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Futuro románticamente joven

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Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras deG. Ordás, Chopin y Schumann.

Crítica para La Nueva España del sábado 20, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
El romanticismo trasciende el calificativo y hasta el periodo histórico al que se circunscribe. Este jueves pudimos disfrutar de un concierto romántico lleno de juventud en el siglo XXI.
Primero un nuevo estreno de Gabriel Ordás (1999) para la Oviedo Filarmonía, último del Proyecto Beethoven, con un preludio y fuga sinfónico de título muy actual (Hip-Hop Fugue!) pero escrito con un lenguaje cargado de la madurez académica que el compositor ovetense tiene tras años de trabajo y experiencia en su aún corta pero ya extensa carrera, obra con sello propio de orquestación muy rica, inspiración en el genio de Bonn que sigue siendo referente para los compositores actuales, partitura rica y bien defendida por Lucas Macías que está en su “momento dulce” al frente de la orquesta de la capital sacando sonoridades compactas.
La pianista Alexandra Dovgan (2007) es un prodigio que no tiene nada de niña, pues su interpretación del Concierto para piano nº 2 de Chopin fue para cerrar los ojos y escuchar cada movimiento lleno de delicadeza, honestidad, fidelidad a la partitura y perfectamente concertada por el director titular, página maestra digna de una intérprete con más años de los vividos. Su personalidad y madurez son dignas de elogio y admiración, la grandeza musical permite estos regalos, como lo fue igualmente la Mazurca op. 17, nº 4 en La m. del compositor polaco, donde la rusa ha demostrado que se puede aportar genialidad a su edad, el mismo idioma para ambas obras donde el protagonismo del piano en sus jornadas fue absoluto.
El repertorio sinfónico del siglo XIX sigue vigente y necesario no ya para el público en general sino para toda orquesta, prueba de fuego en cada atril, así como exigente para los directores que afrontan obras muy conocidas donde aportar algo nuevo siempre es difícil. La Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 97 de R. Schumann, “Renana”, resultó ideal para examinar el estado de la OFil que no defraudó en ninguno de los cinco movimientos, interiorizada por el maestro Macías que además de la claridad en el gesto, fue dotando de color y vitalidad esta sinfonía compuesta en Düsseldorf donde los aires populares flotan tanto en el aire como en la propia partitura. Cada sección tuvo sus momentos de gloria, destacando especialmente los metales bien empastados cual órgano catedralicio en Colonia (donde parece haberse inspirado el compositor alemán), y sonoridad global muy trabajada desde el podio, echando de menos un mayor peso de las cuerdas graves que siguen necesitando más efectivos, aunque el control de las dinámicas por parte del director onubense ayuda a subsanar carencias.
Concierto lleno de una juventud muy madura, romanticismo como forma de entender la música y optimismo, siempre moderado en tiempos de pandemia, al comprobar que el público del auditorio sigue fiel, Oviedo recupera los aforos totales, completando una oferta musical rica y única en “La Viena del norte español”, con función de ópera en el Campoamor a la misma hora, lo que nos hace presumir a los melómanos de capitalidad cultural, siempre hambrientos del directo aunque mantengamos la mascarilla.

P. D.: También el diario El Comercio entrevistaba a Gabriel Ordás:

Jóvenes sobradamente preparados

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Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras deG. Ordás, F. Chopin y R. Schumann.

Reseña para La Nueva España del viernes 19, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Hace unos cuantos años un anuncio televisivo hablaba de los JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados), y este jueves no sólo teníamos con 13 años a la prodigiosa pianista rusa Alexandra Dovgan (2007), también un nuevo estreno del ovetense Gabriel Ordás (1999), Hip-Hop Fugue! que cierra los encargos del “Proyecto Beethoven” de la propia Oviedo Filarmonía (OFil) que la Pandemia ha pospuesto pero al fin pudimos disfrutar, bajo la dirección de Lucas Macías Navarro (1978), todos preparados y fiel reflejo de los tiempos actuales.
Concierto de estas pujantes generaciones que vienen apretando desde la excelencia, la visión “beethoveniana” de un Ordás dominador de la composición académica (nada menos que un preludio y fuga orquestal) con mucho trabajo previo en un músico de su tiempo; el Concierto nº 2 de Chopin con una Dovgan impactante en lo técnico y adulta en la interpretación, y el titular de la OFil, todo un acierto su fichaje para corroborar el excelente momento de la formación ovetense que sigue camaleónica afrontando tanto repertorio actual como el necesario para continuar formando intérpretes y auditorios, como el Chopin siempre agradecido en estas jornadas de piano, para finalizar con “La Renana” de Schumann, la tercera sinfonía del romántico alemán paradigma del artista completo que compartía programa con los de ahora.
P. Siana
P.D.: La crítica queda para mañana.

Mantener la ilusión

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Domingo 14 de noviembre, 19:30 horas. Teatro Palacio Valdés, Avilés: El León de Oro, Marco A. García de Paz (director): Romería para una pasión. Obras de: Victoria, GuerreroA. Alcaraz, J. Elberdin, A. Makor y J. Gavito.

En tiempos de Covid cantar es toda una hazaña, con mascarillas una heroicidad y mantener con el paso de los años la calidad y la ilusión, un hito. Este coro asturiano que se renueva sin fisuras, no sólo continúa su imparable actividad sino que ha conseguido crear una temporada de conciertos estable (patrocinada por SATEC) que abrían en Gijón y continuaron este domingo en La Villa del Adelantado, programas que aprovechan su amplio repertorio (siempre necesario refrescarlo) y las novedades que se agradecen, organizándolo temáticamente como en El León de Oro es costumbre.

Con el título “Romería: música para una pasión” presentaron una peregrinación coral que va más allá de lo meramente auditivo para seguir disfrutando de unas voces únicas, envidiables, empastadas siempre sin importar los efectivos, con el balance ideal y unos matices “marca de la casa”. Un auténtico viaje de los “leónigans” cual peregrinos recorriendo con el coro este itinerario pasional organizado en nueve etapas, cada una distinta, interiorizada y expresada como sólo LDO es capaz.

Maravilloso comprobar las combinaciones en escena, dobles coros, comenzando por Victoria y Guerrero que están en los genes iniciales tras el magisterio de Peter Philips, semilla que ha germinado, voces blancas con su habitual colorido angelical (Elena Rosso impecable en sus solos), y voces graves rotundas en bajos con tenores acertados (pese a su minoría).

Los compositores actuales que tienen en este coro el mejor escaparate para disfrutar de la calidad de sus partituras, Alcaraz o Elberdin junto al esloveno Makor, incorporados a un repertorio que crece como ellos, la música sacra de nuestro tiempo en las voces con futuro e interpretaciones íntimas, entregadas, perfectas en la búsqueda del ideal coral.

Y la música de la tierra, inspiradora de nuestro Jesús Gavito Feliz pero también de Domínguez o nuevamente Alcaraz, folklore de altura que lleva Asturias con su mejor coro, melodías universales con voz natural, canciones de las que presumir y exportar con este coro allá donde va.

Peregrinaje musical y éxito de Gavito con su bellísima e inspirada En toda la quintana que hubieron de bisar, con un cuarteto del coro femenino en la bolsa lateral (y la solista triunfadora) tras el baile final esta vez “sin madreñes ni guiás” porque este camino se hace al cantar.

PROGRAMA

Destino: Tomás Luis de Victoria (1548 – 1611): Regina coeli (SSABar + SATB)

Esperanza: Francisco Guerrero (1528 – 1599): Ave virgo sanctissima (SSATB)

Redención: T. L. de Victoria: Salve Regina (SSABar + SATB)

Pérdida: Albert Alcaraz (1978): Ecce quomodo moritur justus

Oración por las almas: Josu Elberdin (1976): Ave Maria gratia plena.

Llegada: Andrej Makor (1987): O lux beata trinitas.

Entre dos mundos: Jesús Gavito (1979): En toda la Quintana.

Fiesta: Julio Domínguez (1965): Cantos Asturianos.

Baile: Albert Alcaraz (1978): Fariñona y Marañueles.

NOTAS AL PROGRAMA

«Partimos en la etapa del destino ¡Aleluya! Oh, Regina Caeli. Somos afortunados por poder partir en esta empresa. Cuando volvamos habremos resurgido tal y como el que llevaste en tu seno resucitó. Nuestra voz firme y decidida resuena como las campanas en lo alto de la torre. Partimos.

Al segundo día el cansancio acecha nuestros huesos, pero afortunados de nosotros, vemos la luz, que, como un faro de esperanza, nos atrae y nos brinda las fuerzas llenándonos de ilusión igual que el Ave Virgo Sanctissima, una brillante perla preciosa. Es muy pronto para rendirse.

En nuestra tercera etapa de andanza recordamos aquello que nos apesadumbra y rogamos perdón a la Reina de los Cielos. Le pedimos clemencia: O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria. Ella, misericordiosa, vuelve sus ojos hacia nosotros y elimina el peso que cargamos sobre los hombros. Nos hemos redimido.

Al cuarto amanecer se empañan nuestros ojos. Ecce quomodo moritur justus: “Observen como el justo muere y nadie se da cuenta. Los hombres justos son sacados del paso y nadie presta atención”. Las pérdidas que hemos sufrido a lo largo de nuestra vida ocupan nuestros pensamientos.

En la quinta etapa abrazamos el pasado por última vez y lo dejamos ir. Rezamos una oración por aquellas almas que nos han convertido en quien somos hoy: Ave maria gratia plena. La belleza y la plenitud inundan nuestros corazones.

Al sexto día vislumbramos la luz del faro de nuestro destino. La luz bendita de la trinidad, O lux beata trinitas, desaparece el cansancio de nuestros cuerpos. Hemos llegado.

La séptima etapa transcurre entre dos mundos. No estamos solos en nuestro destino, hay muchos más devotos, y la celebración transita entre lo religioso y lo profano. Igual lo hace la música, que se oye donde un pequeño coro de ángeles nos invita a transitar entre los más mundano y lo puramente celestial.

Al abrir los ojos la octava mañana ya es de día, tras la ceremonia el pueblo y los caminantes mezclan sus historias y se reúnen para entonar unos cantos populares, Cantos asturianos. Comienza la fiesta.

La música no cesa de sonar, la fiesta ha durado todo el día. Con las campanadas de medianoche nos adentramos en nuestra última etapa. El baile. Hay algo hipnótico en tantos cuerpos moviéndose al compás, el ambiente está extasiado. Somos uno más entre la multitud. Caemos exhaustos. La romería ha concluido. Nuestra pasión… se ha incendiado».

Piazzolla, eterna elegancia

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Jueves 11 de noviembre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: JazzXixón (Concierto nº 1640 de la Sociedad Filarmónica de Gijón). Piazzolla x 100: Federico Lechner (piano y dirección), Daniel «Pipi» Piazzolla (batería), Claudio Constantini (bandoneón), Antonio Miguel (contrabajo) y Sheila Blanco (voz). Obras de Piazzolla.

Como bien nos contó Pipi, el nieto de Nino (como así llamaban en casa a Don Astor) existe un «estilo Piazzolla» que resulta perfecto tanto para enmarcarlo en el jazz como en una filarmónica gijonesa que rompe barreras y quita etiquetas.

Este 2021 aún pandémico será recordado por muchas cosas, pero no podemos ni debemos olvidarnos del centenario de Astor Piazzolla (Mar del Plata, 11 marzo 1921 – Buenos Aires, 4 de julio 1992), probablemente el mayor músico del siglo XX, capaz de renovar el tango, adoptar el lenguaje del jazz,  vivir en Nueva York, aunar el París francés y el argentino, que es Buenos Aires, donde sabía que se iba a morir a las seis de la mañana como bien escuchamos en la Balada para mi muerte.

Música de Piazzolla siempre urbanita y cosmopolita, el corazón de la gran ciudad que late con su música elegante, rompedora desde su lenguaje único que admite cualquier interpretación y formato, sinfónico, camerístico, y donde el bandoneón sigue soñando y sonando propio.

Merecido y elegante homenaje el que nos trajeron a Gijón el quinteto comandado por su paisano Federico Lechner, pianista y arreglista igualmente elegante, como su formación, la sonorización delicada, la iluminación discreta y el repertorio elegido, disfrutando de versiones propias que engrandecen estos seis músicos de altura, necesarios para disfrutar de Piazzolla. Si Pipi confesaba que el abuelo compuso más de 2500 partituras de las ni siquiera los «expertos» apenas conozcan el diez por ciento, y ya es una barbaridad la creatividad del genio argentino, también la cercanía humana mostró un carácter afable, bromista, a quien le gustaban las películas de acción.

Y si los instrumentistas nos regalaron momentos inigualables, con solos irrepetibles que sólo la visión del jazz permite esa Libertad mayúscula, la misma que Paul Eluard escribía en los muros de su ciudad y  pondría música Gian Carlo Pagliaro, contar con la voz de la salmantina Sheila Blanco todo un acierto, camaleónica, acento porteño nunca arrabalero, porque el tango de Don Astor no lo es, de timbre ideal para cantar los textos de Horacio Ferrer o Mario Trejo, especialmente esa Balada para un loco (Piantao), Los pájaros perdidos o el Chiquilín de Bachín, sentidos como solo ella sabe, un Ave María casi rezado para convertirse ella misma en la María de Buenos Aires saltando fronteras y localismos, haciendo suyas estas joyas del argentino universal.

No faltaría la «Trilogía del Ángel» (Milonga del Ángel, La Muerte del Ángel y Resurrección del Ángel) para saborear la libertad compositiva e interpretativa, nos contaron una Milonga de la Anunciación y cerraron con Libertango porque el título resume perfectamente el espíritu de quien siempre volvía al sur desde el Buenos Aires sentido, con el instrumento único de Sheila. Todavía nos regalaron un Oblivion en la misma línea de plena libertad lingüística desde la música tras un Invierno Porteño que puso de manifiesto la maestría del cuarteto hoy quinteto con la voz de Sheila, Piazzolla x100, dándonos el cien por cien de arte y música sin etiquetas, música para viajar y recordar, música para recrear y adorar, toda ella grabada por el propio Piazzolla y recreada en todo el mundo. El compositor más programado el año pasado (así nos lo comunicó su nieto) y probablemente este año de su centenario, aunque el concierto resultase el mejor homenaje de quienes sienten a Piazzolla universal, entre los que me incluyo.

Las Variaciones Buchbinder

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Martes 2 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Rudolf Buchbinder (piano): THE DIABELLI PROJECT.

Crítica para La Nueva España del jueves 4, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Regresaba al auditorio, tras casi ocho años de su Gershwin en estas jornadas que llevan el nombre de Iberni, el pianista austríaco Rudolf Buchbinder (Chequia, 01 diciembre 1946), una de las leyendas vivas que se presentaba con su personal “Proyecto Diabelli 2020”, obras inspiradas en el Vals en do mayor de Anton Diabelli (1781-1858) con un amplio y original programa de partituras encargadas hace doscientos años por el propio Diabelli (de las 51 una selección de 8), las irrepetibles e impresionantes variaciones de Beethoven, verdadera exploración de nuevos lenguajes y recursos del piano, junto a los encargos del propio Buchbinder a compositores actuales para este original proyecto como Auerbach, Dean, Hosokawa, Jost, Lubman, Manoury, Richter, Shchedrin, Staud, Dun y Widmann. Nueva experiencia pianística con partituras estrenadas recientemente en el Auditorio Nacional de Madrid, arrancando gira precisamente en Oviedo (La Viena del Norte español) prosiguiendo por Barcelona, Hannover y Frankfurt, para colocar de nuevo la capital del Principado en el circuito internacional de los grandes intérpretes.
El vals de Diabelli serviría para unir dos siglos pianísticos y afrontar un nuevo reto en las manos del maestro Buchbinder, once visiones desde nuestro tiempo, estados anímicos variados, lenguajes rompedores y neorrománticos, distintos idiomas perfectamente entendibles al piano, sonoridades muy cuidadas que el intérprete vienés desgranó con su estilo único de limpieza y elegancia, contención y respeto por lo escrito, espontaneidad y autenticidad, más todo el mimo en la búsqueda de un piano actual por el que doscientos años no son nada pues siguen descubriendo el infinito musical de las 88 teclas. Destacable cómo organizó las obras actuales, auténticas “Nuevas variaciones” engarzando estas perlas cultivadas en un collar multicolor, piezas únicas que toman sentido desde la global interpretación de un “Rudi” juvenil y “diabélico” destinatario de varias; no faltaría el cierre cual “coda” con guiño al Año Nuevo en la página del alemán Jörg Widmann (1973) que cerraba estas Variaciones Diabelli del XXI.
Misma entrega y magistral interpretación de la selección realizada por el pianista austríaco del proyecto Vaterländischer Künstlerverein (1824) de Diabelli, donde los virtuosos del momento volcaron su talento y Buchbinder no defraudó. Dos mundos y visiones complementarias, el modelo inicial eligiendo siete más la coda donde destacarían el Liszt joven, la coda vertiginosa de Czerny y especialmente el Schubert que volvería a sonar de propina, compositores heterogéneos, pianistas pedagogos e intérpretes decimonónicos que siguen vivos en nuestros días.
Mención aparte el adelantado a su tiempo, el profético Beethoven reinando en la segunda parte y del que Rudolf Buchbinder sigue siendo referente. Las treinta y tres variaciones del ligero vals “diabélico” con igual espíritu que las iniciales, desgranando cada una de ellas como piezas independientes que fueron uniéndose con los años, exprimiendo los tiempos, vertiginosamente limpios, cálidamente lentos, catálogo compositivo y vital del sordo genial afincado en Viena, el mismo que revisa a Diabelli y Mozart, al “dios Bach” junto a los obligados Clementi y Czerny, pero sobre todo el microcosmos que solo Buchbinder a sus años puede unificar en el universo del piano.
Delicadeza y magisterio en el cuarto Impromptu D899, op. 90 en la bemol mayor de Schubert, propina que será otra galaxia por explorar. Para Buchbiner sólo hay dos músicas: la buena y la mala, pero en sus manos sólo existe la primera opción.

Regalos de cumpleaños para La Castalia

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Lunes 1 de noviembre, 19:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: XX Curso «La Voz en la Música de Cámara». Concierto de Clausura. Entrada libre.

Veinte años lleva la Asociación Cultural «La Castalia» apostando por el talento musical desde Asturias con las incombustibles Begoña G. Tamargo y Ana Cristina Tolívar formando músicos y dándoles la oportunidad de mostrarse a un público que ya desde «La Castalia» original del siglo XIX, la de Víctor Sáenz, ha hecho de la capital del Principado verdadera cuna de aficionados a la lírica y melómanos en general. Y La Castalia del XXI como bien recordaba al inicio del concierto la profesora de canto, con la misma decisión de entonces, con altibajos en los apoyos pero decidida en promover la formación y el inicio de carreras profesionales, homenajeaba en este concierto a la que fuese directora de la Obra Social y Cultural de la extinta Caja de Ahorros de Asturias, entre los años 1995 y 2005, Regina Rubio.

Importante agradecer el apoyo en los inicios de entidades que los tiempos han deslocalizado y perdido uno de los objetivos principales como era el apoyo a la cultura de nuestra tierra. Ya no tenemos Caja, ni Ahorros, ni en Asturias, por lo tanto, gracias en el recuerdo por el trabajo de Regina que entendió desde su responsabilidad que esta Castalia debería tener el respaldo de una entidad financiera que, como tantas otras, han llevado su capitalidad a otras autonomías para medrar de políticos en consejos de administración.

Me sigue asombrando la cantera, y hasta escuela propia, que nuestra Asturias ofrece, y nada mejor que comenzar noviembre descubriendo figuras en ciernes, aplaudiendo la progresión de voces que he visto «nacer al público», el trabajo nunca valorado por el tiempo que conlleva, el apoyo de un profesorado plenamente volcado a esta labor pedagógica a menudo ingrata pero necesaria, y esta vez añadir el regalo de poder escuchar ¡cuatro estrenos! en el Principado de compositores actuales, con lenguaje propio, conocedores de la voz y sus recursos, que las intérpretes han estudiado en tiempo récord para compartir con todos estas alegrías de «los primeros 20 años» de La Castalia del XXI.

Cuatro compositores con Juan Durán (1960) y los presentes Miguel Brotóns (1965), Guillermo Martínez (1983) y Raquel Rodríguez (1980) en distintas combinaciones, el Tríptico rosaliano con María Heres y Henar F. Clavel, del vigués, Ferrol, 1916, Impromptu fantasía para soprano y piano, de un alicantino afincado en Galicia inspirado por la poesía del ferrolano Ricardo Carballo Calero con Beatriz Vázquez y el maestro Mario Álvarez BlancoPprincipio è Maggio del prolífico venezolano adoptado y «escolano de oro» en la voz de Janeth Zúñiga y la profesora Tomchuk, más Yllayah de la carbayona con la voz de la mezzo Andrea Rey y un trío instrumental con Jesús Méndez (violín), Paula Lebón (chelo) y nuevamente Yelyzaveta (piano), cuatro regalos en cuatro interpretaciones y cuatro estilos que conviven y las voces recrean, música que necesita ser cantada para vivir. Enhorabuena.

De las voces felicitar de nuevo a la mezzo María Heres que apostó por la canción italiana antes del tríptico de Durán o el dúo de Guastavino Pueblito, mi pueblo con su homónima de tesitura Andrea Rey, en clara progresión, y a la chihuahuense Janeth Zúñiga que sigue ampliando repertorio, bien enfocada hoy con Deux ancolies (Lili Boulanger) más el estreno de Guillermo que le va perfecto a su color y tesitura.

Siempre sorprendente el desparpajo del joven violinista Marcelo Re con dos obras de Kreisler y Beethoven bien arropado por el «piano orquestal» de Tomchuk que vuelve a demostrar cómo la cuerda asturiana que trajeron «Los Virtuosos» ha florecido,  y desigual la joven avilesina Henar F. Clavel, buen fichaje en el mal llamado piano acompañante que tiene relevo generacional aunque algo precipitada en sus Albéniz y Falla, ímpetu juvenil que apunta maneras interpretativas pero deberá ser más cuidadosa al afrontar obras tan conocidas como comprometidas.

Final vocal con el piano de Mario con las famosas Mañanitas de «Don Gil de Alcalá», algo descompensadas pero siempre agradecidas para el gran público.

Apostar por repertorios nuevos, por compositores de ahora, sin olvidar la base necesaria de los llamados «clásicos», apoyar a músicos que se forman en nuestra tierra y brindarles la oportunidad del concierto son objetivos de «La Castalia» desde sus inicios. Su claustro de profesores conoce de primera mano lo que supone una carrera interminable de sacrificios, penurias y también alegrías como la de este inicio de noviembre, con un público que sigue siendo fiel y acudiendo a cada cita, sea en el RIDEA, en el Bellas Artes o en el Auditorio. En marzo se esperan novedades para celebrar por todo lo alto el vigésimo aniversario, tal como avanzó Begoña García-Tamargo, y poder actuar con una orquesta será otro escalón y premio para unas voces que seguirán formándose toda la vida.

Luz para los difuntos

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Viernes, 29 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Noche de difuntos: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Rodolfo Barráez (director): Obras deSaint-Säens, Weber, Liszt, Mussorgsky y Falla. Entrada butaca: 15 €.

Crítica para La Nueva España del domingo 31, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Noches lúgubres de tenorios y lápidas, fiestas religiosas que se vuelven paganas recordando y celebrando a los muertos, efemérides importadas a nuestra ya de por sí rica tradición fúnebre, con la música siempre de banda sonora, como la que puso la OSPA este último viernes de octubre en el auditorio ovetense, versus cementerio excelsamente iluminado para resucitar nuevamente grandes páginas sinfónicas, que al menos, no metieron miedo.

El venezolano Rodolfo Barráez, otra batuta salida de “El Sistema” y debutante con la lección bien aprendida, dirigió las seis obras elegidas para esta noche temática de memoria y académicamente, con la respuesta esperada por parte de la formación asturiana aunque de temperatura algo gélida, como si se contagiasen de un guión que la puesta en escena ayudó a calentar y elevar a espectáculo audiovisual gracias a un equipo comandado por Alejandro Carantoña, con Ruben Rayán, Vicente V. Banciella e Isabel Hargoues, grata sorpresa nocturna.

La Danza Macabra (Saint-Säens) sirvió de lucimiento a Eva Meliskova, hoy concertino, y la necesaria en esta velada Mirian del Río al arpa, con ligeros “traspiés” iniciales del desfile sinfónico al “salir de la tierra”, hasta encajar el tiempo como huesos descoyuntados de los originales “zombies”. La obertura de El cazador furtivo (Weber) apuntó maneras gestuales de Barráez aunque algo desequilibrados los balances de una orquesta con fuerza ganando músculo a los esqueletos iniciales del francés, disparando buena munición y alcance de tiro en todas las secciones.

Lo más atinado de la noche resultó el abate Liszt con sus dos primeros valses del Mefisto. Si en la versión para piano resultan verdaderamente diabólicos, sinfónicamente son todo un catálogo de luces y sombras, las mismas que se iban proyectando como murciélagos y luciérnagas, obras con poso y mucho trasfondo que el venezolano y el tiempo irán madurando para alcanzar la categoría de túmulo sinfónico.

Muy socorrida para ambientar efemérides de difuntos o películas como mi recordada “Fantasía” (1940) de Walt Disney, buscando representar el mal más que el miedo, por lo que resulta más apropiada para una noche de San Juan, aunque igualmente agradecida de escuchar e interpretar por conocida, Una noche en el Monte Pelado (Mussorgsky) orquestada por Rimski-Korsakov, supone un derroche sonoro apto para todos los públicos y celebraciones. El propio compositor ruso llenó de frases su manuscrito haciendo alusión a voces sobrenaturales, aparición de espíritus de las tinieblas, Chernobog o Satanás, y hasta aquelarres de brujas antes del amanecer, escenas del todo goyescas. Las ideas subyacen y brotan cual volcán sinfónico, Barráez, volviendo al cine, fue el aprendiz de brujo lanzando con su varita los conjuros explosivos respondidos por una orquesta con músicos maquillados en esta noche de Walpurgis, con luto riguroso solo roto por las corbatas “de alivio”.

Lo hispano vendría de Don Manuel y su Danza ritual del fuego (Falla), cocinada sin prisas, la magia popular y sabia para vestir amores brujos frustrados, baile escénico de los verdaderos hechiceros de la noche que vistieron, y no disfrazaron, la pureza musical de unas obras populares para festejar los muertos vivientes que son los compositores.

La orquesta responde y funciona, aunque siga sin poner toda la carne en el asador por miedo a quemarla y no dejarla al punto (algo siempre subjetivo), así que será cuestión de encontrar pócimas y conjuros para pedir la receta magistral que nos traiga, al fin, director titular y concertino. El aprendiz Mickey necesitó de Merlín para traer la calma y retomar la normalidad, porque así los calderos y escobas multiplicándose no arruinaron el buen trabajo iniciado.

Muertos muy vivos

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Viernes, 29 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Noche de difuntos: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Rodolfo Barráez (director): Obras deSaint-Säens, Weber, Liszt, Mussorgsky y Falla. Entrada butaca: 15 €.

Reseña rápida para La Nueva España del sábado 30, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

La música resucita los muertos y esta noche de difuntos sinfónicos no necesitó “jalogüin» ni samaín para iluminar de magia el camposanto de Rafael Beca. La Catedral celebrando los vivos mientras los pecadores disfrutamos los resucitados.

A falta de un aprendiz de brujo, el venezolano Barráez, sin libros de conjuros, sacó esqueletos franceses que irían engordando según avanzaba la noche y desde butacas cual lápidas emergió Mefisto del verrugoso converso Liszt, el mundo terrenal de una orquesta ya con músculo tras un cazador que erró el festejo pero no el tiro (para 2022 propongo un Tenorio musical).

El Monte Pelado del ruso escupió lava orquestal cual La Palma carbayona y nunca Falla el fuego purificador final, lento para no quemar e iluminar.

La luz y la escena hicieron que lo mágico resultase y resaltase estos muertos vivientes: excelente trabajo de Alejandro Carantoña en la escena con Ruben Rayán “Merlín” de la iluminación, Vicente V. Banciella diseñando la escenografía más el vestuario de Isabel Hargoues, con Barráez conde de Walpurgis espoleando a unos músicos disfrazados pero concentrados, a la espera de titular, que siguen brillando incluso en noches como ésta.

La excelencia de sumar piano y cuarteto

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Jueves 28 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano Luis G. Iberni. David Kadouch (piano), Cuarteto Quiroga. José Ramón Hevia, in memoriam. Obras de: F. Chopin, Clara Schumann, A. Ginastera y R. Schumann.

Buen arranque de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» con el francés David Kadouch (Niza, 1985) al que se sumaría el Cuarteto Quiroga (2003) en plena mayoría de edad para rendir el merecido homenaje a su «inspirador» y apoyo constante, mi querido José Ramón Hevia, siempre en nuestra memoria, padre de Aitor y David, que este jueves se hubiera «quitado el sombrero» orgulloso de este concierto en nuestro auditorio, el mismo que va retomando la (a)normalidad de toses, móviles, objetos caídos, aforos ampliados, programas de mano en papel, descansos y mascarillas varias.
Nada mejor que comenzar escuchando a Frédéric Chopin (1810-1849) y sus tres Nocturnos op. 9, que Kadouch afrontó desde la elegancia e intimidad del primero, la delicadeza nostálgica del famoso segundo y la auténtica explosión romántica del tercero, tres planetas sonoros en un mismo universo que fueron acercándose en ese firmamento pianístico que sigue siendo necesario tanto en las filarmónicas como en los grandes auditorios.
Y reivindicando el papel de las mujeres compositoras, buena idea incluir a Clara Schumann, o mejor Clara Wieck (1819-1896) con el apellido real, quien en sus Variaciones sobre un tema de Robert Schumann, op. 20 no solo domina la obra de su esposo sino que la reelabora como excelente intérprete que fue, con un Kadouch esculpiendo el sonido claro, la digitación limpia y los pedales certeros en unas variaciones que fueron las estrellas del cielo pianístico.
Reubicando el escenario llegaría a continuación el Cuarteto Quiroga (Premio Nacional de Música 2018) con el gran Alberto Ginastera (1916-1983)  y su Cuarteto de cuerda nº 1, op. 20 (1948) demostrando de nuevo la excelencia interpretativa en este repertorio (grabado en su CD Terra) que saca a relucir tanto los recursos de cada instrumento como la necesaria compenetración de sus miembros afrontando esta maravilla del compositor argentino. Es maravilloso comprobar el sonido cuidado, la sonoridad única, el ímpetu y entrega en cada uno de los cuatro movimientos (I. Allegro violento ed agitato II. Vivacissimo
III. Calmo e poetico
IV. Allegramente rustico
) donde todo está encajado al milímetro, pulsión única pese a las dificultades que conlleva por los cambios de compás, ritmos enloquecidos y dinámicas asombrosas que «el Quiroga» lleva a la excelencia. Como escribe Arturo Reverter en las notas al programa (enlazadas al inicio en las obras) de este cuarteto del compositor porteño, «encontramos el espíritu estilizado -un factor folklórico subyacente- que habíamos anotado…» entendido a la perfección por estos cuatro intérpretes únicos (Aitor Hevia, Cibrán Sierra, Josep Puchades y Helena Poggio) que siguen ampliando horizontes en un repertorio ideal.
Y sumar el piano al cuarteto no resulta cinco sino UNO, inmenso, «experimento camerístico» de visión sinfónica como es el Quinteto para piano y cuerda en mi bemol mayor, op. 44 de Robert Schumann (1810-1856). Importante para el Cuarteto Quiroga encontrar pianistas que respiren como ellos, enriqueciendo sonoridades, latido único en esta formación donde la calidad se da por supuesta y la musicalidad es el toque de distinción. David Kadouch encajó a la perfección con el espíritu interpretativo de este Schumann que homenajea a Beethoven, a Schubert e incluso a Mozart, tal y como disecciona Reverter el quinteto para piano y cuerda. Cuatro movimientos (I. Allegro brillante II. In modo d’una marcia. Un poco largamente III. Scherzo: Molto vivace IV. Allegro ma non troppo ) que exploran formas y fondos, momentos líricos y concertísticos de protagonismos compartidos, conjunción y ejecución a cinco sonando en total y certera unidad, con balances cuidadísimos, fraseos impecables y entrega apasionada.
De regalo no podía faltar el Shostakovich al que José Ramón Hevia admiraba y hasta compartía carácter socarrón e incluso humorístico, músicos de largo alcance, dedicación y bonhomía, como recordaba Cibrián Serra en la dedicatoria previa. El irrepetible ruso que tanto Kadouch como «los Quiroga» tienen en sus atriles individuales, esta tarde aunados en feliz encuentro para el Scherzo de su Quinteto en sol menor, op. 57, resposado y repasado,  pero especialmente dedicado y delicado.

Sueños de amor, cariño y pasión

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Miércoles 27 de octubre, 20:00 horas. Gijón, Teatro Jovellanos. Concierto 1639 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: «Los históricos de la Filarmónica: Vázquez del Fresno»Cantarinos pa que suañes. Beatriz Díaz (soprano), Luis Vázquez del Fresno (piano y compositor).

Los homenajes deben hacerse siempre en vida, y a ser posible en la tierra natal. La centenaria sociedad gijonesa rendía este último miércoles de octubre el merecido a Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) uno de sus socios que además debutó en ella como pianista hace 50 años, apoyado desde los inicios, disfrutando como espectador, triunfando como intérprete y haciéndonos disfrutar a sus fieles seguidores, que con los años terminamos siendo amigos.

La ventaja de cumplir años me permite poder compartir la trayectoria de este músico integral al que admiré en los conciertos que daba en Mieres, entonces también con Filarmónica local, donde como estudiante de piano le admiraba y pude escuchar el estreno de sus Audiogramas (de los que hoy nos regaló  el intermedio segundo) dedicado a su malogrado paisano y compañero Jesús González Alonso, a quien recordaré toda mi vida tras escucharle ganar el Concurso «Casa Viena» del antiguo conservatorio en la calle Rosal de Oviedo durante de mis vacaciones mateínas, y posteriormente también en mi Mieres de Luis Fernández Cabeza, presidente de una Filarmónica a la que aún no se le ha escrito su historia.

Al menos a Luis sus paisanos han dedicado el mejor homenaje posible en su doble faceta de intérprete y compositor, comenzando con su juvenil Yerba, op. 12 sobre temas populares asturianos, diez acuarelas vigentes por frescura, paisanaje desde el ímpetu virtuoso del Vázquez del Fresno enamorado de Debussy y la escuela francesa con los guiños humorísticos y socarrones entre cada número, el amor del Cantábrico  y la historia musical además de genética de sus tíos abuelos Saturnino del Fresno y Baldomero Fernández,  el respeto por el maestro Enrique Truán, el cariño demostrado hacia los destinatarios de todas sus obras y el amor por la vida que en su caso ha estado escrita siempre en los pentagramas. Un placer volver a escuchar la yerba asturiana desde la óptica de Luis Vázquez del Fresno, 50 años que son un soplo en una larga historia.

El segundo regalo fueron los Cantarinos pa que suañes al completo y encontrando al fin la voz ideal y única, destinataria in mente que la tierra y el destino pusieron en su camino, también en el mío, la soprano Beatriz Díaz que solo ella puede recrear e interpretar como la concibió el compositor, también pianista, el «lied asturiano» que da al piano el mismo protagonismo y a la voz la pureza lírica junto a la raíz autóctona de la tonada. Si en el Avilés «pre-pandemia» los trece poemas de Chemag (José María González Fernández) supusieron un hito, volver a escucharlos en Gijón resultaron el auténtico homenaje para todos. Cantarinos llenos de amor y dolor, de tristeza y melancolía, de sentimiento y esperanza, pero sobre todo de pasión. Cada poema, todos lujosamente encuadernados por «El Sastre de los Libros» para esta ocasión especial, los textos originales y traducidos con el respeto por el buen gusto y el merecido hacia un histórico de la propia Sociedad Filarmónica de Gijón, emanaban la propia lírica que Vázquez del Fresno volcaría en cada página. La voz de Beatriz Díaz engrandecía cada página, microrrelatos cargados del sentimiento preciso con una gama de matices aún mayor que la paleta del mejor pintor musical, pianísimos de cortar la respiración, los momentos de tonada propia cantados con el saber de una estrella operística que también lleva lo asturiano en sus genes, los melismas tan barrocos y belcantísticos que el piano apoya cual gaita de tecla, finales a elegir dependiendo del texto, susurrados o potentes, con entrega hasta la extenuación organizándolos de cuatro en cuatro, alegrías y tristezas, cadeninas y ñubes, auténticos xuguetes de la allerana con el beneplácito total del gijonés, compositor y pianista.

El cierre Marineru que une la mina y el mar, de Bóo a Xixón por autopista musical, retomando la melodía de los primeros Cantarinos pa que suañes cantados y saboreados, no sería aún colofón sino mi deseo de poder llevarlos al disco para herencia de nuevos melómanos e historia musical viva de nuestra tierra.

Si el segundo Audiograma me hizo desandar cincuenta años y desempolvar los programas de entonces, todos a buen recaudo, el estreno de Otoño con Beatriz Díaz resultó la tarta final, poesía de vida, metáfora de hojas caídas y sienes plateadas, el lenguaje propio de Luis Vázquez del Fresno que nuestra soprano universal hizo verbo lírico.

Una tarde con muchas historias, sueños cumplidos, poesía y música en perfecta comunión, amores fraternales y platónicos, elegías con recuerdos, pasión por la vida, amistades que perduran en el tiempo echando raíces que engrosan cada capítulo de un libro aún sin final.

Gracias Luis por tu música, tu amistad y por darnos tantas alegrías a quienes tenemos la suerte de compartirlas contigo. Felicidades por estas Bodas de Oro a las que todavía le quedan muchos años más de fértil creación, esperando seguir contándolos.

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