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Lunes Santo de Oro catedralicio

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Concierto de Semana Santa de «El León de Oro» en la Catedral de San Salvador de Oviedo.

Officium Defunctorum de Tomás Luis de Victoria

El León de Oro (LDO), reconocido por su excelencia en la interpretación de música vocal renacentista y contemporánea, presentará una selección de piezas de uno de los hitos de la polifonía sacra: el Officium Hebdomadae Sanctae del maestro Tomás Luis de Victoria (1548–1611). El concierto tendrá lugar el lunes 14 de abril de 2025 a las 20:00 horas, en el sobrecogedor marco de la Catedral de San Salvador de Oviedo.

LDO afrontó desde el pasado fin de semana una intensa actividad musical, consolidando su compromiso con la música religiosa en esta época del año, iniciando su camino hacia la Semana Santa con dos conciertos que fueron una inmersión en la espiritualidad y la belleza de este repertorio.

Lithos

Comenzó su periplo en Torrelavega el pasado sábado 5 de abril, dentro de las XXIII Jornadas de Música Coral Religiosa organizadas por la Coral de Torrelavega con el apoyo del Ayuntamiento. LDO fue el encargado de cerrar las jornadas con su programa Tenebrae, un recorrido por la polifonía religiosa que abarca desde Tomás Luis de Victoria hasta compositores contemporáneos como Arvo Pärt, Donati o Whitacre. La primera parte del programa se centró en el Oficio de Semana Santa de Victoria, mientras que la segunda ofreció una visión contemporánea que evocó los colores y el clima espiritual de la Semana Santa. El público, que abarrotó la Iglesia Nuestra Señora de la Asunción, agradeció la excelente versión que LDO ofreció de estas obras con una cerrada ovación. La actividad continuó el domingo 6 de abril, con las agrupaciones Ferrum (coro masculino dirigido por Marco Antonio García de Paz) y Lithos (coro joven dirigido por Jesús Gavito) participaron en el X Ciclo de Música Sacra y Religiosa de Gijón, organizado por FECORA ( Federación Coral Asturiana) en colaboración con el Ayuntamiento de Gijón, que se desarrolla del 6 al 11 de abril en la Colegiata de San Juan Bautista y la Iglesia de San Pedro, con el respaldo de la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular, la Fundación Cajastur y la Parroquia de San Pedro. Aquí, Ferrum interpretó obras de Mendelssohn, Elberdin, Lauridsen y del propio Gavito, con el estreno de una composición expresamente preparada para esta agrupación masculina. Lithos, recientemente creado, abordó obras de Rossini, Côpi, Chilcott o Trotta, entre otros, y mostró la gran capacidad que el Proyecto LDO tiene para llevar a sus agrupaciones a las cotas más altas en tiempo récord. Antes de interpretar dos bises, el concierto se cerró con las dos agrupaciones cantando unidas, arrancando un caluroso y prolongado aplauso.

Ferrum

LDO culmina su ciclo de conciertos de Semana Santa con dos citas: el domingo 13 de abril en la Iglesia de San Pedro de Gijón, dentro de la programación de la Sociedad Filarmónica, y el lunes 14 de abril en la Catedral de Oviedo. En ambas ocasiones, bajo la dirección de Marco A. García de Paz, el conjunto interpretará una selección del Officium Defunctorum de Victoria, obra maestra de la música sacra que encapsula el dramatismo y la profundidad espiritual del Triduo Pascual. A través de un tejido vocal sublime, Victoria nos sumerge en un espacio de meditación y recogimiento, capturando con su música la dualidad entre el dolor y la redención.

Lithos y Ferrum (LDO)

Estos conciertos no solo destacan la maestría técnica y expresiva de LDO, sino que reafirman su implicación con la música religiosa, en la que el conjunto se mueve como pez en el agua, reafirmando su posición como una de las agrupaciones corales más importantes del panorama nacional.

El León de Oro

En la especial cita catedralicia, tendrá la colaboración de la Catedral de San Salvador de Oviedo y Oviedo Origen del Camino (entidades comprometidas con la promoción del patrimonio cultural, espiritual y musical de la capital asturiana), así como con el apoyo de sus habituales patrocinadores (Satec, Excade, S.L., el INAEM y la Consejería de Cultura, Política Lingüística y Deporte del Principado de Asturias).

Aclamada por intérpretes, críticos e historiadores, el Officium Defunctorum es una obra monumental compuesta por dieciocho responsorios que el musicólogo Samuel Rubio describió como “un verdadero retablo de la pasión de Cristo”. Victoria, figura cumbre del Renacimiento musical español, logra en esta colección una síntesis perfecta de espiritualidad, dramatismo y belleza formal.

Con una sensibilidad profunda hacia los misterios de la Pasión y el recogimiento propio de la Semana Santa, el Officium Hebdomadae Sanctae nos invita a un viaje emocional que transita desde la oscuridad y el dolor hasta la serenidad y la esperanza. A través de complejas texturas vocales, el compositor logra una intensidad expresiva que conmueve tanto por su pureza como por su profundidad espiritual.

Jesús Gavito y Marco A. García de Paz

Bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, El León de Oro se adentra en este repertorio con un enfoque que conjuga rigor histórico, sensibilidad artística y emoción contenida. Las voces dialogan en equilibrio entre luz y sombra, evocando la esencia del Triduo Pascual: el sufrimiento, la redención y la promesa de la resurrección.

Este concierto es más que una cita musical, es una experiencia de introspección y belleza, una oportunidad única para dejarse envolver por la atemporalidad de una obra que sigue hablando al alma siglos después de su creación.

El León de Oro nos invita a sumergirnos en este paisaje sonoro de recogimiento, fe y arte.

«Que esta música les acompañe y conmueva, trascendiendo el tiempo y el espacio»

Y lo contaremos desde aquí.

Fotos ©Beatriz Montes.

Vetusta espera por La Regenta

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Este martes 8 de abril a las 11 horas tenía lugar en el Salón de Té del Teatro Campoamor la rueda de prensa para presentarnos la ópera española «La Regenta», segundo título del XXXII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, un proyecto que al fin devuelve a Vetusta nuestra Ana Ozores tras casi un siglo y medio.

David Álvarez, concejal de Cultura y presidente de la Fundación Municipal de Cultura (FMC) del Ayuntamiento de Oviedo, tomaba la palabra en primer lugar para cedérsela después a Cosme Marina, director artístico de la FMC, resaltando ambos lo que supone para la capital asturiana, dentro de los actos del 140 aniversario de la  publicación de la gran novela de Leopoldo Alas Clarín, y por supuesto la implicación y esfuerzo de tantos implicados en esta ópera, comenzando por todo el personal del Teatro Campoamor, la Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», pilares de esta producdión de nuestro tiempo, antes de dar paso a Amelia Valcárcel, libretista, y Marisa Manchado, compositora.

Evidentemente en Asturias conocemos bien a la profesora de Filosofía en nuestra universidad, enamorada de la película del asturiano Gonzalo Suárez y como buena aficionada a la ópera pensó en utilizar este «esqueleto de hierro» de Clarín y poder llevarla a las tablas ya en sus tiempos de Consejera de Cultura (de 1993 a 1995). Lo que parecía imposible  resultó un reto, sus gestiones, contestaciones no solo económicas donde la «cenicienta» parece siempre nuestra cultura, lo de «como no lo hagas tú» y los más de 20 años dándole vueltas sabedora que sólo una ópera podía «condensar» esta Regenta, incluso con las reticencias a las óperas contemporáneas. Estaríamos horas escuchando a Doña Amelia, las explicaciones del proceso creativo junto a MM (como se refería a su amiga y cómplice a la que fue convenciendo en Madrid, Oviedo o Llanes), casi como el tándem Mozart-Da Ponte de estas dos señoras, mujeres implicadas en mejorar nuestra sociedad, las escapadas para ir dando forma a esta ópera llena de sarcasmo (como el de la propia Valcárcel), reflejar el «odio» de Vetusta donde el coro personifica una ciudad que con el paso de los años solo quedará en el recuerdo pero que permanecerá en la ópera.

También Marisa Manchado destacaría aspectos importantes para un argumento que permanece con una «Música que es farsa desde la música» porque ya existe demasiada tragedia en el texto y como en el cine la banda sonora está para completar la trama, casi como en sus muchos años al piano ambientando cabaret, Brecht y un ambiente traído a esta ópera donde lo más destacable es el trabajo en equipo con el mismo elenco casi al completo tras su estreno en Madrid el 24 de octubre de 2023 en las Naves del Español en Matadero.

El responsable musical de esta ópera es Jordi Francés, felicitando al coro por el enorme reto que supone siendo aficionados y la total entrega en esta obra, cómo trabajó con Bárbara Lluch para aprender y dirigir desde nuevas ópticas, en Oviedo con Paula Castellano, para posteriormente y con todo el reparto en el salón, ir comentando la experiencia de esta Regenta en Oviedo, el placer de María Miró y David Oller en los papeles protagonistas, y el último en incorporarse, José Manuel Montero, quien se sintió como en casa y lo que supuso preparar esta ópera desde el piano hasta al fin escuchar a la orquesta y comprender aún mejor esta partitura que todos estamos deseando vivir.

Dos funciones el jueves y sábado que sabrán a poco, con casi todo el papel vendido y esperando la oferta del festival aumente las representaciones en próximas ediciones porque está claro que hay afición, acuden aficionados de todas partes, es una inversión y Oviedo sigue siendo referente lírico en España.

Lo contaré desde aquí y para Ópera World.

Los Sobrino en capilla

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Lunes 7 de abril, 19:00 horas. III Festival Universitario musicUO. «Música en la Capilla» del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo. Armónicos ecos: Ramón Sobrino Sánchez (armonio), Ramón Sobrino Cortizo (armonio y piano).

Segundo concierto del III Festival MusicUO que organiza la Universidad de Oviedo y desde el pasado 3 abril hasta el 9 de mayo y recorrerá tras las dos primeras citas en Oviedo, los concejos de Cangas del Narcea, Castrillón, Lllanes, Navia, San Martín del Rey Aurelio, Siero y Valdés.

Ramón Sobrino padre e hijo nos ofrecerían un concierto original donde el armonio del XIX de la capilla de la Universidad de Oviedo, restaurado hace ocho años por la Casa Arévalo, recordando a Jesús Arévalo fallecido en noviembre de 2014 (le conocí desde sus inicios en la calle Pajares, después en la Plaza Porlier donde se sumaría su hijo Jesús Ángel, y posteriormente en la calle Santa Cruz donde permanece esta «casa de la música»).

La joya de la universidad volvió a sonar esta tarde junto a otro de la misma factoría cedido por la Iglesia de San Juan el Real, donde «los Sobrino» participan regularmente en su celebraciones como organistas, más el piano YAMAHA©, también propiedad de la institución académica, con los que ensayaba el Coro Universitario en mis tiempos estudiantiles con Luis G. Arias, y también afinado para la ocasión por Jesús Ángel Arévalo. Un concierto reuniendo dos generaciones que siguen recuperando el patrimonio musical de la Universidad de Oviedo y de toda Asturias.

La capilla se quedó pequeña tras la noticia en la prensa y la televisión autonómica, con asistencia tanto melómana como académica en un concierto donde Ramón Sobrino Sánchez y Ramón Sobrino Cortizo nos dejaron un repertorio basado en dúos con piano y dos armonios, con la presentación de las obras así como una pequeña glosa del armonio a cargo del doctor Jonathan Mallada, que como se dice ahora, «puso en valor» un instrumento que tuvo su apogeo en la segunda mitad del siglo XIX y los inicios del pasado, habitual en iglesias o capillas que no podían acoger un gran órgano, y con un repertorio que es mayor del que muchos conocíamos.

Por supuesto que la recuperación del patrimonio musical de la Universidad de Oviedo tiene muchas caras y este festival pretende abordarlas todas, de ahí el empeño del concierto donde volvió a sonar, después de muchos años, el armonio del XIX propiedad de la institución académica, así como un homenaje a ‘La Regenta’ en su 140 aniversario, en colaboración con la Fundación Municipal de Cultura ovetense con dos sesiones de paseo musical por los órganos de ‘Vetusta’ (Santa María Real de La Corte, Monasterio de San Pelayo, San Tirso el Real y San Juan el Real) para conocer algunos de los órganos que operaban a finales del siglo XIX, en los escenarios que sirven de inspiración para la obra de Leopoldo Alas, “Clarín”, potenciando los espacios y bienes organológicos en estos dos primeros conciertos titulados ‘Música en la capilla’.

Imposible glosar el currículo del doctor Ramón Sobrino Sánchez, director de este festival y que explicaba en el diario La Nueva España que «la recuperación del patrimonio musical empieza por el propio recinto, porque se tocará, como ya hizo Yuri Nasushkin la semana pasada, como se hacía antes, interpretando desde el coro y con el público abajo. «No es lo habitual en los conciertos que el público no vea al intérprete, pero ya hemos podido comprobar que ese espacio está diseñado así y tiene muy buena acústica». La otra clave es que vuelva a sonar el armonio, que suponen del siglo XIX (…)».

La música que interpretaron fue desde la religiosa hasta la música de salón propia del XIX, con adaptaciones de época de óperas y piezas clásicas para este instrumento. Comenzarían con unos dúos de armonios, uno en el coro (el de la Universidad) con Ramón hijo, y otro (el de San Juan) en el altar con Ramón padre, perfectamente afinados y con diferentes recursos, como iría explicando Mallada (a partir de las notas al programa elaboradas por los propios Sobrino, que echamos de menos tenerlas en papel), recordando al pianista, organista y compositor soriano Manuel de la Mata (1828-1886), autor de un método para armonio que no solo compondría, como el impresionante La caza con ambos armonios, un estudio del efecto del eco traído a España de otro tratado para este «curioso» instrumento escrito por el compositor y organista francés Louis James Alfred Lefébure Wély (1817-1869) para el estudio de este aerófono y sus distintos registros. Aquí padre e hijo demostraron los distintos timbres y efectos (en un repertorio que en parte ya llevaron a Salamanca) siendo interesante el fragmento del «Estudio imitación de la gaita» además del ya citado eco del que regalarían uno más al final.

No faltarían tampoco, siempre desde el escrupuloso y meticuloso trabajo de recuperación musicológica de Ramón Sobrino Sánchez, una Marcha ofertorio de Valentín Zubiaurre (1837-1914), muy frecuente en las procesiones de una Semana Santa que ya está próxima, y donde la propia universidad asturiana tiene su cofradía de Estudiantes, o dos páginas más allá de lo litúrgico aunque igualmente válidas y dentro de la llamada «música de salón»: El último adios. Adagio espresivo del granadino Antonio de la Cruz (1825-1889) y la Plegaria para harmonium del catedrático de armonio murciano Antonio López Almagro (1839-1904) del que también escuchamos dos estudios, con el esfuerzo de dar aire al fuelle con los pies y ayudar a la expresividad tan propia de este humilde instrumento desde las rodillas, jugando con los pocos registros de que constaban ambos armonios.

Muy habituales serían las transcripciones para armonio de obras muy conocidas, en este caso no solo para el aerófono sino también en dúo con el piano, desde la Rêverie de Schumann a la conocida Marcha Nupcial de Mendelssohn, con el padre al armonio y el hijo al piano, curiosas no ya por el formato sino por la sonoridad tan peculiar de ambos instrumentos, así como el perfecto entendimiento entre los intérpretes, donde poder disfrutar de esas «Transcriptions des morceaux cèlebres pour Harmonium et Piano» del tratado L’Harmonium de Richard Lange (1867-1915).

Más curiosidades con el dúo de armonio y piano, desde la específica Prière en Fa, op. 16 de Alexandre Guilmant (1837-1911) hasta las transcripciones de las óperas que triunfaban entonces (y ahora), incluso citadas en ‘La Regenta’ por el gran melómano Clarín, escuchándose fragmentos de Donizetti (el aria de tenor «Tu che a Dio spiegasti» de su Lucia) donde el harmonium «canta» y el piano realiza una verdadera reducción orquestal en la transcripción de Manuel de la Mata, o la fantasía sobre el aria «Spirto gentile» (La favorita) de Eugéne Ketterer (1831-1870) y Auguste Durand (1830-1909), para proseguir con otra de Gounod y el dúo conocido como la «escena del jardín» de Faust, rematando estas «óperas camerísticas a los teclados» con el bellísimo cuarteto de I Puritani de Bellini en el arreglo que Auguste Mathieu Panseron (1795-1859) hiciese para piano y «melodium» (otro nombre como se conocía el harmonium).

Para concluir otro gran organista francés como fue Charles-Marie Widor (1844-1937) de quien «los Ramones» interpretarían las Variations. Duo nº 6 «pour piano et Harmonium», probablemente la obra más compleja de este concierto para armonio y piano, recuperando patrimonio gracias a esta familia Sobrino-Cortizo que son referentes musicales en todo el mundo.

Oviedo es lírico

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Domingo 6 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Gaëlle Arquez (mezzosoprano), Le Cercle de l’Harmonie, Jérémie Rhorer (director). Amor, furor, obras de Mozart, Gluck, Donizetti, Verdi, Saint-Saëns, Mendelssohn, Rossini y Bizet.

Desde hace años las llamadas orquestas historicistas (incluyo también las de nuestro Savall) están ampliando el primigenio repertorio barroco hasta el clasicismo y el romanticismo, con incursiones operísticas donde las formaciones francesas han sido de las pioneras defendiendo su patrimonio. Y Le Cercle de l’Harmonie con Jérémie Rhorer llegaron a Oviedo con un muestrario de su buen hacer en un programa variado con la francesa Gaëlle Arquez que nos dejó cinco arias flanqueadas por páginas instrumentales con una excelente entrada en el auditorio para un Oviedo que ama la lírica y no quería perderse esta nueva cita con una voz de mezzo verdadera (nada de sopranos maduras) que está triunfando por su buen hacer.

En las partes instrumentales la veinteañera orquesta de Rhorer arrancó impetuosa en el tempo con la obertura de Le nozze mozartianas, como intentando demostrar su sonoridad aterciopelada y buen quehacer de una cuerda segura y virtuosa, con vientos afinados y bien balanceados, más unos timbales que en el auditorio resuenan como en un circo romano. El director conoce bien su orquesta, y del alemán adoptado francés Gluck nos dejaron dos danzas impecables del Orfeo y Eurídice, la de los espíritus con la flauta impecable de Anne Parisot, llena de musicalidad, más unas «furias» poderosas, jugosas, nuevamente virtuosas y dinámicas, en un repertorio donde se les nota cómodos y cercanos a lo que hoy entendemos por historicismo.

Por su parte Gaëlle Arquez comenzó tras la obertura nupcial mozartiana con la bella aria Voi che sapete aún fría pero con un color homogéneo en todo el registro aunque en los graves la orquesta parece olvidar quitar una letra de los matices pues está detrás de la cantante y no en el foso. Mejor con Gluck y el aria de «Ifigénia en Áulide» con la mezzo, que esperó sentada en un lateral las partes instrumentales, entonada, un hermoso timbre de registro medio muy matizado, agudo tan aterciopelado como la orquesta, y graves suficientes manteniendo un fraseo impoluto, con la dicción natural de su idioma (siempre una ventaja para las cantantes francófonas) diferenciando en dinámicas y aire recitativo más aria.

Una primera parte que se hizo breve y más por los tempi exhibidos por Rhorer antes de entrar en una segunda parte con mucha ópera y plantilla ampliada con el arpa y el oficleido (que sustituiría al el serpentón renacentista en el equivalente a la actual tuba). Impresionante Arquez que arrancó la primera gran ovación con su aria de Leonora del tercer acto («La Favorita», Donizetti), que con su registro gana en fuerza, más aún junto a una orquesta ya amoldada en volúmenes (muy bien las trompas naturales), luciéndose con un fraseo muy melodioso y ornamentos claros. El segundo gran triunfo de la mezzo llegaría con una de las arias más bellas y seductoras para su voz, la Dalila de Saint-Saëns (que bisaría al final del concierto). Por fin una orquesta acompañante para hacer brillar la voz de la mezzo francesa, con buenos instrumentos solistas en clarinete o arpa, unos metales muy afinados y empastados (más difícil con los naturales) más la dirección de Rhorer plegada a la voz.

En las páginas instrumentales otro punto a favor de Le Cercle de l’Harmonie con un preludio de «La traviata» verdiana más que digno, matizado, contrastado en todo primando una cuerda dúctil, más la obertura de «El sueño de una noche de verano» de Mendelssohn que remató las intervenciones orquestales con una rica paleta tímbrica de esta orquesta capaz de sonar igual de bien en toda la música que trajeron a Oviedo antes de partir hacia el Kursaal donostiarra. El remate el aria de «La Cenicienta» rossiniana con Arquez perfecta, dramatizando su personaje, emisión clara, musicalidad plena bien arropada por la orquesta y buen colofón para esta mezzo «verdadera», de agilidades precisas, limpias, respirando entre todos para disfrutar de un timbre esmaltado y rico.

Y qué mejor rol para esta mezzo que la Carmen de Bizet, eligiendo de regalo el aria «Près des remparts de Séville» que la aupó entre las intérpretes actuales con Le Cercle de l’Harmonie ideal junto a un gran concertador como Jérémie Rhorer de gesto académico, claro, contenido y siempre efectivo con los suyos. Público lanzando bravos, varias salidas a saludar y sin esperar que bisasen la Dalila que nos dejó con ganas de más arias de ópera en este primer domingo de abril. Oviedo ama la lírica y hoy disfrutó con este concierto.

PROGRAMA:

«AMOR, FUROR»

Primera parte

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):

Obertura. «Le nozze di Figaro» (Las bodas de Fígaro)

Voi che sapete «Le nozze di Figaro»

Christoph Willibald Gluck (1714-1787)

Danse des esprits bienheureux «Orphée et Eurydice»

Dieux puissants que j’atteste… Jupiter, lance la foudre «Iphigénie en Aulide»

Danse des furies. «Orphée et Eurydice»

Segunda parte

Gaetano Donizetti (1797-1848)

L’ai-je bien entendu ?… Oh mon Fernand «La Favorite»

Giuseppe Verdi (1813-1901)

Preludio. «La traviata»

Camille Saint-Saëns (1835-1921)

Mon cœur s’ouvre à ta voix «Samson et Dalila» (Sansón y Dalila)

Felix Meldelssohn (1809-1847)

Obertura. «El sueño de una noche de verano»

Gioachino Rossini (1792-1868)

Non piu mesta «La Cenerentola»

Músicas rompedoras

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Viernes 4 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 10 OSPA, Jacob Kellermann (guitarra), Francisco Coll (director). Coll dirige Coll, obras de Honegger, Coll y Sibelius.

La temporada de la orquesta asturiana avanza ya hasta el décimo con la vuelta del valenciano Francisco Coll (1985), el «compositor que dirige» como se definió en el encuentro previo, en compañía de Fernando Zorita, quien nos daría unas «pinceladas» del décimo programa de abono.

Con una asistencia que comienza a ser preocupante, por no decir desoladora, el concierto era de lo más interesante por las obras elegidas: rompedoras (todas lo son en su momento) y cercanas para nosotros aunque manteniendo el orden casi trasnochado de obertura, concierto y sinfonía.

No es habitual programar a Arthur Honegger (encuadrado en el llamado Grupo de Los Seis) en concierto pese a lo innovador de su producción, y Coll eligió para abrir boca y «calentar» Rugby, una obra no basada en un programa previo aunque parece que pretendía experimentar durante su composición y tratar de plasmar lo improvisatorio e inesperado de un encuentro deportivo. Cierto que hay un regreso continuo al tema central muy melódico (la orquestación es merecedora de análisis por los instrumentos elegidos) desde su libertad compositiva y rico en los cambios rítmicos para una OSPA sin percusión y nuevamente con Aitor Hevia de concertino sonaría rotunda, ensamblada, en cierto modo virtuosística porque necesita no solo técnica sino sonoridad global que el artista valenciano alcanzó, con una versión más allá del propio título, mejor llamarlo simplemente «movimiento sinfónico» como finalmente sería el tercero, tras Pacific 231 y  este Rugby que personalmente pareció preparar la obra siguiente donde en 1976 (mi Viaje de Estudios de COU) descubrí en los laterales del seco paseo del río Turia campos de fútbol ¡y de rugby!.

Y el polifacético artista Francisco Coll llevó a una OSPA casi camerística (por la plantilla) junto al guitarrista sueco Jacob Kellerman, quien estrenaría Turia (2017) en su país, por un cauce bien controlado. Obra encargo de Christian Karlsen y el Ensemble Norrbotten NEO, el valenciano ya nos comentó en el encuentro que se inspiró en sus paseos al bajar a Valencia por el paseo ajardinado del río (hoy muy distinto de aquella mi primera visita adolescente), pues el fluir parecía estar empujándole a plasmarlo musicalmente.

No hay inspiración en su paisano Joaquín Rodrigo con el inmortal Concierto de Aranjuez sino más bien desde un folklore siempre presente en cualquier música desde la prehistoria, y que el compositor calificó como «Flamenco ilusorio», evocaciones de las luces y sombras donde su otra faceta de pintor parece mirar a su paisano Sorolla. Una guitarra bien amplificada fue trazando con un mayor «ensemble OSPA» estos paisajes atemporales y eternos, la invernal fría noche sueca pisando el agua congelada con los músicos que la estrenaron desde una evocación de la España que nuestra guitarra ha universalizado, pero con guiños variables en los estilos. Y en toda obra actual la percusión da color a las composiciones (aún más en el pintor compositor Coll): el piano de Francisco Escoda más visible que audible pero sobre todo el tándem CasanovaRevert, cajón (peruano hoy llamado flamenco gracias a Paco de Lucía y Rubem Dantas, posteriormente el «franco-avilesino» Tino di Geraldo): güiro, platillos, castañuelas, temple blocks o láminas con arco que son como pinceladas junto a los recursos guitarrísticos de rasgeos, punteos, armónicos… con una orquesta que entiende como pocas las obras de nuestro tiempo y mejor aún cuando es el propio compositor quien las lleva a buen puerto. Un Turia que fluye limpio, seguro y bien encauzado.

Del propio Coll el guitarrista Kellerman nos regalaría, con el compositor sentado delante de la percusión, una obra para disfrutar de una musicalidad y sonido entroncado con el concierto anterior pero ampliando el repertorio solista del instrumento español y universal.

Sibelius suele ser buena piedra de toque para toda orquesta, y la primera sinfonía del finlandés nos volvería al norte europeo tras la luz mediterránea, orquesta completa con todas las secciones a pleno rendimiento. De nuevo la cuerda rigurosa, rica en dinámicas, remando junta, con primeros atriles y arpa inmensos, una madera en estado de gracia desde el clarinete inicial, unas lengüetas homogéneas en los dúos y líricas en sus solos, unos timbales seguros y sobre todo unos metales poderosos, afinados, pletóricos brillando en los nórdicos cielos grises, trompas afinadas junto al trío de trombones y tuba verdaderamente «orgánicos» que me transportaron al monumento que Sibelius tiene en Helsinki en un paseo kilométrico.

PROGRAMA

ARTHUR HONEGGER (1892 – 1955):

Rugby, H.67. Movimiento sinfónico nº 2 (1928).

FRANCISCO COLL (1985 – ):

Turia: Concierto para guitarra (vers. guitarra y orquesta de cámara).

JEAN SIBELIUS (1865 – 1957):

Sinfonía nº 1 en mi menor, op. 39

I. Andante, ma non troppo – Allegro enérgico

II. Andante, ma non troppo lento

III. Scherzo: Allegro

IV. Finale (quasi una fantasía): Andante – Allegro molto

Faltaron velas

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Miércoles 2 de abril, 20:00 horas, Teatro Jovellanos, Concierto conmemorativo 117º aniversario de la Sociedad Filarmónica de Gijón (1908-2025) (número 1697): Noelia Rodiles (piano), Cosmos Quartet, Mariona Mateu (contrabajo). Obras de Liszt, Haydn, Adès y Schubert.

Hoy celebrábamos un cumpleaños musical en Gijón donde hubo «anécdotas» que podría equiparar a olvidarse la tarta, las velas, o peor aún el mechero para encenderlas, debiendo buscar en la otra punta de la ciudad (desconozco si en coche, moto o bicicleta), y para no «quedarnos a dos velas» se buscó una piñata para no detener la fiesta, y de la que caerían más regalos de los esperados, alargando la celebración hasta pasadas las 22:30 horas. Pero vamos con la crónica de este 117º aniversario.

Para ponernos en situación copio de las notas al programa de Ramón Avello, compañero de profesión, crítico y personalmente el mejor cronista de la Sociedad Filarmónica de Gijón, de la que ha sido presidente, continuando en la actual junta directiva:

«El 2 de abril de 1908 en el foyer o vestíbulo principal del antiguo Teatro Jovellanos, situado en el solar que hoy es sede de la Biblioteca Pública de Gijón, se constituyó la Sociedad Filarmónica Gijonesa. Contaba en aquella fecha con 269 socios promotores, que eligieron ese día a la Junta de Gobierno de la Filarmónica, con Domingo de Orueta y Duarte como presidente y Diego Murillo en el papel de secretario. Los ideales de la Filarmónica, no muy diferentes a los actuales, eran proporcionar a sus socios la mejor música por los mejores intérpretes; promover la música de cámara, de instrumentos solistas y de lieder, dejando al margen géneros como la ópera y la zarzuela, y promocionar la música española, tanto en sus intérpretes como en sus compositores.

Hoy se cumplen exactamente los 117 años del nacimiento de la Filarmónica de Gijón. La labor cultural ininterrumpida de esta sociedad se puede resumir en 1697 conciertos, contando el último: el que interpretan esta tarde Noelia Rodiles con el Cosmos Quartet y la contrabajista Mariona Mateu».

Manteniendo el espíritu original abría este concierto la pianista Noelia Rodiles (Oviedo, 1985), que nos interpretaría dos Lieder de Schubert en la transcripción que hiciese Liszt, quien como toda sociedad filarmónica, ayudaría a promover y dar a conocer las obras de músicos como su admirado y  malogrado vienés, desde unas «versiones» que son recreación sin voz desde un virtuosismo al alcance de pocos, y Rodiles lo demostró con los dos elegidos: la célebre «Serenata» que muchos conocimos tanto sola como cantada (el cuarto de la colección recopilatoria El canto del cisne D. 977), con el piano siempre fiel a la melodía, y la hermosísima «Margarita en la rueca» (Gretchen am Spinnrade) D. 118, tejiendo al piano casi un hilo de oro delicados con unos graves intensos y la expresividad innata de la «avilesina» que nunca defrauda.

Colocadas sillas y atriles para las tabletas llegaba el Cuarteto Cosmos con el gran Haydn y su Cuarteto en re mayor (1793), utilizando este género para expresar y volcar sus ideas, escribiendo 68 donde desarrolla este nuevo estilo camerístico donde los cuatro instrumentos tienen igual importancia, y los catalanes así lo entendieron. Este cuarteto aunque compuesto en Viena se pensó para el violinista, empresario y amigo de Haydn el británico Johan Peter Salomon, quien en la Real Sociedad Filarmónica de Londres marca el inicio y espíritu de tantas como la propia gijonesa. Cuatro movimientos aplaudidos cada uno por un público que parecía estar inaugurando la sociedad en el siglo pasado, bien delineados los temas, con los tiempos elegidos para escucharse todo, un Allegro bien desarrollado y especialmente el Menuetto enérgico.

Y deben seguir programándose obras de autores actuales, caso del londinense Thomas Adès (1971) de quien El Cosmos eligió su Arcadiana (1994) estrenado en el Festival Elgar de Cambridge y que pese a la referencia a los paisajes paradisíacos a lo largo de siete movimientos, su lenguaje atonal aunque buscando efectos y elementos bien explicados perfectamente por Avello en las notas, pero comenzaron las sorpresas del cumpleaños. No sé si el agua veneciana (o el orbayu en e exterior), el «tango mortal» o directamente la «pérfida Albión», con tanto glissando, tirar de las cuerdas, la fuerza e ímpetu que los cuatro imprimían en cada movimiento, poco cercano a un esperado «idilio sonoro», se rompía una cuerda del chelo de Oriol Prat.

Tras la incertidumbre estaba claro que no podía reanudarse, pues cambiar una cuerda lleva su tiempo y más si no se trae de repuesto, así que se adelantó el descanso. Mas no llegaba a tiempo para reanudar la segunda parte, así que llegó la inesperada «piñata» y el verdadero regalo de Noelia Rodiles, anunciando por megafonía que nos interpretaría junto a Lara Fernández dos romanzas sin palabras de Félix y Fanny Mendelssohn, también presentadas cada una de ellas. Es difícil interpretar obras no preparadas para la ocasión, pero Noelia es una profesional y nos dejó del segundo libro de las conocidas como romanzas sin palabras de Félix Mendelsshon, primero la opus 30 nº 7 en mi bemol mayor, y después la opus 30 nº 6 en fa sostenido menor, Barcarola que parecía retrotraernos de la Venezia nocturna de Adés. Dos páginas que como en el Schubert de Liszt hacen cantar el piano con la voz inconfundible de la asturiana, fraseos claros, rubatos sin exagerar y la musicalidad característica de la pianista que comenzó a formarse en el Conservatorio Julián Orbón de Avilés.

Lara Fernández se uniría con igual profesionalidad para sumar su viola con dos canciones de la hermana e igualmente gran compositora e intérprete Fanny Mendelsshon: la conocida Canción de primavera op. 62 nº 6 en la mayor, el diálogo de la voz femenina en la cuerda más cercana a ella, y Schwanenlied (canción del cisne), opus 1/1, también conocida y muy versionada, que pareció otro premio más de esa piñata no esperada pero traída en las ya habituales tabletas (al menos venían bien cargadas).

Aún no estaba preparado el quinteto, así que el inesperado «Dúo Rodiles-Fernández» prosiguieron una especie de Gijonada (cual Schubertiada gijonesa) tirando de recursos como «cantar» Die Forelle D. 550 (sin la letra de C. F. Daniel Schubart) e intentando preparar el quinteto homónimo. Pero difícil sin ensayar y con algún contratiempo o falta de entendimiento en las repeticiones y cantos, al menos el esfuerzo se puede considerar sobrehumano para cualquier músico, y esta trucha parecía estar escabechada o ahumada, aunque comestible.

Seguía la espera pero la música no pararía, y de nuevo una canción sin palabras, el Liebestraum nº 3 (Sueño de amor) de Liszt, mucho mejor dadas las circunstancias, con un entendimiento por parte de Noelia que da la experiencia, más un canto de Lara bien sentido, dejándonos este regalo extra de una piñata a la que aún se debía sacudir, pues eran las 21:42 y no llegaba a tiempo la cuerda del cello (colocarla, atemperar y afinar antes de la última obra prevista).

Noelia Rodiles volvió a rebuscar en la tableta y prosiguió la fiesta con su Schubert querido, trabajado, estudiado, capaz de detener el tiempo y hacer de la espera virtud. El Andante sostenuto de la Sonata nº 21 en si bemol D960, fue un portento de emoción, sabiduría, talento, limpieza, generosidad y profesionalidad para dejarnos con ganas de seguir escuchándola, pero al fin llegaba una trucha del día, casi saltando del río Piles en el Quinteto con piano en la mayor D. 667, marchando Helena Satué (que estuvo de primer violín la primera parte) e incorporándose el contrabajo de Mariona Mateu.

Diez minutos recolocando sillas y atriles para este valiente quinteto en los tempi,  bien ajustados y encajados todos, con el peso del grave bien balanceado, los momentos de la cuerda frotada muy ricos en matices, protagonismo compartido con las cristalinas contestaciones del piano, «tirando, un Scherzo brillante, las variaciones sobre el lied cantadas por todos valientes, en el aire, encajadas a la perfección sin perder el aliento hasta poder soplar las imaginarias velas del Finale como si fuese el «cumpleaños feliz» en el tiempo justo, a las 22:30 horas de este 117º cumpleaños, muy aplaudido, donde sin tarta ni velas los regalos fueron generosos (impagable mi querida Noelia Rodiles) e inesperados, como en toda fiesta que se precie, y aún más en la Sociedad Filarmónica de Gijón.

¡Y que cumplas muchos más!

PROGRAMA:

Primera parte:

Noelia Rodiles (piano):

Franz LISZT (1811–1886)

Lieder de Franz Schubert, S. 558:
Ständchen, nº 9
Gretchen am Spinnrade, nº 8

COSMOS QUARTET: Helena Satué, violín – Bernat Prat, violín – Lara Fernández, viola – Oriol Prat, violonchelo:

Joseph HAYDN (1732–1809)

Cuarteto de cuerda en Re mayor, Op. 71, nº 2 (Hob.III:70):

  1. Adagio – Allegro
  2. Adagio cantabile
  3. Menuetto. Allegro – Trio
  4. Finale. Allegretto

Thomas ADÈS (1971)

Arcadiana, Op. 12

  1. Venezia notturna
  2. Das klinget so herrlich, das klinget so schön
  3. Auf dem Wasser zu singen
  4. Et… (tango mortale)
  5. L’embarquement
  6. O Albion
  7. Lethe

Segunda parte:

Noelia Rodiles (piano), Bernat Prat (violín) – Lara Fernández (viola) – Oriol Prat (violonchelo) – Mariona Mateu (contrabajo):

Franz SCHUBERT (1797–1828)

Quinteto con piano en La mayor, D. 667, «La trucha»

  1. Allegro vivace
  2. Andante
  3. Scherzo. Presto – Trio
  4. Tema con variazione. Andantino
  5. Finale. Allegro giusto

Arranca triste abril

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Martes 1 de abril, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara, XII Primavera Barroca: La Guirlande, Alberto Miguélez Rouco (alto), Luis Martínez Pueyo (traverso y dirección). Pastor amoroso: obras de Hernández Illana, Oliver Astorga y Pérez de Camino.

Tras un minuto de silencio honrando a las víctimas de la última tragedia minera proseguía esta «Primavera Barroca» ovetense con otra excelente entrada en la siempre ideal por acústica y aforo sala de cámara, para un concierto  que Pablo J. Vayón titula en sus notas «Cantadas y sonadas» (que dejo al final íntegras) a cargo del grupo La Guirlande que dirige el flautista Luis Martínez Pueyo (Zaragoza, 1988) y con el contratenor alto Alberto Miguélez Rouco (La Coruña, 1994), artista residente esta temporada del CNDM (coproductor junto a la FMC del Ayuntamiento de Oviedo del ciclo), que prosigue su tarea de recuperar y estrenar en nuestros tiempos obras que gracias a la labor impagable de los musicólogos Raúl Angulo y Antoni Pons (Ars Hispana) podemos escuchar tras años de dormir un silencio injusto y con formaciones nuestras que ayudan a difundir este repertorio plenamente exportable más allá de nuestras fronteras, caso de los intérpretes de este arranque abrileño. Destacable también la continuidad de las conferencias previas al concierto (organizadas por los conservatorios de Oviedo y la Universidad) para un alumnado que además de formarse ya es parte importante de un amplio público aficionado a este periodo de la historia de la música que continúa joven.

Como bien escribe mi tocayo sevillano: «La cantada —españolización del italiano cantata— nació de la evolución del villancico como la forma dominante de la música paralitúrgica en la tradición hispana. En un proceso que venía del siglo anterior, en el XVIII la italianización de la música en los templos españoles se aceleró: así, junto a las formas autóctonas, típicas de los villancicos, con estribillos y coplas a la cabeza, se añadieron recitados y arias; a la vez, la instrumentación cambió, adoptándose, no sin resistencias, los modernos violines, oboes, flautas y trompas».

Francisco HERNÁNDEZ ILLANA (ca. 1700-1780), natural de Alcira, fue maestro de capilla en la catedral de Burgos durante más de cuarenta años (de 1729 hasta su muerte), y ahí fueron concebidas las dos cantadas que abrían y cerraban el concierto. Antes había ocupado el mismo cargo en Astorga, pasando también por el Colegio del Patriarca de Valencia, en el que se han conservado un conjunto de nueve recercadas instrumentales salidas de su mano, una de las cuales se pudo escuchar tras la primera cantada. Con No más mundo, mi Dios, cantada al Santísimo (1768) y el grupo al completo ya escuchamos a Miguélez Rouco, aún «frío» pero con ese registro característico de alto más «natural» y buen alumno de Jaroussky. Bien el recitado con el aria algo tensa y el orgánico tapándole por momentos, sobre todo en las agilidades. En la Recercada a tres sobre el ‘Pange lingua’ se prescindió del traverso para un conjunto instrumental siempre cuidando la afinación correcta e intervenciones de unos músicos que mostraron buen entendimiento, una sonoridad compacta y el dominio de este estilo.

Permutando el traverso por un violín, más tiorba por guitarra (la única utilizada) disfrutamos a continuación de la Sonata en trío nº 3 en re mayor del yeclano Juan OLIVER ASTORGA (1733-1830), publicada en Londres en fecha indeterminada (quizás 1769) cuando el compositor triunfaba en la capital británica como virtuoso del violín, una obra como tantas suyas dedicadas al conde de Abingdon, su patrón inglés, escrita en tres tiempos y en el llamado «estilo galante» antes de su regreso a España, donde ingresaría como violinista en la Real Capilla. Impecable de tímbricas con una guitarra barroca dando mucho juego tanto en los excelentes punteos como en las rítmicas, el clave ornamentando con delicadeza, un cello bien ensamblado con traverso y violín en el mismo lenguaje del grupo, que en esta combinación nos brindaron una luminosa interpretación donde escuchar a cada uno con la presencia indicada.

El tercer compositor de la tarde sería un discípulo de Yllana, el burgalés Diego PÉREZ DE CAMINO (1738-1796), que trabajó como maestro de capilla en Santo Domingo de la Calzada y en Calahorra dejando una vasta producción con más de cuatrocientas obras, religiosas sobre todo como Aleph. Ego vir videns, lamentación del Jueves Santo, y la cantada El pastor amoroso, clara diseminación del estilo italiano en centros alejados de la corte en la segunda mitad del siglo XVIII. Con ellas volvía Miguélez Rouco más entonado, en tesitura más adecuada, buena dicción, expresividad y mando para el entendimiento con un ensamble sin el traverso y retomando la tiorba, muy matizada por todos con unos cambios de tiempo encajados, las agilidades sin apuros pero especialmente el momento con los dos violines pp en pizzicato casi rezando con el contratenor, realzando un texto al que la música del castellano elevó como debe ser en estas lamentaciones con un profundo y hondo «Jerusalem» cantado con el ropaje de toda la cuerda.

En El pastor amoroso, cantada al Santísimo, se reincorporaría al orgánico el traverso, aportando ese aire  de égloga pastoril que completa el recitado y enriquece un aria donde Alberto Miguélez estuvo muy cómodo, con una proyección suficiente y el ensamble más «comedido» en dinámicas sin perder nunca estas formas españolas que se acercaban a la llamada música teatral que Benito Jerónimo Feijóo (1676-1764) tan unido a Oviedo ya aludía en 1726: «Las cantadas, que aora se oyen en las iglesias, son, en quanto a la forma, las mismas que resuenan en las tablas. Todas se componen de menuetes, recitados, arietas, alegros, y á lo vltimo se pone aquello que llaman grave, pero de esso muy poco, porque no fastidie» como bien recoge Vayón.

Y para cerrar otra cantada al Santísimo de Hernández Illana, Qué es esto, amor (1775), feliz recuperación de páginas donde todos redondearon una interpretación canónica tanto en el Recitado como en el Area (Vivo), la teatralidad que citaba el padre Feijóo y que analiza el musicólogo sevillano:

«Ese Grave con el que se cerraban las cantadas españolas por entonces distaba mucho de ser universal, pues hay cantidad de obras en que no figura e incluso en esas primeras décadas de la centuria podían escucharse cantadas ya solo con recitados y arias. En un proceso de secularización de ámbito europeo, el género entraría definitivamente en crisis cuando en 1750 Fernando VI prohibió la interpretación de villancicos y cantadas en la corte. Aun así, en muchos lugares continuaron componiéndose, abandonando por norma, eso sí, la complejidad formal de principios de siglo para reducirse a un recitado seguido de un aria».

De regalo una bella página italiana por parte de todos, corroborando las sensaciones de Miguélez Rouco  que irá ganando aún más cuerpo con los años y La Guirlande bien llevada por Martínez Pueyo, siempre magistral con el traverso y la buena elección de unos músicos excelentes, para rematar una sentida y triste velada en el inicio de abril.

LA GUIRLANDE:

Jesús Merino, Andrés Murillo (violines) – Hyngun Cho (chelo) – Ignacio Laguna (tiorba y guitarra barroca) – Jonathan Álvarez (contrabajo) – Joan Boronat (clave).

Luis Martínez Pueyo (traverso y dirección).

PROGRAMA:

Francisco HERNÁNDEZ ILLANA (ca. 1700-1780):

No más mundo, mi Dios, cantada al Santísimo * (1768)

I. Recitado – II. Area

Recercada a tres sobre el ‘Pange lingua’

Juan OLIVER ASTORGA (1733-1830):

Sonata en trío nº 3 en re mayor

I. Allegro – II. Adagio – III. Allegro

Diego PÉREZ DE CAMINO (1738-1796):
Aleph. Ego vir videns, lamentación 3ª del Jueves Santo *

F. HERNÁNDEZ ILLANA:

Recercada a tres

D. PÉREZ DE CAMINO:

El pastor amoroso, cantada sola al Santísimo (versión con traverso) *

I. Recitado – II. Area (Despacio amoroso)

F. HERNÁNDEZ ILLANA:

Qué es esto, amor, cantada al Santísimo * (1775):

I. Recitado – II. Area (Vivo)

* Recuperación histórica, estreno en tiempos modernos

dem lieben Gott

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Sábado 29 de marzo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: musicAeterna, Teodor Currentzis (director). Bruckner: Sinfonía nº 9 en re menor, WAB 109 (Ed. Nowak). Fotos de Pablo Piquero, RRSS y propias.

Oviedo sigue siendo «La Viena Española» y está en el mapa de las grandes giras como esta del aclamado Teodor Currentzis (Atenas, 21 de febrero de 1972) con una de sus dos orquestas: musicAeterna (la otra (Utopía) tras Barcelona y Madrid, contando con precios que pueden parecer altos (67€ y 59€ frente a los 148€, 122€ hasta 42€ en el Auditorio Nacional de la capital), pero que son asequibles incluso para melómanos venidos de todas partes, optando por este concierto carbayón antes que en la capital de España donde los hoteles están encareciendo y ahuyentando a tantos buenos aficionados que se acercan al Auditorio Príncipe Felipe y pernoctan en nuestra tierra, demostrando que apostar por la música y optar a Capital Europea de la Cultura en 2031 es siempre una inversión.

Probablemente este concierto del greco-ruso con esta «su orquesta», lo que le permite elegir a los músicos (ahí estaba nuestro Gabriel Ureña en los chelos) y ensayar a fondo cada programa -nada habitual en el resto del mundo- era el mejor reclamo para un auditorio con una entrada para la ocasión, grandes expectativas desde el anuncio de esta temporada y a lo largo de la semana con entrevistas y reportajes en los medios de difusión asturianos (aquí dejo un par de ellas).

En este tour español  de musicAeterna con Currentzis traían la Segunda de Mahler y la Novena de Bruckner, dos monumentos sinfónicos donde poder reconocer y disfrutar de este «orquestón» con una plantilla apropiada para afrontar estos gigantes del siglo XIX, emparentados por muchas circunstancias como contaba el propio director en la entrevista  para Codalario de noviembre pasado :

«Estas son el tipo de obras que, a mi juicio, crearon una nueva era del sonido y de la profundización en las emociones del ser humano. Son obras muy importantes y, para mí, son el punto de partida en la cronología del posromanticismo y expresionismo, porque después de La novena de Bruckner llega el silencio de la modernidad. Después de La quinta de Mahler llega la última batalla de la complejidad. Sencillamente son obras muy importantes, tanto para la orquesta como para el director, y este último debe determinar cuál es el camino correcto para reflejar y traer a la luz estos temas. Mostrar qué «significa» esta música».

También mi admirado doctor Ortega Basagoiti para Scherzo relaciona a los dos compositores, que para la obra póstuma e incompleta del organista de San Florián (Linz) a partir de los 10 contrabajos se puede calcular el volumen en todos los sentidos de esta «obra en el límite» como titula las notas al programa ovetense el compositor Alfredo Aracil, con 3 flautas, 3 oboes, 3 clarinetes, 3 fagotes, 8 trompas (5ª, 6ª, 7ªy 8ª = tubas wagnerianas), 3 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales y la amplísima cuerda.

La Novena de Bruckner con dedicatoria «al buen Dios» (dem lieben Gott) quedó en tres movimientos pero está «completa», como flotando sublimemente y en última instancia en el éter (Currentzis mantuvo los brazos en alto más de diez segundos con un silencio respetuoso y emocionante) al final del Adagio ‘Lento, solemne’ tras una hora de ángeles y demonios, de luchas y victorias, de toda la espiritualidad benedictina del organista y compositor vienés, «la sencillez y la monumentalidad, la mística y la artesanía, los contrastes y el lirismo» como escribe Aracil, y con un Currentzis al frente de esta «misión posible» que emocionó a un auditorio puesto en pie al final del concierto. El director hace diez años ya confesaba en una entrevista a la asturiana Lorena Jiménez en Pro ópera (merece la pena leerla completa) que “La música es una cosa aburrida, es pura matemática. Pero la música adquiere vida cuando está envuelta de espiritualidad” y en este sábado primaveral estuvo clara la espiritualidad tan marcada de un maestro que no deja indiferente a nadie (sin entrar a calificarle de transgresor o egocéntrico).

El Feierlich, misterioso marcaría el rumbo a seguir, con una cuerda maravillosa sonando homogénea desde el primer compás tan desgarrador, compacta, rica en matices extremos que se mantuvo siempre presente incluso en los fff del resto. Pero toda la orquesta funciona a la perfección: equilibrada, empastada, con unos solistas de excepción (destacar a la flautista Anna Komarova y el oboe de Maxim Khodyrev) más unos metales que refulgen en los grandes momentos y encantan en los ppp, dotando a esta formación de una sonoridad rotundamente delicada (o delicadamente rotunda), junto a los siempre presentes y ajustados timbales de Dmitry Klemenok con un amplio juego de baquetas matizando cada intervención suya. Currentzis no necesita batuta ni podio, todo en él fluye como la propia partitura que apenas mira, se mueve para los fraseos en los violines (enfrentados) o los cellos que cuando los doblaban los contrabajos daban esa contundencia hasta en los momentos más delicados. Se retuerce, apunta con los dedos, exprime cada tema con una lectura interiorizada donde todos responden en un juego permanente de tensión-relajación hasta extremos casi imposibles.

Si el primer movimiento alcanzó momentos álgidos con un amplio catálogo de dinámicas, el Scherzo: Bewegt, lebhaft; Trio. Schnell sería aún más impactante. Currentzis juega con los acentos, empuja, juega con los cambios de aire con una viveza aplastante por momentos, dotando cada frase de protagonismo en una verdadera cascada de matices que parecían la lucha interior cual llamada a la inevitable muerte de Bruckner: ángeles y demonios, el misterio de una cuerda como poseída (impresionaba ver los arcos movidos con la máxima energía), con unos pizzicati en la cuerda incisivos, precisos y preciosos para mantener su presencia sin ser devorada por los metales, éstos capaces de sonar como un inmenso órgano lleno de registros (¡qué tímbrica alcanza con las tubas wagnerianas!) donde las lengüetas de la madera enriquecieron cada intervención, todos capaces de unos balances perfectos para escuchar todo lo escrito en el punto justo, exorcismos con pausas que invitaban a la reflexión por parte de intérpretes y público.

Y final con el Adagio ‘lento, solemne’, plegaria de violines, las variaciones con temas anteriores del propio Bruckner, la sección en forma de coral que él titula como “Abschied von Leben” (Despedida de la vida), los silencios inquietantes que subrayan lo siguiente: la incomprensión y el dominio de dinámicas con que Currentzis parece hipnotizar a todos. El final transmite esa paz que corroboró el maestro con todos «congelados» desde un sepulcral respeto antes de los atronadores aplausos y bravos.

Una Novena de Bruckner que se quedará en la memoria de todos los presentes y un hito más en este auditorio donde la música parece quedar impregnada en cada rincón que por momentos parece devolvernos la espiritualidad de tan grandes obras sinfónicas que en él hemos disfrutado. Currentzis se suma a mi listado emocional dedicado «al amado Dios» (dem lieben Gott).

PROGRAMA:

Anton Bruckner (Ansfelden, 4 de septiembre de 1824 – Viena, 11 de octubre de 1896):

Sinfonía n.° 9 en re menor, WAB 109 (1896)

I. Feierlich, misterioso

II. Scherzo: Bewegt, lebhaft; Trio. Schnell

III. Adagio: Langsam, feierlich

Alquimia para la primavera

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Domingo 23 de marzo, 19:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Sala de cámara: Primavera BarrocaCircuitos CNDM: Musica Alchemica, Lina Tur Bonet (concertino y dirección). Obras de Vivaldi y Bach.

En lo musical seguimos con la «Primavera barroca» aunque metereológicamente estemos aún en un invierno que vuelve a vender todo el aforo de la sala de cámara del auditorio ovetense, ideal para estas músicas, con un Diálogo entre iguales (como titula Pablo J. Vayón las notas al programa) de la violinista Lina Tur Bonet al frente de su formación Musica Alchemica.

Con dos grandes del Barroco rodados por una formación «ad hoc» volvía a Oviedo con «su ensemble» la violinista ibicenca en gira del CNDM, tras Sevilla (ayer) y Salamanca (mañana) con parada obligada en la capital asturiana en un viaje por la Ruta de la Plata, de norte a sur casi como Vivaldi y Bach. Siempre rompedora en sus proyectos, el éxito estaba asegurado de mano, y este maridaje ítalo-alemán lo explicaría antes del concierto, con Bach llenando las bibliotecas de Köthen y Weimar con partituras de Vivaldi al que conocería copiando su música (era cómo se estudiaba entonces), inspiradora y engrandecida por el kantor, pues la música instrumental sería en esos años el centro de su producción, por una vez sin tantas obligaciones litúrgicas y probablemente su periodo más feliz.

Abría el concierto la obertura de La verità in cimento, RV 739 de «Il Prete Rosso» con el orgánico al completo (que dejo al final de esta entrada), cartas sobre la mesa de esta «alquimia barroca» donde la afinación siempre es un problema, aún mayor por los cambios de temperatura, pero suficiente para comprobar el buen entendimiento entre los ocho músicos.

Con Marco Testori de solista y dos violines -no los tres- llegaría el Concierto para violonchelo en si menor, RV 424 donde lo interesante estuvo en la combinación tímbrica, aunque la afinación no siempre ayudó a este luminoso Vivaldi con el que Lina Tur Bonet siempre ha apostado por tempi casi al límite, que transmite a sus músicos, y mantendría en esta primera parte con ella de solista en el Concierto ‘Il grosso mogul’, retrotrayéndome a otro escuchado en Gijón. Entonces escribía para este concierto:

El RV 208 es una variante de la opus 7 nº 11 transcrita para órgano por Bach (BWV 594) con la novedad del movimiento central para el solista (Allegro – Grave Recitativo – Allegro) de un “recitativo sin palabras” sin perder el carácter virtuosístico del veneciano. Compuesto en los albores de la década de 1710 es un ejemplo del “hombre de teatro” con efectos especiales de todo tipo: ritornellos brillantes, ascendentes bariolages (técnica del arco que consiste en una rápida alternancia entre una nota estática y una que cambia, creando una melodía por encima o por debajo de dicha nota), solos sonoros y rudos junto a una velocidad exuberante en los pasajes más caprichosos, o la generación de melodías sobre armonías exóticas, todo sobre los patrones de un estilo resueltamente teatral donde tampoco falta el elemento visual incluyendo grandes movimientos de arco, articulaciones irregulares y abruptos cambios de posición, algo esencial para causar efecto y admiración incluso en nuestros días.

La versión de los «alquímicos» resultó mucho más libre y todo el virtuosismo y energía de la balear, las cadencias originales ejecutadas con rigor y enorme expresividad, el continuo uniendo clave, laúd, más chelo y contrabajo que le dan más «peso» y color, acelerandos bien entendidos por todos y un rotundo primer movimiento (aplaudid0 al finalizar), el intrigante y sentido Grave: recitativo, para rematar con un Allegro assai bien equilibrado llevado desde el violín con un dominio total de Lina Tur Bonet y mejor ubicado en esta primera parte -permutado con el de Bach del programa original-.

Pausa de quince minutos y un arreglo para cuerda realizado por Dani Espasa de la Passacaglia en do menor, BWV 582, contemporánea de Il grosso mogul en los años de Bach en Weimar como recuerda el sevillano Pablo J. Vayón, interesante apuesta para la ocasión con el orgánico casi al completo (sin laúd) y más contenido, buscando una sonoridad organística y fraseos casi de tecla destacando la viola de Paruzel, el kantor enlazando con el siguiente Vivaldi y el Concierto para laúd en re mayor, RV 93 que tiene versiones para mandolina o guitarra, esta vez con Jadran Duncumb (1989)de solista, bien técnicamente aunque por momentos quedase corto en presencia, pues está escrito principalmente como acordes, y el solista debe tocar arpegios basados en estos acordes aumnque también incluye partes importantes de lucimiento para los violines. El conocido Largo intermedio fue más mimado por el ensamble aunque todo el concierto estuvo en la línea de los grandes contrastes (tempo, dinámicas…) que el barroco pide y con el aire fresco que siempre insufla la directora y violinista a sus interpretaciones. Muy aplaudido el noruego, croata e inglés Duncumb.

Y cerrando el círculo nuevamente Bach con Tur Bonet interpretando el Concierto para violín, cuerda y continuo en mi mayor, BWV 1042, misma estructura tripartita utilizada por Vivaldi, de nuevo con más rigor y excelencia en la ejecución, llevando su ensemble por donde quiso pero sin obligar, transmitiendo dominio y magisterio, eligiendo unos tempi ajustados a las indicaciones donde nuevamente el Adagio fue entendido por todos con la grandeza del kantor mientras los movimientos extremos mantuvieron la exuberancia virtuosística y el balance apropiado para disfrutar de una solista madura, valiente y generosa.

De regalo un guiño al cambio climático y las condiciones de esta primavera invernal con el Presto veraniego de L’estate vivaldiano que muchos de los músicos presentes esta tarde han llevado al disco Se4sons  (emparejándolo con Piazzolla), el directo siempre único pero con la misma energía y libertad de Lina Tur Bonet a la que siempre es un placer escuchar en cualquier estación del año.

PROGRAMA

Primera parte:

Antonio VIVALDI (1678-1741):

La verità in cimento, RV 739 (1720): Obertura

Concierto para violonchelo en si menor, RV 424 (1) (ca. 1729):

I. Allegro non molto – II. Largo – III. Allegro

Johann Sebastian BACH (1685-1750):

Concierto para violín en re mayor ‘Il grosso mogul’, RV 208 (4):

I. Allegro – II. Grave recitativo – III. Allegro

Segunda parte:

J. S. BACH:

Passacaglia en do menor, BWV 582 (ca. 1708-1712, arr. para cuerda de D. Espasa)

A. VIVALDI:

Concierto para laúd en re mayor, RV 93 (3) (1730-1731)

I. Allegro giusto – II. Largo – III. Allegro

J. S. BACH:

Concierto para violín, cuerda y continuo en mi mayor, BWV 1042 (2) (ca. 1718)

I. Allegro – II. Adagio – III. Allegro assai

MUSICA ALCHEMICA:

Timoti Fregni y Valerio Losito, VIOLINES – Natan Paruzel, VIOLA – Marco Testori (1), VIOLONCHELO  – Margherita Naldini, CONTRABAJO – Jadran Duncumb (3), LAÚD – Matteo Messori, CLAVE.
LINA TUR BONET (2-4), CONCERTINO Y DIRECCIÓN.

Triángulo romántico

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Viernes 21 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Música para la primavera», abono 8 OSPAGiancarlo Guerrero (director). Obras de Schumann y Brahms.

Un año después regresaba al podio Giancarlo Guerrero, el nicaragüense nacionalizado costarricense (y estadounidense) además de ganador de seis premios GRAMMY® en el apartado de música clásica (como director y percusionista- con una trayectoria más asentada en los EEUU pero cuya nueva visita a Asturias sigue abriéndole nuevos escenarios y formaciones donde compartir su entusiasmo, energía y vitalidad, esta vez con un programa muy romántico además de conocido por todo melómano y ya rodado por la OSPA con distintas batutas: las sinfonías «Primavera» de Schumann (1841) y la «Cuarta» de Brahms (1885), primera y última de cada uno de estos dos grandes.

En el encuentro previo el maestro Guerrero volvió a encandilarnos con su pasión, sabiduría, verbo fácil y elocuencia, comentando datos biográficos relacionados con las dos sinfonías elegidas y la conexión entre ellas, el «vacío sinfónico» tras la muerte de Beethoven, el miedo a escribir una nueva sinfonía con la comparación siempre humana por la sombra omnipresente del genio de Bonn (tan admirado por Schumann y Brahms), el amor inmortal por Clara que sería la viuda eterna, y Johannes casi un ermitaño tras la negativa de compartir destino quedando en una buena amistad, desdejándose, con la barba casi de mendigo y engordando en Viena con más cerveza que vino.

También el justo reconocimiento a Clara Wieck como gran pianista y compositora, la ayuda al joven Brahms en una apuesta -como debería ser normal también hoy en día- por los jóvenes talentos, el estreno en Leipzig de la sinfonía del primero dirigida por Mendelssohn y la cuarta del hamburgués que llegó a considerársela la décima de Beethoven, compartiendo el número cuatro porque superar al sordo genial era una osadía y casi un pecado (la maldición de las nueve llegó hasta el siglo XX), con una plantilla similar más el uso en ambas del triángulo, poco habitual y como percusionista que también es el director americano, haciendo chanza de la incorporación de bombo y platillos desde las guerras para aturdir al enemigo, siendo los primeros en caer en el campo de batalla, que usarían en muchas composiciones Mozart o el propio Beethoven (en su Novena) junto a los «timpani», más la curiosidad que yo aprovecho como símbolo para este triángulo romántico de Robert, Clara y Johannes, las dos sinfonías elegidas para un concierto que al menos no siguió el orden decimonónico tan transitado, optando por una sinfonía en cada parte, cómo es la elección del director invitado, que no siempre elige lo que le gusta sino con lo que se identifica y estudia, o cómo sigue descubriendo detalles tras 30 años dirigiendo esta «Cuarta», que demostraría haciéndola de memoria.

La Sinfonía «Primavera» de Schumann arrancó con esa fanfarria optimista y brillante de unos metales nuevamente acertadísimos junto a la aparición del triángulo, todo bien llevado por una batuta flexible que marcaba todo, una mano izquierda sobresaliente y la pasión que contagia Guerrero. De gesto preciso, claro, amplio, dando la confianza a una orquesta hoy comandada nuevamente por el suizo Benjamin Ziervogel, concertino invitado (demasiados años sin titular y hoy con Zorita de ayudante) que lideró a la cuerda homogénea, equilibrada, limpia y acertada. Esta sinfonía primeriza («Frühlingssymphonie» como aparece escrito ya en la primera página de una primavera aún por llegar cuando la escribía) es plenamente romántica y para nada juvenil, llena de vida en sus cuatro movimientos, retomando la calidad sinfónica de la OSPA bajo la batuta precisa a cada detalle, conteniendo sonoridades en los momentos delicados como en el Larghetto tierno, melódico como sus lieder, lleno de dinámicas ajustadas con una madera «cantando» siempre perfecta y dejando fluir a la cuerda; el Scherzo: Molto vivace arriesgado en el tempo y logrando hacer presentes la cantidad de temas contrastantes de este tercer movimient0, jugando con los acentos y cambios de compás, los fraseos, los aires beethovenianos en los metales, consiguiendo empastar a todos (bien las trompas y mejor la flauta de Myra Pears) con una batuta a veces estilete y otras florete con la que Giancarlo Guerrero fue tocando los resortes necesarios hasta el último Allegro animato e grazioso literal, para brindarnos una versión impecable de la Sinfonía nº 1 en si bemol mayor, op 38 verdaderamente primaveral, primorosa, juvenil e impetuosa.

Antes del concierto confesaba el director americano lo novedoso de la «Cuarta» de Brahms por el juego de acentos que no consiguen el equilibrio sino la inestabilidad como de estar pisando arenas movedizas, con un inicio en el Allegro que arranca con dos notas como si ya hubiera sonado pasada una eternidad previa no escuchada, casi enlazando con lo inexistente. Última sinfonía del hamburgués que no se atrevió a estrenarla en una Viena tal vez demasiado exigente para las obras nuevas, sino en Meiningen dirigida por el propio compositor, y evidentemente esta cuarta lo era, sombría, compleja, de la que Marta García Tejido escribe en las notas al programa lo siguiente:

«El compositor decide presentar la obra antes de su estreno a su círculo de amistades entre las que se encuentra el crítico musical Eduard Hanslick quien muestra su disconformidad, solicitando al compositor la supresión del tercer movimiento y la reelaboración del último. Brahms confía en la solidez de su composición y sin realizar modificaciones la estrena de forma exitosa. El Allegro inicial presenta un complejo tratamiento a nivel textural y rítmico de los tres temas principales. El Larghetto imprime una sonoridad arcaica a través del uso del modo frigio medieval. Una passacaglia barroca inspirada en la línea del bajo del final de la Cantata BWV 150 de J. S. Bach articula el último movimiento. El tema es presentado por la sección de viento del que derivan una sucesión de variaciones con la que concluye esta titánica sinfonía».

Esta obra maestra la afrontó Guerrero con unos tempi perfectos para delinear cada movimiento, desde el casi etéreo Allegro non troppo, bien elegidas las dinámicas marcadas con la izquierda pero también con su batuta dibujante incluso en las subdivisiones, sensaciones inquietantes hasta cierto fatalismo trágico en la cadencia final. El Andante moderato en compás de 6/8 ya nos previno el maestro de las «trampas» en las acentuaciones, de cómo cada parte tiene su explicación, reflexiva e introspectiva, con otra «fanfarria» en las trompas (presentes) y maderas en equilibrio bien matizado, con uno de los temas más bellos de Brahms con recuerdos a «La Quinta de Beethoven», con unos pizzicati rotundos en la cuerda, presente, y la cita al «dios Bach» (este 21 de marzo celebrando su cumpleaños) recuperado por Mendelssohn y desde entonces idolatrado por el resto de los músicos. El  Allegro giocoso es una danza binaria, verdadero y único «scherzo» (aquí aparece el triángulo) en las cuatro sinfonías de Brahms, con toda la orquesta presentando el tema, empastada, juguetona como pedía el director, articulaciones precisas y ligera la sonoridad antes de atacar, ya con la batuta como verdadero sable, el último Allegro energico e passionato, literal por la energía y pasión de Guerrero, de nuevo la passacaglia bachiana (de la Cantata BWV 150) y las variaciones que fueron desgranando todas las secciones cómodas, confiadas, matizadas, dejando fluir este último movimiento de la más titánica y última sinfonía de Brahms, empujados a ese final siempre impactante.

Un triángulo romántico con dos sinfonías, primera y última, unidas en este concierto de éxito con Giancarlo Guerrero saliendo varias veces a saludar, siendo preocupante la poca asistencia de público  (hoy había Danza en el Campoamor) que está perdiéndose una temporada de madurez y buenos programas a cargo de la orquesta de todos los asturianos. A la espera de un concertino titular y acertar con una nueva gerencia que plantee y planee el mejor futuro deseado, personalmente me perderé el siguiente, séptimo de abono del próximo viernes con un programa de «Danzas sinfónicas» (donde participarán alumnos de 5º y 6º de enseñanzas profesionales de danza del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón), coreografía de Tono Ferriol, que recalará primero en Pola de Siero bajo la batuta del mallorquín Antonio Méndez.

PROGRAMA:

Robert SCHUMANN (1810 – 1856):

Sinfonía nº 1 en si bemol mayor, «Frühling» (La primavera), op. 38

I. Andante un poco maestoso – Allegro molto vivace

II. Larghetto

III. Scherzo: Moltovivace

IV. Allegro animato e grazioso

Johannes BRAHMS (1833 – 1897):

Sinfonía nº 4 en mi menor, op. 98

I. Allegro non troppo

II. Andante moderato

III. Allegro giocoso

IV. Allegro energico e passionato

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