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La OSPA encanta

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La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) además de los conciertos de abono repartidos entre Oviedo, Gijón y Avilés, los extraordinarios que buscan ampliar espacios y públicos (siendo habitual su presencia en el Festival «Musika-Música» de Bilbao), o su participación en la Temporada de Ópera, también tiene entre sus muchas funciones la social y también la didáctica.
Desde hace cinco años y de la mano de su titular Rossen Milanov, que ya había desarrollado este programa en el Carnegie Hall con la Orquesta de St. Luke, nos han traído Link Up!, el excelente programa del «Weill Music Institute» hasta Asturias, siendo quien lo estrenó en Europa, aunque lleva varios años desarrollándose en Estados Unidos y otras ciudades de Canadá, Latinoamérica, Japón y África, extendiéndose lentamente por España y el resto de países europeos.

Puedo presumir, pues queda constancia en el blog, de haber apostado desde la primera edición allá en 2013 por este ilusionante proyecto que traía hasta el Auditorio de Oviedo a un montón de alumnos y profesores de colegios e institutos de toda la geografía asturiana para participar de forma activa y no como meros espectadores en estos conciertos pedagógicos. «La Orquesta se mueve» comenzó con dos días y cuatro sesiones en pases matutinos a las 10:30 y 12:00 horas en el Auditorio Príncipe Felipe de la capital asturiana, seguida por «La Orquesta Canta» al año siguiente y cerrando este ciclo de tres títulos con «La Orquesta Rock«, cada año con más demanda e implicados en el proyecto, retornando el año pasado a esta «trilogía» que ha llegado a cuatro días (16, 17, 18 y 19 de mayo) y ocho sesiones en este 2017, puede que con el más emotivo a la vista de los resultados contrastados con mi alumnado del IES «El Batán» de Mieres y los profesores que acudimos. Sirvan también los datos de esta quinta edición: 9.251 asistentes, de los que 8.686 son alumnos entre 8 y 15 años, con 565 profesores de 128 colegios e institutos de toda Asturias, con nuestra OSPA en la lista de las 90 orquestas que este año participan en este programa mundial, una experiencia didáctica que pretende extender la música más allá de las salas de conciertos comenzando precisamente en el aula.

Hay que seguir apoyando esta iniciativa que según las previsiones del propio «Weill Music Institute», más de medio millón de estudiantes de todo el mundo participen en Link Up! este 2017, avanzando que ya han presentado este año su cuarto proyecto «The Orchestra Swings«, ampliando los estilos y repertorio con el jazz, algo que no abunda mucho en nuestro entorno ni tampoco ocupa mucho espacio en el currículo de una materia como «Música» a la que los legisladores llevan arrinconando después de años de lucha por su inclusión en los planes de estudio.

Alumnos y profesores nos hemos involucrado en esta actividad que busca una comprensión profunda de la importancia de la Música en la educación de los jóvenes gracias a la OSPA, que con Link Up! la dio un paso más en esta apuesta por la educación musical, manteniendo una estrecha colaboración con escuelas y maestros con su programación didáctica. En los meses previos a cada concierto, la OSPA ofrece varios talleres de formación y apoyo directo a los profesores para familiarizarnos con el repertorio que se tocará con la orquesta cada año (este curso Ana Hernández Sanchiz, sustituyó a Gustavo Moral, quien estuvo los cuatro años anteriores y con una agenda que le impidió volver a Oviedo), además de unas guías excelentes distribuidas de forma gratuita entre alumnos y profesores que participan en estos programas, descubriendo la notación musical, las claves para tocar la flauta dulce (extensible a otros instrumentos en casos puntuales, siempre atendidos por su personal), patrones musicales y partituras de obras variadas.

En «La Orquesta Canta» hemos trabajado la Oda a la alegría de Beethoven, el «finale» de El Pájaro de fuego (Stravinsky), el «Largo» de la Sinfonía del «Nuevo Mundo» de Dvorak, uno de los momentos más emocionantes de este segundo programa, con las flautas «robando» protagonismo al corno inglés, además de contenidos musicales creados específicamente como Oye de Jim Papoulis o el Ven a tocar de Thomas Cabaniss, el «himno» de Link Up! que es la única pieza repetida en todos los programas. Añadir Simple Gifts de Brackett o la tradicional Bought Me a Cat y añadimos el inglés a los contenidos (como el francés, el portugués e incluso el latín de años pasados), con dificultades variadas y adaptas al nivel del alumnado.

Estos días «La orquesta canta» está dirigida por el maestro Carlos Garcés, un descubrimiento para el que suscribe, y con el tenor Julio Morales en funciones de presentador, junto a las sopranos Sonia de Munck y Elena Ramos (tres «fijos» en Link Up!) más la mezzo Beatriz Lanza. Ahí estuvimos este miércoles lluvioso a las 10:30 en primera fila disfrutando como niños, y con la vuelta al aula como siempre una «Oda a la alegría» en el autobús con Oye convertida en el número uno de los éxitos de este curso. Algunos ya conocían programas anteriores y otros debutaron hoy, pero todos quieren volver ya el próximo año e incluso preguntan si toca Rock… Proyectos como Link Up! y nuestra OSPA nos hacen reafirmarnos en la necesidad de sembrar para recoger, si queremos rejuvenecer unos auditorios que se están despoblando, y formar musicalmente a un público que no tiene muchas oportunidades de ello, aún menos en esta deprimida Cuenca del Caudal.

P. D. No quiero olvidarme que Oviedo Filarmonía también presentaba hoy tres funciones en el Teatro Filarmónica su concierto didáctico La leyenda del fauno, igualmente desde ese compromiso de completar la educación musical de los más jóvenes con esta actividad en la que los estudiantes del municipio de Oviedo se acercan a la orquesta y a todo el entramado que implica un concierto de música clásica y los diferentes agentes que en él participan, una propuesta para introducir a los más pequeños en el siempre fascinante mundo de la música clásica, completado con la actividad que la orquesta desarrolla también en los distintos colegios del municipio, lo que resulta más local pero complementario a la labor emprendida por la OSPA. Todo sea por remar en la misma dirección. Comentar que este fauno es una idea del músico y actor Andreas Prittwitz con guión de Susana Gómez, donde se escucharán la Obertura 1812 de Chaikovski, la Sinfonía del «Nuevo Mundo» de Dvorak, El moldava de Smetana, La Notte de Vivaldi y el segundo movimiento del «Concierto para clarinete» de Mozart, estrenando una composición del propio Andreas, Standard de Jazz, arreglado por él mismo y música de cine más pequeños fragmentos de obras de música de cámara para introducir y presentar los diferentes instrumentos a los chavales ovetenses.

No solo París

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Viernes 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Relatos II»: Abono 11 OSPA, Antonio Galera (piano), Rubén Gimeno (director). Obras de Debussy, Falla, Milhaud y Stravinsky.

Israel López Estelche, autor de las notas al programa que dejo como siempre enlazadas en los autores al principio, nos hablaba en su conferencia previa al concierto lo bien que saben vender los franceses hasta lo que no es suyo, si bien debemos reconocerles sus múltiples aportaciones desde un chauvinismo reconocido que incluso parece darles el sello de calidad. Francia ha sido modelo a seguir podríamos decir que desde la Revolución Francesa, con un laicismo envidiable, tomando lo mejor de otros para terminar haciéndolo suyo, algo que los españoles deberíamos imitar perdiendo un complejo de inferioridad que nos ha lastrado siglos.

El undécimo programa de abono tenía como denominador común el París del cambio de siglo, los albores de las vanguardias con todo lo que supuso para la historia de la música en los cuatro compositores elegidos, y cómo hacer confluir todas las artes en la ciudad de la luz a la que acudieron como capital cultural del momento.

Debussy (1862-1918) creará un lenguaje basado en la antítesis, el amor-odio hacia lo germano (siempre Wagner en el punto de mira), un impresionismo que marcará un punto y aparte del que el empresario ruso Sergei Diaghilev beberá precisamente de los músicos «parisinos» de este concierto para sus famosos ballets rusos, devolviendo a Francia el esplendor de la danza. El Preludio a la siesta de un fauno (1892-1894) será una de las páginas rompedoras del fin de siglo con un Nijinsky en estado puro para bailar una obra de la que Mallarmé, en quien se basa, llegó a decir que “la música prolonga la emoción de mi poema y evoca la escena de manera más vívida que cualquier color”. Música y color «debussiano» bien entendido por Rubén Gimeno y la OSPA (entrevistado en OSPATV), con Peter Pearse en la flauta solista mientras sus compañeros pintaban esas brumas calurosas que invitan al sopor pero con la sonoridad adecuada para calentar motores ante un programa con mucho ritmo más allá de la danza, delicadeza llena de sutiles sonoridades.

Manuel de Falla (1876-1944), nuestro compositor más internacional, llegará a París en 1907 casi obligado no ya por su inconformismo y búsqueda de nuevos lenguajes sino también por la incomprensión y el maltrato de los críticos españoles, madrileños sobre todo, compatriotas que desde Napoleón siempre hemos visto a los ilustrados despectivamente, los «afrancesados» que como todo en la vida, no todo resulta malo. Musicalmente el gaditano necesitaba poner tierra por medio y cruzar los Pirineos para llevar lo español al país vecino que siempre admiraron nuestro exotismo de Despeñaperros para abajo. En París también contactaría con Diaghilev, a quien Falla ayudaría a engrandecer sus espectáculos, también con Debussy y Ravel, tan cercanos y presentes incluso como modelo para las Noches en los jardines de España (1909-1916) que contaron con Antonio Galera (entrevistado en OSPATV) de solista. La visión de Granada desde Francia con la óptica universal del español utilizando nuevos recursos, no el concierto para piano y orquesta sino más bien con ella, uniendo y entendiendo la sonoridad completa, el juego tímbrico y la mezcla de texturas partiendo de una combinación conocida pero cocinada desde la mal llamada modernidad. El director valenciano Rubén Gimeno es un gran concertador lo que se notó en los balances y adecuación con el piano de Galera, En el Generalife con virtuosismo del solista que encontró el acomodo ideal, casi suspensivo de la orquesta, sin excesos de presencias, dejando que lo escrito sonase. La Danza lejana aportó el ritmo y el empuje, la música de danza tan española y sin folclorismos, lo que será «marca Falla» o si se quiere ibérica (como también Albéniz), puede que poco presente en cuanto a volúmenes pero profunda en sentimiento, cante jondo en el piano respondido por la orquesta desde un rubato cómplice por parte de todos en un enfoque intimista del solista al que podríamos pedirle lo que los flamencos llaman «pellizco», antes de enlazar con En los jardines de la sierra de Córdoba donde la pasión la puso el valenciano Gimeno y la orquesta asturiana, explosión sonora para una de las páginas señeras del gaditano.

La propina mantuvo el intimismo, el piano interior y delicado como así entendió el pianista valenciano a nuestro Falla, con su Canción, marca propia inspiradora de generaciones posteriores.

La eclosión de la danza vendría en la segunda parte con los viajes de ida y vuelta, un francés tras pasar por Brasil y el ruso triunfador en París que influye igualmente en el primero. Darius Milhaud (1892-1946) compone su ballet El buey sobre el tejado, op. 58 (1919) tras su estancia brasileña en la que se empapará de los ritmos y cantos populares, bien descrito en las notas de López Estelche: «orquestación, sencilla y directa, con una influencia directa del music-hall, que busca, en este caso, huir de la complejidad textural de sus predecesores impresionistas. En lugar de ello, hace primar, de manera soberbia la rítmica sincopada que caracteriza la obra, y que la hace tan dinámica, divertida, pero exigente a la vez; aludiendo a la precisión como obligación, no como opción. Aquí se cumple la norma de la frase de Ravel “mi música se toca, no se interpreta”». Dificultades interpretativas que radican precisamente en los complejos cambios de ritmo donde la percusión manda pero que la orquesta al completo debe plegarse a la batuta para encajar esta locura de cambios continuos antes del rondó con el tema recurrente. Gimeno se mostró claro en el gesto para sacar lo mejor de esta obra de Milhaud agradecida, bien ejecutada por todas las secciones aunque pecando de ciertos excesos sonoros que empañaron la limpieza de líneas que en la politonalidad no tienen porqué solaparse, aunque en el entorno del concierto pudo parecer normal ante esa búsqueda de texturas y colores que sí se alcanzaron.

Y nuevamente nos encontramos este concierto con Diaghilev puesto que Igor Stravinsky (1882-1971) sería el verdadero revulsivo. De sus ballets escuchamos la revisión de 1919 de su suite El pájaro de fuego (1909-1910) en una interpretación compacta, potente, luminosa, rebosante y por momentos explosiva. Los cinco números no dieron momento para el solaz, ni siquiera la Canción de cuna, puesto que se mantuvo la tensión necesaria para mantener esa unidad desde la calidad que los músicos de la OSPA atesoran, en buen entendimiento con un Rubén Gimeno dejando fluir las melodías del ruso «rompedor» en su momento. Exotismo y orientalismo junto a lo más avanzado de la música francesa (siempre nos quedará París) y un virtuosismo orquestal de combinaciones inesperadas, rebosantes, colorísticas junto a ritmos vibrantes con la percusión protagonista, la cuerda sedosa y los metales quemando literalmente para dibujar musicalmente un cuento hecho orquesta. Perfecto colofón a una velada de danza con aromas franceses como elemento aglutinante de estos «relatos», el Finale (que también sonará en el próximo «Link Up» dentro de quince días con Carlos Garcés a la batuta) llevándonos este concierto a una verdadera fiesta musical de las que uno sale optimista y con ganas de vivir. Buena batuta para una orquesta madura que tiene en la música de ballet un referente.

Perfeccionamiento y descubrimiento

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Martes 11 de abril, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura «Curso de Repertorio Vocal» con Manuel Burgueras (piano).

La Castalia retoma el ideal de la primitiva agrupación bajo la dirección de Begoña García-Tamargo que como profesora de canto mantiene estos cursos de repertorio vocal con un pianista como Manuel Burgueras de amplia experiencia y trayectoria en el mundo de la lírica, con cantantes de distintas procedencias conocedores de que la voz siempre hay que entrenarla, perfeccionarla y encontrar los repertorios ideales para ello. Con Begoña y Manuel saben que encontrarán el apoyo imprescindible en una carrera que nunca acaba, sea por afición o profesión, y estos cursos siempre finalizan con el concierto para el público. Tras algunas bajas y cambios en el programa que he intentado «arreglar» un poco más abajo para dejarlo en el orden que pudimos escuchar el público que abarrotó el RIDEA, incluso por los pasillos laterales tras hacer cola con más de media hora de antelación, me llevo distintas impresiones de los artistas que llevaron a la práctica las enseñanzas de sus maestros.

Sin entrar en muchos detalles quiero al menos destacar pequeños detalles y algún «descubrimiento», con intervenciones salteadas que completaron diecisiete números variados donde no faltó ópera, zarzuela o música religiosa en este Martes Santo, con el magisterio de un Burgueras que sigue siendo un maestro en el piano desde el rol conocido como «repertorista«, el apoyo necesario para todo cantante y pilar imprescindible de estos cursos.

Distintos niveles en las sopranos Canela García (con Mozart y Fauré) o Paula Lueje (Toldrá, R. Strauss, Massenet o Giménez), donde las tablas de la moscona se notan, quedándome con Madre, unos ojuelos vi pese a estar acostumbrados a las versiones de mezzo, como perfecta expresión del cantar diciendo que exigen estos lieder españoles así como continuar apostando por nuestra zarzuela con la difícil romanza Sierras de Granada de «La Tempranica» y a la primera que tendremos que seguir su evolución, apuntando maneras como suele decirse en estos casos.

Aún en formación el tenor Adrián Begega que apunta maneras, con un registro grave sin problemas pero debiendo trabajar más la afinación, con dos Schubert más el Beethoven en la línea del genuino lied alemán por color más apropiadas para barítono, y dicción, que el tiempo le dará aplomo y autoconfianza porque está en buenas manos.

Y quienes me leen conocen mi debilidad por la voz de mezzo, contando esta vez con dos: María Heres, feliz reencuentro con Gluck y Vivaldi pero también con el complicado Rossini de L’invito al que hemos escuchado en sopranos pero que la ovetense defendió con solvencia, y el saleroso Tango de la Menegilda, segura en todos los registros, buena técnica y la confianza que da una trayectoria donde cantar es su vida, lo que se nota en cuanto la escuchamos.

El «hallazgo» de la tarde fue la barcelonesa Anna Gomà, una profesional que ya pasase por Gijón y que este martes se erigió en la voz del recital desde sus dos primeras intervenciones (en tercer y cuarto lugar), primero con arias de ópera con MassenetVa! Laisse couler mes larmes de «Werther«, y una Carmen de Bizet arrolladora en la «Canción Bohemia«, sentida, dramatizada, color vocal carnoso e  igualado en todos los registros; después romanzas de zarzuela en el decimocuarto número y cerrando el recital, nueva demostración de buen cantar y sentir, Cuando está tan hondo el querer de «El barquerillo» (Chapí) y un Qué te importa que no venga… de «Los claveles» (Serrano) que levantó literalmente al público de los asientos. Voces como la de esta mezzo catalana que acuden a estos cursos da idea de lo que se busca, mejorar y ampliar repertorios con los maestros, estando Oviedo en el mapa de muchas voces profesionales de toda España.

Para quienes quieren seguir aprendiendo saben que no hay vacaciones, lo mismo que para descubrir de primera mano figuras que en breve estarán en los mejores escenarios, y por el Palacio del Conde de Toreno había varios «cazatalentos» que no habrán desperdiciado la ocasión, como tampoco ninguno de estos alumnos que encuentran en La Castalia el apoyo necesario para darse a conocer un poco más mientras siguen formándose en una carrera que nunca termina.

Etapas vitales

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Viernes 7 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa OSPA, Clara Mouriz (mezzo), Agustín Prunell-Friend (tenor), Arttu Kataja (barítono), Pablo Ruiz (barítono), Marc Pujol (bajo), Coro «El León de Oro» (director: Marco Antonio García de Paz), Pablo González (director). Berlioz: La infancia  de Cristo, op. 25 (1850-1854).

Viernes de Dolor y etapas de la vida, que como Berlioz decía de esta obra, «ingenua y gentil», limpieza educada por unos intérpretes que no lograron llenar el Auditorio pese a la rareza de una obra poco programada y tener de nuevo en el podio al ovetense Pablo González (1975) que ha heredado de su maestro y mentor el gusto más el conocimiento de esta obra, sumándose el mejor coro asturiano de todos los tiempos con su legión de «leónigans» en aumento y manteniendo el nivel que le ha llevado a lo más alto en el mundo coral internacional.

A menudo de las casualidades surgen verdaderos inventos y descubrimientos que cambiarán la historia. Alejandro González Villalibre, autor de las notas al programa (que dejo enlazadas arriba en el compositor) y conferenciante previo relata muy bien la historia «ante la sublimación del oratorio» peculiar, compuesto por diversión como si de una obra a cuatro partes para órgano se tratase, para descubrir «un cierto aire naif, de devoción rústica en la pieza» añadiéndole la letra en francés e ir convirtiéndose en un coro de pastores despidiendo al Niño Jesús antes de la partida hacia Egipto. Añadiría una obertura más el aria de tenor que se publicó independientemente en 1852 y contando con el beneplácito de un público que le dio la espalda más de una vez. Prosiguió con «La llegada a Sais» dedicada a la Academia de Canto y a la Sociedad Coral Universitaria de Leipzig que tanto ayudaron al triunfo de «La Huída a Egipto» y completaría la trilogía con «El sueño de Herodes» para pasar a denominarse L’enfance du Christ representada como tal el 10 de diciembre de 1854 en París.

Cinco años en la vida de Berlioz contando musicalmente la infancia de Jesucristo para ser interpretados por un coro a punto de cumplir 20 años, una orquesta con 26 desde su constitución, y un director de 41 años, todos desde una madurez ideal para interpretar este oratorio tan poco escuchado organizado en tres partes, sin descanso.

Del plantel de solistas que cantan los personajes del Narrador – Centurión, San José, la Virgen María y Herodes – padre de familia, hubo de sustituirse por enfermedad al bajo-barítono Ralf Lukas por el onubense Pablo Ruiz (1985) de hermoso color -que ya cantó en Oviedo el segundo reparto de Fausto– aunque probablemente sin los graves del alemán pero resultando igualmente convincente en sus intervenciones; bien por presencia, color y potencia el bajo catalán Marc Pujol, y de las otras tres voces ya conocidas  (que enlazo en sus nombres) en otros roles ayudaron a un elenco equilibrado donde el más «flojo» fue el bajo finlandés Arttu Kataja (1979), muy bien la mezzo donostiarra Clara Mouriz y adecuado como narrador el tenor Agustín Prunell-Friend, tras el Elías de hace tres años.

La plantilla orquestal para este oratorio de Berlioz es la ideal para nuestra OSPA, hoy con Eva Meliskova de concertino, pudiendo brillar nuevamente con luz propia en todas sus secciones. Con un Pablo González que les entiende a la perfección, las sonoridades siempre estuvieron trabajadas, con poco vibrato en las referencias a Bach (que Marco y Zorita comentan amigablemente en OSPA TV), dinámicas ayudando a las intervenciones corales y solistas, incluso fuera de escena, limpieza en cada pasaje, silencios subrayando el drama y un trabajo colorista casi íntimo para una obra más gentil que ingenua, pues la aparente sencillez en la escucha esconde pasajes de orfebre orquestal como siempre fue el francés, maestro de la instrumentación como pocos. A destacar el trío de ismaelitas con las flautas del matrimonio Pearse y el arpa de José Antonio Domené con las luces apagadas solo iluminados desde el atril en uno de los momentos instrumentales más delicados de todo el concierto, así como un órgano fuera de escena acompañando a las voces angelicales perfectamente encajado con ellas y la orquesta, que no le vi salir a saludar.

Y como «leónigan» confeso, nueva demostración de calidad excelsa a cargo del coro que dirige Marco Antonio García de Paz, capaz como pocos de afrontar nuevos retos como el de esta partitura de Berlioz, 20 voces graves y 22 blancas perfectamente ensambladas, afinadas, de ataque y emisión exacta, compenetrados pese al relevo natural de una cantera envidiable que mantiene el nivel con los veteranos, pilares que dan confianza y magisterio a la siguiente generación. Aunque hubo parte del público a la que no gustó las entradas y salidas de escena de coro y solistas a lo largo de la obra, hay que reconocer que ayudaron al dinamismo y en cierto modo a «poner en escena» este oratorio berliozesco. Si la primera intervención de los hombres resultó convincente, las mujeres fuera de escena resultaron angelicales y presentes desde la buscada lejanía. En conjunto siguen siendo únicos, potentes y sensibles, con unos matices llenos de delicadeza que Pablo González aprovechó al máximo para alcanzar un final con el tenor y «El León de Oro» verdaderamente prodigioso e impactante por la «sorpresa» de comprobar que Berlioz puede acabar sin estridencias orquestales decantándose por la gentileza vocal de escritura idónea en la interpretación de este concierto extraordinario.

La música seguirá como la propia vida, madurando hacia la plenitud, tanto compositiva como interpretativa e incluso auditiva de los aficionados, pero la infancia siempre nos dejará recuerdos imborrables en nuestra etapa vital.

In Iuvenum Paradiso

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Miércoles 29 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Sta. María La Real de La Corte, Oviedo: Concierto Coro del CONSMUPA «E. M. Torner» de Oviedo, Marco A. García de Paz (director). Obras de Palestrina, Rheinberger, Lasso, Bruckner, Lauridsen y Fauré. Entrada libre (bien valió la Misa).

La formación musical de nuestros jóvenes comienza en la escuela aunque los políticos dicten leyes que parecen desear alejada del currículo esta parte esencial de nuestra educación. La profesional específica ha mejorado desde mis años de estudiante y ahora Oviedo tiene tanto conservatorio profesional como superior aunque nuevamente los dirigentes sigan ignorando lo importante que es mantener en activo a su profesorado porque las aulas no pueden dar la espalda a los conciertos, puede que lo más agradecido para todo músico. Y como políticos siguen dando largas mientras perdemos profesorado que también es concertista.
La tradición coral asturiana es antigua aunque como la propia vida ha tenido altibajos. Pero podemos presumir de tener a una formación capaz de competir al más alto nivel mundial como El León de Oro, a cuyo director Marco Antonio García de Paz ha fichado el CONSMUPA para sembrar en este mundo coral y asegurar un futuro donde hacer música pueda considerarse profesión y no solo afición, pensando incluso en continuar exportando talento si los distintos gobiernos mantienen no ya esta miopía musical sino cultural.

El Coro del CONSMUPA se presentaba en La Corte antes de su gira con un programa donde no podían faltar referentes históricos que el propio Marco conoce y lleva trabajando hace mucho tiempo. Así abrieron velada en una iglesia abarrotada con el intimista Sicut Cervus (Palestrina) a cuatro voces más el monumental Abenlied op. 69 nº 3 (Rheinberger) a seis, demostrando el arduo estudio para lograr la deseada afinación, el empaste y por supuesto la musicalidad en dos obras al alcance de esta juventud preparada que carece de vicios adquiridos en otras formaciones adultas, cantando con naturalidad y buena interpretación ambas partituras, perfectamente llevadas por Marco.

La polifonía también se hacía con instrumentos, optando por un trío de trombones ubicado en el coro rememorando aquellos ministriles que con los sacabuches divulgaban una música sacra no siempre doblando las voces. Héctor Gómez Sorrigueta, Javier Ulises Esteban Martín y Miguel Ramiro Artero nos interpretaron a Palestrina (Motete), Orlando di Lasso (Adoramus Te, Christe) y el original Bruckner (Aequale nº 1 WAR. 114) cantando una letra no escrita, respirando como un trío vocal y llenando La Corte de sonoridades de antaño con el ímpetu juvenil y majestuoso de tres partituras diría que orgánicas en cuanto a presencia y dinámicas.

No podemos olvidar que estamos en plena Cuaresma y la música religiosa ha dado maravillosas obras, siendo las siguientes dos claros ejemplos:
Primero el O Magnum Mysterium (M. Lauridsen) que García de Paz probablemente haya ensayado cientos de veces con «los leones» y otros coros, por lo que dominar tan maravillosa como complicada obra supone contagiar a este coro sabiduría y confianza. La interpretación ayudada por la acústica del templo estuvo plagada de buen gusto y hacer por todos, ricos matices, voces limpias en emisión con tesituras extremas donde las sopranos brillaron bien contrapesadas por una cuerda de bajos consistente, pero seguro lo habrán tomado como un examen sobre el que seguir trabajando los próximos ensayos. Así es el mundo de la música.

Y como «Proyecto final» el esperado Réquiem, op. 49 (versión 1893) de Gabriel Fauré, una de las obras que más habré escuchado, cantado y sobre tocado al órgano, esta vez un excelente Carlos García Álvarez, más un conjunto instrumental liderado por el profesor de viola Paulino Jardón, con un plantilla que dejo recogida en la copia del programa más arriba, sumándose un contrabajo (René Ispierto Jiménez), una trompa, dos trompetas, el trío de trombones más los timbales de Vanesa Menéndez Alonso, el solo de violín de Alejandro Trigo-Asensio en el Agnus, y dos solistas del propio coro aunque veteranos pese a su juventud: la soprano Olaya Álvarez Suárez (Pie Jesu) y el barítono Manuel Quintana Aspra (Offertoire y Libera me). La partitura tiene momentos gloriosos con el sello propio del francés y los instrumentistas deben sonar presentes sin tapar las voces, algo que Marco A. García de Paz tuvo presente desde el principio. Supo sacar esas armonías tan características sin perder la belleza melódica y todo el ropaje instrumental de los siete números, con los balances no siempre perfectos ante la reverberación, especialmente en los tempi más ligeros. Pero volví a disfrutar y poner la piel de gallina con el Introit et Kyrie, luz perpetua que sigue iluminando muchos momentos, el Pie Jesu de la soprano con voz angelical, limpia, afinada, sentida, casi infantil, o el Libera me de este barítono que prefirió el buen gusto a la potencia. No hubo problemas con las intervenciones del tutti, el órgano casi siempre se mantuvo en su sitio, salvo en In Paradisum que quedó algo atrás, los metales perfectamente ensamblados con las voces en el «Cordero de Dios«, los timbales lo suficientemente presentes para «la ira de Dios», y una cuerda más que suficiente para garantizar un réquiem más que digno a nivel global aunque el protagonismo lo lleva el coro, la voz del pueblo que ojalá tuviese la misma formación que esta juventud musical sacrificada y siempre apoyada por las familias sin las que su esfuerzo no se vería tan recompensado como en estos conciertos.

Enhorabuena a todos por llevarnos a este paraíso juvenil en uno de los «Réquiem» más luminosos y esperanzadores que se han escrito (curiosamente por alguien poco creyente) y a Marco Antonio García de Paz por continuar creyendo en la música coral desde nuestra tierra.

Mieres celebra la semana internacional de la voz

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Martes 14 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, «España, fuente de inspiración»: Elisabeth Expósito (soprano) y Omar Navarro (piano). Obras de Á. Émbil, O. Navarro, E. Granados, W. A. Mozart, G. Bizet y G. Rossini. Entrada: 5 €.

Aunque el día mundial de la voz se celebra el 16 de abril, todo los días debemos concienciarnos de su cuidado porque es nuestra principal herramienta de comunicación, y no digo para los muchos profesionales de ella (profesores, locutores, actores, cantantes…), por lo que no es baladí celebrar una semana de la voz en Mieres que esperemos tenga continuidad cada año, buscando todos los aspectos relacionados con un instrumento que cuando se hace musical para a convertirse en arte.
Las fechas para este 2017 coincidían con el periodo vacacional de la Semana Santa, por lo que encontrar huecos en el auditorio mierense se hacía difícil, así que serán estos días donde podamos disfrutar de varios conciertos, como así nos los presentó Elena Pérez-Herrero, una mierense de pro, cantante, profesora y coordinadora de esta semana que desde Haragei, con sede en Oviedo pero extendiéndose por toda España, continúa formando a generaciones de cantantes.

Este primer concierto nos trajo a Elisabeth Expósito y Omar Navarro que prepararon un programa titulado «España, fuente de inspiración» que daría para muchísima música, por lo que la elección se adecuó al repertorio donde no faltaron páginas líricas ni guiños a nuestra tierra, presentando cada obra dándole también ese aspecto didáctico que siempre se agradece.

Anxelinos es una añada o canción de cuna asturiana compuesta por Ángel Émbil Ecenarro (1897-1980), un guipuzcoano de Zumaia afincado en Asturias desde los diez años y asentado en Pola de Siero, quien además de crear escuela y dejarnos obras vocales para distintas formaciones, supo captar nuestro folklore como pocos, dejándonos esta delicia coral en su versión para soprano y piano.

Un placer escuchar obras nuevas, contemporáneas, más en las manos del propio compositor, Omar Navarro (Oviedo, 1983), quien además estrenaba en la versión con acompañamiento de piano Ya toda me entregué y dí,  con texto de Santa Teresa de Jesús que Navarro convierte en un lied donde la voz de Elisabeth y el piano se complementan engrandeciendo desde la música las palabras de la Santa de Ávila.

Granados sigue de celebración porque su música es atemporal, y de sus Goyescas escuchamos el Intermezzo por Omar Navarro, haciéndonos recordar desde el piano la riqueza que en versión orquestal atesora esta joya, y con Elisabeth Expósito La maja y el ruiseñor, también llamadas quejas, casi continuación de las llamadas canciones de salón que tan de moda estuvieron a finales del siglo XIX, nuevo diálogo más que acompañamiento entre soprano y piano para una voz que gana quilates con el tiempo, fraseando estas páginas del catalán, completando este homenaje con la conocida Andaluza, la Danza nº 5.

El bloque final lo pondría la ópera con Sevilla siempre protagonista, desde Mozart con Don Giovanni y las arias «Vedrai, carino, se sei buonino» o «Batti, batti, o bel Masetto» con ingenuidad equívoca, o Las bodas de Fígaro y el «Venite, inginocchiatevi«, recreaciones escénicas de una Expósito que siempre ha elegido bien su repertorio, hasta la famosa «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini) con endiabladas agilidades y mucho sentimiento, sin dejar constancia de la barbaridad que suponen las reducciones orquestales para piano. No podía faltar tratándose de Sevilla la Carmen (Bizet) entre los genios de Salzburgo y Pésaro, con la versión para piano solo de Leopold Godowsky, un verdadero virtuoso para «recrear» los números de Escamillo («Toreador») y Don José («La fleur que tu m’avais jetée»), casi cantadas mentalmente en un ejercicio de vocalización interior tan importante para el estudio.
Recomiendo a quienes puedan acercarse estos días a esta celebración donde la voz tiene Música, con mayúsculas y sin etiquetas, distintos estilos y épocas para disfrutar como en casa.

Don Alfredo de la Roza, siempre

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Martes 21 de febrero, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: XII Ciclo de Música Sacra «Alfredo de la Roza». Mesa redonda en torno a Don Alfredo.
Doce años largos que mi querido Alfredo nos dejaba pero que su Escolanía San Salvador sigue manteniendo vivo en el recuerdo, no ya con este ciclo que lleva su nombre sino en el día a día y esperando que octubre sea el mes donde Oviedo tenga en su callejero a Alfredo de la Roza Campo (Santa Marina de Cuclillos, Siero, 5 de diciembre de 1925 – Oviedo, 31 de octubre de 2004).

José Luis, Sandúa, Ovín y Chema

Como novedad de la duodécima edición del ciclo se han incorporado las conferencias, una más académica sobre la Schola Cantorum del Seminario ovetense y esta mesa redonda que congregó a cuatro amigos, alumnos y compañeros en charla amigable, aunque muchísismos de los que asistimos también recordamos muchas de las anécdotas que fueron surgiendo desde la mesa. Ahí estaban José Luis Alonso Tuñón, párroco de San Isidoro que acogió a la Escolanía cuando la «desterraron» de la Catedral donde Alfredo era «Maestro de Capilla» pero sin ella, alumno y con los años amigo, pues el Maestro cercano acaba siendo amigo una vez pasada la dualidad docente-discente; José María Hevia, Chema para todos, sacerdote además de cantor y compañero quien supo aprender a entender los Salmos desde la música no ya escrita sino sentida mucho antes de rezarlos, también dando el paso casi lógico tratándose siempre de Alfredo. José Manuel Ovín De La Vega, otro componente de aquella increíble Schola, docente que «liberaba el dolor» de Alfredo al encargarse de los que por aquí decimos «de oreya dura» en el Seminario, incluso obligándoles a desfilar para comprobar que por lo menos ritmo tenían, anécdota recordada por José Luis, seguidor de esa escuela de dirección coral que Don Alfredo fue regando, impulsor también de los años dorados de una FECORA donde los cuadernos corales eran manuscritos dignos de imprenta, y tantas aventuras codo a codo. Y mi paisano Joaquín Sandúa, de escolano en Covadonga al Seminario de Oviedo bajo la tutela de Don Alfredo, compañero de andanzas en el Ochote Principado, también con amistades comunes, primero en la Escolanía San Salvador (a la que «recomendó» la nueva y actual sede tras el «destierro catedralicio») y sobre todo durante aquellos brillantes años de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» con Benito Lauret desempolvando el archivo catedralicio, llevándolo al disco y realizando giras con una formación vocal realmente excelente en aquellos años.

Habría para muchas más mesas con Alfredo en el recuerdo, Don Alfredo como le llamaban en el ochote (que tranquilizaba al director y no a la inversa), su humildad, él lo llamaba antidivismo militante, como una de las cualidades más mencionadas, alumno muchos años de aquellos cursos de dirección coral en Cervera (Lérida) porque ser autodidacta también necesitaba reciclar e incluso tener una titulación que ni siquiera recogió: los viajes en su Lambretta y sotana que no eran lo mejor para recorrer monumentos que iba «descubriendo» por aquella geografía de los años cincuenta, con su otra pasión por el Arte y la Historia contada desde sus vivencias, porque los datos ya estaban en los libros. También el tertuliano en los conciertos del Campoamor o el Auditorio (como recordaba Ovín y aún pude disfrutarlo en muchos descansos), el amor y respeto por todo tipo de música, su afición por la tecnología atesorando grabaciones de su idolatrada «Radio 2» (hoy Radio Clásica), su participación siempre de buen educador ambientando el Seminario con música y fútbol los domingos… fotógrafo, cinéfilo, y todo lo novedoso para un hombre de mente abierta en unos tiempos difícil que con él no parecían tanto. Ciertamente Don Alfredo fue único, y apenas se habló del compositor y transcriptor de tanta música, aunque mi admirado Ángel Medina lo hace como nadie en su blog. Surgió una anécdota sobre una «Salve a 8 voces» que ni siquiera recordaba haber escrito y compuesta tras una estancia en Montserrat que le inspiró para poder ofrecerla en Covadonga con la Escolanía y la Schola del Seminario en una proeza coral por entonces (inicio de los años 50), como nos recordó «Sandu».

También tengo mis anécdotas con Alfredo, algunas salieron a la luz pero quiero recordar la gracia que le hacían mis (malas) imitaciones de Chico Marx al piano durante los cursos de dirección coral de Covadonga allá por los inicios de los 80, o sus carcajadas con Les Luthiers, porque Alfredo siempre respetó «La Música», sin etiquetas, pidiendo «los finales piano» aunque tuviese que finalizar con Axuntábense más para regocijo canoro que directorial. Sandúa decía que seguía esperando encontrárselo de nuevo, y es que si «La muerte no es el final«, el recuerdo y la escuela de vida que Alfredo de la Roza nos dejó a tantas generaciones, siempre seguirá vivo.
El viernes «su» Escolanía cerrará esta duodécima edición aunque no estaré para contarlo, pero me consta que tengo su permiso porque la integración social con la música que supone el proyecto Mosaico de Sonidos redime cualquier pecado.

¡Gracias amigo!

Luto musical

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En unos días donde Mahler está presente en mis conciertos asturianos y con «la Biblia española» de José Luis Pérez de Arteaga encima de la mesa me sobresaltaba la noticia de su inesperada muerte la noche del martes 7 de febrero. A lo largo del día las redes sociales (casi todas las fotos que ilustran esta entrada están ahí) de las que no era muy amigo El Pérez como los muy cercanos le llamaban, se llenaron de titulares, testimonios, recuerdos, obituarios y artículos de tantos a los que Pérez de Arteaga iluminó en sus cortos 66 años de vida.

Para los de mi generación llegó primero «su voz» aunque era mucho más que un locutor, al menos no lo que así se entendía, pues comentaba e ilustraba las retransmisiones radiofónicas (y después televisivas) con datos y dotes increíbles uniendo su fino humor e ironía con la capacidad de comunicador y especialmente las entrevistas a los artistas donde daba gusto escucharle hablar en todos los idiomas desde la soltura y sabiduría de un tema que le ocupó más que su profesión de abogado, convirtiendo la afición (formado musicalmente en Londres y Madrid) en toda una filosofía de la vida. Los conciertos de año nuevo sin su voz no volverán a ser lo mismo, siempre me maravillaba las aportaciones doctas y precisas, los guiños en las propinas, la memoria enciclopédica para conocer el nombre de los distintos concertinos y hasta ayudantes de la orquesta más televisiva del mundo. Pero qué decir de las retransmisiones de los PROMS donde nunca se olvidaba de la presencia española si es que la había, y casi le faltaba dar recuerdos puntuales con nombre y apellidos a todas las familias. De Bayreuth, como de los conciertos de la Orquesta y Coro de RTVE retransmitidos y redifundidos, era capaz de «rellenar» siempre documentadamente los descansos incluso con la música apropiada a lo programado, o con grabaciones que ilustraba con sus palabras siempre acertadas y opiniones, como escuchaba decir esta tarde en Radio Clásica, su verdadera casa, al amigo Luis Suñén.

Y desde «su casa de todos» qué decir de los programas que todavía podemos disfrutar, maravillas de esa tecnología algo denostada por él mismo, descubriendo compositores de ahora y de siempre, sacando a las ondas esos archivos sonoros que resultan el tesoro más adorado de cuantos melómanos tenemos en lo público.

El Arteaga escritor me lo encontraba en la parte de atrás de tantos LPs donde el español parecía brillar por su ausencia, y por supuesto en la amplia bibliografía de SALVAT, una editorial con colecciones musicales que son mis ahorros y herencia, donde sus artículos o mano sabia en la dirección (la Enciclopedia de la Música y sus grabaciones siguen funcionando) siempre se agradecía.
Los artículos en las revistas especializadas, que sigo archivando aunque mi señora amenace con encender la chimenea a la vista de su crecimiento, siguen siendo un referente y a menudo consulta obligada, al igual que las colaboraciones en la prensa nacional. Este miércoles tan triste muchos de sus compañeros y colegas están recordándole con mucho más rigor que quien suscribe.

Leer algo de Mahler el siglo pasado nos obligaba a hacerlo en otros idiomas, de hecho tardaron en traducir al español a Henry-Louis de La Grange (Akal Biografías), quien fallecía el pasado 27 de enero. Pero siempre estaba Artega que abrió la veda en Salvat en 1989 animando a otras editoriales, y sobre todo su inconmensurable monografía para Scherzo y Antonio Machado Libros que adquirí como si de una biblia se tratase allá por el verano de 2008. Pude conocerle en persona y saludarle en el Festival de Granada de 2011 trabajando para «nuestra Radio Clásica«. Caminando a su lado, emocionado de tenerle tan cerca, le fui desgranando y compartiendo mis alegrías de Herr Gustav, entre otras muchas musicales, y ya me hacía saber de la edición revisada con la ampliación de las nuevas referencias discográficas que siguen siendo inabarcables incluso recién salido de imprenta.
De la presencia en tantos programas a lo largo del mundo supongo que casi todos estamos informados y la legión de mahlerianos reconvertidos en arteaguianos crece exponencialmente. En aquellos días granadinos inolvidables me lo volvería a encontrar y saludarle como se debía: Don José Luis, Maestro … educado y agradable, humilde como los sabios, cercano y ufano, porque el legado vital seguirá vivo. Sus conferencias eran un placer y conocerle resultó todo un acontecimiento para este discípulo de un Maestro tan admirado y admirable como Pérez de Arteaga. Mahler y también BrucknerShostakovich más Korngold, Stravinski para muchos más, los grandes ciclos y como buen «omnívoro musical» (de nuevo recuerdo a Luis Suñén) siempre respetuoso y capaz de convencernos con sus propios gustos que acabamos haciendo nuestros.
La pérdida es irreparable para todos los melómanos y para este país que se queda huérfano de una bellísima persona a la que todo recuerdo será poco.
Para los creyentes el deseo de pasar a mejor vida, que sea feliz en compañía de todos sus ídolos y Dios le tenga en su gloria… para los agnósticos que la tierra le sea leve, siempre permanecerá vivo en nuestra memoria… así como en las fonotecas, hemerotecas, bibliotecas, donde el saber sí ocupa lugar y La Parca se lo haya llevado tan inesperadamente.
Mi más sincero pésame a su fiel Almudena de Maeztu

D.E.P.

La web de Carmen Yepes

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Mis seguidores del blog conocen muchas de mis «debilidades» y la pianista asturiana Carmen Yepes es una de ellas, quien por fin tiene una buena página web para darse a conocer en las redes, lo que en estos tiempos es más importante que los representantes y los propios «contratadores», normalmente poco buscadores de talentos y más bien acomodados (me gusta decir adocenados) con algunas agencias que parecen aligerarles su trabajo…
Afincada hace años en Madrid, compagina la docencia con sus conciertos, algo que en nuestra tierra es imposible a la vista de una legislación autonómica tan absurda que impide desarrollar ambas actividades expulsando del sistema a unos profesores que precisamente atraen alumnado de toda España por su principal faceta que es la de hacer música. Del CONSMUPA y la convocatoria de nuevas plazas de catedrático mejor no hablamos porque daría para mucho (dejo algunos enlaces por aquí), y es que los políticos parecen no querer dejarse asesorar por los que realmente conocen el tema, algo nada nuevo y así nos va a todos los docentes…

En su web, que se actualiza regularmente, podemos disfrutar de varias grabaciones de audio realmente memorables, de las que presumo haber asistido, así como algunos vídeos, pero puedo asegurar a quien todavía no la haya escuchado que en vivo es aún mejor.
Trabajadora desde siempre, su repertorio (también disponible en la página) es apabullante, variado en épocas y estilos que sigue creciendo. Con un sonido cuidado al detalle y una personalidad que coge quilates entrando ya en su plena madurez, como solista puede alcanzar momentos sublimes y con orquesta, incluso banda sinfónica, es poseedora de una fuerza que le proporciona una gama dinámica amplísima en todo repertorio. Evidentemente por su larga trayectoria docente es una pianista de lujo para la música de cámara más allá del mal llamado «pianista acompañante», pues su musicalidad innata desde sus inicios es versátil dependiendo del instrumento o grupo con quien comparta velada, además de una seguridad y aplomo que agradecen los músicos que cuentan con ella.

Aunque hace tiempo que no actúa en su tierra natal, pero seguimos esperando escucharla en nuestras Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», en algunos conciertos de las distintas filarmónicas (cada vez con menos presupuesto y sobreviviendo a duras penas) o los variados ciclos veraniegos, porque Yepes es la gran representante de una generación de intérpretes que no paran y donde Francisco Jaime Pantín sigue siendo un referente docente para todos ellos.

Carmen Yepes, siempre en permanente formación como excelente profesional, está realizando su tesis doctoral… pero mejor visitar y navegar por su página web para descubrir música desde lo profundo compartida al fin en internet, el mundo sin fronteras donde la globalización no la puede parar nadie.

Lo romántico sublime

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Viernes 27 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 6 OSPA «Arquitectura sonora»: Jesús Reina (violín), Ari Rasilainen (director). Obras de Tchaikovski, Torres y Bruckner.
El profesor y compositor Edson Zampronha, autor de las notas al programa (enlazadas en los autores), nos preparó antes del concierto con una conferencia cercana, emotiva como su propio título «La emoción rompe los límites: la música del alto romanticismo en el final del siglo XIX» donde contagió esa pasión común por tres obras tan distintas pero unidas precisamente por el programa bautizado como arquitectura sonora y resumidas por «el sublime», con referencias filosóficas en cuanto a la subjetividad del oyente desde la oscuridad buscada de la sala hasta el viaje interior que toda escucha supone.

Regresaba nuevamente el finlandés Ari Rasilainen al frente de la OSPA y las obras elegidas nos trajeron buenos recuerdos anteriores de su estilo directorial: una batuta vigorosa, clara y precisa con una mano izquierda completa de gestos variados, atento al equilibrio de dinámicas subrayando siempre la sonoridad puntual tan distinta en las tres partituras, con una orquesta nuevamente reforzada en la cuerda permitiendo recrearse en matices extremos sin perdernos ningún plano. Y es que la calidad también va unida por momentos a la cantidad cuando se controla todo al detalle, algo que los compositores de este sexto de abono iban a permitir.

En pleno cierre de temporada operística carbayona vino muy bien elegir la Polonesa de «Eugene Onegin» (Tchaikovski), tributo local desde lo universal para optar por un aire más rápido del «habitual«, nada bailable y obligando a la cuerda expresiva y técnicamente a darlo todo, mientras la madera y sobre todo los metales, que estarían pletóricos a lo largo de la velada, nos dejaban una versión brillante pero también muy contrastada en volúmenes, claroscuros arquitectónicos que parecían preparar el resto del concierto, también en lo anímico con este explorador de emociones como fue el ruso, jugando Rasilainen con todo el material sonoro llevado a unos extremos siempre controlados.

Jesús Torres (1965), compositor invitado esta temporada (y presente en la sala), es uno de los más destacados de esta generación. Compuso su Concierto para violín y orquesta entre el 26 de agosto y el 29 de diciembre de 2011 por encargo de la Fundación BBVA y está dedicado al violinista Miguel Borrego que lo estrenó el 22/03/12 en el Teatro Monumental de Madrid con la Orquesta Sinfónica de RTVE y Kees Bakels). Analizado en el programa de mano y contado a OSPATV por el propio zaragozano en compañía del solista elegido para este abono, Jesús Reina, este malagueño con recorrido y futuro más que asegurado, afrontó el reto de una obra actual llena de guiños «clásicos» pero sin confrontación con la orquesta, una fusión de lenguajes con especial importancia de la percusión y una plantilla impresionante (3-3-3-3/4-4-3-1/3 Perc. Tim/14-12-10-8-6), para tres movimientos casi unidos en su desarrollo, Dramático, Apasionado y Estremecido, donde Torres construye un universo sonoro agradable desde unas disonancias nunca molestas y buen conocedor de la escritura sinfónica. Obra grandiosa, edificio sonoro que va elevando una partitura muy bien construida donde Rasilainen se mostró un arquitecto solvente y Reina fue perfilando al milímetro esos calificativos de música pura, la delicadeza de un sonido siempre cantabile. Pasajes realmente virtuosos, diálogos potentes con la orquesta en este solista que apuesta por músicas contemporáneas, emergiendo al final de la masa sonora con un pasaje a dobles cuerdas realmente estremecedor, exigentemente lírico para una melodía a dos voces bellísima trazando el remanso tras el poderío de los veinte minutos aproximados de duración.
La propina en línea con lo anterior, música actual con ese aire zíngaro de «violero» recordando sus orígenes populares en los famosos verdiales de su tierra natal en compañía de su padre demostró el buen momento y la musicalidad que atesora este violinista y docente malagueño.

Manteniendo la estructura todavía habitual en muchos conciertos sinfónicos de obertura breve, concierto con solista y una sinfonía histórica, llegaría el esperado y muy programado Bruckner, en cierto modo lógico tras la «moda Mahler» (también presente esta temporada de la OSPA y en Musika-Música del próximo marzo bilbaíno). El universo Bruckner permite disfrutar como pocos del impacto sinfónico siempre del agrado del público, máxime contando con una plantilla para la ocasión y un director que contagió vigor y rigor desde el podio. La Sinfonía nº 3 en re menor (1889), «Sinfonía Wagner» de connotaciones operísticas para seguir con el lirismo arquitectónico del concierto, en la edición del su discípulo Franz Schalk (de las muchas que se han publicado), manteniendo estructura «clásica» engrandece esas lentas melodías dotando de una tensión romántica a esta tercera que la OSPA y Rasilainen fueron construyendo cual catedral sonora neoclásica. Trabajando todas las combinaciones que van dando protagonismo a cada sección, disfrutamos de unos metales que me gusta llamar orgánicos por la referencia bruckneriana en el instrumento rey, no ya el trío de trompetas o de trombones más la tuba, sino un quinteto de trompas en perfecta armonía «cantando un coral» a cuatro voces rebosante de la religiosidad del alemán, en estado de gracia todos ellos (incluyendo el refuerzo «de descanso» que los entendidos comprenderán) y por supuesto una cuerda siempre presente, empastada, de amplia gama expresiva, especialmente en el arranque del segundo movimiento. Buen entendimiento con la batuta que dibujó siempre certera las trazas arquitectónicas de esta tercera potente, vigorosa pero también íntima, casi una reconstrucción (puede que del propio Schalk) del templo sonoro que crece a lo largo de los cuatro movimientos en altura emocional de dibujo sencillo y efectivo por el uso de silencios subyugantes dejando flotar el sonido, y fortísimos contrastantes además de contundentes, especialmente en los graves, y unos pizzicati redondos por lo presentes. Tal vez faltase un poco más de emoción pero nunca claridad en el juego de volúmenes ni sensibilidad en esas melodías infinitas.
Esperamos que el maestro Rasilainen vuelva en un futuro no muy lejano porque su trabajo siempre resulta del agrado de todos, aunque el patio de butacas siga con muchas vacías, perdiéndose conciertos pensados para el respetable.

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