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Balances y avances

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Ya finalizando julio, donde todavía queda mucha música, y antes de «cerrar» por vacaciones, me gustaría hacer un balance rápido de la temporada que finaliza, siempre muy rica en Oviedo donde somos privilegiados de contar con una oferta de primera en cuanto a cantidad y calidad.
Quiero comenzar comentando la celebración de las Bodas de Plata de «nuestra» OSPA, aunque sus orígenes, como así se recordó en el último concierto, sean republicanos y todavía haya algunos maestros vivos de unos orígenes que han mantenido una orquesta histórica en nuestro Principado. Como viene siendo «norma» se ha optado, como la mayoría de orquestas españolas,  por una programación que aúna repertorios «imprescindibles» para público y músicos, con obras menos habituales donde no faltaron los estrenos. Igual que en botica o en grandes almacenes, hubo de todo, si bien lo nuevo al carecer de referencias en nuestro recuerdo o memoria auditiva, hace más difícil juzgar las interpretaciones. Me preocupa la poca asistencia en el auditorio incluso de abonados habituales, desconociendo las razones, aunque pueda intuirlas.

El titular, que tampoco dirigió muchos programas, ha ido desencantándonos a muchos y de algunos desaguisados mejor no hablar porque ya está reflejado en su momento. Me quedo con la apuesta que ha supuesto Link Up, cuatro años y preparando el quinto, en cuanto a movilizar a más de veinte mil escolares asturianos para hacer música juntos, labor didáctica y de futuro que no podemos perder si deseamos un siglo XXI con nuevo público que entienda y disfrute de la música en general y la sinfónica en particular. De los 16 conciertos de abono en la capital, parece haberse aparcado la idea gastronómica y pediría más publicidad para las conferencias en colaboración con la Universidad de Oviedo por lo que suponen de acercamiento al concierto posterior, mucho más que las notas al programa (este curso se han recuperado las revistas que siguen siendo necesarias aunque los costes aumenten el siempre ajustado presupuesto). Se ha mantenido al maestro Lockington de principal director invitado así como otras batutas conocidas con resultados desiguales, a los que sumar una larga lista de solistas invitados donde no han faltado los primeros atriles de la OSPA, apostando por los de casa que no desmerecen nunca. No quiero olvidarme de la aportación a la temporada de ópera que pese a privarnos como abonados de una continuidad en la temporada, es la «financiación asturiana» a la segunda temporada más antigua de España y pone el nivel alto en un foso compartido con la OFil.

Del ciclo Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» globalmente todo un éxito en cantidad y calidad, 19 conciertos más el de Lang Lang fuera de abono, apostando sobre seguro con figuras que aseguran llenos frente a otros que «equilibran» una oferta que supone no ya un atractivo cultural de primera sino enriquecer nuestro «Paraíso Natural» y generar un tejido económico que aún debe explorarse más a fondo. La Oviedo Filarmonía, además de su participación en las temporadas de ópera y zarzuela, supone el ropaje ideal para cantantes y solistas que van conociendo la madurez y flexibilidad de una orquesta originariamente «de foso» pero creciendo con los años, aunque nuevamente la titularidad parezca distanciarse de lo que cualquier melómano desea para una orquesta como la ovetense.

Tanto la temporada de ópera como la de zarzuela han ido ganando públicos jóvenes, espantando a los «conservadores» que desean figuras mundiales, con las que no podría mantenerse el actual nivel, apostando también por repartos «noveles» que también sirven de aprendizaje con las voces principales aunque siempre echamos de menos algunas, siendo algo preocupante constatar cierta continuidad en algunos de los elegidos que no van parejos a la «calidad» esperada, echando de menos otras que parecen olvidadas para las temporadas carbayonas cuando no desaparecidas, mientras algunas hacen dobletes en el Campoamor.

De los gestores supongo que daría para mucho, algo como con el fútbol y el seleccionador, pero intuyo que cierta «comodidad» da la impresión de evitar buscar, optando por castings cerrados donde hay de todo. Como subida al carro que en cambio ha resultado muy positiva, en este caso con el CNDM el ciclo «Primavera Barroca» plenamente asentado y con público fiel además del joven al que esta música parece llegarle mejor que la sinfónica, con un avance para 2017 que promete mantener alto el listón, sin dejarme en el tintero el Ciclo de Música Sacra «Maestro De La Roza» que llena Noviembre de músicas e intérpretes singulares y este otoño llegará a su décima edición, todo un hito que demuestra el trabajo bien hecho con mucho amor por la música a pesar del poco dinero con que cuentan, pero el público se ha volcado y «algo tendrá el agua cuando la bendicen«.

De la Temporada 2016-17 ya conocemos fechas, intérpretes y autores, comenzando por la OSPA (que estará en el FIS el próximo 1 de agosto), arrancando el 14 de octubre con 15 conciertos de abono que traerán nuevas batutas además de las conocidas como Bayl, Rasilainen, Rubén Gimeno, J. R. EncinarVíctor Pablo Pérez que es casi de casa, junto a Oliver Díaz o Pablo González (que estrena la figura de colaborador artístico) y solistas de casa como Andreas Weisgerber, Maximilian von Pfeil o Juan Barahona, además de Leticia Moreno, Jesús Reina o Ning Feng, más los «aportados» por directores que trabajan con otras formaciones y nos «descubren» figuras que triunfan en otros escenarios, también al otro lado del charco, nuevamente con repertorios equilibrando novedades y tradición, destacando los compositores españoles Jesús Torres, Marcos Fernández y Consuelo Díez junto a Mason Bates en contraposición a la interpretación de la novena sinfonía del avilesino Ramón de Garay (1761-1823), un clásico que en La Villa del Adelantado llevan años recuperando.

Mención especial para los 20 Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» que harán volver a Oviedo los grandes Sokolov, Volodos, Pogorelich además del «debut» de Martha Arguerich en la capital junto al último triunfador de Santander, Juan Pérez Floristán, además de «las mezzos divas» Bartoli y Di Donato, también conocidas en Oviedo, sin perder de vista los «fichajes» de Bryan Terfel y Piotr Beczala con la OFil, así como Nathalie Stutzman en la batuta… porque 125 años del Campoamor no podían olvidarse de las figuras actuales aunque sean en recital, sin olvidarnos de formaciones y solistas de primera (Akademie für Alte Musik de Berlín, Orfeus Chamber Orchestra con Alisa Weilerstein, Renaud Capuçón o el nuevo espectáculo de Daniel Hope, así como el Cuarteto Brodsky con la Sinfónica de Guanajuato) que traerán a Oviedo melómanos llegados de todas partes.

Y es que la temporada del coliseo carbayón sigue su línea, ópera y zarzuela con las dos orquestas en foso y dos coros solventes como el propio de la ópera (con Elena Mitrevska de nueva directora) más la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo». Aún no conozco el próximo festival lírico, recién finalizado el actual pero sí la LIXX Temporada, con un estreno nacional, Mazepa de Tchaikovsky combinado con los «imperdibles» Mozart, Verdi, Bellini y Gounod, volviendo a los viernes jóvenes donde los repartos de «cover» siempre preparados para cubrir bajas inesperadas, tienen su protagonismo. Los años anteriores he intentado no perdérmelos por el aire fresco y calidad que los «primeros repartos» no siempre tuvieron. Gijón se ha sumado a la oferta y esperemos continúen las entradas de última hora ¡a 15€! y las proyecciones en pantalla gigante que están llevando la lírica a lugares y públicos que probando seguro repiten en vivo, algo constatable por quien suscribe.

También haremos escapadas puntuales como a la vecina y cercana León donde el órgano Klais de «la Pulchra» seguirá sonando muchos jueves antes del sabatino vermut madrileño, además de conciertos gratuitos donde el pago es el peaje del Huerna y la cola obligada, pero están a poco más de una hora, así como la fiesta del Euskalduna bilbaino. Continuaré jugando todas las semanas a la Primitiva porque mi ilusión es viajar con la disculpa de la música, aunque con ella podamos hacerlo sin movernos de casa.

Seguimos con gobierno en funciones y hay dudas sobre la magnitud de los «obligados» recortes donde la cultura seguida o unida a la educación parecen estar en primera línea de fuego, así que viendo el curso que se avecina, toquemos madera y digamos aquello de «que me quede como estoy». Mientras tanto, a disfrutar de agosto y hasta la próxima…

Vamos cerrando curso en Mieres

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Sábado 4 de junio, 20:00 horas. Auditorio Casa de Cultura, Mieres. «Conservatorio EM Concierto».
El mes de junio supone ir cerrando curso y temporadas, y Mieres quiso celebrarlo con el alumnado de su Conservatorio y Escuela Municipal de Música nada menos que en el Auditorio compartiendo con todos el enorme esfuerzo que supone a todos ellos dedicar su tiempo al noble arte musical en sus distintos estilos e independientemente de sus expectativas, pues aquí cabe desde el futuro concertista hasta el adulto que desea ocupar las tardes cantando, las enseñanzas regladas y las de la ciudadanía que opta por una oferta de ocio muy enriquecedora en todos los ámbitos.
La respuesta del público fue excelente y los artistas cumplieron sobre las tablas como si de un examen final se tratase, dando lo mejor de ellos, pasando a detallar las actuaciones y agradeciendo al Ayuntamiento y al Conservatorio local con su director Roberto Serrano al frente, seguir apostando por la música como un bien cultural irrenunciable.

Reyes Duarte nos trajo al Corín con dos temas conocidos, Fields of Gold (Summer – Emerson) y Color Esperanza (Coti Sorokin – Diego Torres) con el piano de la profesora Verena Menéndez (que apenas se tomaría un respiro) para agrupar voces infantiles desde temprana edad hasta los 14 años (ahí estaba entre otras mi alumna Olaya Díaz Martino), la cantera coral pero sobre todo el trabajo en equipo. Cantaron, se movieron y nos contagiaron su alegría.

Sara Vera Kozel Álvarez es una alumna modelo de mi Instituto de «El Batán» que además de 2º ESO estudia flauta travesera, y con Verena al piano nos interpretó la Gavotte op. 69 (Ernesto Köhler) demostrando su enorme progresión como artista además y la enorme capacidad de trabajo para ser brillante en todo lo que hace. ¡Mi enhorabuena a Sara!

La guitarra goza de buena salud y los alumnos Jorge Menéndez Estrada y Lucía Castilla Fernández, con el apoyo de su profesor Tom, interpretaron los arreglos para este trío de The Entertainer (S. Joplin) y la famosa Manha de Carnaval de «Orfeo Negro» (L. Bonfá) con la cálida voz de Fátima Álvarez Arbas.

El sexteto Vox Junior va haciéndose «senior» pero siguen uniéndose para cantar, de nuevo con Verena, en dos temas muy distintos, el arreglo de Mac Hugg Someone like you (Adele Adkins y Dan Wilson) y la popular serbia Niska Banja, donde las palmas añadieron el toque alegre además de demostrar qué bien siguen empastando estas voces con repertorios actuales.

Manuel Cuesta Muñiz nos dejó impresionados con su violín, musicalidad y un arco que funciona a la perfección como lo demostró con Perpetual Motion (Suzuki) y el acompañamiento de su profesor, diferenciando para muchos entre «serruchar» y tocar, pues además de una buena educación también se necesitan dotes que este jovencito ha demostrado con creces comenzando un largo camino en el difícil terreno de los instrumentos de cuerda frotada.

Siguieron cayendo tópicos y Raquel Mayordomo Álvarez nos dejó una Lectura a primera vista a la batería sola con ritmo puro y pulsación mantenida, además de sacar a los parches múltiples matices. Los instrumentos de percusión también tienen su sitio en los estudios musicales, siempre desde la seriedad en el trabajo y partiendo de la lectura que hoy en día es necesaria para cualquier músico que se precie, nada de tocar de oído o por mera imitación. Un buen ejemplo y además con una chica.

El Coro de la Escuela de Música con Reyes Duarte sigue funcionando y trabajando semanalmente para afrontar compromisos en toda la geografía, y pese a la dificultad de contar con toda la plantilla por distintas razones, nos dejaron dos temas conocidos y agradecidos para todos: la armonización de Coello del The lion sleeps tonight (Weiss, Peretti, Creatore) y Estremécete de Los Llopies en arreglo de la directora y la pianista habitual, incluyendo coreografía para ambos, repertorio que diferencia a los coros y acercan al gran público canciones de siempre desde la armonización vocal.

Todavía quedaba la Sorpresa de Arturo Menéndez-Baquero García, batería que lleva en los genes como su padre dando una lección de jazz con un contrabajista que desconozco su nombre, gusto, matices, swing innato, nada de machacar la percusión o limitarse a marcar el pulso sino coprotagonizar un dúo con gusto.

El fin de fiesta lo pondría la Big Band del Conservatorio EM Mieres, dirigida por el saxo Miguel Iglesias, con tres temas variados para disfrutar del sonido propio de estas formaciones con las secciones de metales (saxos, trombones, trompetas) y rítmica al completo (guitarra eléctrica, bajo, piano y batería): el arreglo de Roger para The Girl from Ipanema y Skylark (Carmichaelarreglo de Jerry Nowak), ambos cantados por Fátima, más Critical Mass (Jeff Jarvis) para el último empujón marchoso de un concierto variado como punto final a un curso 2015-16 que remata una temporada donde los músicos nunca tienen vacaciones.

Como suelen decir algunos, no es una amenaza pero el próximo año volverán…

Rugen los motores de seda

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Viernes 27 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 15 OSPA: «Cuaderno de viajes III», Bella Hristova (violín), David Lockington (director). Obras de Mussorgsky, Piazzolla y Chaikovski.

Penúltimo concierto de la temporada con una OSPA perfectamente engrasada y un Lockington que sabe sacar todo el partido a esta maquinaria instrumental, conduciendo con seguridad, pisando a fondo hasta hacer rugir los motores, dejando fluir la música con unos solistas en forma tras una larga temporada pero que afrontan el final en momento óptimo, con otro cuaderno de viajes universal pese al itinerario ruso y escala argentina, pues comenzó hechizándonos para ubicarnos en mi Buenos Aires querido, bien recordado por el profesor Julio Ogas en la conferencia previa, última del curso, amena e ilustrada con «El tango: antes y después de Piazzolla», así como las notas al programa (enlazadas en los autores arriba), devolviéndonos a un Dante universal con acento ruso.
Como si de un mundial automovilístico se tratase, tres circuitos de distinto trazado para un vehículo sinfónico que cumple 25 años de escudería adaptándose cada temporada a los variados recorridos, capaz de agarrarse al duro asfalto sin perder potencia, circular como la seda apenas sin virajes bruscos para disfrutar del paisaje, y alcanzar la meta pisando a fondo seguros, sabedores que ya está todo decidido a la espera de la última vuelta triunfal, que será la próxima semana con el conductor oficial en un «Cuaderno de Viajes IV» cerrando las bodas de plata por todo lo alto.

Una noche en el Monte Pelado de Mussorgski en el arreglo que engrandeciese Rimski Korsakov en 1867 supone poner a prueba todo el arsenal sonoro para un poema sinfónico de aquelarre tímbrico en siete cuadros bien armados por Lockington, preciso en todos, dando carta blanca al lucimiento de todas las secciones sin forzar los tiempos pero acelerando con suavidad conocedor de la respuesta inmediata de los profesores de la orquesta, sin frenazos bruscos, dejando fluir un motor con potencia nunca desbocada pero buscando los límites, banda sonora colorida para unos lienzos «ténebres» mejor que lúgubres, plateados, brillantes incluso en las sombras, emoción e impacto antes del esperado Amanecer.

La copiloto que nos llevaría a Las cuatro estaciones porteñas (Piazzolla) sería la violinista compatriota de nuestro titular Milanov (con quien comparte muchos conciertos y esta misma obra la semana pasada con la Columbus Symphony Orchestra), Bella Hristova, búlgara universal como Don Astor y afincada en los Estados Unidos, artista invitada que se desenvuelve en todos los terrenos y compositores al mando de un histórico Amati de 1655 del que saca la intención además de la música del original bandoneón, esta vez con el acompañamiento de una cuerda casi camerística que hizo del viaje sonoro un placer pese a la enorme dificultad que plantea ajustar cualquier partitura de Piazzolla, mayores cuando el quinteto es orquestal de arco y sin piano. Los guiños a Vivaldi de esta adaptación (ausente el clave ni alternancia con las italianas) sonaron claros con la complicidad de los cinco solistas, destacando el cello «otoñal» tomando la voz cantante equiparable en calidad y belleza a Hristova pero sobre todo el otoño, arrabalero y Pantaleón al completo. Lockington intentó no perder un acento lunfardo que faltó aunque el esfuerzo tímbrico se alcanzó pero la rítmica es complicada y no puede plasmarse en una partitura, es el tango que no levanta los pies del suelo como nos contaba Ogas, menos espectacular y más profundo, con las cuerdas hirientes, percusivas, rítmicas, rotundas o aterciopeladas dependiente de la estación, finalizando en ese verano que coincide con nuestro invierno, juego de hemisferios y grandeza de absorber lo culto hasta lo popular para devolverlo con la marca Piazzolla.
Agradecida la violinista nos dejó propinas también de dos mundos: Ratchenitsa, una danza de su país con virtuosismo popular de aires zíngaros y el padre Bach con el inicio de su Partita nº 2 en re menor, BWV 1004, nada hiriente e íntima, contrapuesta al desparpajo de su tierra.

Para el derroche final nada menos que el poderoso Tchaikovski, el sinfónico de su Francesca da Rimini, fantaisie d’aprés Dante op. 32 (1876), el melodismo característico, la orquestación en todas sus combinaciones para disfrutar calidades solistas y entendimiento con el podio, todo bien marcado dejando volúmenes mayores de los habituales pero necesarios y casi terapéuticos para desfogarse. Nuevamente poderío en los metales que siguen empastados y orgánicos, cuarteto de trompas, de trompetas, trombones con tuba junto a la percusión segura alcanzando el clímax de apoteosis casi «infernal» y dantesca (castigo de lujuriosos siendo su pena ser atormentados continuamente por vientos crueles en un ambiente oscuro y sombrío) con el resto, pero las calidades de seda en la madera, momentos mágicos de belleza (mientras un alma decía esto, la otra lloraba de tal modo que, lleno de compasión, yo desfallecía como si muriera y caía como cae un cuerpo sin vida) en los diálogos oboe y flauta, clarinete y fagot, combinaciones y permutas de todos ellos sumándose un corno inglés aterciopelado con perlas de arpa. La cuerda siempre la cito como seña de identidad pero esta «Francesca y Paolo» volvió a corroborar la orquesta al completo derrocha calidad y musicalidad, Lockington lo sabe y el público lo agradeció. Sus visitas son unánimemente bien acogidas y programas como este penúltimo ayudan a soltar tensiones, una verdadera terapia.

Formando pianistas

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Martes 17 de mayo, 20:00 horas. Salón de Actos, Casa de la Música, Mieres: David Sánchez Álvarez (piano). Obras de Mozart, Debussy, Scriabin y R. Schumann.
Organizado por el Conservatorio de Mieres, más la Concejalía de Educación y el Ayuntamiento de Mieres, el joven pianista ovetense David Sánchez se presentaba en Mieres (unos días antes en Llanes) preparando el fin de curso y fogueándose con público variado (profesores, alumnos y aficionados), con un programa difícil en la recta final de sus estudios de interpretación y pedagogía del piano del CONSMUPA tutelado por la profesora Teresa Pérez Hernández.

Con un amplio currículo y una trayectoria tanto de solista como en música de cámara que dejo aquí y en una formación que nunca se acaba, David tiene por delante un futuro prometedor, siendo los conciertos parte de una experiencia necesaria que todos los estudiantes deben afrontar, vencer miedos e inseguridades, sentirse cómodos con un instrumento que nunca es el mismo, esforzando la memoria sin apoyos en la partitura delante, adaptación a las temperaturas de la sala y tantos factores que los concertistas tienen en cuenta en cada salida al escenario.

Las obras elegidas todas ellas exigentes, de estilos cercanos en el tiempo de su escritura pero totalmente variadas: el siempre clásico y «traicionero Mozart» de la Fantasía en do menor, KV. 475 que fraseó con limpieza y fuerza, amplios contrastes de volúmenes para una forma extensa con distintos movimientos continuados (Adagio – Allegro – Andantino – Più allegro – Tempo I) que permite condensar muchas técnicas sin perder el inimitable sabor del genio salzburgués; el impresionismo francés de Debussy con los tres números  con dedicatoria de «Pour le piano«, maravillando unos pedales ajustados para crear ambientes sin perder claridad en las manos, un Prélude de potencia, la reposada Sarabande y la enérgica Toccata, cerrando el primer bloque nada menos que el Estudio op. 8 nº 12 de Scriabin, el mago ruso emulando los homónimos de Chopin pero elevado a cotas supremas que requieren un esfuerzo global por parte del intérprete mucho más allá del virtuosismo supuesto.

El romanticismo de Schumann con su poco escuchado Carnaval de Viena (Faschingsschwank aus Wien) op. 26 llenó la segunda parte, cinco números que presentan el lenguaje pianístico del alemán complejo de dedos, dinámicas amplias, expresión extrema que necesita madurez y trabajo para sacar a flote los distintos motivos pero también los detalles nunca accesorios, con rubatos adecuados, ataques seguros, mano izquierda marcada y todo el material que un pianista trabaja desde siempre. Allegro, poderosamente rítmico; Romanze, serenidad para un ambiente interior; Scherzino, juguetón y saltarín, sincopadamente claro y contrastado a la vez que preciso para ambas manos; Intermezzo, virtuosismo de arpegios envolviendo una melodía siempre presente desde la fuerza contenida; y el Finale, enloquecido, brutal de velocidad y expresión, verdadero mazazo físico y psíquico, remate brillante a los cinco movimientos que conforman estos lienzos sonoros de un compositor obsesionado con la técnica pero con profundidad expresiva que el tiempo ayudará a madurar en las manos y talento de David Sánchez Álvarez. Mucha suerte en este fin de curso y ánimo porque el camino es largo, contando con una familia que le apoya así como un profesorado guiándole en la dirección correcta. Más no se puede pedir y sabe que en el Conservatorio de Mieres siempre será bien recibido.

Mieres orgulloso de su Banda

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El pasado domingo 1 de mayo en el Auditorio «Teodoro Cuesta» volvimos a escuchar a la Banda de Música de Mieres esta vez con el Coro IES María Guerrero de Collado Villalba, uniendo lazos con otras agrupaciones que conforman el acerbo cultural diario de localidades que no siempre tienen acceso a los grandes auditorios a la vez que forman y encauzan aficiones. A través de coros como el de este instituto del que forman parte profesores, alumnos actuales y antiguos, padres… o bandas de música como la de Mieres que ha sacado del olvido parte de la historia local, acercando jóvenes y veteranos de varias partes de Asturias hasta la cuenca minera han vuelto a demostrar que la unión hace afición, que los valores de cooperación siguen vigentes, que el altruismo cultural sigue vigente, y además con el reconocimiento del pueblo que continúa acudiendo a sus conciertos, algo hasta hace poco considerado de extraordinario.

El coro que dirige la argentina Carina Brezzi (1967) no pretende más de lo visto y escuchado: el amor por la música uniendo generaciones y llevando el nombre de Collado Villalba y del instituto desde 2003, supongo que con todos los cambios de plantilla habituales en coros de este tipo, además del sacrificio que supone dedicar «tiempo libre», más del que muchos se creen, a preparar repertorios como el que trajeron a Mieres, agradable, variado y con música popular de todo el mundo. Desde la Canción de cuna costera (Linares Cardozo) con acompañamiento a la guitarra del «profe de Francés» evocando la patria de la responsable coral, la gallega y triste Lela (Alfonso Daniel Rodríguez Castelao) con algunos problemas de afinación, la coreografiada por coro y público Ipharadisi, con el ritmo al cajón del citado profesor, un tema popular sudafricano agradecido de cantar y compartir, el conocido Hallelujah (Leonard Cohen) con el profesor de música al teclado (supongo que no sea su instrumento habitual) y que en Mieres han cantado varias veces el coro local que dirige Reyes Duarte, para finalizar también con el conocido y bellísimo Dirait On (Morten Lauridsen) una vez resuelto el cambio de tono anterior en el teclado. Esfuerzo plausible pero exigencia de buscar siempre calidad, así como un consejo de veterano para Carina: la tranquilidad se transmite, hay que tener claro el tono del coro antes de arrancar, y por supuesto mejor parar y comenzar de nuevo que seguir mal, decisión correcta que seguramente muchos de los presentes ni se percataron.

Por supuesto cantar con el acompañamiento de una banda es mucho mejor para cualquier coro, y así cerrarían el concierto, aunque lo comentaré más adelante.

La Banda de Música de Mieres lleva desde 1991 luchando contra los elementos por recuperar una historia que incluso ya tiene su estudio con la tesis doctoral a cargo precisamente de uno de sus componentes, el profesor, doctor en Musicología y timbalero José Ramón Vidal, y que con el murciano Antonio Cánovas Moreno (1979) está consolidándose desde su llegada al podio hace ocho años como una joven agrupación de calidad, especialmente apostando por repertorios que conjugan tradición y modernidad, madurez y futuro aplaudiéndoselo como aficionado y profesor, puesto que el mundo de las bandas tiene en esta época un resurgir global con obras adaptadas a las plantillas y que con los ensayos bien aprovechados consiguen triunfar allá donde se lleven, como sucedió este primero de mayo. Aún en mi recuerdo el anterior «concierto de primavera«, las obras de entonces resultaron más trabajadas, empastadas y hasta impactantes, asentadas y asumidas con verdadero convencimiento por todas las secciones que cuentan con solistas excelentes, dando una dimensión de grandiosidad que el público premió con merecidos aplausos.

Desde el pasodoble Marta Agustín (Pere Sanz Alcover, 1975) valenciano como la horchata y con un trompeta de postín hasta el arreglo del holandés Johan Meij (1953) de Star Wars Saga (John Williams) plenamente americano, que con la selección de números del oscarizado compositor en esa adaptación para banda por parte del holandés, referente mundial en el nuevo repertorio, los músicos de Cánovas sonaron sinfónicos. Y otro tanto podemos decir del difícil y complicado Danzón nº 2 (Arturo Márquez, 1950) en arreglo de Oliver Nickel, otro compositor a tener en cuenta como así se encargan estos directores siempre al día en obras, conocedores de la materia prima con la que trabajan, dejándonos una interpretación de calidades superlativas donde quiero destacar a la pianista y a toda la sección de percusión por ser sustento obligado del resto, haciendo ilusionarnos a todos los melómanos y seguidores de nuestra banda.

Las dos obras con el coro fueron la mejor forma de unir y confluir, el arreglo del galés John Glenesk Mortimer (1951) del tema principal de la película 1492: The conquest of Paradise (1992) del griego Vangelis (1943), con un Cánovas escrupuloso en los matices para dejar protagonismo a las voces madrileñas cuando aparecían, sin olvidar la riqueza tímbrica de la propia partitura, y sobre todo el Gospel Train (Norman Tailor), «poutpurri» de espirituales negros sencillos de cantar, excelentemente orquestados y broche sinfónico-coral que levantó de nuevo al público de sus asientos para vitorear esta fiesta musical de un día señalado en el calendario.

Solo pedirle a Ramón Hernández, presidente de la AMAM, que sus notas podrían acompañarse como programa, evitando sus largas exposiciones de presentación de temas y formación (por otra parte sí incluidas en unos programas poco manejables pero completos).

La samba movió a la juventud

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Cuarto año del proyecto LinkUp que la OSPA ha traído desde el Carnegie Hall neoyorkino y su «Weill Music Institute» de la mano de Rossen Milanov hasta el Auditorio de Oviedo, y exportándose después a otras comunidades como Navarra, al igual que en EE.UU. cada vez más estados se suman al mismo e incluso en otros países, un proyecto que hasta ahora lleva tres monográficos, si bien se rehacen y adaptan cada temporada al español, por lo que «La orquesta se mueve» de este 2016 podríamos decir que es la versión 2.0 de un ciclo pensado para alumnado desde Primaria hasta Secundaria, donde he participado con mis alumnos de primer ciclo (1º y 2º ESO) del IES «El Batán» de Mieres desde la primera en 2013.

Tres días (pues los dos previstos se completaron rápidamente nada más abrirse el plazo de inscripción) con doble función matutina a las 10:30 y 12:00 movilizando más de seis mil estudiantes y cuatrocientos profesores de casi 100 institutos y colegios asturianos, con unos materiales de calidad que nos proporcionan para esta fiesta musical. Nosotros acudimos al «estreno» del pasado miércoles 27 de abril en la primera función, siempre una incógnita cómo responderían todos, pero nuevamente la emoción marcó ya la salida en los dos autobuses tras un trimestre largo de trabajo en el aula con todo el repertorio. Si hasta entonces los compañeros comentaban cómo salen del aula cantando de las clases, el día importante había llegado, incluso ensayando con sus flautas para ir calentando.
Auditorio lleno de ilusiones, la orquesta calentando motores, la gran pantalla con pasatiempos musicales y con Gustavo Moral de maestro de ceremonias arrancaba este concierto único donde todos participan de él.

Cuenta atrás y afinación orquestal, seguida de las flautas y con el «vecino equipo habitual» formado por Sonia de Munck (soprano), Elena Ramos Trula (soprano) y Julio Morales (tenor) comenzaba el propio concierto lo que podemos llamar el «Himno LinkUp», el único tema que se repite, Ven a tocar (Thomas Cabaniss). Después vendría el «Can Can» de Orfeo en los infiernos (J. Offenbach) con dos jóvenes bailarinas intentando sumar a Gustavo mientras los diferentes sentidos de «mover» que tiene la música en este programa.

El Danubio Azul de J. Strauss hijo tiene una letra mejorada del primer año, por lo que el alumnado opta por la melodía conocida cantada con Sonia, o directamente en flauta, por las contestaciones instrumentales y sobre compartir todo con la OSPA bajo la dirección de su titular Milanov que optó por un tiempo más lento que el ensayado en el aula con una base solamente de piano, aunque el ritmo ternario la juventud ya lo tiene bien asimilado.

Como hace cuatro años el momento más emotivo es el «Nocturno» del Sueño de una noche de verano (Mendelssohn) transportado para poder interpretarlo con las flautas dulces, dos niveles de dificultad (pues el tercero lo tendrían los excelentes trompas de la OSPA), luces atenuadas y más de mil flautas disfrutando y compartiendo partitura con los profesionales, incluso mandando sobre ellos, porque ¿quién sujeta el ímpetu? Milanov hizo diabluras para hacer posible lo imposible y todo acabó encajando.

La obertura de Las bodas de Fígaro (Mozart) puso a prueba la velocidad en los músicos para un imaginario récord así como el necesario aprendizaje de participar con la escucha. Está bien «engañar» con un minutaje de 4:20 inferior al real y el empuje del animador Gustavo a la cuerda.

Uno de los momentos más esperados por el alumnado es el conocido «Toreador» de Carmen (Bizet) con «Escamillo Morales» nunca tan coreado como aquí. El francés no supone dificultad (aunque los americanos hacen su versión en inglés), la respuesta se convirtió en coprotagonista por el ansia contenida con la obertura operística mozartiana y la chaquetilla pequeña, sin necesidad de montera, acabó cual muleta para «torear» a Gustavo, con las sopranos unidas al coro escoltando a los «primeros espadas» con bellos abanicos.

Pese al arduo trabajo previo de preparación para saber escuchar a Beethoven y su Quinta Sinfonía en do menor, op. 67 (sólo el primer movimiento), está visto que los gustos de los chavales cambian y tras el triunfo hace cuatro años este no fue igual para ellos, pese a la interpretación bien llevada por la OSPA con Milanov, supongo que estar más de cinco minutos parados es algo imposible para esta generación. Seguiremos buscando fórmulas para alcanzar el placer de escuchar en una sociedad más bien «sorda» donde ni siquiera conseguimos dialogar en orden.

Distinto fue el otro tema de Cabaniss, Lejos vuelo con una coreografía muy ensayada en la parte central, uniéndose casi todos a la voz de Sonia quien con todo el «equipo» marcaron igualmente los pasos a un auditorio que daba gusto contemplar en movimiento acompasado con un tema muy actual de orquestación.

Pero el fin de fiesta fue realmente apoteósico, Vaudí y sus percusionistas entraron a ritmo de samba, levantando el jolgorio y contagiando el calor brasileño de Rio de Janeiro en Cidade Maravilhosa (André Filho), sumándose la orquesta y Elena luchando por afinar con todo el auditorio totalmente revolucionado cantando en portugués con la misma facilidad que en francés o español.

Recopilación musical cual trailer recordatorio de cabo a rabo con Gustavo y todos los músicos participando para poner rumbo al «insti» en perfecto orden. Aún quedaba otra función ese miércoles más las cuatro siguientes. De nuevo la música preparando y formando, cultura educativa aunque WERTgonzosamente «olvidada» al relegarla como en mi adolescencia al grupo de «marías» del que han sacado la «Religión» equiparada a «Valores éticos». No suelo ver políticos en los conciertos por lo que tal vez deberíamos organizar un «LinkUp» para ellos y comprobasen que la educación integral no es la que aparece en leyes no consensuadas.

Al menos en Asturias seguimos «conectados» y como este año, «La orquesta se mueve» con el alumnado, volvimos cantando, contentos, una experiencia que no acaba aquí porque hasta junio queda curso, y como se decía en los antiguos campamentos de verano, «esto sigue en vuestras casas».

La esperanza es lo último que se pierde y la música hace más llevadero nuestro quehacer diario. Soy feliz y disfruto dedicándome a lo que me gusta, la docencia y la música, pero las canas no salen solo por los años.

El laúd con alma

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Miércoles 27 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara: III Primavera Barroca: José Miguel Moreno (laúd barroco), Ars Melancholiae. Obras de Sylvius Leopold Weiss (1686-1750), Charles Mouton (ca. 1626-ca. 1699), Johann Gottfried Conradi (?-1747) y David Kellner (1670-1748).

Un concierto distinto donde escuchar a José Miguel Moreno (Madrid, 1955) hablar de las obras y sus compositores es toda una lección (y eso que dio una conferencia previa) donde la música de laúd resulta perfecto complemento de la palabra. El apellido Moreno es sinónimo de magisterio y arranque en la recuperación de la llamada «música antigua» además de verdadero referente para una nueva generación de intérpretes españoles que están consolidados a nivel mundial, como los hermanos Zapico de Forma Antiqva que este viernes 29 de abril debutarán nada menos que en Canberra (Australia) tras pasar por este mismo escenario y ciclo el pasado domingo, a quienes José Miguel Moreno también recordó.

Personaje peculiar y especial, no muy dado a entrevistas aunque dejo enlazada la realizada por Mario Muñoz Carrasco para la Revista Sineris hace un par de años, pues refleja a la perfección su pasión y profesión. Citaba a Couperin (Lo que me sorprende está bien, pero prefiero lo que me conmueve) antes de abordar a Mouton diciendo que como él, prefería la música que conmueve a la que sorprende, y su recital tuvo mucho de melancolía (como en las notas al programa) más que de sorpresa, pues las obras las ha dejado para la historia en disco compacto, una época donde siendo con su hermano Emilio propietario del sello Glossa, podían permitirse grabar lo que querían sin imposiciones ni comercialismos. Algo que los melómanos agradecemos porque nos hubiésemos perdido obras tan bellas como las escuchadas en vivo, con un ambiente familiar, poco público donde no faltaron maleducados que se fueron en medio de una obra, apertura de caramelo que rompía una escucha casi terapéutica, toses «opinando» ¿inconscientemente? que una hora de música de laúd parecía demasiado (supongo que no pasarían por taquilla o desconocían el contenido), y donde todavía pudimos escuchar tres propinas del francés Ennemond Gaultier «El viejo» (c. 1575-1651), de la estirpe Gaultier como Jacques o Denis, tras una velada que el propio José Miguel calificó como «música del alma».

Puede que el músico madrileño no esté en su mejor momento interpretativo (pues el vital demostró seguir joven confesándonos su nueva paternidad hace dos años que parece haberle devuelto el ímpetu), tal vez falte limpieza en algunos ornamentos, puede que también más pulsación en pasajes concretos, aunque sus pianísimos sigan cortando el aire, incluso que la selección de obras careciese de danzas más movidas optando por las íntimas y tranquilas, cuando no excesivamente reposadas, en pos de esa intención de relajación y disfrute sin más.

Pero nadie puede negar que sobre todo en la Suite en la mayor de Conradi «el gran desconocido», nos contagió su entusiasmo por compartir vida y obra de alguien que hasta se planteó fuese músico o compositor de lo escuchado… Cosas curiosas que nos cuenta el Maestro.

Algo parecido con la Chaconne en la mayor de Kellner, donde cada final era engañoso por volver de nuevo al inicio (cual Da Capo ad eternum) con leves variantes como corresponde al estilo barroco, tal vez queriéndose recrear y alargar estos «descubrimientos».
Las cinco danzas de Weiss algo decepcionantes, siempre en relación a sus primeras interpretaciones en disco (en 1993 aunque reeditado) pero todo un placer sus fraseos tan interiorizados y elegantes, aunque «cortadas» por la necesaria afinación de las cuerdas que vibran por simpatía para adaptarse a la tonalidad, y la selección de Charles Mouton algo más variada en tiempos y danzas, aunque se nota la predilección por la gavota y la zarabanda, curioso para un laudista enamorado además de gran intérprete de la vihuela española típica y única, a la que reconoce ser el mejor instrumento de la época, más que su laúd francés aunque su lenguaje sea universalmente personal.

Escuchar contar historias a José Miguel Moreno siempre resulta gratificante por la sabiduría que los años y el conocimiento transmite, pero sobre todo por contagiarnos la alegría de vivir de, por y para la música. Tras las tres propinas comentadas aún se quedó para atender preguntas y seguir de tertulia…

Gracias Maestro

César Franck desde la humildad

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Jueves 21 de abril, 20:00 horas. Oviedo: Iglesia de San Tirso el Real, Las veladas de los Jueves: Samuel Maillo (órgano). Obras de César Augusto Franck (1822-1890).

 

Penúltimo concierto de este ciclo, hoy dedicado a «El Romanticismo y el órgano», de las veladas que arrancaron el 10 de diciembre del pasado año y último de órgano solo en el Acitores de la Plaza de la Catedral de Oviedo, feliz iniciativa de los dos conservatorios capitalinos, el Ayuntamiento local, la Escolanía San Salvador (que cerrará este ciclo el próximo jueves 28 en San Isidoro con música del archivo catedralicio ovetense no escuchada desde hace más de 200 años), más las parroquias que albergan los instrumentos que siguen sonando, a pesar de los recortes, y con toda la ilusión de «Un recorrido didáctico por la Historia de la Música a través del órgano» con el todavía estudiante bejarano afincado en Oviedo Samuel Pedro Maillo de Pablo (1983), que alternó su faceta de concertista en la que lleva muchos años a pesar de su juventud, incluyendo la proyección en pantalla, con la de docente, comentando la importancia de Francia en el Romanticismo para el rey de los instrumentos, con César Franck como el impulsor y punto de inflexión del órgano, equiparable en cierta medida a J. S. Bach por la influencia y literatura organística, adaptando pero también creando repertorio, especialmente con la aparición de los nuevos órganos Cavaillé-Coll que Franck podríamos decir fue estrenando en sus destinos profesionales, incorporando el pedal de expresión además de otras mejoras mecánicas. En España tenemos varios funcionando, especialmente en Euskadi, por la cercanía geográfica y hasta cultural con nuestros vecinos del norte, pero que llegan incluso a Sevilla y cruzando el charco hasta Chile.

Y es que el organista francés de origen belga no solo compuso música «para el rey» sino también para el «hermano pobre«, el armonio que tantas veces hemos escuchado en las pequeñas iglesias rurales, más barato pero haciendo accesible para el culto tanta música de tecla además de servir como protagonista indispensable de tantas ceremonias litúrgicas.
Además de «Cuarenta y cuatro pequeñas piezas» debemos recordar las casi sesenta que dejó Franck en «El organista«, de las que Maillo seleccionó cuatro, comenzando con la conocida número uno «Poco allegretto» seguida de una breve improvisación sobre «El canto de la cruz», recordando la fama que tenía el francés como improvisador continuando la tradición de los organistas barrocos, para continuar con Prière en mi menor (oración) y finalmente el magnífico Offertoire en Ut (Ofertorio en Do). No son obras menores, al contrario, exigen enorme destreza y técnica, y el armonio cual «órgano-acordeón» de San Tirso, con registros variados, sonó potente, rico en matices, con la dificultad de pedalear continuamente y trabajar la enorme expresividad de estas composiciones del gran César Franck, que habitualmente se ejecutan en el «hermano mayor«.

Para abrir y cerrar esta amena charla-concierto, dos de los tres corales compuestos en el verano de 1890 durante su estancia en Nemours, su auténtico testamento musical y espiritual, lo más representativo del organista de Notre Dame de Lorette y Sainte-Clotilde: el Coral nº 1 en mi mayor (dedicado a Mr. Eugenio Gigout) es desbordante de ideas pero con un orden estricto, grandes períodos modulantes con buen juego de registros, al final
de los cuales se confirma la tonalidad principal anunciando el tema principal que acabará por imponerse. La variación como recurso técnico también tuvo diversas combinaciones tímbricas como en la segunda parte cuando aparece un nuevo
tema melódico breve, seguido de la reexposición elaborada contrapuntísticamente aunque menos clara en su ejecución, hasta el tema coral principal poderoso dominando el conjunto que prepara la brillante
coda final.
El Coral nº 3 en la menor (dedicado a Mlle. Augusta Holmes, compositora y alumna de Franckcomienza «quasi
allegro» con la presentación de dos ideas yuxtapuestas, bien diferenciadas en los teclados, con una rítmica tipo tocatta, y otra coral, que se repiten con variaciones, algo más oscurecidas. En el «Adagio» que sigue y ocupa la parte central la interesante melodía sí sonó clara de registro pasando por distintas tesituras y texturas, continuando con un desarrollo
en el que alternan los dos temas secundarios que nos devuelven al «Allegro» inicial. La rexposición del tema coral sonó triunfalmente
por encima del primer tema, verdadera culminación del llamado «género sinfónico paraórgano» que César Franck había iniciado en su «Gran pieza sinfónica» de la colección de «Seis piezas para gran órgano«.

Para el «austero» instrumento de la fábrica de Federico Acitores SL en Torquemada, construido en 1993, los dos corales quedaron algo cortos en expresividad pero resultaron convincentes en la registración, con la inestimable colaboración de dos ayudantes que trabajaron rápido para lograr las mejores combinaciones posibles en los dos teclados más pedalero. Técnicamente se nota el arduo trabajo realizado por Maillo pero cuya base pianística y clavecinista le «impide» por momentos disfrutar más de los legatos y gastar menos energía. El último coral es muy exigente, casi virtuosístico, y faltó más limpieza para no perder las cascadas con que Franck vuela adornando y variando un coral que sí sonó preciso. Está clara la musicalidad y pasión del músico salmantino que compensa cualquier pega que pueda ponerle, por lo que los años acabarán dándole el poso para afrontar los grandes repertorios románticos y contemporáneos, siempre exigentes pero agradecidos para todos.

Muy honorables

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IN MEMORIAM

Viernes 8 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 10 «Concierto con variaciones» OSPA, Adolfo Gutiérrez Arenas (violonchelo), David Lockington (director). Obras de Avner Dorman, Samuel Barber y Sir Edward Elgar.

En este concierto dedicado a la memoria de Eloy Palacio Alonso, el bombero fallecido en acto de servicio el pasado jueves en el incendio de la calle Uría de Oviedo, las emociones comenzaron una hora antes con la conferencia de Gloria Araceli Rodríguez Lorenzo, autora de las notas al programa que dejo enlazadas en los autores, un descubrimiento por su buen saber y estar unido a una pasión juvenil contagiosa, que nos preparó para lo que vendría después con una maravillosa exposición titulada «Del tema con variaciones a las variaciones sin tema, o cómo aunar tradición y modernidad en la creación musical» donde los apuntes biográficos además de los musicales y expuestos en orden cronológico, inverso al del concierto, sirvieron para comprender mucho mejor esa unidad entre autor y obra que después con la interpretación que nos traía de nuevo al principal director invitado, redondearían una velada única.
Y si quien cerraría programa tuvo pronto el muy honorable título de Sir, de Caballero, esta vez todos los protagonistas, incluido el heróico bombero, deberían tener ese rango porque además de memorable y emotivo, supuso el reencuentro con el buen hacer desde la elección de las propias obras, poco programadas manteniendo la apuesta por aunar tradición y modernidad desde la variación, en el amplio sentido de la palabra y más allá de la forma musical.

No creo que las Variaciones sin tema (2003) de Avner Dorman (1975), encargo y estreno de Zubin Mehta con la Orquesta Filarmónica de Israel se puedan escuchar en vivo en las salas españolas, y menos dentro de un programa homogéneo y a la vez actual, incluso en la angustia y emoción que supone la 9ª variación inspirada en la Segunda Intifada en Israel y los sucesos del 11S, donde también murieron muchos bomberos, como si se trajese directamente esta obra para recordar a Eloy Palacio. El israelí Dorman plasma en once momentos casi enlazados esas impresiones con un lenguaje universal de múltiples referencias, capaz de sacar de la orquesta toda una gama de expresividad, la que el maestro británico afincado en los EE.UU. ya dirigiese recientemente a la Grand Rapids Symphonic sabe cómo lograrlo de la formación asturiana, recuperando la colocación tradicional (me consta que la semana anterior con Pablo González también) y con un excelente trabajo tímbrico, dinámico, expresivo donde la sección rítmica sumándole piano / celesta tuvieron un papel casi protagonista. Aún quedaban frescas y cercanas las palabras de Gloria Araceli para poder disfrutar aún más de esta partitura.

El violonchelista Adolfo Gutiérrez Arenas lleva música en los genes pero también ambiental, por parte de padre la pasión bachiana (demostrada en la propina de la Sarabanda perteneciente a la quinta Suite, también dedicada a Eloy Palacio), la lírica materna que hace cantar a su Francesco Ruggeri cremonense de 1673 en cada frase, y el duro trabajo casi germano con total fidelidad a cada obra, todo desde una técnica que sigue mejorando día a día sin olvidar el sentimiento necesario para como intérprete ser el puente entre la partitura y el oyente. El Concierto para violonchelo en la menor, op. 22 (1945) de Samuel Barber (1910-1981) tiene todos los ingredientes para alcanzar la perfecta comunicación y todas las dificultades técnicas que le hacen evitarlo a muchos solistas y orquestas, pero Gutiérrez Arenasque en la entrevista concedida a Javier Neira para La Nueva España (que dejo aquí a la izquierda) califica de «salvaje y bárbaro», no rehuye el peligro ni los retos, añadiendo esta joya a su ya amplio repertorio. Le llevo escuchando hace tiempo y puedo asegurar que la interpretación del concierto de Barber es digna de guardarse en cuanto Radio Clásica la emita (pues Radio Nacional de España en Asturias graba los de la OSPA en el Auditorio aunque no salgan todos por las ondas). Si el compositor fuese británico también sería Sir Samuel, Lockington es lo primero y, también para mí desde hoy, lo segundo, muy honorable Sir David, quien «armó» desde el respeto y conocimiento, así como la humildad de todos los grandes, una interpretación que refleja el espíritu y estilo de una partitura donde cada sección encuentra el balance ideal porque no existe el lenguaje de alternancia entre solista y orquesta, hay una línea tímbrica única casi imperceptible que convierte al cello en un instrumento más, presente siempre y a la vez unido indisolublemente a una masa orquestal liviana, clara, donde todo está en su sitio y donde la técnica que la virtuosa rusa Raya Garbousova (1909-1997), destinataria de la obra, aconseja a Barber, se une al lirismo único del considerado mejor compositor estadounidense (junto con Copland) de la historia, y es que Adolfo G. Arenas usó la genética para volcarse con este concierto, duro donde los haya a pesar de la equívoca sencillez. Tres movimientos aparentemente clásicos, Allegro moderato donde el cello siempre canta, arco y pizzicati, agudos casi violionísticos y ese grave humano, pero además con la orquesta disfrutando y compartiendo ese lirismo en cada sección, intervenciones solistas no ya seguras sino entregadas y contagiadas, sacadas a flote sin esfuerzo con la elegancia habitual de «Sir David», con la cuerda hiriente y redonda; el Andante sostenuto de una belleza casi dañina, presente y doliente, bien «mecido» por unas pinceladas de madera aterciopelada, el colchón casi etéreo de los metales y una cuerda sedosa, equilibrio dinámico fluctuante con precisión de todos hacia el solista bidireccionalmente, y sobre todo el Molto allegro e appassionato que hizo subir las intensidades emocionales a su cotas más altas, mando compartido de tarimas, rítmico para contagiar, melódico para enamorar, dinámico para contrastar sin dejar nada secundario. Un verdadero placer al que se sumó la citada Sarabanda, sentida, interiorizada, doliente, para un honorable solista como Adolfo Gutiérrez Arenas.

Las Variaciones Enigma, op. 36 (1899) de Sir Edward Elgar (1857-1934) son una verdadera delicia para el «escuchante» y un dulce para toda orquesta, exigente pero agradecida para todos los atriles solistas, atemporales en estilo mas con el toque británico inequívoco que destila el Andante inicial antes de comenzar a transformarse a lo largo de las catorce variaciones siguientes. Qué placer disfrutar de Lockington jugando con el plano protagonista desde la sencillez del gesto, disfrutar de la viola de Alamá, el cello de von Pfeil, la flauta de Pearse, toda la percusión más un Prentice más preciso y preciosista en los timbales, el clarinete de Weisgerber, el corno de Romero, el fagot de Mascarell, las cuatro trompas ideales, y sobre todo la propia unidad orquestal que nunca podemos perder. Pudimos disfrutar de ese Adagio increíble que es el «Nimrod» en su totalidad, siempre bello e interpretado de forma sublime, evolucionando el motivo inicial desde una escritura sin referencias e inequivocamente de Elgar, del «Troyte» Presto capaz de exigir y alcanzar limpieza a la penúltima «Romanza» Moderato, verdadero prueba de toque técnica y melódica de conjunto.

El traje de hechura inglesa le sienta bien a nuestra orquesta, bien cortado por un británico como el honorable Lockington que siempre la viste con su toque a medida, y el resultado es una elegancia y saber estar que desde las butacas siempre se nota.

Clausurando Jornadas Culturales del Conservatorio

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Viernes 26 de febrero, 20:00 horas. Auditorio del CONSMUPA de Oviedo: II Jornadas Culturales del Conservatorio Profesional de Música de Oviedo. Concierto de clausura: David Hevia Sesma (violín) y Noel Menéndez Suárez (piano). Obras de Mozart, Beethoven y Grieg.
Durante la semana del 22 al 26 de febrero han tenido lugar estas jornadas en el CPM de Oviedo, segunda edición de la que pude disfrutar el último de los eventos. Quiero dejar aquí íntegras las notas sobre ellas que ha escrito Paula Raposo, profesora de piano del conservatorio, antes de pasar a comentar el concierto del dúo Hevia-Menéndez.

“Múltiples notas, una sinfonía”: crónicas de un conservatorio

 El Conservatorio Profesional de Música de Oviedo clausura hoy la segunda edición de sus Jornadas Culturales. Bajo el lema “Múltiples notas, una sinfonía”, el centro ha acogido durante esta semana más de cincuenta actividades relacionadas con la música, en todo un esfuerzo de organización y coordinación. Como no podía ser de otra manera en un centro profesional de música, la programación ha incluido una media de tres conciertos diarios en distintos formatos y escenarios a cargo de alumnos y profesores, de los estilos más variados: desde música clásica hasta música electroacústica, pasando por la música tradicional asturiana, el estilo barroco, las bandas sonoras o la música tradicional andina. Entre los artistas invitados estuvo el Pequeño Coro Don Orione, de Posada de Llanes, cuyo objetivo es el desarrollo integral de las personas con discapacidad intelectual y el guitarrista Pedro Mateo González, que ofreció un curso de guitarra los días 23 y 24.

Profesores del Conservatorio Profesional han llevado a cabo charlas y talleres sobre improvisación, análisis musical, instrumentos antiguos, instrumentos tradicionales o la música y la ciencia y han celebrado encuentros de instrumentos que agruparon a músicos de distinta procedencia.

La programación se ha visto enriquecida gracias a la colaboración desinteresada de varios profesores del CONSMUPA y de los profesionales ajenos al centro que han participado en esta edición. El cartel de actividades ha incluido varias ponencias y talleres sobre cuestiones prácticas propias de la vida del músico: el lunes, el luthier Roberto Jardón abría las actividades con una charla sobre el problema de la humedad en los instrumentos de cuerda frotada. La clínica de Fisioterapia Mario Bueno ofreció un taller para la prevención y tratamiento de lesiones derivadas de la práctica musical. El profesor Julio Ogas, de la Universidad de Oviedo, habló a los jóvenes estudiantes sobre las profesiones de la música y las posibilidades de futuro profesional. El jueves 25 Vicente Llaneza llevó a cabo una sesión de Taichí para músicos y posteriormente el Centro Avantia organizó una dinámica de “Música, risa y emoción”, a cargo de la logopeda Bárbara Bayón y la musicoterapeuta Lorena Miranda. Los primeros auxilios también están presentes en las jornadas, con un taller que se realizará esta tarde a cargo de María José Villanueva, médico de urgencias.

Las Jornadas han reservado un espacio para la reflexión y el análisis de la práctica musical: el lunes, la violinista Olaya Pérez, Premio Descartes de Investigación, de Aula Allegretto, expuso los resultados de su trabajo sobre la interpretación historicista de las composiciones para violín de Bach. El martes, Elisabeth Expósito, responsable del archivo de la OSPA, se encargó de dar a conocer a los alumnos la figura del archivero musical y el funcionamiento de un archivo de música de una orquesta sinfónica. Finalizó el día con la ponencia del compositor Pablo Laspra sobre el papel de las bandas sonoras en el cine y los videojuegos. Por último, esta tarde, Emilio Fernández Fidalgo y Alfredo Diego orientarán a los jóvenes músicos sobre cómo montar su propio estudio de grabación.

La imagen también ha estado presente en estas Jornadas Culturales, que han celebrado la primera edición de su Concurso de Fotografía, cuyo fallo coincidió con la charla titulada “La imagen de la música”, a cargo del fotógrafo Marcos Vega.

Paula Alonso, Jefa de Estudios Adjunta y coordinadora del proyecto, ha mostrado su satisfacción por el buen discurrir de las jornadas y por la buena acogida que el evento ha tenido entre la comunidad educativa. “La intención era la de fomentar la colaboración y la convivencia entre profesores, alumnos y familias y, sobre todo, generar una experiencia compartida de disfrute de la música en común, en un contexto diferente al puramente académico, sin olvidar la posibilidad de enriquecer los aprendizajes y el conocimiento de los alumnos, en un ambiente relajado y lúdico”.

Las jornadas se clausurarán a las 20.00 horas de la tarde de hoy con la actuación del dúo de violín y piano a cargo de los profesores David Hevia y Noel Menéndez en el Auditorio del centro. La entrada es libre hasta completar aforo.

Gracias a Paula por el texto y ya centrándonos en el concierto, comentar la excelente acogida porque la música en vivo, y más la de cámara, son la base de todo melómano, tanto profesional como vocacional, y entre el público había de ambos, además de profesorado y alumnos de los conservatorios profesional y superior que no quisieron faltar a este broche de una semana bien explicada por la propia Paula Raposo. Los profesores que quieren mantenerse como concertistas no lo tienen fácil con la actual legislación y es esencial para todos poder conjugar docencia e interpretación porque son inseparables en el mundo musical, algo que los responsables deberían conocer y facilitar en vez de impedirlo, pero ya se sabe que en cultura nuestros políticos no están lo que se dice sobrados.

El concierto del dúo de profesores se organizaba en dos partes, una primera con obras diríamos que «habituales» en los planes de estudio ya desde mi época, pero que no debe faltar en ningún repertorio de cámara que se precie, y dejar la segunda para «altos vuelos».
Así arrancaba la Sonata en mi menor, K. 304 (Mozart) de dos movimientos, el Allegro del que bebería en cierta manera Schubert (también «obligada» en mis años jóvenes), una página exigente para ambos, diálogo y protagonismo compartido aunque Noel levantase la tapa para el siguiente, sabedor del amplio rango dinámico de David y optando por volúmenes que posteriormente oscurecieron un tanto la presencia de un «violín Hevia» de abolengo asturiano (hijo de José Ramón y hermano de Aitor), familia que continúa en activo también desde la docencia. Y así el Tempo di Minuetto supuso delicadeza en el acompañamiento de un violín perfeccionista por naturaleza, en un Mozart plenamente imbuido del Sturm und Drang, literalmente «tormenta e ímpetu» como lo interpretaron los asturianos.
La Sonata en re mayor, op. 12 nº 1 (Beethoven) fue la que acusó las diferencias dinámicas aunque hubo momentos íntimos para saborear los instrumentos, diálogos, melodías protagonistas secundadas por el otro, y sobre todo el lenguaje de Bonn bien entendido, perfecto en cuanto a su lectura: un Allegro con brio algo más reposado de velocidad pero equilibrado, con trinos limpios y encaje de virtuosos en los rápidos pasajes a dúo, respetando las repeticiones escritas para diferenciar fraseos, el Tema con variazioni resultó un verdadero catálogo de intenciones y expresividad que quedó algo oscurecido desde la tecla pero sin perder nunca emotividad, piano cantando y violín contestando o alternando protagonismo con limpieza y lirismo por parte del dúo, pero sobre todo el Rondo-Allegro para disfrutar de ambos, una joya de estudio que el concierto eleva al magisterio interpretativo en manos de estos músicos con un perfecto entendimiento.

La Sonata en do menor op. 45 nº 3 (Grieg) son palabras mayores y suponen un salto no solo cuantitativo sino cualitativo en los dúos, un lenguaje de mayor carga expresiva por parte de los intérpretes y una mayor envergadura de la partitura, como así lo entendieron afrontando con energía tres movimientos difíciles de encajar y aún más de sentir: el Allegro molto et appassionato carga en el violín un protagonismo desde la técnica que el piano debe subrayar y retomar, planos sonoros mejores que en la primera parte; el Allegro expresivo alla Romanza es un punto y seguido de emotividad, arrancando Noel un piano camerístico a más no poder, preparando el ambiente melódico del violín que David hace cantar lleno de musicalidad, siempre bien arropado desde las teclas, con ese toque nacionalista donde los pizzicati mantienen la pulsión compartida con el piano; y el Allegro animato, nuevamente nórdico, interacción de los dos intérpretes con un ritmo trepidante contrapuesto a unas melodías románticas, sin perder sonoridad en ninguno de los instrumentos, escritura densa y pasajes vertiginosos que ambos hicieron limpios aunque el violín siempre emerge sobre el piano más allá de una tímbrica consistente en todos los registros. ¡Bravo!.

Aún hubo tiempo de dos propinas, la Asturiana de Falla donde el violín da un paso más con un fraseo que «olvida el texto» para incidir en la melodía pura, y la primera de las Danzas folklóricas rumanas de Bartok en un alarde magiar y popular elevado a lo culto con el violín como protagonista bien acompañado al piano y concluir esta lección final en concierto para unas jornadas abiertas al público, demostrando el buen momento de la música en Asturias que no debemos permitir nos lo estropee cualquier inepto que haga de la política su profesión. Deberíamos exigirles que se preparasen al menos tanto como nuestro alumnado y profesorado para ejercer su trabajo.

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