestoso. Mit durchaus ernstem und feierlichem Ausdruck; 2. Andante moderato. Sehr gemächlich; 3. In ruhig fliessender Bewegung; 4. Urlicht. Sehr feierlich, aber schlicht; 5. Im Tempo des Scherzos. Wild herausfahrend), el rubato sin exagerar y la confianza que también transmitió a las voces, no siempre respondida por los instrumentistas en cuanto a las dinámicas que por momentos taparon a las solistas. Los pasajes rápidos de la cuerda, sobre todo la grave, no sonaron claros aunque sí consistentes y contundentes, con una plantilla ajustada para el balance sonoro deseado. Los metales tuvieron alguna salida de lugar (aunque el refuerzo juvenil fuera de escena merecen mi más sincera enhorabuena), mientras la percusión no siempre ajustó con el resto. Pese a todo, la belleza y monumentalidad de la segunda de Mahler siempre son un placer escucharlas en vivo y motivo más que suficiente para esta nueva escapada a la capital vizcaína.

En general la sinfonía fue «in crescendo» en calidad y emoción a lo largo de los cinco movimientos, con momentos dulces de «la Zubillaga«, plena de voz en todo el registro y con mi querida extremeña María Espada en su línea de seguridad, gusto y musicalidad desde un color natural además de un buen empaste con su compañera vasca.

El coro preparado por Azurza resultó algo flojo pese al número, de emisión algo sucia, especialmente en las voces graves (empañando el emocionante final), pero que suplieron con el esfuerzo en los matices que en quinto movimiento ya sin presión, se soltaron en los tutti. Cierto que mis referentes cercanos son el Orfeón Donostiarra o el Coro de la FPA, lo que siempre pone el listón más alto, y no digamos de versiones grabadas que siguen siendo inalcanzables desde nuestra querida tierra, aunque la mejoría en los últimos años se ha notado. Quiero recordar que el centenario coro local afrontaría al día siguiente un Stabat Mater de Dvóřak, por lo que el trabajo realizado con dos obras de esta envergadura ya tiene el reconocimiento de la formación vocal.

El último movimiento y especialmente la entrada del órgano me siguen poniendo un nudo en la garganta porque el del Euskalduna es una joya envidiada por un servidor, y no siempre podemos escuchar un instrumento «ad hoc» siendo sustituido por los electrónicos que nunca darán la sonoridad de los tubos.

Cierre mahleriano de sábado por todo lo alto con un Traub al que da gusto verle dirigir, y nuevo triunfo de las mezzos, esta vez Ainhoa Zubillaga solvente, con graves casi de contralto, creíble y profesional al cien por cien. Buen ambiente y a pinchar con los amigos aunque el domingo sería igualmente pleno de emociones.

Bohemia capital BIlbao (6)

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Sábado 4 de marzo, 19:30 horasPalacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 19, Auditorio. Hermine Haselböck (mezzo), Janáček Philharmonic OstravaHeiko Mathias Förster (director). Obras de JanáčekMahler. Entrada: 12 €.

Las notas al programa de este extraordinario concierto  hacen referencia a los dos compositores que lo ocuparon de manera brillante. De Janáček comenta de su última ópera «Desde la casa de los muertos» que está inspirada en la novela homónima de Dostoyevski y que comienza con la llegada de Gorianchov al campo de prisioneros y termina cuando éste sale de prisión, añadiendo que la completó en mayo de 1928 muriendo al poco, siendo su estreno en Brno en 1930.

La Obertura y Suite “From the house of the Dead” (arr. Frantisek Jílek) resultó impecable por esta formación que en mi juventud diríamos «orquesta del este» y además llevando el nombre del compositor, totalmente novedosa para quien escribe. La limpieza de sonido, sumada a la acústica perfecta del Euskalduna, es digna de admiración, con una plantilla grande pero perfectamente balanceada en sus dinámicas y planos y un director que la conoce sacando de la obra momentos admirables, especialmente de una cuerda signo de identidad «bohemio» que tantas grabaciones han dejado a precios bajos pero de calidad altísima. 

Pero mi verdadero descubrimiento fue con Mahler y sus Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones de un caminante o Canciones de un compañero de viaje) interpretados por una de las mejores mezzos hasta el momento de este Musika-Música tan bohemio, llegando casi a preferirla sobre las versiones con voz masculina pese a que las hay estratosféricas. La austriaca Hermine Haselböck puso más que su voz a unas canciones carnosas, bien emitidas y aún más sentidas donde la orquesta sonó como si fuese de cámara, tal fue el mimo con el que Heiko Mathias Förster la llevó con cuatro números emocionantes sobre los textos de Des Knaben Wunderhorn, esas cuatro etapas del camino que es la vida a través de un héroe que resultó heroína:
1. Wenn mein Schatz Hochzeit macht (El día que mi amor se case). Schneller – Sanft bewegt. El dramatismo de la voz y la orquesta como si de la versión con piano se tratase, «la Haselböck» contagiando la madura adolescencia.
2. Ging heut’ morgen übers Feld (Esta mañana caminé por el campo). In gemächlicher Bewegung. Alegría y brillantez sentidas en cada párrafo y en cada frase, transmitida vocal e instrumentalmente, maderas pastoriles, percusión colorista y nuevamente la cuerda única, limpia, transparente pero sobre todo luminosa.
3. Ich hab’ ein glühend Messer (Tengo un cuchillo al rojo vivo). Stürmisch, wild. Si existe la sinestesia, la mezzo austriaca puso sangre en su voz redonda de color uniforme en todo el registro, expresividad, buen gusto y dramatismo en el amplio sentido de la palabra, bien subrayada por una orquesta que seguía demostrando cómo aunar calidad y calidez aunque suene reiterativo, metales redondos, presentes pero sin tapar nunca a la cantante de emisión perfecta y gusto exquisito.
4. Die zwei blauen Augen (Los ojos azules de mi amor). Mit geheimnisvoll schwermüthigem Ausdruck. Dolor siempre en el transfondo mahleriano transmitido por «la Haselböck» más íntima y la madera construyendo la cuna en la que mecer una voz que vehicula como ninguna los textos que Mahler disfrutó durante su azarosa vida con el maestro alemán Förster verdadero artesano sonoro capaz de hacer escuchar cada sección y pasaje con la misma nitidez que la voz de la mezzo austriaca.
La tarde mahleriana redondeándose y esperando el plato fuerte nada más salir de esta caminata que nunca me deja exhausto.

Bohemia capital Bilbao (5)

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Sábado 4 de marzo, 17:30 horasPalacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 18, Auditorio. OSPA, Perry So (director). Mahler: Sinfonía nº5 en do sostenido menor. Entrada: 12 €.

Las notas al programa de Mercedes Albaina, que pondré en cursiva y fusia, describen perfectamente lo vivido y sentido en este quinto concierto para «la quinta de Mahler«, añadida a mis anotaciones que ponen textualmente:

Redescubrimiento de «mi» OSPA con un So claro, conciso, incluso valiente en los tiempos, sabedor de la respuesta. Si la cuerda es segura y la madera la respalda, todos los trompas con un Morató inspirado, fueron la guinda de esta quinta. Cada movimiento iba creciendo en emociones, seguridad y ganas de gustar que el público notó y comentó. Formación de Champions para un Mahler eterno.

Y es que Mahler compuso esta sinfonía en plenitud de «técnica y poderes» como la orquesta asturiana que hacía poco la había interpretado en Oviedo con su titular. Pero el chino So realiza un trabajo minucioso, detallado, que siempre encuentra la respuesta deseada a sus gestos perfectos, la «expresión (…) de un poder sin paralelo de la actividad de un hombre a la luz del sol, que ha alcanzado su clímax vital«. Madurez y experiencia la de este director nacido en Hong Kong pero con una trayectoria internacional creciente a la que nuestra orquesta tiene mucho que agradecer en sus múltiples visitas a la capital asturiana, porque una misma obra en tan poco espacio de tiempo iba a pasar de la noche al día. Sinfonía que habla «de vida y por tanto se presenta al oyente repleta de sensaciones significados y emoción«, tres partes bien diferenciadas en el desarrollo así como en la interpretación comandada por el maestro chino nacido en 1982. El arranque de la Trauermarsch (Marcha fúnebre) supuso el discurrir inexorable de unos músicos entregados, para en el Stürmisch bewegt alternar «potentes climax orquestales, vehementes y tempestuosos con pasajes de sugerente refinamiento«, así fue sonando esta primera parte.

La segunda comenzó con el Scherzo: Kräftig nicht zu schnell, diríamos que «vigoroso pero no demasiado rápido» y textual en la música donde el vals se hace internacional y Perry So entendió a la perfección, jugando con el tiempo y los acentos como si Viena fuese su ciudad, ese ritmo ternario tan peculiar y difícil de hacerlo entender, pero que la formación asturiana tradujo al detalle.

La última parte comienza con el evocador por cinematográfico Adagietto que la cuerda con el arpa hicieron sentir único, delicado, aterciopelo y seda vistiendo la angustia viscontiniana, existencialista y «ofrenda de amor«, pienso que hacia la partitura por parte de So desde la excelencia y seguridad del trabajo bien hecho, antes del Rondó-Finale, «alegría de apariencia simple, que da paso a un tapiz sonoro complejo y bellísimo«,  casi describiendo al director porque la maestría está en hacer parecer fácil un mundo tan complejo para transmitir mucho más que sonidos bien tocados. Jugando con toda la tímbrica de una formación adulta, compacta, donde el tiempo que llevan juntos permite hacer sonar cada sección como si de un solo instrumento se tratase, sirvió para marcarse una quinta indescriptible con mis palabras, degustando el contrapunto marcado al detalle por Perry So, y citando también a Bruno Walter «unas veces apasionada, otras, salvaje, heróica, exuberante, ardiente, solmene o tierna, recorriendo la gama posible de emociones«. Siempre digo que la música refleja sensaciones, momentos y este concierto me hizo feliz por muchas razones más allá de las musicales. Corroborar el estado de la OSPA y la química con So merecieron haber invitado a unos amigos de Bilbao a este concierto y seguir presumiendo de esta «Marca Asturias». Suscribo como termina sus notas la doctora Albaina: «La Música como reflejo de la Vida. Disfruten de ambas«.

Bohemia capital Bilbao (4)

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Sábado 4 de marzo, 13:30 horasPalacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 28, Sala A-3. Nadège Rochat (violonchelo), Judith Jáuregui (piano). Obras de A. Dvořák. y L. Janáček. Entrada: 6 €.

Verdadero descubrimiento de obras e intérpretes, especialmente la chelista francosuiza Nadège Rochat que debutaba en España con la donostiarra Judith Jáuregui, una pianista a la que sigo hace años y habitual en estas ediciones de «Musika-Música» tan solvente de solista como acompañante o con orquesta, en un repertorio donde se comparte magia a partes iguales, investigando, grabando y trabajando duro para seguir asentándose entre la larga lista de intérpretes internacionales.

L. Janácek: Pohadka – Fairy Tale, verdadero cuento de hadas por fuerza y vigor, inspirada en el poema del ruso Zhukovsky «El cuento del zar Berdyev» está cargado de ese mundo de fantasía de nuestra infancia y las dos intérpretes hicieron sonora una historia compuesta tras la pérdida de la segunda hija del compositor unido al rechazo de sus óperas, otra vida de película para un músico incomprendido que desde el dolor es capaz de escribir partituras tan mágicas como este dúo para cello y piano.
A. Dvořák: Lasst mich allein opus 82, B.157 y Silent Woods opus 68 nº 5, obras «liederísticas» por sus melodías tan cantábiles de tiempo lento o medio retomando aires sosegados para hacer emerger temas vocales desde el chelo, la música de salón donde Rochat emociona dialogando con el piano de Jáuregui, dos páginas con historia propia contadas por ellas mismas incluso en las notas al programa para las cuatro obras elegidas: «… en pocos días hubo de componer el Rondó en sol menor, arreglar dos de sus Danzas Eslavas y terminar también el arreglo de «Silent Woods», original del ciclo para piano a cuatro manos «From the Bohemian Forest». Las cuatro obras dejan percibir cuán y cómo se sentía Dvořák escribiendo para el cello como instrumento solista, la tesitura es alta y las cualidades líricas del instrumento están explotadas al máximo. El arreglo del lied Lasst mich allein no pertenece al autor pero es de gran interés ya que su melodía inspiró el Adagio del Concierto en si menor, pieza clave del repertorio para cello». Si la elección del repertorio supone un hallazgo, la interpretación fue sorpresivamente emocionante.

Tras una breve pausa volvía Judith Jáuregui en solitario para otro descubrimiento de Janáček, En la niebla, rememorando el estilo evolucionado de Chopin a Debussy (también lo recogen las notas que dejo al final del párrafo), el virtuosismo más el impresionismo de salón conjugando técnica y pasión en un idioma que se afianzará a lo largo del siglo XX e incluso me recordaba por momentos al mejor Albéniz parisino. «En la niebla da muestra de la catarsis en la que se encontraba (…) y evidencia cómo de la melancolía y la falta de autoestima nace una de sus obras más importantes, un ciclo en cuatro movimientos escrito en tonalidades «nebulosas» en las que encontramos la influencia del impresionismo de Debussy». Si la pianista donostiarra nos ha dejado hace poco su «éXtasis» espero que Janáček sea la siguiente grabación en su propio sello discográfico (Berlimusic), apostando por la belleza del dolor.

Para cerrar la mañana otras dos obras de Dvořák, el Rondó en sol menor opus 94, eslavo y moldavo, virtuoso con un entendimiento digno de alabar en ambas intérpretes que cantaron esta página con tanto sabor, pero sobre todo las dos Danzas eslavas opus 46, B. 172, «Polka» y «Furiant» tocadas independientemente con verdadero sabor y perfección, especialmente la última conocida en la versión orquestal, donde piano y cello sonaron sinfónicamente camerísticos.
Un dúo donde el violonchelo de Nadège Rochat resultó cálido y presente, humano y cercano, además de bello (del que ya escribí en el prefacio de estas notas), y el piano de Judith Jáuregui todo un lujo solo y compartiendo pentagramas.

Bohemia capital Bilbao (3)

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Sábado 4 de marzo, 11:45 horasPalacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 27, Sala A-3.  Isabel Villanueva (viola), Vlach Quartet Prague. Obras de Dvořák. Entrada: 6 €.


La música de cámara es una escuela para los compositores y para el público entre el que me encuentro, las raíces y base antes de dar el salto a lo sinfónico, la cercanía de los solos, dúos, tríos o quintetos como este para la ocasión con la violista pamplonesa Isabel Villanueva (1988) sumándose al Cuarteto Vlach de Praga (Jana Vlachová, violín – Karel Stadtherr, violín –  Jiří Kabát, viola – Mikael Ericsson, cello) en un programa plenamente Bohemio, el Dvořák que asombraría en el nuevo mundo pero cuyo trabajo camerístico sigue siendo un referente, músicos integrales como estos checos que también han trabajado a nuestro gran Arriaga, más la laureada violista que está llevando el instrumento, un Enrico Catenar de 1670 al que «hace hablar al mismo nivel que su hermano mayor», a rescatar repertorios como el de esta mañana sabatina en una de las salas de cámara del Euskalduna.

A. Dvořák: Terzetto en do mayor opus 74, B. 148.
Trío y triángulo, la mínima perfección con dos violines y una viola, la que tocaba el propio Antonin que se unió a los dos vecinos de su finca para componer esta joya, con un I. Introduzione. Allegro ma non troppo etéreo y explorando el registro, para las «danzas» populares rítmicas y contrastadas, casi «nupciales» (recordándome a Mendelssohn), perfección y entendimiento. El II. Larghetto plenamente camerístico con la economía de medios aprovechada al máximo antes del III. Scherzo rico, con la primer violín casi solista, movimiento y trío pleno además de brillante.

A. Dvořák: Quinteto de cuerdas en mi bemol mayor opus 97, B. 180.
Con sello propio, vibrante, compacto cual quintaesencia del nuevo mundo en el I. Allegro non tanto que arranca la viola antes de sumarse el cuarteto, igual que el II. Allegro vivo, escritura y ejecución impecables, solos de viola y violín arropados con redondez y ritmo. III. Larghetto cual ensayo grave y reconfortante creciendo en todo y todos, llegando en forma para el IV. Finale. Allegro giusto y gusto tras el progreso del anterior movimiento, resultando plenamente actual más de cien años después de su estreno, internacional desde su estancia neoyorquina para un quinteto quasi sinfónico, ensamblado desde la calidad y la calidez, técnica y musicalmente, «melodioso y sencillo» como la propia Isabel Villanueva recoge en las notas al programa, sumándose a los de Praga para hablar juntos el único lenguaje universal que existe además del único capaz de llegar al alma.

Salir de la sala para volver al siguiente… ¡en el capítulo 4!

Bohemia capital Bilbao (2)

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Viernes 3 de marzo, 20:30 horasPalacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 3, Auditorio. Stefan Vinke (tenor), Charlotte Hellekant (mezzo), Orquesta Sinfónica de Galicia, Dima Slobodeniouk (director). G. Mahler: La Canción de la Tierra (Das Lied von der Erde).
Entrada: 12 €.




Arranque con ímpetu para esta sinfonía con voces compuesta al final de la azarosa vida de Mahler, tras dos años sin escribir ninguna sinfonía (aún se pensaba en la maldición de una décima tras Beethoven) y cuatro sin componer lied, lo que supondría cerrar un ciclo volviendo a innovar el concepto de la forma sinfonía fusionando sus dos pasiones de la forma «más personal que he creado hasta la fecha» como el propio Gustav reconocía y Pablo Sánchez Quintero recoge en las notas al programa. Por desgracia no la escucharía en vida y su tiempo aún no había llegado. Sería Bruno Walter quien la estrenaría el 20 de noviembre de 1911 en Münich mientras España tendría que esperar hasta el 24 de enero de 1924 con Fernández Arbós.
Pero Bilbao hace posible escuchar en cuatro días parte de sus obras demostrando que Mahler sigue vivo como «Musika-Música«, arrancando con ese «Canto báquico del dolor de la tierra» (Das Trinklied vom Jammer der Erde. Allegro pesante. Ganze Takte, nicht schnell) como buscando embriagarnos o dejarnos poseer cual fiesta dionisíaca con melopea orquestal.

Tierra viva de la sueca Charlotte y el cielo del alemán Stefan abriendo tenso, colores como «El solitario en otoño» (Der Einsame im Herbst. Etwas schleichend. Ermüdet) y «De la juventud» (Von der Jugend. Behaglich heiter) más en la línea esperado y con el contrapeso de la mezzo, aunque ambas voces tardaron en enraizar tapadas por la OSG a la que Dima su titular espoleaba, intentaba domar el ímpetu orquestal cual tormenta juvenil que fue tomando forma «De la belleza» (Von der Schönheit. Comodo. Dolcissimo) hasta los dos últimos números, más cercano el cielo y germinando el fruto de la tierra yerma a toque de gong regada por violines, maderas con la flauta hermana en esas melodías tan duras que por fin llegan a descubrir la flor más bella, primero «El borracho en primavera» (Der Trunkene im Frühling. Allegro. Keck, aber nicht zu schnell) con esos textos de Li-Tai-Po, y la despedida real de «El adiós» (Der Abschied. Schwer).

Obra densa para todos los intérpretes, voces tensas por momentos en los agudos y opacos en graves como un admitido «mal» generalizado pero que la belleza disipa en su totalidad, mejor la mezzo que el tenor, una orquesta con algunos desajustes fruto del brío y su director realizando el trabajo tan difícil como su apellido, Sloboeniouk, para alcanzar el triunfo de la tierra, siempre en femenino.

Bohemia capital Bilbao (1)

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Viernes 3 de marzo, 18:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 2, Auditorio. Miah Persson (soprano), Orquesta Sinfónica de Euskadi, Thierry Fischer (director). Gustav Mahler: Sinfonía nº 4 en sol mayor. Entrada: 12 €.

Mi escapada a Bilbao coincidía con «La Cuarta» ovetense dentro del ciclo del Auditorio, pero esta que abría mi personal maratón musical era más esperada y cercana a la original.

Versión tejiendo el terciopelo hasta la entrada de la soprano, equilibrio y contención de dinámicas así como del aire, reposado por parte del maestro invitado Fischer con una sinfónica densa sin excesos, plantilla ideal con una concertino excelente más una cuerda redonda y cálida, especialmente en el calmado III. Ruhevoll recordando el Adagietto de «la quinta» con el arpa presentemente delicada para pintar una verdadera tabla dorada como apuntaban las notas al programa de Mercedes Albaina retomando palabras de lo escrito por Alma «interpretar su Cuarta Sinfonía como un cuadro antiguo sobre fondo de oro», o las más prosaicas de Janik y Toulmin«un barniz de valses y de nata batida sobre el sobrehaz de una sociedad cabalgada por la desesperana», tapiz sonoro sobre el que brillaría ese inconmensurable IV. Sehr behaglich con los textos de «El cuerno mágico de la juventud» (Des Knaben Wunderhorn) realmente emocionantes, alegres juegos de madera preparando la intervención de la soprano, Fischer jugando con el rubato justo, las sonoridades en los pizzicatti fueron suficientes para convencer, esperando la aparición de la soprano sueca Miah Persson, color ideal para este Mahler, perfecta de emisión y dicción acompañada de gusto bien arropada por la formación vasca, con metales seguros, madera aseada y colorida, percusión discreta pero correcta y una cuerda bien acoplada, todos bien llevados por un Fischer que buscó la brillantez desde la deseada contención sonora para mimar la voz y poder disfrutarla en toda su belleza. Poder escuchar a la sueca en vivo pero recordó la primera vez en agosto de 2011 de la que dejé constancia en el blog, y por supuesto que «La Persson» no me decepcionó lo más mínimo, reencontrándome con Mahler.

Una excelente cuarta para abrir boca con Mahler esta larga Bohemia del fin de semana. Y en breve el segundo del viernes…

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