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La orquesta universitaria en Mieres

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Domingo 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», MieresOrquesta de la Universidad de Oviedo, Maximilian Von Pfeil (chelo), Pedro Ordieres (director). Obras de Beethoven, Tchaikovsky y Schubert. Entrada gratuita.

Agenda apretada la de este domingo veraniego con la mañana de Primavera coral infantil a cargo de la Fundación y el Corín local (que me perdí por ser las fiestas de Santa Rita en mi aldea de Siana), y tarde sinfónica que hacía años no teníamos, con la Orquesta de la Universidad de Oviedo para recordar que en Mieres también hay Campus desde hace muchos años y seguimos reivindicando el mantenimiento de unas instalaciones infrautilizadas, capaces de seguir creciendo en titulaciones.

La labor universitaria de acercar la cultura a toda la sociedad también incluye la música, con un coro que no nos visita hace años, y desde un «avance» en las Navidades de 2016 para repetir en las pasadas cosolidándose en este curso académico, una orquesta también universitaria dirigida por Pedro Ordieres dando el relevo a su padre Alfonso Ordieres Rivero, presente y feliz en el auditorio mierense con su esposa, fundador allá por 1979 de la entonces pionera en España como tal orquesta universitaria, felizmente recuperada y que en tan poco tiempo, pero con la ilusión sumada al talento, está ofreciendo conciertos de calidad. En Mieres se presentaban con un programa de altura, ideal en la formación de intérpretes y público, bien adaptado a una plantilla que espero ver crecer cada curso, pues no hay muchas oportunidades de tocar en orquestas y la universitaria ofrece algo único que además revierte en beneficio de todos.

La Obertura «Egmont», op. 84 (Beethoven) sonó clara, precisa y poderosa, rica en matices, valiente en los tiempos y contrastes, dejando el sonido impregnando los silencios para marcar dramatismos inherentes a la partitura del sordo genial, con un Ordieres dominando toda la paleta expresiva que sus músicos asimilaron por claridad en el gesto y experiencias compartidas, contando con Fernando Zorita de concertino y una buena sonoridad en la cuerda así como en las secciones de viento, tanto la madera como el metal.

Contar con Maximilian von Pfeil de violonchelo solista para las Variaciones sobre un tema Rococó, op. 33 (Tchaikovsky) es un verdadero lujo, trasciende el compañerismo para disfrutar con La Música, con mayúsculas, implicado en este proyecto con la misma calidad y entrega que en otros compromisos profesionales. Ante una obra exigente para todos por los continuos cambios de ritmo, compás, tempo, intención y todo lo que cabe en la forma así conocida como variaciones, siete más la coda, complicidad entre todos dejó una versión de altura. El sonido y profundidad del alemán con un instrumento penetrante, de sonido hermoso y presencia absoluta en sus solos ponen la piel de gallina, como en la variación quinta; estuvo bien contrapesado por una orquesta empastada, escuchándose para unificar intenciones, atentos unos a otros (excelentes clarinete y flauta) con total respeto por esta maravillosa composición del ruso para lucimiento del chelo que aún fue mayor por la feliz conjunción instrumental global, bisando como regalo la sexta variación con la cuerda en pizzicato y la madera aún mejor que la primera vez.

Y el sinfonismo siempre tendrá una deuda con Franz Schubert cuya Sinfonía nº 8 «Incompleta» sigue siendo maravillosa de escuchar y supongo que de interpretar, tanto en los atriles como desde la batuta. Dos movimientos que saben a poco pero capaces de emocionar a una audiencia que respondió a esta llamada orquestal. Las bases románticas de una forma que viene del clasicismo y que Beethoven junto a Schubert empujarán para llenar todo el siglo XIX, dejando una herencia y modelo todavía vigente. La «Incompleta» sonó redonda, rica, contrastada, saboreando las intervenciones solistas (muy bien el oboe) y con una cuerda, especialmente la grave (Maximilian se unió a los chelos), flexible y compacta, melódica bien subrayada por Ordieres, con las dinámicas en el punto justo de equilibrio entre lo poco superfluo y lo mucho principal en la música del vienés. Satisfacción completa para este domingo al fin primaveral donde la banda sonora la puso esta orquesta que espero pueda seguir disfrutando y crecer, pues con estos mimbres ya se puede armar un concierto excelente, así que imaginarme metas más altas es de lógica.

Educar divirtiendo

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El proyecto Link Up! del Weill Music Institute a través del Carnegie Hall es lo mejor que pudo traernos a la OSPA el todavía titular Rossen Milanov desde Nueva York, tras conocerlo de primera mano con la Orquesta de St. Luke y Civic de Chicago, siendo los primeros fuera de EE.UU. en sumarnos a esta propuesta que completaba su sexta edición en Asturias, cerrando por segunda vez el ciclo trianual compuesto por «La Orquesta Se Mueve«, «La Orquesta Canta» y «La Orquesta Rock«, conceptos algo engañosos por la traducción literal y si se desconoce el objetivo de cada uno de los programas en los que he tenido la suerte de participar como docente con el IES «El Batán» de Mieres  desde el primer año. Mover emociones y músicas, cantar melodías y el ritmo como necesidad vital a través de obras clásicas y actuales donde el propio alumnado es parte activa de los conciertos.
Cada curso se van sumando colegios e institutos de toda la región (también Navarra o Extremadura) con una demanda creciente cada año que obliga a aumentar las sesiones e incluso dejar fuera a tantos interesados que seguimos creyendo en la música como materia necesaria en la educación integral y la única manera de sembrar para recoger, acercar una orquesta sinfónica a las edades donde es tan importante formarlos para alcanzar un futuro más enriquecedor, así como pensar en el público que acudirá a los conciertos desde estos preparados para ellos con una escucha responsable donde participan y disfrutan el trabajo de todo un curso adaptado a todos los niveles desde Primaria a 2º de Secundaria.

Las cifras de este 2018 son para impresionar, además de todo el complejo organizativo de orquesta, personal del auditorio, Protección Civil, Policía Local, así como el trabajo previo desde comienzo de curso con dos encuentros de profesores con los responsables y el envío de libros para los estudiantes más las guías del profesorado, un material de calidad que muchos utilizamos a diario en nuestras aulas. Desde el martes 15 al viernes 18 de mayo, 4 días, 8 sesiones, casi 9.300 asistentes, 8.801 alumnos y 577 profesores de 134 centros docentes en 67 localidades asturianas, con un total de 400.000 mil estudiantes en dos continentes entre los que Oviedo y Asturias forman parte de este mapamundi de la pedagogía musical.

Conocedor de los tres proyectos debo reconocer que el más corto y con menor exigencia de participación es este de «La Orquesta Rock» aunque como en todo concierto cada uno es distinto para músicos y alumnado, dependiendo del horario (10:30 o 12:00 horas) así como de lo rodado a lo largo de los cuatro días y la siempre sorpresiva reacción de públicos tan diversos.

El proyecto que llegó hasta Asturias comenzó liderado por el santanderino Gustavo Moral que continúa ligado a este mundo de la didáctica musical, siendo su labor continuada por Ana Hernández, «La Sanchiz« desde el año pasado y contando con las voces habituales de Sonia de Munck (soprano), Beatriz Lanza (mezzo) y Julio Morales (tenor), este año bajo con dirección de la debutante joven maestra sevillana Irene Gómez-Calado, a la que podemos escuchar entrevistada por Fernando Zorita en el canal OSPATV.

La sintonía casi himno de Link Up! es el tema de Thomas CabannisCome to Play, «Ven a tocar» que es el único en común a los tres programas («La Orquesta Swing» creo que no llegaremos a disfrutarla por novedosa y exigencias orquestales distintas), y desde el segundo año ya tuvo una mejor traducción al castellano, siendo de los pocos temas donde no se ha mantenido el idioma original, sea francés, portugués e incluso latín, pues en todos ellos se ha cantado. Niveles distintos, tres voces para cantar o tocar con la flauta, alternando incluso, y emocionante comprobar que quienes repiten ya lo dominan casi mejor que la directora, obligada a retomar la impresionante pulsación que empuja desde un auditorio ocupado por cientos de educandos musicales, que primero se entretienen con pasatiempos relacionados con el proyecto proyectados en la pantalla gigante sobre la orquesta, el auténtico atril digital sobre el que convergerán todas las miradas, mientras se van ubicando en las localidades y hacen la ola como hooligans de la música o les jalean desde el escenario en el tiempo que tardamos en prepararnos antes de comenzar el concierto, afinando e ir reconociendo las distintas familias orquestales. Sigue poniendo la piel de gallina escuchar más de mil flautas y voces con la OSPA en este himno de Link Up!.

Lo que impresiona sobremanera es el O Fortuna (C. Orff) de los «Carmina Burana» que el propio compositor y pedagogo hubiera firmado aunque se repita la estrofa por no añadir más texto latino. La enorme cantata con niños y adolescentes no tiene parangón como tampoco la forma de trabajarlo y recrearla con la OSPA y Gómez-Calado en el podio. Si la dinámica es «in crescendo» para llegar a la última estrofa fortísima y ese calderón final para perder la respiración, puedo asegurar que la emoción aún es mayor tanto escuchándola con tu alumnado como evadiéndote unos instantes y ejercer de mero espectador, retomando el papel infantil que llevamos para disfrutar con la música divirtiéndome.
El primer momento sinfónico para entrenarse en la escucha tras un análisis formal e incluso biográfico en muchas clases previas llegaría con Chaikovski y la Sinfonía nº 4 en fa menor de la que disfrutamos el cuarto y último movimiento (Allegro con fuoco) verdaderamente fogoso en sus 293 compases, disfrutando con la visión de los instrumentistas en pleno trabajo, las dinámicas bien marcadas por la maestra andaluza, y las impagables caras de unos niños y adolescentes que se estrenaban ante semejante masa orquestal.

Los compositores actuales también tienen cabida junto a experiencias minimalistas como In C (Tierry Riley) que da vía libre a una creatividad e improvisación permitiendo variar cualquiera de los siete modelos propuestos. La apuesta por estas fórmulas casi debería llevarse al gran público que todavía considera «demasiado modernas» obras como las del compositor enamorado de las músicas orientales.
Nuevo momento de escucha y dejando volar la imaginación, no solo a Los Planetas o el elegido Marte (G. Holst) sino a guerras galácticas, erupciones volcánicas o guerras de barcos piratas por películas previas del alumnado sin olvidarse de ostinatos rítmicos, diseños melódicos o familias orquestales protagonizadas por la OSPA.

Todavía faltaba un impresionante Bolero (Ravel) que pasa por todos los escalones previstos en Link Up! «enganchándonos» de todas las formas posibles: ritmo eterno, ostinato melódico, melodía en flautas u otros instrumentos (había alumnos con guitarras, violines, clarinetes…) y hasta una letra en castellano que va guiándoles en la impresionante orquestación del francés sumando una coreografía esta vez sin necesidad de levantarse de las butacas, que mis alumnos presumieron de completarla en mejores condiciones que muchos vecinos.

Y como el adjetivo «rock» de la orquesta más allá del propio ritmo intrínseco, la sorpresa con la Banda Académica Torner interpretando el conocido We will rock you de Queen
que no necesitó presentación ni preparación, el conocido ritmo «Chum-chum-pá» con pies y palmadas jaleando al grupo con vocalista de bigote estilo
Mercury y el inmenso coro juvenil al que se sumaron muchos «sinfónicos» para cerrar esta orquesta rock donde el Ven a tocar resonó de propina para volver a citarnos el próximo año.

La vuelta en el autobús resultó la prolongación del auditorio con ganas de repetir el próximo año, inocentes y ajenos a los avatares económicos, políticos y sociales de una sociedad que debe recuperar muchos valores presentes en el aula contra viento y marea del acontecer diario. Educar divirtiendo, pasándonoslo bien alumnado y profes, que aún nos sentimos niños, demostrando que el latín no está muerto y también resuena por los pasillos del instituto convirtiendo el O Fortuna en un éxito mayor que el de unos eurovisivos de capa caída, imagen errónea de los valores de una generación distinta que entiende la música como banda sonora en una España demasiado narcisista e individualista, a pesar de los avances digitales, acompañando unas vivencias demasiado lejanas para nuestros dirigentes. No vendría mal que tomasen nota de estos eventos importantes para un futuro no tan lejano…

Y al séptimo descansó

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Domingo 13 de mayo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Sandrine Piau (soprano), Hugo Hymas (tenor), Alex Rosen (bajo), Les Arts Florissants, William Christie (director). Haydn: La Creación, Hob. XXI:2 (1798).

Domingo de fiesta tras una semana musical increíble, frío en la calle a pesar de las fechas y calor en el auditorio para recibir al Maestro William Christie con su formación (coro de 27 voces incluido) y un joven trío de solistas donde destacaría especialmente el barítono-bajo británico, para interpretarnos el maravillo oratorio de Haydn Die Schöpfung (La Creación), que mi admirado Ramón Sobrino disecciona y explica en las notas al programa. Hubiera sido de agradecer incorporar los textos aunque tuvimos la traducción en sobretítulos que nos iba guiando y ayudando a comprender y comprobar el paralelismo entre música y palabra, descripciones instrumentales casi literales subrayando la importancia del texto, cantado en alemán como en esta versión (aunque también en inglés), a partir de unos textos de un desconocido Mr. Lidley basado en el Génesis con interpolaciones de El paraíso perdido de Milton, homenaje subyacente al Händel londinense tras el regreso a Viena de «Papá Haydn«.

No voy a descubrir a la formación del maestro norteamericano nacionalizado francés en sus casi 40 años de historia y casi el centenar de grabaciones, que sigue preparando y descubriendo músicos tanto en Francia como en la Juilliard School de Nueva York con la idea de ir renovando desde dentro, plantar para recoger, unir dos mundos, promocionar nuestra música barroca y clásica en el país más ávido de ella. Coro y orquesta con instrumentos de época donde los problemas de afinación fueron este domingo más de los deseados, especialmente en las maderas (las flautas debían tener otro diapasón) mucho más que en los metales, con el primer violín Hiro Kurosaki (al que descubrí con La Ritirata) comandando una amplia formación ideal para este oratorio y con un bajo continuo homogéneo formado por chelo, contrabajo y fortepiano (Marie Van Rhijn).

Organizando los 32 números musicales en tres partes (14+12+6), la primera nos dejó en el día cuarto, para retomar el quinto tras el descanso. Tras la solemne obertura La representación del caos fueron apareciendo los diferentes capítulos creativos en cada día, con los arcángeles Gabriel (soprano), Uriel (tenor) y Rafael (barítono) alternando recitativos acompañados, arias y coros. Christie sigue siendo referente con su formación, destacando en todo momento un coro bien equilibrado en sus cuerdas, de volumen suficiente para los tutti y delicado cuando así lo exigía la partitura, coro celestial o pueblo que canta «Aleluya» y «Amen». Vibrantes literalmente en el nº 11 “Stimmt auf die Saiten” (¡Tomad las liras y haced vibrar sus cuerdas!), vigorosos en los finales del día quinto (nº 19), de la segunda parte (nº 26) y en el último “Singt dem Herren alle Stimmen” (¡Que todas las voces canten al Señor!).
De la orquesta los apuntados problemas de afinación que no restaron calidad global, siempre atentos al maestro que marca todo con todo, manos, cuerpo, pies, hombros… buscando la respuesta adecuada. Mejor la cuerda y los metales naturales, problemas en la madera y algún golpe de timbal fuera de lugar para demostrar que son humanos y el directo no tiene trampa. El maestro mimó al trío solista y dejó libertad al bajo continuo en los recitativos marcando lo mínimo, más preparando que entrando, para volcarse con una partitura que recrea cual sumo hacedor musical.

De los jóvenes solistas un auténtico descubrimiento de William Christie con Juilliard415 el bajo, o mejor barítono-bajo, Alex Rosen como un convincente Rafael, pues las notas graves eran las de un barítono de amplia tesitura, poderoso en el agudo y algo corto de volumen en las más graves pero con excelente proyección, interpretando los textos como exige un oratorio, y un color hermoso que empastó a la perfección con la soprano, especialmente en el último dúo como Adán y Eva, nº 29 y 30 (“Holde Gattin, dir zur Seite”, ¡Amada esposa! A tu lado). Tomo nota para seguir su trayectoria, que de no torcerse seguro le dará largo recorrido.

Un escalón inferior el tenor británico Hugo Hymas, corto de volumen al que se «comieron» en los tríos o cuando cantaba con el coro, pero con esa forma tan inglesa en emisión, fraseo, bonito color y buena dicción. Su Uriel sonó más como evangelista bachiano que como arcángel, demasiado contenido y asegurando afinaciones más que disfrutar con su papel, si bien los recitativos resultaron encajados.

La soprano francesa Sandrine Piau no decepcionó ni como Gabriel, con unas arias hermosas para lucirse (nº 5 “Mit Staunen sieht das Wunderwerk”, La hueste de los bienaventurados, o la nº 9 “Nun beut die Flur das frische Grün”, Ahora los campos presentan un fresco manto) ni tampoco como Eva en la parte final a dúo con Adán. Domina el repertorio barroco por técnica y voz, expresa bien los textos, sus recitativos son creíbles y acertados, las arias bien cantadas y los concertantes perfectamente empastados con el coro, pero sobre todo con el barítono americano.
Añadir para el último cuarteto a una mezzo del coro que se sumó a los solistas (nº 32 “Singt dem Herren alle Stimmen“, ¡Que todas las voces canten al Señor!) para el apoteósico final.

Una semana de ensueño esta mía que arrancaba el jueves barroco y terminaba este domingo casi con las palabras de Eva y Adán que podría dedicar a la música:

Junto a ti aumenta cada gozo,
junto a ti disfruto doblemente,
junto a ti la vida es alegría.
¡Que todo a ti esté consagrado!

Séptimo día de esta creación, verdadera recreación con estas formación francesa que solo para en Oviedo («La Viena del Norte) y Barcelona, otro tanto a favor de la oferta musical en la capital asturiana con mucho donde elegir y donde la llamada «música culta» es referente mundial, por si alguien lo dudase.

Esencias de mujer

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Sábado 12 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», Maria João Pires (piano), Orchestre de París, Daniel Harding (director). Obras de Beethoven y Brahms.

Maria João Pires dice adiós a los escenarios y comenzó su despedida en Oviedo, nuevamente «La Viena del Norte», con la mejor clausura posible de estas jornadas de piano que llevan el nombre de Luis G. Iberni, seguro que feliz y orgulloso allá donde esté.
Lleno para seguir haciendo historia en esta nueva visita a la capital del Principado (tercera de las cinco programadas) en compañía de la Orquesta de París con otro que repetía en el Auditorio, el excelente director británico Daniel Harding tras hacerlo en 2012 con la Mahler Chamber Orchestra (en otro programa donde Beethoven y Brahms también fueron protagonistas) y 2014 al frente de la Filarmonica della Scala cerrando aquella temporada. La tercera visita por tanto de dos grandes que se van, «la Pires» de los conciertos y Harding de la dirección (rumores sin confirmar) en un concierto memorable, emocionante, magistral al conjugarse todos los elementos para hacerlo grande y siempre irrepetible.

El Concierto para piano y orquesta nº 3 en do menor, op. 37 de Beethoven supongo consensuado con la portuguesa (estaba previsto el Emperador) puesto que orquesta y director ya lo han interpretado recientemente mientras La Pires lo tiene hace tiempo «en dedos», necesario y habitual para una mozartiana como ella este tercero que resulta ideal por el tránsito entre dos estilos (clásico y romántico) que domina como pocos intérpretes.

El inglés Harding siempre claro en gesto e ideas controlando una orquesta perfecta para concertar con la lusa Pires, frágil y menuda de apariencia pero mandando sin esfuerzo, tal es el grado de magisterio sentada al piano. Un recorrido vital en los tres movimientos, el Allegro con brio literal, primero las amplias credenciales orquestales, casi sinfónicas, a continuación el piano marcando ideas, fusionando todo en un fluir natural con una concertación cuidada de equilibrio, planos y dinámicas al servicio de la solista siempre presente, clara en la exposición, arpegios verdaderas perlas, cromatismos impecables, trinos de ensueño, fuerza arrebatadora y delicadeza angelical, el espíritu de Beethoven imbuyendo esta joya de partitura. El Largo íntimo, meditativo, noctámbulo, solitario antes de la orquesta refinada sumando emociones y recuerdo al mejor Mozart, los silencios luminosos, delicadeza instrumental incluso en las trompas, con poso en el grave y diálogos de sabios, siempre el piano sobrevolando diáfano… y finalmente el Rondó: Allegro, aires de danza, alegría frente al dramatismo, luz venciendo sombras, el foco sobre Pires abriéndose pletórica con una orquestación diáfana, encajando los ritardando, «cayendo» siempre a tiempo, la perfección con un Harding respetuoso y nunca sumiso a la leyenda portuguesa.

Un Beethoven para el recuerdo y no podía haber otro para el regalo, cercano al Largo anterior el Adagio Cantabile, segundo movimiento de la Sonata nº 8, op. 13 «Patética», elección de la calma tras la tempestad, volver a la luz tenue y madura cual reflexión pianística de compositor e intérprete, propina nada habitual como tampoco lo es ella, Maria João Pires, una grande que tiene su sitio en el olimpo de las 88 teclas y pudimos volver a disfrutarla en su plenitud. Larga vida y felicidad en esta nueva etapa que emprende y gracias por tanto como nos ha dado.

La Sinfonía nº 3 en fa mayor, op. 90 de Brahms desplegaba toda la plantilla de los parisinos, un ejército sonoro por efectivos que el mariscal Harding, titular desde hace dos años y parece que con tensiones porque en todas las familias suele haber discrepancias, llevaría con mano firme los cuatro movimientos, bien contrastados, flexibilidad romántica reteniendo los tiempos para así disfrutar de la sonoridad orquestal en todas sus secciones, perfectas todas ellas (un espectáculo por momentos observar al clarinete principal «pugnando con sus vecinos»), sinfonía que jugó entre la claridad de los temas y el ímpetu en los desarrollos, sobre todo en los movimientos extremos frente a la sensualidad y delicadeza del conocido Poco allegretto que mis amistades recuerdan en sus versiones para el cine y hasta en «recreaciones pop» como la de Los Sonor. La Orquesta de París y Harding nos dejaron una tercera muy especial que me recordó, salvando las distancias, la de Bernstein con los vieneses.

Y el regalo orquestal, muy del gusto de Lenny y con reminiscencias del pianístico adagio, el bellísimo «Nimrod«, noveno número de las Variaciones Enigma (Elgar), calmado, casi con igual inspiración que el «patético» y hermoso de Beethoven, delicadeza en una cuerda poderosa emergiendo desde lo más hondo y el viento casi susurrando dentro de una orquesta «in crescendo» entregada a Harding con melodías que emocionan en un sábado cargado de recuerdos, «Libre pero feliz«.

Más noches de cuento

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Viernes 11 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Música y literatura III», abono 12 OSPA, Pablo Sáinz Villegas (guitarra), Jaime Martín (director). Obras de Kodaly, Rodrigo y Rimsky-Korsakóv.

Érase una vez una princesa asturiana que fue creciendo sana y robusta hacia una madurez plena, hermosa, tras haber enviudado y divorciado varias veces, algo normal en tiempos modernos, uniéndola de nuevo con un noble cocinero búlgaro tras dos años de búsqueda donde la felicidad parecía brillar en un reino sin prisas. Entonces desfilaban por palacio pretendientes con futuro, algunos ideales pero poco raudos para evitar el compromiso en otras cortes, así que la elección del centroeuropeo nos dejó algo inquietos. Al principio parecían quererse tras el breve noviazgo, pero faltó la química que nunca hubo del todo, las recetas nuevas nunca compensaban la cocina tradicional que solía desgraciar cuando entraba en la cocina, así que la desgana pareció apoderarse de él atendiendo otros fogones, así que en las obligadas ausencias cada visita de invitados a la casa eran una verdadera fiesta que hacían olvidar los malos tragos, los sinsabores y hasta las pesadillas con las que solía despertarse nuestra amada princesa. La última alegría vendría con la segunda visita de un conde de la vecina Cantabria y la primera de un famoso juglar riojano emigrado a ultramar, que hizo las delicias de todos los asistentes, dado el cariño y mimo hacia la princesa así como el buen entendimiento entre el noble y el joven para con la anfitriona, dejándonos otra noche para el recuerdo intentando alejar la vuelta a casa del marido…

El cuento está incompleto para no extenderme y con el final por escribir. El duodécimo programa de abono volvía con el matrimonio entre música y literatura, básicamente por esos cuentos de las mil y una noches que me hicieron tontear al inicio de esta entrada como otro escritor, aunque este género nos siga dando joyas literarias y trascienda lo infantil pese a la mala prensa que el oficio de «cuentista» ha tenido.
No quiero chismes llamados cuentos ni mentiras adobadas de «pseudoverdad», mejor retomar el carácter didáctico que siempre ha tenido esta literatura, donde los recuerdos tanto de infancia escuchando como adultos contándolos enlazan con la idea musical de cuento, del verbo contar, narrar, que por tradición y transmisión nunca suenan igual ni los sentimos igual.
Tres obras conocidas por un público que retornaba a las buenas entradas en la sala, donde el director Jaime Martín cual narrador de historias volvía a transmitirnos su talento igual o mejor que hace dos años, contando con otro Pablo para la historia de la música, Sáinz Villegas (Logroño, 1977), un guitarrista español que triunfa en el país de las oportunidades (de momento) llevando con humildad su guitarra a los desfavorecidos con la misma entrega que a espectantes melómanos de todo el mundo y a las escuelas donde se debe sembrar para recoger en un futuro siempre incierto con todo el amor y dedicación, ideal conjunción de invitados para que nuestra OSPA brillase, disfrutase y nos hiciese felices a todos como en el final de (casi) todos los cuentos.

Las Danzas de Galanta (Zoltan Kodaly) son como el fondo de armario de nuestra OSPA y normalmente sinónimo de éxito por la brillantez de su música que hace lucirse tanto a nuestros habituales solistas como a los distintos directores que disfrutan con la formación asturiana. El maestro santanderino volvía a demostrar no solo talento sino empatía y respeto por la partitura con unos intérpretes a los que dejó fluir (impresionante el clarinete de Andreas Weisgerber), contagiando alegría y emoción para estas páginas zíngaras en el recuerdo infantil del compositor húngaro, donde el ritmo impulsó una sucesión de bailes llenos de color a lo largo de las cinco danzas enlazadas. Maravilloso el sonido logrado, de nuevo la cuerda tersa, presente incluso en los graves (por fin) y la madera primorosa.

La mejor imagen de nuestro país sigue siendo la guitarra que creció de vihuela y morisca hasta ser directamente española, gracias a tantos compositores que escribieron para ella, especialmente Boccherini por elevarla otro peldaño, si bien tardaría demasiado tiempo en recuperar el papel «culto» pese a la amplia literatura a ella dedicada, dejándola en manos flamencas e incluso populares sin mayores aspiraciones artísticas, decantándose por lo lúdico además de accesible. Todavía en nuestros días la guitarra española sigue asociada a los gitanos, autodidactas increíbles, y sobre todo a la auténtica leyenda del siempre recordado e irrepetible Paco de Lucía. El espaldarazo como instrumento de concierto con orquesta lo darían, con distintas circunstancias políticas, Salvador Bacarisse (Madrid 1898 – París 1963) y Joaquín Rodrigo (Sagunto 1901- Madrid 1999), siempre unidos a intérpretes de reconocido prestigio como Narciso Yepes o Andrés Segovia que darían popularidad y galones a nuestro instrumento por antonomasia, así como a las muchas y hermosas páginas a ellos dedicadas, sin olvidarnos que el algecireño aprendió a leer música para poder interpretar con toda la fidelidad a Falla y al propio Rodrigo.

Pablo Sáinz Villegas ha tomado el relevo de los grandes y su interpretación de la Fantasía para un gentilhombre (1954) de Rodrigo alcanza la plenitud interpretativa esta vez con la OSPA y un Jaime Martín concertador excelente, dejando fluir la música, haciendo escucharse unos a otros, con una guitarra sin necesidad de amplificación pero con una claridad y armónicos ideales, fundida sin competir con la orquesta, felices encuentros entre trompeta con sordina y piccolo, junto a una limpieza en la ejecución que consiguió momentos mágicos de silencio, tan necesario para el disfrute como el propio sonido. Los dedos del riojano son espectáculo en sí, punteando, rasgueando, subiendo y bajando el mástil, percutiendo sobre el golpeador… Si en la entrevista para OSPATV nos encandiló, su guitarra enamora desde el primer acorde. Asombrosa la proyección a toda la sala sinfónica y ejemplar la comunión con maestro y orquesta. Gaspar Sanz elevado al firmamento sinfónico del siglo XX por dos nobles como el valenciano Marqués de Aranjuez y su destinatario jienense Marqués de Salobreña, otro cuento universal, «gentil», con mucha historia española donde la música siempre ha estado presente.
No solo virtuosismo sino arte sonoro en estado puro con la propina de la Gran Jota de Concierto de Francisco Tárrega, dejándonos boquiabiertos al comprobar todo el arsenal de una guitarra en las manos de Pablo interpretando esta música popular fuente de inspiración de tantos compositores, y que uno de los mayores enamorados de nuestro instrumento puso al alcance de pocos por las exigencias técnicas, algo que hace fácil lo difícil al escuchar a Sáinz Villegas.

Agradecido por una semana de eficiente y cordial trabajo con nuestra orquesta como con el maestro vecino, aún nos dejaría otro regalo hermanando pueblos con la música, Asturias (Albéniz) leyenda o relato casi flamenco que un catalán dedica a nuestra tierra interpretado por este tocayo mío riojano y universal.

Las mil y una noches de cuentos y conciertos, los sueños personales reales e irreales que la música provoca, esta vez Rimsky-Korsakov y su famosa Scheherezade, op. 35 que corroboró un concierto de magia, de ensueño sin trampas, cuatro movimientos para disfrute de público e intérpretes, la química por lo conocido unida a una interpretación de altura para una orquesta madura, 27 años que se notan para lo bueno y lo malo, Jaime Martín apostando por lo positivo, llevándola con gesto claro, preciso, benevolente, recreándose Vasiliev como en sus mejor juventud, aunque los años no pasen en balde, y con el arpa de Miriam del Río, realmente toda la plantilla colorida y brillante, la cuerda nuevamente enorme, presente y precisa, tensa y tersa, todos gustándose y disfrutando (bravo los percusionistas), cada solista disfrutando con sus pasajes, las secciones empastadas y todas a una haciendo surgir la magia del conjunto, más en una obra tan rica en orquestación como esta del ruso, contagiando la luminosidad que echamos de menos cuando se pasa de cocción o falta la implicación desde el podio. El Maestro Martín nos brindó un completísimo concierto convencido y convenciendo, es verdad que las obras elegidas ayudan, pero recrearlas para hacerlas lucir como nuevas es la magia interpretativa. Un mismo cuento narrado de distintas formas permite descubrir matices, recovecos, momentos imperceptibles en otras ocasiones que como niño inocente nos permite reconocer lo desconocido. Hay que reivindicar el repertorio de siempre pero desde la calidad e implicación narrativa, actores y espectadores conviviendo en la alegría de un espectáculo siempre único.

La próxima semana nuestra OSPA afronta por sexto año el proyecto Link Up, «La orquesta rock» pero no se dejen llevar por el título engañoso, sembrar para recoger desde el Carnegie Hall siendo los primeros en disfrutarlo fuera de los Estados Unidos. De nuevo estará Ana Hernández Sanchiz con cantantes conocidos y estrenándose entre nosotros la directora Irene Gómez-Calado, que espero contarles como «profe» con mis alumnos un año más

Grados de madurez

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Sábado 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Jorge Luis Prats (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Omar Navarro, P. I. Chaikovski y J. Brahms.

Tenía varios títulos para esta entrada como «Joven madurez», «Madurez juvenil», «Juventud y madurez», mezclando sustantivo y adjetivo para encontrar la forma de explicar este concierto sabatino con un frío exterior contrapuesto al calor e ímpetu de la velada, decantándome por los distintos «Grados de madurez».
De la madurez en general tengo que hablar para comenzar diciendo que la orquesta capitalina, la Oviedo Filarmonía (OFil) que sigue sin titular, está en esa plenitud alcanzada con el tiempo, siendo las «escapadas de la zarzuela» como un estímulo, saltar del foso al escenario en busca de calidades, más con los refuerzos del CONSMUPA que ayudaron a redondear sonoridad pese a contar de nuevo con solo cuatro contrabajos aunque la tarima sirvió de amplificador; sumemos a Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino -Huelva-, 1978), oboísta triunfal en distintas orquestas de renombre mundial y ahora director joven pero ya maduro, recientemente nombrado principal director asistente de la ópera parisina, al que le pronto le saldrán más novias a la vista de sus éxitos al comprobar cómo hizo sonar de madura a la OFil.

Madurez juvenil la del «debutante» Jorge Luis Prats (Camagüey, 1956) en Oviedo, un cubano optimista que parece triunfar algo tarde (sus biografías ponen 2007 como año del despegue internacional) y del que escriben que «sus interpretaciones se basan en los sentimientos y rechazan la teoría«, si bien preferiría ambas cosas. Estoy bastante de acuerdo con «su poderosa pulsación, ataques certeros y fulmíneos, magnífico juego dinámico y su digitación» aunque lo matizaré más adelante, destacando un ímpetu casi adolescente, con todo lo que ello conlleva, contrastando con su voluminosa presencia.

La joven madurez le corresponde al pianista, compositor y director Omar Navarro (Oviedo, 1983) de quien pudimos disfrutar el estreno absoluto de Nocturno para orquesta, con el que se abría el concierto. Su coetáneo Daniel Moro Vallina explica bien en las notas al programa el influjo de la noche no solo en esta partitura, diciendo que «no se trata de un guiño al impresionismo, con su recreación de atmósferas, sino de una reflexión sobre cómo un mismo espacio cambia si se contempla desde diferentes ángulos«, aunque personalmente me evocó esa atmósfera francesa tanto de Debussy como de Ravel en la orquestación (con arpa y celesta), en las líneas melódicas o en el propio armazón de este nocturno sinfónico. Dedicado a los músicos de la orquesta que con Macías alcanzaron unas texturas claras y precisas pese a los cambios de tiempo que encajaron sin problemas, gracias a la implicación de director y orquesta en esta obra nueva que suena atemporalmente conocida, será por ese carácter noctámbulo que muchos compartimos, esperando tenga largo recorrido porque la partitura y su autor lo merecen.

El popular Concierto para piano y orquesta nº 1 en si bemol menor, op. 23 (Chaikovski) admite enfoques para todos los gustos, aunque el de Prats con la OFil y Macías no me convenció mucho, puede que por falta de claridad, excesivo ímpetu en el solista (que no es el de hace diez años), dificultades de concertación ante un rubato por momentos exagerado, si bien no puedo negarle al cubano de padres españoles su pasión algo desmesurada para esta joya de concierto con cierto poso más que reposo, porque como dice el refrán «el que tuvo retuvo«.

La poderosa pulsación no llevó pareja la exactitud en los ataques, sus dinámicas exageradas lo fueron de principio a fin, siendo más agradecidas en el Andantino semplice, con un pedal que ensució más de lo debido aunque hubiese pasajes con aciertos tímbricos, más por el balance instrumental desde el podio que por limpieza en el teclado. Domar este ímpetu juvenil a ciertas edades desde un podio respetuoso se tornó arduo, gustándome más el sonido orquestal que el pianístico, interpretado con pasión por el pianista y atención por una orquesta que intentó plegarse al solista.

Lo mejor tras el Chaikovski previo fueron las cuatro propinas de verdadero sabor latino, de nuevo por entrega más que por virtuosismo. Él mismo en una entrevista hace dos años y medio para El País decía: «yo soy un músico de la calle, pero me encanta decirlo porque, la verdad, todos a quienes admiro lo fueron. Y las raíces de toda la música que consideramos clásica, de Bach a Schubert, son populares«. Y popular en intención y tradición comenzó con su paisano Ernesto Lecuona y la conocida Siempre está en mi corazón que yo descubriese de crío cantada por Alfredo Kraus, al piano todo sentimiento, ambiente nocturno de club en la Florida del exilio, la música folclórica de ida y vuelta, sin etiquetas y directa a lo más íntimo. Ritmo innato llevando lo popular hasta la sala de conciertos como Lecuona con sus Danzas cubanas o las homónimas de Ignacio Cervantes que también están en su repertorio, caso de Los delirios de RositaEl velorio, La negra también bailaba, más la última y breve Mazurka también de Lecuona, juego con un dedo en glissandi uniendo folclore y humor en el repertorio donde mejor se mueve este juvenil cubano maduro.

Para la segunda parte Brahms y su Sinfonía nº 2 en re mayor, op 73 donde Macías sacó lo mejor de la OFil, unos violines tersos y claros, las violas con su momentos álgidos cantando varias notas de la famosa «canción de cuna» en el Allegro non troppo, los cellos con Ureña marcándose un solo también de lo más lírico, cuatro contrabajos dándolo todo en presencia y claridad, las maderas bien empastadas con intervenciones dignas de admiración y hasta los metales redondos, afinados, sin olvidarme de los timbales mandando con su precisión habitual. Los tiempos elegidos casi metronómicos en las indicaciones, sin demasía, como el Adagio non troppo sin decaer, el Allegretto grazioso (quasi Andantino) perfecto en los planos, y el potente y último Allegro con Spirito coronando una segunda de Brahms digna de las orquestas y directores grandes, y la de Oviedo lo fue este último sábado de abril.

Educando desde el Romanticismo

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Viernes 27 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Inspiración III, abono 11 OSPA, Peter Pearse (piccolo), Cristóbal Soler (director). Obras de Schumann, Stephenson y Schubert.

Este viernes se recuperaban los encuentros con el compositor una hora antes del concierto, siendo esta vez Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) quien mantendría junto a Ana Mateo y los pocos afortunados presentes en la sala de cámara, unos diálogos sobre su vida, herencia musical desde la infancia, mayor por el lado materno, sus años de estudiante en Gijón, Madrid o París, la larga carrera de pianista, su tarea docente como catedrático en el CONSMUPA asturiano, y el siempre compositor rompedor en su momento, conocedor de las llamadas vanguardias en primera línea que no hubo de abrazar sino simplemente estudiarlas para tener un lenguaje propio que como la propia vida, tiene distintos momentos. El maestro gijonés es «compositor invitado» esta temporada, pudiendo escuchar en diciembre la suite Florilegio del alba de su ópera La Dama del Alba que todos esperamos escuchar en vida, contándonos una primicia: el contratenor Carlos Mena ya tiene su partitura para ser «La peregrina» pues su voz de contralto es perfecta para el personaje, con más de cuatro mil compases escritos donde solo pidió al compositor cambiar dos notas… lógica de quien conoce la voz humana y escribe como músico.

Para el undécimo de abono tendríamos de nuevo a Don Luis (al que conocí en su faceta de pianista y compositor en la Filarmónica de Mieres allá por los inicios de los años 70) con la «Primera serie orquestal» del Álbum de la Juventud, op. 68 (selección) de Schumann, de la que también nos habló contándonos la peripecia que relata el autor de las notas al programa Ramón Avello en El Comercio de la partitura original que dirigiese Benito Lauret a la Orquesta de Cámara de Asturias (después OSA, Orquesta Sinfónica de Asturias con Víctor Pablo Pérez, predecesora de la actual OSPA), quemándose en un enero de 1979 fatídico los bajos del Campoamor con instrumentos y parte del archivo de la orquesta, entre otros papeles, la partitura original y las ‘particellas’ de esta obra de Vázquez del Fresno, cual fuego purificador, pues el autor a partir de una grabación casera en cassette (como lo hacía yo con él en Mieres) rehizo la orquestación con la visión y oficio que dan los años y la experiencia.

La obra de Schumann dirigida por Cristóbal Soler (debutando con la OSPA aunque conocido en el foso del Campoamor en la temporada de zarzuela) sería la que abriría velada, selección de esta obra de piano de la que el maestro Vázquez del Fresno contó su acercamiento en París tras arduo trabajo con el Dante de Liszt, y cómo su profesora le dijo la dificultad que entrañaba esta aparente obra didáctica, música pura más allá de los títulos, así que el orquestarla vendría tanto de oficio y conocimiento de la partitura como del espíritu docente en tanto que resulta ideal para su interpretación por parte de orquestas de conservatorio como el propio Vázquez del Fresno comentaba en la conferencia. Nueve números, breves, bien elegidos y orquestados que «engrasan» tanto a la formación en plantilla habitual como a las secciones que tienen todas su protagonismo, con exigencias que desde el podio hacen predominar unas u otras en auténtico trabajo de orfebre, un «piano sinfónico» posibilitando distintas dinámicas y planos imposibles en las teclas pero soñadas y sonadas en la orquesta del director valenciano, múltiples colores de la composición original que un músico global como el gijonés ha llevado a lograr lo imposible, en el mismo camino que Rueda con Albéniz por citar a un contemporáneo suyo que también la OSPA ha interpretado. El público que acudió en mayor número que anteriores conciertos, aplaudió la «revisión» de estas piezas obligando a salir y saludar al profesor Vázquez del Fresno.

Peter Pearse es el flautín de la orquesta (entrevistado en OSPA TV) y buen representante de la calidad de todos sus solistas, a los que se les da la oportunidad de dar el paso al frente para un concierto con ellos, caso del Concertino para piccolo, cuerda y clave (1979) del inglés Allan Stepheson (1949), obra y solista que derrochan amabilidad, simpatía, carácter afable y gracejo, casi un juguete lleno de humor y delicadeza con cuerda de casa y clavecinista también conocida en un verdadero transporte al pasado barroco «revisitado» más que revisado, maravilloso comprobar la belleza sonora del instrumento más pequeño de la orquesta cuando se escribe y ejecuta con la maestría del undécimo de abono. Guiños de humor a obra y compañeros desde el Allegro amabile, recuerdos clásicos con aires de pavana francesa del hermoso Molto lento y la virtuosa última Marcha: Allegretto. Impresionante la sección de cuerda de la OSPA junto al «contrapunto» del clave de Silvia Márquez redondeando una obra de nuestro tiempo con aromas académicos y regustos románticos.
No digamos la propina de Bach y su Badinerie de la Suite nº 2 (aún fresca en el oído) en octava aguda y ornamentada con el gusto y pureza sin estridencias de un flautín de cuento junto a una OSPA aún más de cámara, ideal con el Maestro Soler que la llevó con claridad y dominio. Ramo de flores de Myra Pearse para su esposo y colega junto a todo el cariño de un público y compañeros de la orquesta que le aplaudieron largamente.

El siempre necesario de escuchar Franz Schubert ocuparía toda la segunda parte, de nuevo con la plantilla habitual de la orquesta asturiana y el invitado maestro Soler (entrevistado en OSPA TV) llevándola literalmente de la mano, delicadeza y firmeza, primero con Rosamunda: obertura, D. 644 de ideas claras en discurso, tiempos y sonoridades, para leernos a continuación el maestro valenciano la carta de Franz a su hermano Ferdinand al inicio de su enfermedad, cuya muerte le llegaría en plena composición de la Sinfonía nº 8 en si menor, D. 759 “Inacabada”, una escucha que nos dejó con la sensación de plenitud y gratitud, todo en su sitio interpretado con naturalidad fluyendo en todos. Y es que no pueden faltarnos los grandes sinfonistas a lo largo de la temporada, son nuestra memoria colectiva y casi obligados para toda formación orquestal, más cuando se les hace trabajar con seriedad, disfrutando del sonido claro y preciso de cada familia orquestal en el punto adecuado, con la búsqueda y elección de la tímbrica justa con las dinámicas y balances deseados.

La obertura del ballet ayudó a «completar» este Schubert vienés con unos matices capaces de acallar toses y disfrutar «pianissimi» emocionantes, brillando especialmente el oboe de Juan Pedro Romero, el clarinete de Andreas Weisgerber, el trío de trombones y de nuevo esa cuerda «marca de la casa» donde los violonchelos pusieron la voz a la conocida melodía de «la inacabada», paso del clasicismo al romanticismo que nunca muere cuando se le interpreta como este viernes.

Pidiendo PaSO

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Viernes 20 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Música y literatura II», abono 10 OSPA, Mario Gas (narrador), Perry So (director). Obras de Sibelius y Wagner.

Cada concierto de la OSPA con nuestro «colaborador artístico» por no llamarlo director invitado de esta temporada es una satisfacción para el poco público que comienza a preocuparme aunque podría dar algunas causas. Este décimo programa de abono, «Música y literatura II», nos traía dos obras que Perry So explicaba a Fernando Zorita en OSPATV perfectamente y nos refleja el trabajo meticuloso y detallista junto a la pasión que contagia a todos, maneras de pensar y sentir la música desde un profundo conocimiento de ella, dos mundos sinfónicos desde su visión personal y con esa gran orquesta asturiana deseada cuya ampliación se llevó la tijera económica. Gracias a la colaboración con el CONSMUPA pudimos tener una formación con los mínimos refuerzos habituales y doce estudiantes para dos partituras inmensas poco escuchadas. Los músicos comienzan a jubilarse y los jóvenes piden paso, la renovación debe planificarse con tiempo para mantener la calidad alcanzada por una OSPA a la que debemos exigirle siempre lo mejor. Este viernes pudimos comprobar cambios puntuales en los atriles realmente esperanzadores. Lástima no haber tenido tres o cuatro contrabajos más porque el resultado global todavía hubiera subido enteros y la ausencia de RNE que graba normalmente los conciertos en el Auditorio.

La Tempestad, op. 109 (Sibelius) se presentaba en una selección del propio director con quince (de los 34 números) que conforman las dos suites, en un orden personal con la narración de los textos de la obra de Shakespeare traducida al castellano por Ángel Luis Pujalte en la voz de Mario Gas, interpretación que completaría esta música con «visión literaria» bien explicada por Hertha Gallego de Torres en las notas al programa (enlazadas arriba en el compositor) cuya ecualización fue mejorando a lo largo de la obra aunque pillase por sorpresa alguna vez a los responsables del sonido, actor pero sobre todo artista muy ligado a distintas producciones que explican la buena dinámica y entendimiento con la partitura del maestro So.
Orquestación poderosa en todas las secciones para ir poniendo imágenes a esta banda sonora del finlandés inevitablemente romántica cargada de contrastes anímicos, rítmicos, dinámicos, con recuerdos casi folklóricos de la cercana Rusia en distintas danzas para esta festiva singladura por los mares personales. Maravilloso comprobar la calidad de todos los solistas, unas secciones compactas y los planos a flote con buen rumbo bajo capitaneados con mano firme, clara, precisa y  con mando en plaza del maestro. Tras la tempestad inicial vino la calma, momentos de mar como un plato y de oleaje sonoro con calma chicha, no por quietud sino de meditación y remanso en la turbulencia de la propia vida traducida a música sin texto y textos sin música antes de la confluencia. Como la letra del epílogo «vuestro aliento hincha mis velas o fracasará mi idea, que fue agradar. Sin dominio sobre espíritus o hechizos, me vencerá el desaliento si no me alivia algún rezo tan sentido que emocione al cielo y excuse errores«, verdadera ímpetu siempre controlado agradando sin desaliento alguno emocionando a cielo y tierra esta interpretación de este Sibelius rarísimamente escuchado en vivo que completa a más habitual sinfónico todavía por descubrir.

Plenamente romántico y con historia marinera el mito de Tristán e Iseo, surcando de Grecia al universo wagneriano, la música pura de Tristán e Isolda (Wagner) en esta suite arreglada por el holandés Henk de Vileger (1953) en 1994 nos permitió degustar sin cantantes la impresionante construcción del genio alemán en esta «música sin palabras» en siete números de intensidades y emociones graduadas teatralmente reconociendo esa música inimitable. Personalmente creo que Guillermo García Calvo ha ido haciendo a la OSPA más wagneriana, emergiendo del foso del Campoamor al escenario del Auditorio, subiendo por el Campo de San Francisco hasta la colina húmeda para desnudar la palabra y disfrutar la música en estado puro. Con Héctor Corpus de concertino las calidades instrumentales no cesaron nunca, trompas conjuntadas de sonido ateciopelado, trombones y tuba de textura organística en catedral aérea, arpa en el plano adecuado, timbales seguros, madera de color empastado, cuerda dulce o tensa adaptándose al discurrir dramático, Perry So preciso, batuta rectilínea y enérgica cual estilete y mano izquierda atenuando cualquier mínimo exceso que pudiera enturbiar esta historia de amor mitológica.

Conjunto sólido, eficaz, con músculo y delicadeza sumándole unos solistas de lujo como el clarinete bajo de Daniel Sánchez Velasco, la viola de María Moros cuya colocación este viernes permutadas con los violonchelos nos impidió degustar aún más su sonoridad, pero sobre todos el corno inglés de Juan Pedro Romero capaz de enamorarnos en solitario desde el segundo piso y llegar a tiempo para esa escena final de Isoldes Liebestod, una muerte como final argumental romántico y perfecto en un concierto esperado que no decepcionó.

Mieres escuchando la voz en el musical

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Martes 17 de abril, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la vozLa Voz en el Musical. Con las voces de Silvia I. Fraga, Cristóbal Blanco Fernández, Carla P. Fraga, Aisha F. RomeroMarcos Suárez Fernández (piano). Entrada: 5 €.

Segunda jornada de la semana dedicada a la voz con un recital dedicado al musical, en plural si se quiere, musicales de Broadway o Londres que se han llevado al cine ayudando a su difusión y popularidad. Poco público como en el día anterior pese al debut de Aisha, una joven mierense que promete, sumándose una saga familiar como Silvia con su hija Carla compartiendo escenario aunque no temas. Dos jóvenes promesas debutantes que cantan con esa naturalidad y espontaneidad únicas por su edad, preparándose para una carrera que el tiempo dirá si la disfrutarán como aficionadas o profesionales pero comenzando ya esta andadura. Completaría el escenario un veterano como Cristóbal Blanco que en este repertorio se mueve como pez en el agua por voz y escena, mientras al piano volvía Marcos Suárez quien este martes tenía no ya la responsabilidad de acompañar sino de tocar unas obras cuyas partituras son meros guiones que no ayudan a completar las armonías y ritmos de una orquesta ligera original, así como su «obligación» de mimar a las voces, especialmente las más jóvenes, para llevarlas por el camino seguro. La experiencia es un grado y los llamados pianistas repertoristas deben trabajar épocas y estilos tan dispares como el del lunes o este dedicado al musical, tan difícil y exigente que también ellos acaban especializándose, por lo que mucho ánimo a Marcos que es un «todoterreno».

Leves cambios en el programa y casi todos los temas presentados por los intérpretes e incluso traducidos al respetable por ser inglés el idioma de este género con un público fiel en todo el mundo, ganándole terreno incluso a otros, con Madrid sumándose hace años a las capitales donde triunfa el musical.

Le tocó romper fuego a  Silvia I. Fraga con el bellísimo tema de «Los Miserables» I dream a dream (Claude Michel Schönberg), soñar un sueño para continuar con la canción irlandesa You Raise Me Up del noruego R. Løvland y que popularizase el grupo Il Divo, voz trabajando registros y colores que le queda encontrar aunque esté en el camino y las manos correctas.

Cristóbal Blanco nos dio la bienvenida con la música de Kander y Ebb para el «Cabaret» en tres idiomas: francés, inglés WelcomeWillkommen alemán invitándonos y contagiándonos de la música entreguerras popularizada en la película de Liza Minelli, continuando con el melódico She de Charles Aznavour usado en «Notting Hill», con un piano algo «perdido».

Para las más jóvenes se utilizó un micro discreto que ayudó a disfrutar primero de Carla P. Fraga cantando Smile de Charles Chaplin, jovencísima, con ese sentimiento natural y sin miedos sabiendo esperar al piano, respirar y afinar en pleno aprendizaje, y otro tanto en Cry me a river (Arthur Hamilton), dominando el inglés y templando con el piano.

No se quedó atrás Aisha F. Romero, aún más joven cantándonos el famoso Edelweiss (Rodgers/Hammerstein) de «Sonrisas y lágrimas», mala traducción del inglés «The Sound of Music» (El sonido de la música), musical de referencia para muchas generaciones, también para Aisha, aún de voz pequeña que crecerá con los años y el estudio pero sin complejos sobre el escenario, y aún mejor el Ave María (Michael Lorenc) con esa naturalidad infantil inimitable que espero mantenga hasta el cambio fisiológico porque la espontaneidad junto a la musicalidad no deben perderse en el canto.

Retomando la pareja de adultos nos iríamos al «Moulin Rouge» primero con Silvia
y One Day I’ll Fly Away (Sample / Jennings) imaginándonos en la película a Nicole Kidman con algún desafine que el piano no pudo subsanar, y Cristóbal el tema de Elton John que aparecía también en ese musical Your Song en su onda de convencer al cantar sin copiar ni imitar, sacando unos agudos propios que dieron el sello personal.

De lo mejor del recital y con ese punto canalla del que avisó y le va genial pese al piano inseguro que le faltó la misma onda espectacular casi histriónica, Cristóbal se marcó el tema de Herodes del «Jesus Christ Superstar» (A. Lloyd Weber / Tim Rice) realmente espectacular, entendiendo como nadie qué es un musical, ópera rock, teatro cantado y dominador de la escena, además del idioma de Shakespeare pudiendo haber elegido la versión española.

Otro de los musicales que tiene verdaderas joyas para las voces como es habitual en Andrew Lloyd Weber e igualmente llevado a la gran pantalla, «El Fantasma de la ópera» nos permitió escuchar el dúo All I Ask of You con buen color y empaste entre ambos antes de que

Silvia nos interpretase Wishing You Were Somehow Here Again, esa conversación de la protagonista en el cementerio con la tumba de su padre, bien en general aunque le falte esa seguridad y naturalidad que el tiempo y estudio consiguen pero bien asentanda aunque nuevamente el piano por escritura no ayude. Seguiría Cristóbal con The Music of the Night solvente en escena y canto con un registro grave hermoso y más natural a veces que sus agudos, con este tema que le va perfecto por intimismo, estilo y gusto. Cerrando esta selección la protagonista del musical Christine en la voz de Silvia cantaría Think of Me con ese guiño final operístico y exigente técnicamente que muestra las dificultades que esconde el musical cuando se quiere hacer honesto y con calidad, sin artificios y desde el respeto a la música.

El colofón nada menos que con The Quest, la búsqueda del sueño imposible, perteneciente al musical «Man of La Mancha«, El Hombre de la Mancha que en España cantasen José Sacristán con Paloma San Basilio (y en el cine Peter O’Toole y Sofía Loren), excelente elección y casi ideario de lo que supone trabajar la voz, estudiar canto y adaptarse a los diferentes estilos con técnicas distintas pero que dominándolas pueden dar a los intérpretes satisfacciones en todos ellos para conseguir emocionarse y emocionarnos.

Mieres por una tarde fue capital musical y del Musical. Mañana las voces serán femeninas y corales…

Amen este Viernes de Dolores

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Viernes 23 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario OSPA, Mª José Moreno (soprano), Ana Ibarra (mezzo), Pablo Bemsch (tenor), David Menéndez (barítono), Sociedad Coral de Bilbao (Enrique Azurza, director), Perry So (director): Dvorak: Stabat Mater, op. 58.

Viernes de Dolores, anterior al Domingo de Ramos e inicio de la Semana de Pasión, perfecto para programar en este concierto extraordinario, en todos los sentidos, el Stabat Mater de Antonin Dvorak (1841-1904). Aclarando algunas dudas sobre el texto latino para la fiesta de los Siete Dolores de la Virgen al que el músico checo decide ponerle música, texto atribuido al jurista y hermano lego de la orden franciscana Jacopone da Todi (1230-1306) no es correcto puesto que vivió en el siglo XIII. Inspirado directamente en el Evangelio de San Juan es justo comentar que​ la «Fiesta de los Siete Dolores» se conmemora por la Iglesia de occidente dos veces al año: este viernes de la semana de Pasión que llamamos «Viernes de Dolores», y también el 15 de septiembre. La primera de estas conmemoraciones se instituyó en Colonia y otras partes de Europa en el siglo XV, llamándose por entonces «Memoria de los Sufrimientos y Penas de la Santísima Virgen María», y dedicado especialmente a los sufrimientos de Nuestra Señora en el curso de la Pasión. La festividad, ya con el nombre de los Siete Dolores, se extendió por toda la Iglesia occidental en 1727, por lo que el texto latino no fue compuesto para dicha fiesta al ser del siglo XVIII como tal, así que Dvorak conocería la fiesta pero Jacopone da Todi no. Gracias a mi «hermanina Rosa» por sus sabias matizaciones. Y de los textos latinos incluidos en la revista nº 19 de la OSPA donde su portada es precisamente Perry So, reflejar que aparece también la versión castellana rimada de Lope de Vegaque durante algún tiempo fue aceptada por la Iglesia española como traducción oficial del texto.

Entrando ya en la parte musical decir que esta temporada el colaborador artístico de la OSPA es Perry So, director con el que nuestra orquesta siempre ha funcionado por la confianza que demuestra, el trabajo riguroso, la claridad y especialmente la energía contagiosa. El sonido que alcanzan con el director chino es aterciopelado sin perder presencia ni tensión en la cuerda, con la madera dando el «bouquet» y los metales siempre seguros y confiados, sin olvidarme de los timbales hoy en un lateral por la colocación del coro, o el órgano en el otro, echando de menos en el auditorio asturiano un órgano como el de su homónimo bilbaino por no pedir el de Madrid. En la edición del pasado año del macro festival “Musika Música” que se celebra todo un fin de semana en el Palacio Euskalduna, pude disfrutar de este mismo concierto dentro de la temática Bohemia, con un elenco casi idéntico al de este Viernes de Dolores: So al frente de la OSPA junto a la Coral de Bilbao y el barítono asturiano David Menéndez, aunque esta vez escoltado por la soprano Mª José Moreno (aunque en la Web de la orquesta figurase Isabel Rey), la mezzosoprano Ana Ibarra y el tenor argentino Pablo Bemsch. Los «dolores» se tornaron placer por el resultado global.

El cuarteto solista me pareció buena elección por solvencia, empaste y en las distintas intervenciones tanto con el coro en el número inicial, ellos cuatro y las partes solistas así como los dúos verdaderamente emocionantes, destacando especialmente ellas, conocidas hace tiempo, con una Moreno poderosa y el Inflammatus de Ibarra divino. Nuestro paisano Menéndez es un barítono que saca brillo al papel original de bajo aunque los graves estén pero no alcanzan el color ni la pegada de una cuerda donde escasean voces, por lo que la opción de barítonos sigue siendo socorrida y en el caso de David seguro en los potentes agudos a los que la cuerda más grave no atacan con la comodidad del asturiano. Mi tocayo argentino Bemsch, fue la parte «más débil» del cuarteto pero dando el difícil equilibrio nunca fácil al conjunto, insistiendo en el acierto.
La centenaria Sociedad Coral de Bilbao que ahora dirige Enrique Azurza, mantiene ese sonido de los coros vascos aunque más por número que por calidad, algo mermada por una media de edad alta en las voces graves y algo más joven en las blancas, lo que no empaña en absoluto el esfuerzo y preparación de esta maravillosa obra donde ellos llevan el peso del pueblo.
Personalmente me quedo con esos placeres que va dando el tiempo, y si en Bilbao presumía de asturianía por nuestra orquesta y barítono, con baja de titular cubierta por un So entonces inconmensurable, comprobar que lo ya hecho funciona me presta, como decimos aquí, todavía más. Dando tiempo de ensayo y otra actuación el día anterior en Gijón es normal conseguir el merecido éxito con el público en pie, todavía mayor que el referido en la capital vizcaína. Reposar la partitura y retomarla de nuevo dio al Stabat Mater el poso necesario a todos: orquesta, coro y solistas más este director que engaña por su apariencia frágil pero siempre con las ideas claras y los gestos precisos, redondeado este obra de Dvorak donde el dolor personal y biográfico, como escribe Juan Manuel Viana en las notas al programa, encuentra la esperanza en la belleza. Me gusta jugar con las palabras y cambiar el acento de lo último cantado: amen.

Mi reseña en La Nueva España del sábado 24 y la crítica el domingo 25.

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