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Todo y poco Beethoven

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Viernes 20 de diciembre, 20:30 horas. Málaga, Teatro Cervantes, Programa 06 Navidad: “Todo Beethoven”: Juan Barahona (piano), Beatriz Díaz (soprano), Anna Bonitatibus (mezzosoprano), Johannes Chum (Tenor), Werner Van Mechelen (Bajo), Coro de Ópera de Málaga (director: Salvador Vázquez), Orquesta Filarmónica de Málaga, Virginia Martínez (directora).

Comenzar las vacaciones malagueñas con un «Todo Beethoven» donde había tantos conocidos y no solo de la «tierrina» es todo un regalo anticipado, más con un programa doble comenzando con el probablemente menos escuchado de los cinco conciertos del genio de Bonn, el Concierto para piano y orquesta Nº 2 en Si bemol mayor, Op.19 con mi querido pianista Juan Barahona al que sigo casi desde sus inicios, con la orquesta local esta vez dirigida por la murciana Virginia Martínez, a quien vi dirigir a la OSPA en Oviedo varias veces, y este programa doble (jueves y viernes) al frente de esta formación malagueña que ha ganado enteros en los últimos años bajo la titularidad de Manuel Hernández-Silva.
De todas formas la interpretación de Juan Barahona estuvo muy por encima de la orquesta, casi luchando «contra ella», aunque siempre encajase cada final de las cadencias a la perfección, pero no lo arropado que cabría esperar. El Allegro con brio lo marcó desde el piano con unos músicos «a remolque» mientras Barahona desgranaba con limpieza y buena pulsación estos aires aún clásicos. Lograda la sonoridad del Adagio
Rondo
con momentos de emotividad a cargo del solista y arriesgado el Molto Allegro donde nuevamente quien mandó en el tempo fue el pianista «asturiano» con una concertación atenta que no tuvo la respuesta deseada por parte de los músicos malagueños.
El mal sabor de boca nos lo quitó con la propina de las «Flores solitarias» (Escenas del bosque) de Schumann, intimísimo y delicadeza suprema capaz de acallar unas toses que no descansaron en todo el concierto.

La segunda parte nada menos que con la gran joya sinfónica de Beethoven, la Sinfonía Nº 9 en Re menor, Op. 125 “Coral”incorporando en el último movimiento cuatro solistas y coro cantando la «Oda a la alegría» de Schiller, convertida en Himno EuropeoJosé Antonio Cantón dice de ella en las notas así programa que «… redime la música por su virtud más íntima, y la llena hacia el arte universal del futuro«. Toda una prueba de fuego para los intérpretes, cuatro movimientos de una inmensidad, intensidad y variedad que marcarán el resto de la historia musical ya que «después de la novena no es posible progreso alguno, puesto que sólo la puede seguir directamente la consumada obra de arte del porvenir«. Cuarteto solista de tres voces ya conocidas por quien suscribe: la asturiana Beatriz Díaz, volviendo al Cervantes, que este año está debutando con éxito Beethoven, la italiana Anna Bonitatibus a quien la Primavera Barroca nos trajo a Oviedo hace siete años con un Rossini único y posteriormente una Agrippina mejorable, y el austriaco Johannes Chum tras su convincente Mime en el Sigfrido del Campoamor hace dos años, uniéndose el bajo belga Werner Van Mechelen.
Con el Coro de Ópera de Málaga que dirige Salvador Vázquez, y todos situados en el escenario, comenzaba titubeante y dubitativo el Allegro ma non troppo, un poco maestoso. No hubo química ni empaque en la formación malagueña, faltó la majestuosidad, cada sección parecía «ir a lo suyo» desde una madera sin cohesión hasta la cuerda sin tensión. Por momentos parecía que se remontaría el vuelo pero fueron espejismos, sin el cemento necesario para asegurar una construcción majestuosa que permaneció inestable. El Scherzo. Molto vivace – Presto volvió a mostrar las carencias de unidad a las que el gesto claro pero algo contenido de la directora murciana tampoco ayudó. Nuevas desconexiones y falta de implicación para un movimiento que pide tensión, contrastes sutiles y no a brochazos, sin delinear los motivos, manchas más que dibujos musicales. Y el bellísimo Adagio molto e cantabile, se fue cayendo, muriendo a medida que avanzaban los compases, sin ese «cantable» que reza el aire del tercer movimiento y una madera poco ligada, huérfana por momentos, deslavazada, nada entregada, un individualismo que solo conduce a lo vacuo y la inexpresividad.

El esperado final arrancó con la orquesta bajo una batuta de Virginia Martínez algo más «templada» pero como dice el refrán, «poco duró la alegría en casa del pobre». Cierta rigidez en la murciana con gesto demasiado frío, izquierda ausente por momentos y escasa por no decir nula respuesta de la orquesta.
Los distintos tiempos que van surgiendo en el último movimiento (Presto – Allegro assai; Allegro molto assai (Alla marcia); Andante maestoso – Adagio ma non troppo, ma divoto – Allegro energico, sempre ben marcato – Allegro ma non tanto – Prestissmo) fueron sucediéndose sin pasión sinfónica, sin energía ni musicalidad solo salvada por el cuarteto solista, desde la primera intervención del bajo-barítono Van Mehelen algo «tocado» por alguna afección pero poniendo toda la carne en el asador, dicción perfecta, fraseo correcto y entrega, al igual que el tenor Chum, de suficiente volumen y buen empaste con su compañero.
La pareja femenina se decantó a favor de la soprano asturiana, sobrada de registro y color homogéneo que por momentos tapó a la mezzo italiana, sin perder nunca la musicalidad de su breve pero exigente intervención, tanto en los dúos como en el conjunto donde el brillo, frescura y tesitura de Beatriz Díaz sobrevoló cual flautín sobre una masa sonora que no pudo con ella.
Todo con una orquesta que nunca bajó las dinámicas y mantuvo la falta de balance entre sus secciones, con unos timbales demasiado presentes en relación al resto y no siempre «a tempo». Si las partes solistas son cortas pero exigentes, para el coro es una verdadera maratón que se solventó con fuerza excesiva ante el desequilibrio con la orquesta, uniéndose una falta de legado en la línea melódica optando por marcarlo como los instrumentos y dejando un silabeo entrecortado que nos impidió saborear este último movimiento. Hubo momentos rozando el peligro en las sopranos, manteniéndose en la cuerda floja, mientras los graves aguantaron el tipo. Dentro de la mediocridad al menos los cuatro solistas cumplieron por encima del resto.

Tras el discurso político del alcalde Francisco de la Torre, melómano reconocido que volvió a prometer un auditorio para Málaga (espero verlo algún día), todos volvieron a escena para cantar con el público Noche de Paz, cuya partitura se incluía en el programa, aunque solamente se hiciese dos veces la primera estrofa). Casi las once de la noche para un concierto esperado donde mis conocidos no defraudaron ante la falta de química entre la orquesta y el resto.

Celebrando Mozart y Beethoven en Pamplona

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Viernes 13 de diciembre, 20:00 horas. Pamplona: Baluarte, Concierto 5, Temporada OSN «Colores». Beatriz Díaz (soprano), Orquesta Sinfónica de Navarra, Manuel Hernández-Silva (director). Obras de Mozart y Beethoven. Entrada butaca: 30€.

Sigue el tándem Díaz y Hernández-Silva para disfrutar a Mozart y Beethoven al que ya estamos celebrando antes de sus 250 años el próximo 2.020, y el maridaje de la soprano asturiana con el director hispanovenezolano sigue dando sus frutos tras el Fidelio malagueño en este segundo concierto del abono de la orquesta navarra de la que Manuel Hernández-Silva es su titular, tres sesiones en el inmenso auditorio de Iruña más hoy sábado en Tudela, descubriendo la faceta sinfónica con la soprano asturiana no ya en un Mozart que domina hace tiempo sino con un Beethoven que abre aún más la paleta vocal en el siempre agradecido idioma italiano.
Programa organizado con ese acento vienés de los dos grandes, obertura más aria de ambos en la primera parte más la poco escuchada «Segunda» del Sordo de Bonn.

Desde los primeros acordes de la Obertura de «La Flauta Mágica«K 620 (Mozart) se notó la complicidad entre la orquesta navarra y Hernández Silva, claridad en todas las secciones, agilidades precisas, amplia gama de matices y la sensación de fluir permanente antes de atacar el Aria de concierto Misera, dove son, K 369 con la soprano Beatriz Díaz, nueva incursión en un repertorio difícil pero en el que se mueve con seguridad, graves que han tomado cuerpo, potencia sin contención junto a pianísimos sobrecogedores que fluyen por la sala con facilidad (y estaba sentado en la fila 26), amplitud de recursos junto a su conocida musicalidad para esta página mozartiana felizmente arropada por una formación que con Manuel Hernández-Silva siempre mima la voz.

El homenaje a Ludwig van Beethoven lo comenzó la Obertura de Las criaturas de Prometeo op. 43, todavía con ese clasicismo vienés de aires haydinianos más que mozartianos, aunque parezca flotar la venganza de Don Juan, la escritura que apunta los contrastes románticos pero sin las rotundidades que vendrían al final del concierto. Y a continuación nueva Aria de concierto Ah, pérfido op. 65 con una Beatriz Díaz pletórica, recitativo orquestal de vértigo, emisión y dicción clara, gama amplísima de matices que en su voz siempre son un regalo, dramatismo en el texto siempre «legible» y el subrayado musical lleno de sutilezas, con la orquesta escuchando y la batuta dejando que cada nota sean pinceladas, fondo de lienzo y redondeo total de perfección entre solista e instrumentos, una perla musical que está al alcance de pocas formaciones y sopranos, para otra nueva lección de buen hacer. El público se entregó a la cantante asturiana obligada a saludar repetidas veces junto al maestro hispanovenezolano. Una delicia que espero sea simplemente un aperitivo para la soprano en este repertorio con orquesta más allá de la ópera que en su caso puede compaginar sin etiquetarse en ninguno y haciéndonos disfrutar con todo lo que canta.

De regalo nuevamente Mozart y el aria Dove sono de «Las bodas de Fígaro», piel de gallina cantada por la allerana, microrrelato lleno de entrega, gusto, elegancia, con una orquesta que escucha y siente llevada por el director hispanovenezolano desde el recitativo hasta esa maravillosa página, transmitiendo seguridad y magisterio en el siempre difícil de la dirección. Como dice nuestro querido amigo común eMe «BraBoo!».

Impresionante la segunda parte con la Sinfonía nº 2 en Re Mayor op. 36 de Ludwig van Beethoven, la más clásica abriendo camino con la firma irrepetible del genio. El primer movimiento I. Adagio molto-Allegro con brio marcaría el sentido que imperaría en toda ella, claroscuros nítidos, luminosos, contrastes ricos y una orquesta de primera a la que Hernández-Silva lleva de la mano, marcando lo necesario para dejar disfrutar la calidad de todas sus secciones y solistas. El II. Larguetto pudimos recrearnos con un equilibrio desde la belleza instrumental casi coral, casi sin batuta antes del III. Scherzo: Allegro verdaderamente juguetón y «bromista», una cuerda aterciopelada, una madera (a dos) inspirada y unos metales (dos trompas y dos trompetas) contenidos, afinados, junto a los timbales precisos mientras en el podio el baile innato llevaba este movimiento hacia el Beethoven en estado puro del IV. Allegro molto, poderoso, sentido y consentido, con sentido clásico diáfano heredero del Mozart inicial redondeando una celebración vienesa en el Baluarte pamplonés que continuará esta tarde de sábado en Tudela. La Orquesta Sinfónica de Navarra camina con paso firme de la mano de Manuel HernándezSilva al que se le nota feliz con ella en esta su segunda temporada, madurez que deja poso.

Un Fidelio para recordar

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Viernes 1 de noviembre, 19:00 horas. Teatro Cervantes, Málaga: 31 Temporada Lírica, Fidelio (Beethoven). Entrada: Palco 117 € (con 2,93 € comisión Internet recinto y 0,95 € comisión general Internet). Berna Perles (soprano), César Gutiérrez (tenor), Tijl Faveyts (bajo), Beatriz Díaz (soprano), Pablo García López (tenor), José Antonio López (barítono), Luis López (bajo), Jesús Gómez (tenor), Coro de Ópera de Málaga (Salvador Vázquez, director), Orquesta Filarmónica de Málaga, Manuel Hernández Silva (director musical), José Carlos Plaza (director de escena). Producción escénica del Teatro de la Maestranza de Sevilla.  Fotos de webs y RRSS.

Málaga se asienta firmemente en el circuito operístico nacional con una apuesta plausible gracias al crecimiento que la Orquesta Filarmónica de Málaga ha experimentado desde la llegada del maestro Manuel Hernández-Silva que esta temporada se despide de la titularidad dejando el listón muy alto tanto en conciertos como desde el foso.

Y este Fidelio (en la versión de 1814) ha sido un proyecto muy personal del director venezolano afrontando el Beethoven todavía clásico pero con su propia sonoridad y estilo vienés, que conocen de primera mano tanto el compositor en la ciudad imperial como el director en sus estudios «a pie de obra». Si su Mozart del pasado año resultó conmovedor en este mismo coliseo malagueño, en el Beethoven que conmemoraremos largamente en el 250 aniversario del próximo año, encontró todos los mimbres para armar una ópera exigente en todos los aspectos.

Aunar calidad en escena y música en estos tiempos es tarea harto difícil que en este Fidelio malagueño logró casi la excelencia, con un reparto vocal equilibrado, tanto en el coro que brilló en escena, especialmente en el primer acto de los prisioneros, como en las voces solistas, comenzando con una Berna Perles creciendo desde Fidelio hasta la Leonora final, una soprano malagueña que personificó este rol complicado con solvencia, presencia y convicción, voz ideal de dicción perfecta e interpretación rotunda a lo largo de la representación.

El carcelero Rocco del bajo belga Tijl Faveyts, el más aplaudido, resultó otro acierto por aplomo, escena, dominio total en lo vocal y por fin una tesitura clara que siempre relució en cada intervención, como solista, dúos o en los muchos concertantes, de empaste perfecto y escucha clara por un color totalmente adecuado para su personaje.

También volvían al Cervantes la pareja asturcordobesa, la soprano Beatriz Díaz como Marzelline, hija de Rocco, y el tenor Pablo García López en un Jaquino muy personal. Ellos abren la ópera con un dúo que apuntaba una función redonda, la asturiana en su línea de excelencia debutando un papel en alemán que le va como anillo al dedo en todo: voz llena de matices, amplios y de proyección suficiente, incluso en las partes habladas, ganando cada vez más en los graves manteniendo unos agudos impecables, sumando una escena que llena en cada aparición suya (impagable la escena segunda con Rocco), y el cordobés que madura a pasos agigantados recreando un conserje enamorado cojo pero sin problemas físicos para una interpretación donde tanto el canto como las partes habladas fluyen de manera natural para este personaje ideal, generoso en el amplio sentido de la palabra y en todas sus intervenciones.

Cuarteto protagonista que nos dejaron los mejores momentos vocales de la noche junto al coro, debiendo citar al resto del elenco: el Don Pizarro del barítono murciano José Antonio López no desentonó con el resto, algo más «apagado» y menos convincente en esos papeles de «malo» para disfrutar un poco más, estuvo contenido pero notable; el Don Fernando del bajo malagueño Luis López me sorprendió gratamente por color y volumen, una voz prometedora que ayudó a equilibrar el reparto solista, junto al tenor Jesús Gómez solventando con suficiencia su solo en el coro de prisioneros. No tuvo su mejor noche el tenor colombiano César Gutiérrez como Florestán, formado en Viena y conocedor de este repertorio pero que tal vez por su intento de dotarlo con el dolor intrínseco del personaje, presentó unos cambios de color en los agudos algo «apretados» aunque redondease un elenco ideal para este Fidelio malagueño, voces todas empastadas, distinguibles y audibles perfectamente, siempre equilibradas y presentes gracias a un foso atento.

Toda la puesta en escena de José Carlos Plaza, luces y vestuario, ayudaron a un verdadero espectáculo ambientado en Sevilla, descubierta en la noche final, las losas opresoras, especialmente la superior que juega con las inclinaciones para completar la fuerza dramática, los destellos casi en sombra de las torturas en la cárcel, los tonos oscuros y oxidados hasta en los maquillajes, incluso en el vestuario de cada personaje y coro que nos llevarán a la luz con la aparición de las mujeres de blanco en la liberación final. Es loable encontrar una escenografía que no distrae nunca la acción musical y además la completa sin entorpecer, más bien agrandar y ayudar a comprender esa idea de opresión que sustenta esta ópera única del genio de Bonn.

Y en el foso una Filarmónica de Málaga realmente clásica en sonoridades, sin historicismos instrumentales pero con sonido vienés, al servicio de las voces, calidades en las maderas, virtuosismo en la trompeta solista, dinámicas amplias siempre en el plano correcto, más una cuerda sedosa y clara, todo bajo la batuta de un Hernández Silva que sabe cómo sacar de todos lo mejor. Incorporar la obertura tercera de Leonora para enlazar los dos cuadros del segundo acto fue un acierto tanto musical como escénico al recrear la liberación con unos prisioneros levantando la losa para vislumbrar una Sevilla nocturna llena de contrastes, brillo total desde las penumbras luminosas musicalmente hasta el final premonitorio de la Oda a la libertad de su novena sinfonía, todo tejido con mimo y magisterio en este Fidelio para recordar.

Enhorabuena a todos y gracias por otra escapada malagueña que nunca nos defrauda: reencontrarme con amigos, disfrutar de su luz y la música siempre como buena disculpa para cruzar España comenzando a celebrar #Beethoven2020.

El Ateneo Musical de Mieres cumple su primer año

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Esta asociación mierense con el nombre de Ateneo Musical de Mieres, se crea el 23 de junio de 2018, un proyecto ambicioso a largo plazo que comienza su singladura con la banda de música dirigida por el maestro Antonio Cánovas Moreno, y en tan breve espacio de tiempo comienza sus ensayos el último trimestre del pasado año en el salón de actos de la Feria de Muestras, un espacio infrautilizado que nos sirve para trabajar, no siempre en las mejores condiciones, pero con todas las ganas y luchando «contra viento y marea» como dice el dicho. Realmente nueve meses dan para mucho, habiendo realizado varias actuaciones que paso a detallar, ilustrando esta entrada con fotografías y carteles así como enlaces a todo aquello que considero digno de mención de este corto pero intenso recorrido cultural del que me enorgullezco ser su presidente.

No podíamos perder un capital humano que se nos iba por razones que no ha lugar comentar, dejándonos nuevamente huérfanos en Mieres, así que nos pusimos manos a la obra y tras la lectura de un manifiesto inicial con el apoyo de numerosas personalidades del mundo de la cultura, quedábamos constituidos como asociación cultural y con una banda de música prometedora. Nuestro agradecimiento al Ayuntamiento de Mieres que cuenta con nosotros dentro de su amplia oferta musical y cultural, a los medios de comunicación que nos apoyaron desde el principio, a Joaquín García González por diseñarnos tanto el logo como la cartelería de captación de socios y colaboradores, a J. R. Viejo que con su cámara inmortaliza muchos buenos momentos de nuestra banda, a los comercios y empresas locales que nos ayudan a mantener este proyecto, a los músicos sin los que nada es posible, y por supuesto a nuestros socios, rondando los 200 en un año, y que confiaron desde la presentación y a lo largo de estos doce meses de vida en un Ateneo de largo recorrido donde la música es nuestra seña de identidad, abierta a cualquier manifestación que la tenga presente, aunque lo más visible y auténtico elemento vertebrador del mismo sea la banda llamada a llevar siempre desde la excelencia el nombre de Mieres.
No queremos olvidarnos de nuestros ilustres Amadeo Gancedo, socio honorífico, y a Julián Burgos, socio nº 1, triste y recientemente desaparecidos en muy corto espacio de tiempo.

Paso a desgranar las actuaciones, de las que la crítica musical corresponde a otros, pues no creí oportuno ni ético hacerlo personalmente en ningún momento, pese a mi total implicación con este proyecto y el conocimiento del tema como siempre he realizado desde esta ventana.

8 de septiembre: Llanes, fiestas de La Guía, nuestra primera actuación estrenando instrumentos de percusión y corbatas para uniformarnos en una cita imperdible del oriente asturiano donde Mieres siempre ha estado presente con un recordado «Tren de Madera» que unía ambas villas y donde Los Nardos del granadino maestro Alonso suenan continuamente.

11 de noviembre: Moreda, San Martín (Los Humanitarios), la llamada fiesta del otoño asturiano donde incorporamos una sección de gaitas participando por primera vez en el desfile de carrozas una banda de música, la del Ateneo Musical de Mieres.

Ya dentro de nuestro concejo empezábamos el último trimestre del año cargados de ilusión y proyectos que nos llenarían de alegría y ganas de seguir trabajando en la línea de unir repertorios habituales y propios.

20 de octubre: Homenaje en el Pozo Fortuna de Turón (organizado por el Ayuntamiento de Mieres), una breve actuación plagada de emoción y sentimientos en el homenaje a las víctimas de la represión franquista.

17 de noviembre: la «verdadera» presentación de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres para festejar Santa Cecilia en el Auditorio Teodoro Cuesta, un lleno que agotó las invitaciones y auténtica “puesta de largo” en la capital del concejo aunque la patrona musical sea el día 22. Ahí estrenamos el pasodoble del compositor toresano David Rivas Ateneo Musical de Mieres dedicado a nuestra asociación y un orgullo para todos, con un programa exigente del que tenemos vídeos en nuestro canal de YouTube.

En este concierto también contamos con la colaboración en el Joropo (Moisés Moleiro) con el cuatro venezolano en las manos del avilesino Moisés Arnáiz, del ovetense Jorge Areces a la gaita junto a un grupo de la Banda de Gaitas de Mieres que dirige, en La Noche Celta, así como del presentador de la TPA el mierense Laudelino Martínez Fernández, Laude para todos, que cantó el tema de Víctor Manuel Asturias, quien nos envió un vídeo de salutación junto a los compositores de los que interpretamos sus obras: el citado David Rivas, Ramón Prada (La Noche Celta) y José Alberto Pina (The Gosht Ship).

2 de diciembre: actuación en la carpa del Parque Jovellanos de Mieres para la Asociación Cultural Santa Bárbara en su fiesta anual, retomando bailables y músicas festivas en un entorno amigable y gastronómico alrededor del picadillo de chorizo.

Segundo gran reto de nuestra programación al tratarse de un concierto temático donde las músicas y poemas de Federico García Lorca ocuparon este proyecto que esperamos poder exportar a otras ciudades dada la calidad y actualidad del mismo, con otro lleno histórico en el Auditorio Teodoro Cuesta.

En el mismo participaron la cantante Nerea Vázquez Torres junto a las actrices mierenses Eliana Sánchez y Patricia Suárez, más el irremplazable técnico y músico Marco Castañón.

20 de diciembre: Concierto de Navidad junto al Orfeón de Mieres en la Iglesia de San Juan Bautista, primera colaboración con la centenaria y laureada agrupación coral que dirige Carlos Ruiz de Arcaute donde no faltaron villancicos españoles e internacionales con arreglos para banda y coro que hicieron las delicias de un público que abarrotó el templo ubicado en La Pasera y separado del emblemático barrio de Requejo por el río San Juan.

La Cadena COPE en Mieres nos hizo una entrevista donde contamos nuestro particular fin de año compartiendo micrófono con José Carlos Muñiz Fernández, presidente de AMICOS (Asociación Mierense de la Cocina Solidaria).

22 de diciembre: Pasacalles solidario para recaudar fondos destinados a la asociación AMICOS, música navideña con villancicos inundando los lugares más típicos de Mieres y donde nos encontramos con Víctor Manuel que aceptó gustosamente posar con nosotros y saludarnos en persona ante la imposibilidad de hacerlo el día de nuestra “puesta de largo”, aunque lo tuvimos presente con su vídeo grabado momentos antes del concierto que dio en Avilés el 28 de octubre.

El año 2019 arrancó con la grabación y posterior emisión el domingo 20 de enero del programa de la TPA “De Romandela” dedicado a Mieres (disponible en la web a la carta), donde abríamos la cuarta temporada de la mano de su presentador Laude Martínez que sigue apoyando nuestro Ateneo Musical de Mieres desde su creación y no perdió la ocasión de repetir su versión del Asturias que volvió a emocionarle porque cantar con una banda en directo no es algo habitual para nadie.

6 de febrero: la solidaridad está entre nuestros objetivos y no podíamos rechazar la invitación de la Asociación Española contra el Cáncer en Asturias desde la delegación mierense presidida por Loli Olavarrieta, que organizaría por vez primera fuera de Oviedo su concierto solidario anual.

Varios grupos de cámara de nuestro Ateneo ofrecieron una actuación de gran calidad con distintos músicos de nuestra banda de música: dúos con piano de violonchelo, trompeta, trombón o flauta, un trío de clarinete, flauta y piano, más dos cuartetos de clarinetes y saxofones, compartiendo escenario con el Coro Minero de Turón, tradición y juventud unidas en historias con música.

10 de marzo: desde la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento con motivo del “Día internacional de las mujeres” estuvimos actuando en el Auditorio mierense con un concierto titulado “De Ellas” donde además de interpretar obras compuestas exclusivamente por mujeres como Carmen Loriente, autora del pasodoble Sosia (componente de nuestra banda) y la gallega Magdalena Argibay autora de O faro dos brigantes que vino hasta Mieres para escuchar su composición. Dirigieron dos de nuestros valores al alza: Elba Rodal (clarinete) y Lara González (oboe), ambas con larga experiencia a la batuta desde su juventud como así lo demostraron, llegando a sonar un fragmento en el programa de Radio Nacional «Entre dos luces» (anunciando nuestro concierto en Vega de Arriba de mayo) que presenta Carlos Santos «La Libreta Colorá«, un gran seguidor de nuestro Ateneo.

También participó como narradora en La bella durmiente de María Mendoza nuestra querida Eliana Sánchez a quien siempre le agradecemos su colaboración desinteresada con el Ateneo Musical de Mieres.

El nº 53 del Magazine CL (Ciudad Lineal) que se distribuye gratuitamente por el concejo de Mieres, nos dedicó varias páginas donde recogíamos la actividad desarrollada por nuestro Ateneo hasta marzo, parte de la cual queda aquí reflejada.

13 de abril: en el Parque Jovellanos y dentro de la Folixa na Primavera que naciese allá por 1996 y ya está plenamente consolidada como fiesta sidrera y folklórica, nuestra Banda Sinfónica además del pasacalles previo por las principales arterias mierenses. Como dato emotivo debutó como abanderado Manuel Noval Fernández.

En el auditorio al aire libre del parque, ese que si las piedras sonasen nos llenarían muchas páginas musicales de nuestro Mieres del Camino, nuestra Banda del Ateneo ofreció un concierto a base de pasodobles y bailables que hizo las delicias del público mientras degustaban unos culines de sidra traída de distintos lagares asturianos o llenaban las terrazas adyacentes en un soleado día, poniendo la nota musical de la mañana sabatina con páginas asturianas, del pop español e internacional de los 70 y 80 que algunos espontáneos nos animamos a tararear y hasta marcarse unos pasos de baile quien pudo (mis lectores ya conocen mi mala pata).

Tras este pistoletazo primaveral y festivo, en los dos meses siguientes la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres continuó con sus conciertos dentro del municipio.

12 de mayo: Polígono de Vega de Arriba, sesión vermut para una mañana soleada en sus fiestas de mayo interpretando bailables tradicionales y discotequeros de mis años jóvenes que no pueden faltar en estas actuaciones distendidas, contando de nuevo con Manu de abanderado.

La primera semana de junio tocó presentar los dos últimos eventos del mes, con una rueda de prensa en el Ayuntamiento donde participamos el maestro Cánovas, José Mª Castillo Rojo, un servidor y el concejal de cultura Juan Ponte, con la posterior participación del director musical, inspector y presidente del Ateneo en el informativo matutino de la COPE en Mieres que presenta Sara Rodríguez.

8 de junio: nuestra primera salida de Asturias tuvo lugar a Guardo (Palencia) donde fuimos invitados a participar en el VI Festival Internacional de Bandas de Música ”A tresbandas” que organiza la Asociación Musical de Guardo cuyo objetivo es intercambiar culturas y costumbres con la música como nexo de unión y por donde han desfilado agrupaciones llegadas desde Reino Unido, Holanda, Portugal, EE.UU., China o Puerto Rico en este año 2019.

Todo un honor llevar el nombre de Mieres y Asturias con lo mejor de nuestro repertorio, empezando la mañana con un pasacalles por la palentina localidad minera antes del concierto en la carpa, donde se nos hizo entrega de una placa conmemorativa y el primer corbatín para nuestro estandarte, uniéndose las tres formaciones sinfónicas de Caguas (Puerto Rico), Mieres y Guardo, alternando la dirección sus respectivos titulares, Miguel A. Rivera Trinidad, Antonio Cánovas e Isabel Vélez García donde sonaron El Gato Montés (Penella), Carrascosa (Teixidor) y Los Estudiantes (J. Vélez) para concluir con el Himno de Guardo compuesto en 1956 por Sindimio Allende que fue entonado por todos los presentes junto a la voz solista de Bea Rivera Reyes (arreglado para banda por Carlos De la Fuente Lucas-Torre) en un fin de fiesta donde la posterior comida de hermandad con una directiva siempre volcada con todos, continuó hasta bien entrada la tarde antes del merecido regreso a casa con las primeras luces nocturnas.

15 de junio: Para conmemorar nuestro año de vida nos embarcamos, con la inestimable colaboración de nuestro Ayuntamiento dentro de las fiestas patronales, en organizar el I Festival de Bandas de Música “Villa de Mieres” que queremos se convierta en cita obligada de los amantes de la música de banda y un evento imprescindible dentro de nuestras fiestas de San Juan.

La banda invitada fue la de la Unidad de Música de la Academia Básica del Aire de La Virgen del Camino (León) dirigida por el Capitán Don Julio César Salamanca que trajo también al coro de la academia, quienes a las 11:00 horas iniciaron un pasacalles por el centro de Mieres en una soleada mañana en compañía de nuestra banda anfitriona.

 

A las 12:00 horas con puntualidad británica y tras acomodarse las autoridades civiles y militares más el público que hubo de recoger la invitación completándose el aforo, comenzó el concierto que fue retransmitido en streaming por el canal del Ateneo en Facebook.

Programa variado donde no faltaron temas populares en ambas formaciones así como un sentido Santa Bárbara armonizado por el propio maestro Salamanca que hizo brotar lágrimas de emoción.

Tras la entrega de distintos trofeos y los corbatines conmemorativos para los estandartes, las dos bandas se unieron para interpretar los himnos de Asturias (dirigido por el maestro Cánovas) y el de España (con el capitán Salamanca) poniendo el punto y final de una mañana festiva tras la cual hubo un ágape de hermandad, agradeciendo la presencia de tantas autoridades con la delegada del Gobierno en Asturias, la mierense Delia Losa en cabeza, y recibiendo las felicitaciones de todos por la organización y éxito de este festival, premio al inmenso trabajo realizado por todo el Ateneo Musical de Mieres.

Finalizados exámenes y agenda de conciertos de este primer año, toca cargar las pilas para el próximo curso 2019-2020 con nuevos proyectos que intentaré contar desde aquí, aunque quiero recordar que en estos tiempos las redes sociales son importantes para promocionarse y estamos en todas ellas: Facebook, Instagram, Twitter, incluso el citado canal propio de YouTube donde compartimos parte de las actuaciones realizadas en esta breve pero intensa trayectoria. Como dice nuestro lema

“Queremos crecer contigo”.
GRACIAS A TODOS

El Cairo está en Bilbao

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Sábado 6 de abril, 19:30 horas. Teatro Arriaga, Bilbao: Luna de Miel en El Cairo (José Muñoz / Francisco Alonso, versión libre de Emilio Sagi). Fotos de la web salvo las indicadas y el programa de mano escaneado.

La revista (opereta arrevistada si lo prefieren) asociada a la zarzuela y a muchos de sus autores está volviendo a la escena actual, y la escapada bilbaína distaría de la reciente ovetense por muchas razones: una puesta en escena luminosa (de Daniel Bianco), sencilla  con detalles como el muro de globos azules, pero sacándole mucho rendimiento, un vestuario colorido de buen acabado y corte (Jesús Ruiz), la iluminación (Eduardo Bravo) subrayando la dramaturgia, un magnífico cuerpo de baile (coreografiado por Nuria Castejón), unas voces equilibradas tanto en los solistas como el coro (las ocho mujeres del Coro Rossini que dirige Carlos Imaz) bien empastadas, unos actores de largo recorrido, una orquesta de calidad en el foso (la BOS con saxos y piano de primera), y todo ello bajo la mano maestra de Miquel Ortega que conoce y mima la música del maestro Alonso, atento a los cantantes aunque se encuentren al fondo del escenario, disfrutando de la partitura llena de ritmos de la postguerra, contagiando alegría, ayudando y haciéndonos copartícipes a todos, con un público que llenó y disfrutó la tarde de sábado que personalmente finalizaríamos tomando el tranvía (en el estreno sería el Metro que muchos asistentes perdieron por las repeticiones tras el éxito alcanzado) hasta Indautxu como buenos «aldeanos» y sentarnos alrededor de una buena mesa entre amigos como corresponde a mis visitas vizcaínas.

Evidentemente no quería perderme esta producción del Teatro de La Zarzuela y el INAEM que el Arriaga programó en cuatro funciones con voces conocidas y queridas por el que suscribe como los asturianos David Menéndez y Beatriz Díaz, el «adoptado» José Manuel Díaz, la granaína Mariola Cantarero, todas ellas bien encajadas en sus roles, sin olvidarme de Enrique Viana haciendo de él mismo como no podía ser de otra forma, Itxaro Mentxaca acertadísima de principio a fin, más una cuadrilla de cómicos como Mitxel Santamarina ágil y «engordado», Iñaki Maruri y Alberto Núñez que dieron réplicas de guiño local que el ovetense Sagi conoce como nadie para redondear esta «Luna de Miel en Limburgo».

Dos actos sin pausa ambientados en su época (1943), argumento bien hilvanado de los ensayos preparando la opereta que da título (en vez del transatlántico original) y el ensayo general (en el mismo teatro, no en Alejandría ni el Nilo), ágil acción con todo lo que se espera de ella: diálogos chispeantes y enredos amorosos, música en escena con piano real y delicada transición al foso, juegos de escaleras y unas melodías pegadizas que muchos asociamos al cine y la televisión porque crecimos con ellas: Tomar la vida en serio es una tontería y esta broma musical rebosa alegría (hubiera sido genial bisarla), el buen gusto impera sobre el escenario del coliseo de la ría y la calidad del elenco ayuda a redondear esta obra del prolífico maestro granaíno.

De los cantantes protagonistas David Menéndez (Eduardo) mantiene un nivel de excelencia y elegancia de principio a fin, poderío vocal y escénico en el papel de compositor, junto a Beatriz Díaz (Martha) capaz de amplios matices y derrochando simpatía, luchando con un registro grave casi imposible en estas partituras pero solventado sobrada su princesa en los agudos y medios desde su línea de canto limpia llena de matices. Itxaro Mentxaca dio el toque de veteranía real e imaginaria (Doña Basilisa, costurera y antigua tiple) especialmente con el tapate tapatío en compañía de «las Rossini». Cantarero (Mirna) y Viana (Rufi) pusieron el histrionismo necesario de sus papeles, jugando con el santoral, la geografía y hasta las debilidades carnales. Sumemos lo comentado del conjunto con el Maestro Ortega al frente, y tendremos una revista de siempre por la que no pasa el tiempo dándole la mínima actualización a textos y situación con todo el respeto a la música por parte de todos los intérpretes.

Como sugerencia estaría bien representarla en Oviedo en el próximo Festival Lírico con este mismo reparto y director musical, el público carbayón seguro respondería feliz a esta revista, opereta, zarzuela… espectáculo musical a fin de cuentas.

El Sueño de Gaztambide en invierno

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Jueves 31 de enero, 20:00 horas. Teatro de la Zarzuela, Madrid. J. Gaztambide (1822-1870): El sueño de una noche de verano, ópera cómica en tres actos con libreto de Patricio de la Escosura, estrenada en el Teatro del Ciro de Madrid el 21 de febrero de 1852. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela, edición de Tomás Garrido (Archivo SGAE, Madrid 2018). Dedicado a la memoria de Gustavo Tambascio. Entrada butaca: 42 €.

Defendiendo y difundiendo nuestro patrimonio, rescatando una zarzuela de 1852 en su teatro de la calle Jovellanos, sin reparar en gastos y homenajeando al desaparecido Gustavo Tambascio, acudía a la quinta representación (finalizarán el 10 de febrero retransmitiéndola por Facebook©) de El sueño de una noche de verano conociendo el libreto original y algunas críticas en los distintos medios, también digitales pero dejándome llevar por una música de calidad con sus altibajos lógicos, reparto vocal conocido en un momento idóneo, último día de enero frío con el llamado primer reparto, vestuario bellísimo (Jesús Ruiz), variado y colorido, más decorados verdaderamente logrados (Nicolás Boni), destacando sobre todo el bosque mágico o el parque de Richmond.

Lo que se mi hizo difícil fue comprender la acción del siglo XVI en Londres pasada a la Roma de la «Dolce Vita» de los años 50, abocetada por Tambascio y adaptada por Raúl Asenjo junto a la escena de Marco Carniti, debiendo introducir unas partes habladas que alargan innecesariamente la partitura de Gaztambide casi hasta las tres horas, pues sin ellas aún resultaría más loco este argumento rehecho. Hay guiños que chocan para esa década cuando se juega con personajes actuales, el teatro dentro del teatro y dentro del teatro pienso que es rizar el rizo ya rizado, perdiendo la propia crítica del tudelano hacia la monarquía borbónica a partir de los personajes de Shakespeare, con citas a los años franquistas de rancio gusto en estos tiempos.

De los rebautizados personajes podría comentar otro tanto. Primero los añadidos Orson Wells (el doble que termina siendo él), un Director General de Cinematografía y Teatro, o Don Liborio Barón de Brisa, incluso Maruxa con su hermano Mighello / Mr. Random, bien representados por el cuadro de actores (Sandro Cordero, Jorge Merino, Pablo Vázquez, Ana Goya y Miguel Ángel «Mighello» Blanco, respectivamente), después la Reina Isabel que pasa a ser la Princesa Isabella Tortellini, Shakespeare Guillermo del Moro (sí, no es una errata) y Sir John Falstaff Juan Sabadete que además tarareará un Tintarella di luna de Mina transmutada a José Guardiola, todo para que «ambiente el ambiente» cinematográfico o distintas inicios de arias verdianas para el personaje de un tenor que «perdió hasta la voz» esperando debutar como barítono en el Teatro Reggio de Palma cantando Falstaff. El acento italiano de Olivia de Plantagenet será otra ocurrencia para la acción romana aunque la trattoría no sea una taberna inglesa y Tobías un jefe de comedor ¿de Porriño? en vez de «chigrero» que diríamos en Asturias. Ya puestos a «recrear» personal de restauración hasta Mighlello resultó ser emigrado desde Argentina a la capital italiana.

Pero al final lo que importa es la música y sus intérpretes, pese a «obligarles» con añadidos o movimientos escénicos que por momentos pueden perturbar la atención del público (muchos extranjeros aunque se les sobretitula en inglés todo, incluyendo los diálogos). Dos partes de una hora abundante, agrupando los actos segundo y tercero conformaron este sueño casi pesadilla. Comenzar destacando al Maestro Miguel Ángel Gómez-Martínez que se entrega siempre en estos proyectos (El Juramento o La Marchenera aún los recuerdo en Oviedo con agrado), mimando las voces y sacando lo mejor de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, con un clarinete solista inspirado. Sonido claro y equilibrado, disfrutamos con la formación tanto en el prólogo como en el preludio de la segunda parte o la marcha entre el terceto y cuarteto final, habiendo ligeros cambios en el orden de los quince números que conforman este Sueño. No puedo decir lo mismo del Coro Titular que dirige Antonio Fauró, algo corto en efectivos y emisión, por momentos detrás de la orquesta (sobre todo cuando está colocado atrás) y en el «coro de guardabosques» (vestidos de Beefeater con tenores y bajos descompensados.

Las voces solistas estuvieron todas a buen nivel, destacando sobre todas Luis Cansino como Falstaff todopoderoso, voz rotunda e intérprete completo, convincente, simpático, metiéndose al público en el bolsillo pese a un personaje poco agradecido que el barítono madrileño de sangre viguesa engrandece, incluso «llevando al coro» en el nº 8 para no retrasarse como estábamos notando.

La soprano tinerfeña Raquel Lojendio reinó como Isabel, incluso bailando clásico mientras cantaba con una voz timbrada de técnica sobresaliente, manteniendo mientras bailaba sobre las puntas su color hermoso, y haciendo gala del belcantismo puro en su dúo con el tenor (¡Oh, bosque umbrío! / No soy Julieta). Perfecto complemento en empaste y actuación de Beatriz Díaz como Olivia desde la primera intervención, un papel de registros extremos para una mezzo cantado por la soprano asturiana que solventó sin dificultad, descubriéndonos unos graves bien emitidos aunque ella brille en toda su extensión como es habitual, tanto en los tercetos con la Reina y Falstaff (Alto, lindas fugitivas, nº 3, A Guillermo tú esta noche… nº 13) como en el cuarteto final (Ven amiga, y dí a Guillermo, nº 14), sin olvidarme el desparpajo que tiene como actriz, siendo ideal en estos personajes que los agranda por pequeños que sean.

El tenor argentino Santiago Ballerini está en el grupo de voces agudas pero algo metálicas cuyo color aún se puede pulir, su Guillermo no desentonó dentro de los protagonistas, con una sentida romanza antes del dúo con Isabel. El barítono coruñés Javier Franco como Arturo Látimer completaría este plantel con poderío en las dinámicas fuertes que desequilibró a su favor en el dúo nº11 (Cuando a la lid te provoco…) con el tenor.

Citar también con nota alta al barítono mallorquín Pablo López, el Tobías con acento gallego o la Margarita de la soprano Milagros Poblador (componente del coro) redondeando este elenco vocal del sueño, con un movimiento en escena por momentos complejo (la bicicleta debería haber sido una Vespa), sobre todo en el desfile de cocineros recitando los platos múltiples, pero donde la música sale bien parada a pesar del tiempo transcurrido, con un argumento algo flojo en el original cuya «actualización» no ayudó en absoluto.

Molinera cantábrica

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Lunes 21 de enero, 20:00 horas. Santander, Centro Botín (auditorio), «Música Clásica«: Pablo García López (tenor), Simon Lepper (piano). F. Schubert (1797-1828), poemas de W. Müller (1794-1827): Die schöne Müllerin (La bella molinera), D. 795. Entrada: 10 €.

Algunos museos cierran los lunes pero cuando se amplía la oferta como es el caso del Centro Botín en un terreno ganado para la ciudad, su auditorio abre al público con distintos conciertos de música clásica, siendo mi querido tenor cordobés Pablo García López quien ha tenido el honor de inaugurar este 2019 nada menos que con una sesión familiar la mañana del domingo y este lunes los veinte poemas de Müller que Schubert convierte en veinte «lieder» para compartir el protagonismo con el pianista inglés Simon Lepper en una impresionante velada con un público muy educado que por la poca luz apenas pudo ir leyendo los textos y su traducción al español a medida que la música fluía con el Cantábrico de natural telón de fondo, auditorio de acústica perfecta pese a la cristalera equilibrada con madera (el concierto se grabó para Radio Clásica) y un Steinway algo «duro» en la pulsación, supongo que por estar todavía «rodándose».

La mejor prueba de fuego para un cantante lírico son las canciones (todas: francesas, inglesas y españolas que aún no alcanzan el reconocimiento internacional), en especial las románticas y particularmente el mundo del lied alemán (Beeethoven, Schubert, Schumann, Wolf…) por su dificultad en el idioma unido a unas exigencias igualmente altísimas en el piano, nunca acompañante sino coprotagonista con la voz, indivisibles artísticamente. Microrrelatos que piden una implicación total sin descanso en los intérpretes, una prueba de fondo de una hora larga llena de intensidad dramática que marca el grado de preparación del dúo, en este caso tenor y piano.

El ciclo de La bella molinera (1823) resulta ideal para una voz joven que va ganando en los graves y con el desparpajo que dan los años, textos que el piano completa creando el ambiente, la tensión o el embeleso. Pablo García López cual «Der Wanderer» (caminante) arranca su Das Wandern (camino) al paso, sin prisas, hacia la molinera en un alemán perfecto, ademán cuidadamente descuidado, timbre adecuado y dominador de la escena contagiando al público este inicio de viaje casi susurrado, acunado por Simon Lepper. Los barcos surcando la bahía ponían el decorado natural como la voz del tenor que supo siembre Wohin? (a dónde) le iba a llevar este crucero vital, aligerando el paso pero con la mano izquierda en el bolso, bien asentado, proyectando y  jugando con el piano en las dinámicas. Un alto (Halt) solo literario porque la pausa no existe, oye el molino y el arroyo, escuchamos el piano pintando ese paisaje que se canta, mojado como el mar del fondo al que le damos las gracias (Danksagung an den Bach), doble intención de intérpretes y público aunque única dirección de lirismo. Caminos tortuosos de cuestas empinadas con el único bastón del piano, poderoso siempre abierto, bordeando con un fluir limpio ese río de la vida, otra etapa que habla de cesar el trabajo (Am Feierabend) aunque aumenta en los dos intérpretes, intercambio de esfuerzos, contrastes dinámicos del susurro a la fuerza pese a cantar unos «brazos débiles», para hacernos cómplices de una curiosidad (Der Neugierige) ingenua, cantada desde el amor a Mozart y a Schubert, el terreno natural donde caminar nuestro cordobés de la mano del excelente pianista inglés.

Contemplábamos felices este espectáculo poético-musical creciendo en emoción e intensidades, riqueza de matices y gusto, dramatización lógica para quien lleva mucha ópera en su todavía joven pero madura trayectoria de repertorio bien elegido con estos «premios» que nos regala. No hay impaciencia (Ungeduld) sino brisa fresca en piano y voz, primera cima de este viaje, musicalidad del alemán perfectamente encajado con el percutir rápido del piano, disfrutando una interpretación de calidad, entrega sin reparos, el rubor en las mejillas del enamorado confeso, y el relajado saludo matutino (Morgengruß) tras las emociones anteriores. Los pianissimi del tenor cordobés son únicos, reconocibles, mimados desde el piano inglés siempre sabio, dando el paso adelante en la escritura precisa de Schubert siguiendo el discurso romántico de tensión y calma necesaria dentro de la unidad global bien planteada para dosificar fuerzas sin perdernos nada por el camino.
Río para dar vida a las flores del molinero (Des Müllers Blumen), ternario cual vals vienés por «rubato» en su interpretación, piano sin palabras que pone Müller para cantarse antes de la emocional lluvia de lágrimas (Tränenregen) literal por el goteo de tiempo medio sin disgustos, melodía doblada en voz y mano derecha, con la izquierda vistiendo la declaración y tristeza de perder el reflejo de la amada ante la amenazante tormenta para cantar creyéndose suya a la molinera, Mein, convencimiento del caminante, tenor convincente volcado en una interpretación que seguiría «in crescendo».

Pause para recordar el laúd colgado por la tristeza y la cinta verde que le adornaba (Mit dem grünen Lautenbande), color esperanza donde la juventud se levanta rauda del tropiezo amoroso y el piano se convierte en cordófono trovadoresco para la musicalidad del alemán cantado, soltando lastre sin perder compostura. Nuevas cotas del camino emocional, desánimo sin desfallecimiento antes del desencuentro con el cazador (Der Jäger), el rival y ladrón de amor platónico, fluir de emociones evocando siempre al río amigo, musicalidad innata en los dos intérpretes, romanticismo cercano a Mendelssohn, las veladas en los salones vieneses de poesía y música con el propio Franz, Schubertiadas evocadas en el decimocuarto número nuevamente dramatizado en un constante crecimiento a lo largo de la velada por el tenor y el painista, cordobés e inglés, con celos y orgullo (Eifersucht und Stolz), el arroyo leal, veloz y furioso, agitado, que en un triste meandro cantará los colores favorito (Die liebe Farbe) y odiado (Die böse Farbe), ecos fúnebres del admirado Beethoven, paleta cromática emocional de timbre uniforme en todos los registros, tanto vocal como pianístico (el «ostinato» reposado que mantiene el pulso), lentamente delicado el favorito, pasionalmente expresado el odiado, trompas del muchacho mülleriano en el piano, elevando la voz y preparando los tres poemas finales.

«Flores secas» (Trockne Blumen), pictóricamente plenas de claroscuros, notas largas del piano para la melodía casi agónica, «El molinero y el arroyo» (Der Müller und der Bach) como dos mundos en uno, contraposición terrenal y espiritual con la realidad mandando, música pura donde la palabra embellece, cambios de paso en el caminante, dudas existenciales cantando siempre el regato amigo hasta abocarse a lo terrible convencido, descanso feliz y reposo tranquilo, «Canción de cuna del arroyo» (Des Baches Wiegenlied) cual imagen de la Ofelia prerrafaelita de John Everett Millais por un ahogamiento luminoso y orlado floral, despedida de un peregrinaje intenso compartido entre tenor y pianista largamente ovacionados por un público entregado.
Feliz de poder comprobar el crecimiento personal y artístico de mi «ahijado cordobés» al que los lieder y canciones le abrirán aún más puertas.

FELICES FIESTAS

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Esperando el próximo año supere este que dejamos, deseo a todos mis seguidores habituales tanto como a los recién incorporados todo lo mejor en estas fiestas, paz, felicidad y por supuesto mucha música, a ser posible buena.

P.D. Voy preparando la carta de Pablito para sus majestades…

Poesía es música

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Sábado 28 de julio, 20:00 h. Salón de actos del Monasterio de Santa María de Valdediós: «Atardeceres Musicales 2018«, Ciclo La voz y la palabra, organiza Círculo Cultural de Valdediós. El canto de la dulce FilomenaLola Casariego (soprano), Aurelio Viribay (piano). Obras de Debussy, Fauré, Hahn, Massenet, Granados, García Abril y Bautista Cachaza. Entrada libre hasta completar aforo.

El ciclo titulado «La voz y la palabra» une los dos pilares del Círculo Cultural de Valdediós, poesía y música presentando este segundo concierto donde los textos son aún más protagonistas con la música, Francia y España, poemas ofrecidos con letra original y su traducción en unos programas de mano con papel excelente, obras de compositores del pasado siglo tanto del país vecino ocupando la primera parte como nuestros españoles internacionales en la segunda, si se quiere de mayor calidad todavía con un Federico García Lorca más vivo que nunca en los lenguajes de tres músicos dispares que engrandecen con la voz y el piano la eterna lírica. Contar con la ovetense Lola Casariego en este concierto suponía garantía de calidad, y sumándole el magisterio al piano del vitoriano Aurelio Viribay el resultado final fue poéticamente musical o musicalmente poético, buen decir en francés o castellano, mejor fraseo instrumental sin palabras y protagonismo compartido de un género que seguimos vendiendo mal precisamente por ser nuestro: la canción española de concierto que el Maestro Viribay conoce como pocos, equiparable a las Chanson vecina, Songs inglesas o Lieder alemanes, porque las hermosas melodías alcanzan altos vuelos ante el pianismo de unos compositores que conocen los estilos vecinos, contemporáneos e incluso avanzados a su tiempo como comentaré más adelante.

Por desgranar la primera parte en perfecto orden cronológico y estilístico, cuatro músicos que mueren en la capital francesa. Claude Debussy (Saint-Germain-en-Laye, 1862 – París, 1918) y tres poesías musicalizadas de auténtica soirée maliayesa en este entorno monacal: Beau Soir (Bourget), Nuit d’Etoiles (Banville) y Mandoline (Verlaine), la voz carnosa de la soprano carbayona con el impresionismo puro del pianista alavés, textos realzados en pentagramas rompedores en su momento, perfecto maridaje del cambio de siglo para continuar con el gran melodista vecino, Gabriel Fauré (Pamiers, 1845 – París, 1924) al que Elly Ameling y Dalton Baldwin me engancharon hace muchos años para reactivarse este sábado de voz y palabra tomando del ciclo La Bonne Chanson op. 61 sobre textos de Verlaine dos de las nueve canciones, tercera y segunda respectivamente: La lune blanche luit dans les bois, hermosa en cualquier registro vocal pero que con Casariego alcanza color propio sin perder el sabor de mezzo, y Puisque l’aube est grandit, la propia poesía describiendo el piano que «crece como el alba» en manos de Viribay guiando la voz «por senderos de espuma apartando guijarros y peñas, arrullando las lentitudes cantando aires ingenuos» pero maduros en la voz de Lola, sin nasalizar en absoluto dominando textos y argumentos, dramatización compartida en la escena.
Evolucionando en lenguaje tanto vocal como instrumental pero siempre al servicio del texto vendría otro melodista caribeño de nacimiento pero plenamente integrado en el ambiente de «La Belle Époque», el venezolano Reynaldo Hahn (Caracas, 1874 -París, 1947) con dos páginas a cual más bellas: Si mes vers avaient des ailes (V. Hugo) y A Chloris (Théophile de Viau), verdadera recreación que este tándem Casariego-Viribay suelen ofrecer en pugna de emociones antes de concluir con el operístico Jules Massenet (Montaud, 1842 – París, 1912) que como tal, no podía olvidar estas miniaturas teatralizadas con textos de Louis Gallet como la Elégie para disfrutar por partida doble, voz dramáticamente emocional y piano conteniendo desde el equilibrio ideal sin cello, antes de Nuit d´Espagne, excelente visión musical francesa de nuestra geografía literaria con cierta reminiscencia bizetiana más que raveliana aunque la inspiración española no tiene fin.

Apenas diez minutos de descanso y totalmente española la segunda parte, colocadas obras y autores ahora jugando con los estilos y dándole protagonismo a García Lorca tras abrir boca con un Enrique Granados (Lérida, 1867 – Canal de La Mancha, 1916) siempre actual. De «La maja dolorosa», tres tonadillas dieciochescas, inspiradas en la moda goyesca e inspiradoras por calado, ¡Oh muerte cruel!, ¡Ay majo de mi vida! y De aquél majo amante. El gusto de Lola Casariego se recrea con esta maja bien entendida desde un registro grave poderoso y una tesitura cómoda de dicción perfecta que siempre ayuda a la emisión clara, mientras el piano de Aurelio Viribay no solo sustenta esos tres textos pictóricos sino que vuela en el lenguaje pianístico hispano iluminado en París y malogrado por una tragedia que truncaría una proyección inimaginable del catalán.

Suelo comentar con muchos melómanos que uno de los compositores que mejor han entendido el folklore español ha sido el maño Antón García Abril (Teruel, 1933), digno representante y continuador de esta tradición de canción que conoce y se inspira en los orígenes populares para elevar los textos de nuestros poetas. Así toma a Lorca para sus «Tres canciones españolas» que sin perder el trasfondo regionalista mantienen el lenguaje típico del turolense, «tierno y brillante» en palabras de la propia Lola, compartiendo empuje voz y piano, el ritmo del Zorongo de regusto decimonónico, la Nana, niño, nana, sentimiento fallesco de armonías en plena transición o la Baladilla de los tres ríos de tradición melódica cercana a Rodrigo, de final poderoso que han sido llevadas al disco por ambos intérpretes (Canciones) junto a otras más que conforman este «corpus de canción hispana» donde no falta lo asturiano, aunque el directo único de Valdediós lo hizo irrepetible.

Y el aún por descubrir Julián Bautista Cachaza (Madrid, 1901 – Buenos Aires, 1961), estilísticamente el más actual y adelantado a su época por aunar el sabor clásico andaluz con toques de jazz flamenco, o viceversa, a partir de los textos lorquianos en Tres ciudades, el compositor «hondo y racial» que arranca con una Malagueña de piano guitarrístico además de «jondo» y voz con «pellizco y quejío», Barrio de Córdoba sentido, florido como los patios, balada llorada desde la lejanía antes del Baile de final apoteósico con aires de AlbénizTurina para recrear la Carmen sevillana e internacional que hacen del exiliado Bautista un compositor español cercano y universal  como también lo fue su amigo Salvador Bacarisse, ambos en el llamado «Grupo de los Ocho» madrileño, otro compositor que entendería a la perfección que la poesía es música. Muchas gracias a Aurelio Viribay por su incansable trabajo en mantener encendida la llama de estos excelentes músicos a quienes todavía no se les ha reconocido en su justa medida y también acreedores de la memoria histórica pues la dictadura les privó de triunfar en su patria.
De propina sin necesidad de presentaciones aunque «fuera de contexto» por reducción orquestal al piano tras un equilibrado y bien elegido programa, una de las más bellas arias de ópera escritas por Puccini, «O mio babbino caro» de Gianni Schicci, preferida de muchos aficionados que llenaron el salón monacal a los que nuestra Lola agradeció cantando a papis, güelitos y tíos con sobrinas.

Milagrosa Suor Angélica

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Sábado 14 de julio, 20:30 horas. X Ciclo Música Relixiosa: Ópera en Barcia de Mera. Giacomo Puccini: Suor Angélica. Entrada: 10 €.


El turismo musical es una actividad ideal para conjugar ocio y cultura, por lo que la escapada de fin de semana al Balneario de Mondariz me hizo encontrarme con la posibilidad de asistir a la representación de Suor Angelica de Puccini (con libreto de Giovacchino Forzano estrenada un 14 de diciembre de 1918 en el MET neoyorquino) dentro del ciclo de Música Religiosa de Barcia de Mera en el concejo de Covelo el pasado sábado en esta joya del barroco gallego, una oportunidad única para disfrutar de la soprano Beatriz Díaz y la mezzosoprano Belén Elvira debutando roles protagonistas junto al maestro J. A. Álvarez Parejo al piano, responsable de toda la dirección musical junto a distintas solistas femeninas del Coro Vox Stellae.

Entorno ideal para este drama femenino con dirección de escena de Luis Martínez y diseño de vestuario de José Miguel Ligero realizado por Cornejo en una iglesia barroca que resultó perfecta en ambientación, con un lleno hasta el coro acogiendo la zona del altar y la sacristía toda la acción conventual con el único acompañamiento de un piano vertical más que suficiente para llevar el peso instrumental, por cierto dificilísimo, bello y recreando el arreglo original del propio Puccini que el inconmensurable Juan Antonio Álvarez Parejo sin un solo respiro, resolvió con maestría sacando del piano japonés unas sonoridades realmente celestiales a lo largo de la hora larga de representación. Con él quería comenzar por las exigencias que supone no solo esta partitura sino también la de llevar la dirección desde su posición en la iglesia para las entradas al coro y solistas fuera de escena (en la sacristía) e «intuir» la propia acción principal con las cantantes dándoles la espalda.

La seguridad del maestro madrileño se transmitió a todas las voces, con la musicalidad y veteranía de un grande que pudo hacernos olvidar la orquesta para recrearla desde las teclas, incluso recrearnos inicio e «interludio» antes de la escena final con la sonoridad sinfónica de un piano exprimido en toda la gama dinámica. Mi sincera admiración hacia Parejo al que pronto volveremos a disfrutar en Gijón en el poco reconocido papel de repertorista sin el que las voces nunca pueden brillar como este sábado gallego.

Nadie diría que la asturiana Beatriz Díaz como Sor Angélica o la canaria Belén Elvira en el papel de Zia Principessa debutaban en sus roles, pues fue tal la entrega de ellas junto al elenco femenino de Vox Stellae que las emociones fueron indescriptibles para un público callado, respetuoso, al que podíamos escuchar respirar acongojados con esta historia conventual donde la luz crepuscular también ayudó a la ambientación. Plantas al pie de las que tomar los remedios para ungüentos varios, la tarima granate, la sacristía desde donde escuchar a las monjas cantar sus oraciones, campanas reales anunciando la llegada de la anciana Zia que comunicará a su sobrina recluida el fatal desenlace del hijo entregado, la silla donde firmar el pergamino, tintero y pluma acercadas a la desgraciada Angélica, la zona trasera del altar donde prepararse el veneno, el crucifijo central y hasta la clemencia final a una Virgen que presidiría la acción final del arrepentimiento de la moribunda y la aparición desde el fondo de la iglesia del hijo (Iria Boullosa) para el milagro místico y redención final, todo adecuado para hacer creíble un relato duro como la propia partitura del genio de Lucca.

Quienes me leen saben que vengo diciendo hace tiempo que Puccini parece haber escrito para Beatriz Díaz, este binomio con el que la allerana crece y siente desde los inicios líricos, afrontando cada uno de sus roles con la madurez que da el tiempo, sin prisas, volcándose en cuerpo y alma con unas partituras muy trabajadas y vividas. Así podemos ir repasando la joven Liu de Turandot, siguiendo la Mussetta con alma de Mimì de Bohème (esperando le llegue el protagonismo deseado) y del llamado Triticco primero la Lauretta de Gianni Schicchi debutada en el Teatro Colón de Buenos Aires y ahora esta Suor Angelica «gallega» en un momento vocal impresionante, unido a su siempre convincente dramatización, calificativo sincero de soprano pucciniana y de raza que volvió a enamorar con su interpretación. La conocida aria Senza mamma puso los pelos de punta por musicalidad, gusto, colorido y emociones aunque cada aparición de la asturiana es entrega total que el público agradece rindiéndose a los pies de «nuestra sopranísima» como la bautizó nuestro común y querido amigo eMe Brabóo.

Otro tanto de la lanzaroteña Belén Elvira que puso su excelente buen hacer desde la tesitura de «las malas», una mezzo igualmente en momento dulce para el rol de la Zia Principessa que defendió desde la convicción y el buen cantar para el verismo donde se mueve realmente cómoda, color homogéneo en todo su registro, buena proyección y empaste ideal con la asturiana que la cercana Filarmónica de Vigo ya disfrutase de ambas con el piano de Parejo hace ya tres años, puede que la llave de esta nueva puerta abierta en Barcia de Mera donde parte de la organización conocía el buen hacer de este trío protagonista.

No puedo olvidarme del resto de monjas del coro Vox Stellae, papeles exigentes todos en una de las óperas más complejas y difíciles de Puccini, con pocas referencias para ellas que se comportaron al mismo nivel de las protagonistas tanto en los bellos momentos corales (caso del inicial Ave María) como en las breves intervenciones solistas desde las voces graves de la Madre Abadesa (Mariola González), la Celadora (Aida Cruz) o la Maestra de novicias (Malena Pazos) hasta la Enfermera, Dolcina y Osmina de Aida López además de las sopranos para las hermanas Genoveva (Alba López Trillo), postulante y conversas Xiana Insua junto a Cecilia Rodríguez. Un plantel que funcionó en todos los aspectos redondeando una representación magnífica.

El trabajo bien hecho tiene la recompensa esperada y este convento pucciniano obró otro milagro desde la calidad y profesionalidad de una producción «inesperada» para esta iglesia de San Martiño. Mi más sincera enhorabuena a la organización por la apuesta que acertó con este dramón de final feliz e intérpretes de casa donde tuvimos dos grandes a las que podemos añadir artículo al apellido, La Díaz y La Elvira. Un placer haber disfrutado este debut.

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