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Jaroussky de disco

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Domingo 7 de abril, 19:00 horas. Los Conciertos del Auditorio, Oviedo: Philippe Jaroussky (contratenor), Ensemble Artaserse.

La voz del contratenor es lo más parecido a los castrati, y volviendo del concierto dominical venía escuchando en el coche a Arturo Reverter hablando de ellos y sonando Philippe Jaroussky como el más popular o mediático y uno de los más aclamados por la crítica a pesar de los años, volviendo a llenar el auditorio con uno de los compositores barrocos a los que rinde culto, esta vez el veneciano Francesco Cavalli (1602-1676), discípulo aventajado del divino Claudio Monteverdi, al que ha dedicado su última grabación que se vendió como churros en el hall y tuvo el detalle de firmarlos uno a uno tras el espectáculo con el Ensemble Artaserse plagado de españoles, a igual altura en calidades que el contratenor y no una formación para la gira, más de una hora de cola que atendió cordial, amable y simpático como la figura cercana que es.


Programa organizado en la forma habitual de estos recitales alternando «sinfonías», arias de las óperas conocidas de Cavalli como L’Ercole amante, Xerse, Il Ciro, Erismena, Eliogabalo, La Calisto, Doriclea, L’Ormindo, Orione, Pompeo Magno, más dos propinas donde maestro y discípulo brillaron por igual gracias sobre todo a «los Artaserse» fundados en 2002 por el propio Jaroussky, que vistieron cada página de buen gusto con acompañamientos delicados, bien elegidos y combinados en un continuo maravilloso y con el dúo de instrumentistas de viento que alternaron corneti y flautas verdaderamente «barrocos», sin olvidarse de las percusiones que tanto iluminan de detalles arias y lamentos. Por ellos quiero comenzar citándolos a todos: Raúl Orellana y José Manuel Navarro (violines), Marco Massera (viola), Christine Plubeau (viola da gamba), Roberto Fdez. De Larrinoa (violonchelo), Marco Horvat (guitarra y lirone), Marc Wolff (tiorba), Berengère Sardin (arpa), Michèle Claude (percusión), Yoko Najamura (clave), Adrien Mabire y Benoit Tainturier (cornetos / flautas), especialmente delicados aterciopelando un sonido siempre delicado en todos y cada uno de ellos.

Primer bloque enlazando tres Sinfonías, dos de L’Ercole amante Eliogabalo «escoltando» las arias de Xerxe Ombra mai fu que da título al CD, Ciro Corone ed honori y el Lamento plenamente monteverdiano, elegante como la Venecia del XVII, con sobretítulos que nos ayudaban a comprender cada rol de Jaroussky, el timbre algo más oscuro que hace años pero igual de pletórico en las agilidades y toda la amplia gama de dinámicas donde los piani siguen siendo únicos mimados por la instrumentación perfecta, un concierto que resultó «de disco» por la perfección mostrada.

Segundo bloque de «continuidad» comenzando con el recitativo y aria de Endimione de la ópera más representada de Cavalli, La Calisto, el Nerillo de L’Ormindo y el recitativo y lamento de Idraspe de Erismena, efectos de viento en la percusión, con la Sinfonía lenta de Doriclea o la más movida Prólogo de Orione, disfrute instrumental, finales perdendosi con mínimos silencios o directamente enganchados al aria siguiente evitando toses para un público entregado casi como ritual integrador porque Jaroussky manda sin gestos, solamente con esa voz que deja boquiabierto a los «no iniciados» y emociona la legión de seguidores.

Cambiando un aria de Giasone por la de Pompeo Magno «Cieche tenebre», la segunda parte repitió esquema y aumentó calidades, con bloques más separados en parte por el aplauso tras cortar la respiración el aria de Vafrino de Ipermestra sonando un continuo grave que prescindió de violines, viola, arpa y percusión para revestir la voz del atuendo básico y elegante. El Lamento de Apollo tornó el continuo con el arpa y la tiorba protagonistas subyugantes de ese amor entre Apollo y Dafne precediendo la sinfonía correspondiente, el recitativo y aria de Erino o la siguiente de Eumene La belleza è un don fugace, viva, rítmica, de aire hispano que volvería a marcar otra cesura en el discurrir del concierto. El ensemble abriría el último «sprint» calmando ánimos, preparando el recitativo y lamento de Alessandro, lamento como forma monteverdiana donde Jaroussky despliega lo mejor de su voz, para finalizar con Brimonte y un aria guerrera, All’armi, mio core de la ópera Statira, perfecto entendimiento con sus músicos y ardor interpretativo recompensado por salva de aplausos más las dos propinas comentadas: Monteverdi arrancado con el arpa divina a la que se van sumando con delicadeza el violín ornamentando entre versos, viola de gamba, corneto aterciopelado y esa reconocible aria Si dolce è’l tormento, dulce tormento a fuego lento apagándose para cortar el aire, y de nuevo Cavalli Alcun più di me felice non è (Clarindo de La virtù de’ strali d’Amore), probablemente el aria más breve escrita que Jaroussky usó para despedirse con alegría antes de la firma de discos.

El contratenor con nuevo disco no defraudó, Artaserse tampoco, barroco para todos los públicos que sigue estando de moda en Oviedo…

Sandrine Piau, la elegancia barroca

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Martes 26 de marzo, 20:00 horas. Sala de Cámara, Auditorio de Oviedo, VI Primavera Barroca: «Heroínas barrocas«, obras de Händel. Sandrine Piau (soprano), Les Paladins, Jérôme Correas (clave y dirección).

Prosigue con éxito la sexta edición de esta primavera barroca familiar coproducida por el CNDM en la sala de cámara carbayona, ideal por cercanía y acústica aunque en los conciertos del auditorio cada vez tenga más presencia esta música que sigue atrayendo a un público variado y entendido, máxime cuando tenemos la suerte de disfrutar en «La Viena del Norte» a figuras como la soprano francesa con un ropaje de alta costura a cargo de Les Paladins y el maestro Correas al clave y dirección que conoce como pocos por su faceta de cantante lo que supone acompañar la voz mimándola con esmero compartiendo un programa dedicado a las heroínas de Händel, alemán internacional que terminaría sus días como Haendel en la corte británica donde dejó escritas tantas joyas.

De las muchas óperas del gran maestro, las elegidas para el concierto fueron Ariodante, PartenopeGiulio Cesare in Egitto, Alcina y Rodrigo cuyas arias y oberturas fueron bien colocadas en el programa, con notas de mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón, junto al Concerto grosso en la menor, op. 6 nº 4 HWV 32 (1739) perfectamente encajado y siempre buscando la unidad temática de las heroínas a las que Sandrine Piau encarnó en el amplio sentido de la palabra, un primor escucharla con dicción perfecta aunque esta vez sí contásemos con los textos y su traducción, emisión clara, calidad interpretativa en cada aria y especialmente la elegancia en su línea de canto donde los agudos nunca molestan, sus graves sonoros realzan la belleza global de cada partitura, sumándole la puesta en escena donde funciona todo: gesto, pose, manos, pasando por cada uno de los estados de ánimo de Parténope, Cleopatra (incluso la imagen con su peinado), Alcina, Morgana y hasta la Armida de las dos propinas.
Les Paladins se presentan para esta gira española con un septeto idóneo para vestir a medida a la soprano francesa, pese a momentos desafinados por esas cuerdas que se aflojan como la tripa, poco tirantes aunque sin empañar un encaje digno del ropaje haendeliano. Juliette Roumailhac en el violín solista con intervenciones líricas, Jonathan Nubel segundo violín de encaje y entendimiento con el primero impresionante, Clara Muhlethaler a la siempre necesaria y complementaria viola, Nicolas Crnjanski al violonchelo redondo en el conjunto, bien doblado a menudo por Franck Ratajczyk al contrabajo, y finalmente Benjamin Narvey alternando la tiorba y la guitarra barroca dependiendo del «contexto» dramático, tanto en los punteos complementarios del clave como los rasgueos reforzando ritmos. De ​Jérôme Correas lo apuntado, dirigiendo desde el clave a sus músicos que tienen interiorizadas todas y cada una de esas páginas, los ornamentos en su sitio que verdaderamente embellecían la voz de Sandrine Piau y aparecían en el momento preciso para convertirse en perlas, collares dorados o sutiles veladuras sonoras.

La Obertura de Ariodante HWV 33 (1735) mostró las cartas de lo que vendría a continuación, pues el contraste típico resultó de libro con la guitarra en el continuo y sonoridades que la sala de cámara ovetense mantiene limpias. Partenope HWV 27 (1730) arrancó musicalmente mientras la soprano aparecía refulgente y plateada para el aria Voglio amare infin ch’io moro, sin necesitar una orquesta completa, con Les Paladins la voz corría ágil y colorida, arropada más que acompañada para disfrutar la primera aparición de esta figura del canto barroco antes de transmutarse en la Cleopatra de Giulio Cesare in Egitto HWV 17 (1724), primero con el famoso recitativo y aria Piangerò lal sorte mia que pone la carne de gallina por expresividad, entrega y equilibrios instrumentales antes de rematar la primera parte con Da tempeste il legno infranto, capaz de enamorar a toda la tropa que llenaba y disfrutaba con Sandrine Piau, retomando la guitarra en un continuo íntimo lleno de dinámicas asombrosas, agilidades carnosas sin artificio, pulsación ideal y colorido total. Entre ambas el Concerto grosso en la menor, op. 6 nº 4 donde los instrumentistas rindieron tributo a esta forma barroca en los cuatro movimientos de aires y matices amplios acordes a la calidad general de este recital.

Alcina HWV 34 (1735) abriría directamente con el aria Ah! mio cor, más que un aperitivo en la voz de la francesa y el septeto sonando como una orquesta de cámara por esa calidad que atesora cada músico, declaración amorosa de amplio registro y «tempo giusto» degustando palabras, agilidades paladeadas sumándole el saber estar sobre las tablas de la soprano dominadora de cada rol.
Curiosa la ópera Rodrigo HWV 5 (1707) basada en nuestro último monarca godo que parece fue la primera representada en el Londres regio de Haendel, aquí la obertura en forma de suite digna de tener al menos tanta fama como otras más escuchadas. Siete danzas donde la guitarra subraya el carácter hispano y cuya Bourrée en pizzicatos sonó triunfantemente redonda dentro de unas heroínas que aquí tornáronse en regio. Volvería Alcina, ahora Morgana Piau para finalizar con Tornami a vagheggiar, nuevo cortejo y coqueteo vocal con solo la cuerda de Les Paladins, dramatismo en estado puro donde la voz campa a sus anchas por toda la tesitura y recursos que Haendel pide a sus personajes, belleza sonora para todo un espectáculo camerístico.

Con el público volcado, las dos propinas de otra heroína con dos personalidades del Rinaldo (que escucharemos el próximo octubre en Oviedo), la Almirena Armida bruja que diría Correas, Furie terribili sin efectos especiales pero fogosa a más no poder, y el superéxito Lascia ch’io pianga que no cansa nunca, esta vez increíblemente íntimo, bien interpretado por el juego de aires, más ágil de lo habitual, y especialmente los ornamentos tanto vocales como instrumentales que pusieron en lo más alto esta página única siempre distinta con Sandrine Piau, Correas y sus paladines rematando un concierto heróico y elegante. Da gusto salir del auditorio con el ánimo recompuesto ante tanta belleza y calidad demostrada, porque el barroco cuando se hace así es atemporal y por encima de modas.

Monteverdi divino

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Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Ian Bostridge (tenor), Europa Galante, Fabio Biondi (director). Obras de Castello, Monteverdi, Farina, Purcell y Frescobaldi.

Crítica para La Nueva España del miércoles 20, con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Si el barroco tiene su propia primavera en la sala de cámara, se está haciendo hueco en la sala principal dentro de este ciclo de grandes conciertos, y volvían dos años después Fabio Biondi con su Europa Galante en un programa del Seicento italiano en el que brilló el tenor inglés Ian Bostridge con un “Divino Claudio” además de la licencia de su compatriota Purcell.

La formación de Biondi llegaba a Oviedo con un octeto suficiente para las obras elegidas, tanto instrumentales como vocales: dos violines, viola, cello, contrabajo, laúd, arpa y clave-órgano, de presencia y acústica suficiente al mover la caja escénica, y eficiencia en todos los instrumentistas que por momentos casi taparon la voz del británico. Sus intervenciones camerísticas tuvieron distintas calidades, más por lo escrito que lo tocado, pues siguen demostrando el dominio del repertorio italiano bien equilibrado y contrastado en dinámicas y tiempos.
Compositores poco conocidos como Dario Castello, de quien nos dejaron dos sonatas del Libro II (1629) alternando clave y órgano en forma típica en su época, junto al curioso Capriccio Stravaganzza a quatro (1627) de Carlo Farina, donde los instrumentos imitan sonidos de animales con técnicas muy expresivas a base de glisandos, pizicatos, trémolos o dobles cuerdas y los novedosos para entonces sul ponticello o col legno, juegos tímbricos donde los Galantes se mostraron solventes además de preciosistas.

Monteverdi sería el verdadero protagonista vocal con Ian Bostridge, primero Il combattimento di Tancredi e Clorinda (1624) originalmente para tres voces y seis instrumentos, aquí en versión de voz sola (con teléfono móvil al final) para la que el compositor exhorta al tenor “voz clara, firme, de buena dicción y bastante alejada de los instrumentos para que se entienda mejor su narración”. Continúa pidiendo “no hacer gorjeos ni trinos” salvo en las partes indicadas, todo al pie de la letra por parte del cantante inglés en el llamado stilo concitato donde la armonía imita lo enunciado, exigiendo una gama expresiva muy amplia en pos del texto, silábico y por momentos rapidísimo, casi un trabalenguas. Verdadera exhibición de gusto y dominio que mejoró en el último madrigal Tempro la Cetra, monodia acompañada por unos músicos curtidos en este repertorio, con el continuo sin necesidad de doblar cello y contrabajo, sólo éste con el clave, arpa y laúd en un cuarteto remarcando el texto, sobretitulado ayudando a comprender el esfuerzo y la dramatización exquisita del tenor.

El Purcell que abriría la segunda parte supuso salto de época y estilo pero más comodidad vocal pese a la posición casi encogida del cantante que recreó The Queen’s Epicedium (1695) con gran intimismo ayudado por la presencia únicamente del continuo.
Europa Galante puso a continuación su parte instrumental de Frescobaldi y sus Fiori Musicali, op. 12 (1635) con tres formas contrastadas utilizando el órgano para crear atmósferas barrocas por excelencia: Toccata, Bergamasca y Capriccio sopra la Girolmeta, antes de la cítara última de Il divino Claudio.
Buen «seicento» italiano, mejor cantado que instrumental, óptimos los dos ingleses (compositor y tenor) aunque Bach sea dios, verdadero regalo con el que nos elevaron al paraíso musical estos primorosos galantes europeos que también lo tienen grabado. Bendito barroco en Oviedo, “La Viena del Norte”.

Barroco al alza

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Lunes 18 de marzo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Ian Bostridge (tenor), Europa Galante, Fabio Biondi (director). Obras de Castello, Monteverdi, Farina, Purcell y Frescobaldi.

Reseña para La Nueva España del martes 19, con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Si el barroco tiene Primavera propia también se agradece la creciente presencia en este ciclo trayendo figuras de la talla de Fabio Biondi y su Europa Galante que volvían dos años después a la Sala Principal, pantalla acústica ayudando, con un programa del Seicento para lucimiento instrumental en formato octeto compartido por el tenor inglés Ian Bostridge de color y dicción ideales cantando al “divino ClaudioMonteverdi como único narrador, verdadera dramatización de los textos. Tanto en “El combate” donde un móvil noqueó el final celeste de Tancredo y Clorinda, como en La Cetra el público, que casi llena el patio de butacas, disfrutó del Maestro y sus intérpretes. La licencia geográfica y temporal al compatriota Purcell sirvió para degustar la lengua materna del solista, siempre ayudados por sobretítulos, tan solo con el continuo (cello, arpa, laúd y clave) y canto doliente para “La Reina”.

Instrumentalmente, salvo el reconocido Frescobaldi de sus “Flores” que mantuvo el interés alto, unos menos escuchados Castello y Farina con su stravaganza animalesca dejaron contentos a todos con el buenhacer de esta Europa con calidades contrastadas por todos ellos más Biondi llevando de la mano y arco a sus galantes.
De propina Bach dio el salto al Paraíso musical.

San Miguel español

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Miércoles 13 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara, VI Primavera BarrocaConcerto 1700, Daniel Pinteño (director). Hernández Illana: Oratorio a San Miguel.

Crítica para La Nueva España del viernes 15, con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Por sexto año vuelve la Primavera Barroca a Oviedo en colaboración con el CNDM que encargó esta recuperación histórica (reestrenada el martes en León) a cargo de Raúl Angulo desde la Asociación Ars Hispana y Daniel Pinteño, del Oratorio La Soberbia abatida por la humildad de San Miguel (1727), obra de un olvidado Francisco Hernández Illana (1700-1780) quien desarrolló su actividad profesional en varias capillas eclesiásticas como las catedralicias de Astorga y Burgos o el Colegio del Corpus Christi de Valencia.

Este oratorio parece continuar la tradición de los autos sacramentales del siglo XVIII que no es precisamente lo más apreciado de nuestra historia musical, siendo de agradecer tanto a Angulo como a Pinteño el esfuerzo por seguir rescatando estas “músicas mudas” de los archivos y acercarlas a un público que las valora y disfruta, volver a dar voz y armar una gran forma musical religiosa muy de moda durante el barroco aunque ésta todavía conserve rasgos de nuestro dorado renacimiento del que costó años despojarse.

Para ello se ha contado con las voces protagonistas de la soprano Aurora Peña, la mezzo Adriana Mayer, el contratenor Gabriel Díaz y el tenor Diego Blázquez, todas en tesituras algo graves producto supongo del diapasón historicista, algo más bajo que el actual, acompañados por una formación “ex profeso” para esta joya: Jacobo Díaz con un oboe que daría un colorido especial cercano por momentos al corneto, Víctor Martínez al violín necesario y complementario, Ester Domingo con un violonchelo seguro y redondo encabezando el continuo de Ismael Campanero, violone o contrabajo potente, Asís Márquez al órgano positivo al que le hubiese venido bien octavar en agudo, y Daniel Pinteño al primer violín y dirección, ejerciendo perfectamente en ambos cometidos.

Esta obra temprana del compositor burgalés se fue representando en sus destinos como maestro de capilla y con los instrumentos que tenía disponibles, y estilísticamente resulta original por unir la tradición española de coros «a cuatro» polifónicamente renacentistas en pleno barroco de bellísimos empastes con momentos a capella deliciosos, y la italiana de comienzos del XVIII con «arias da capo» brillantes tanto en escritura como en interpretación a lo largo de la partitura, teniendo cada voz sus correspondientes recitativos y arias solistas o a dúo.

Oratorio en dos partes conservado en la Congregación de San Felipe Neri de Palma de Mallorca se inicia cada una de ellas con una “Sinfonía” en dos movimientos rápido-lento para esa formación instrumental más los cuatro personajes que van sucediéndose en combinaciones de coros, recitados, arias o los “estribillos a cuatro” tan hispanos. El rebelde Luzbel de Blázquez resultó de factura ideal aunque grave, casi para barítono, especialmente en los números 10 y 11 lentos, dialogados con Pinteño de complemento perfecto, mejorando en cada intervención para “el ángel caído” y contrastando con su otra intervención más ligera y acompañada del “tutti” en los 27 y 28 de la segunda parte; San Miguel defensor del orden corrió a cargo de Gabriel Díaz, si bien tener un/a contralto hubiese redondeado un cuarteto vocal más compacto y homogéneo, de registro agudo cómodo y color brillante para un contratenor, más dos tiples que en su época serían niños, Aurora Peña cantando el Ángel que fue el más “cómodo” de los roles, verdadero vuelo vocal, y el Demonio de Adriana Meyer, mezzo que de nuevo exigía unos graves incómodos en su tesitura para aunar dicción y emisión, si bien el personaje parezca pedir esa oscuridad vocal.

En los coros el cuarteto sonó empastado dejándonos números plenos de homofonías renacentistas antes de la explosión barroca final (31 y 32 de recitado más estribillo a cuatro “Al arma, al arma, guerra”); más desiguales resultaron los recitados y arias que pedían también dramatismo lírico intrínseco al Oratorio, faltando esa luminosidad que de tener tonalidad más aguda o afinación un par de hercios arriba hubiese dado otro carácter a esta forma religiosa. Amén de las tesituras o diapasón elegido, tampoco pudimos entender del todo unos textos en español que nos diesen más pistas al argumento bíblico que los seis músicos sí subrayaron en su discurrir sonoro.

Concerto 1700 trabajó en esa conjunción musicolingüística, el bajo continuo reforzando bien las cuatro voces, con el órgano desgranando los ornamentos precisos y rellenando con excesiva presencia las dos sinfonías con el oboe especialmente acertado en color y virtuosismo, pinceladas claramente barrocas bien secundadas por los violines ayudando a tintar de acento italiano un oratorio netamente español.
Tras agradecer la buena acogida en “La Viena del Norte”, los diez músicos bisaron uno de los coros a cuatro del San Miguel más español.

Carta a SS. MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados «Años Mahler» sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil» con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria ya renacida, la OCAS, nuestros coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola Casariego, Alejandro RoyDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular y seguro repetirá ahora desde la OCRTVE.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en 2018 siguieron «a tope» y haciendo historia siempre volando desde casa,, celebrando 20 años y  nuevo disco Concerto Zapico 2 a pesar de su obligada mudanza de la capital).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid), sin olvidarme de Judith JáureguiDiego Fernández Magdaleno.
Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, ya que de Jorge Muñiz ya llegó su Fuenteovejuna al Campoamor, y del siempre «redescubierto» Guillermo Martínez o de Gabriel Ordás me consta que este 2019 seguirán inspirados y en su línea de estrenos.
Por no perder la esperanza pido para los llamados «gestores culturales» que se olviden de su otra crisis, la intelectual que parece contagiosa como la gripe, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes ni cierres!.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis jóvenes violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, y María Ovín aún en la OSPA) que van creciendo, para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2019 y más. Además de darles las gracias de nuevo por Luca y por su vuelta con triunfo a la ópera ovetense, espero le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid aunque en Italia saben que es muy querida y Londres, Nueva York o Viena aún no se hayan enterado… pero Vds. lo saben por ser Magos.
Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela porque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor sin encontrar relevo sigue enfadándome. A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS).
Mientras tanto espero que la palabra corrupción desaparezca de nuestra cotidianidad y que las crisis, ya en plural, pasen hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde «recortes» o «supresión» se escuche menos que «Cataluña» ¡lo qué ya es decir!, para este año 2019 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar «duros de oreja» (supongo que con el 155, tripartitos de tonada y demás «ocurrencies de oficalidá» no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone ni siquiera la vox).
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en «esta España nuestra» que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas municipales de las que mejor no opinar) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

 

Buenos estudiantes en verano

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Lunes 30 de julio, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), La Castalia: Concierto de clausura del IV Curso de Canto y Repertorio Vocal. Entrada libre y aforo completo.

Parece que estudiar en verano seguimos asociándolo a los malos resultados pero muchos son los que aprovechan el periodo estival para seguir haciendo cursos de perfeccionamiento, acudir a talleres y seguir creciendo porque así es la vida, muriendo y aprendiendo. En el campo musical nunca se deja de estudiar ni siquiera siendo profesional, incluso más aún para mantenerse siempre en forma, así que vacaciones como muchos las entendemos no existen.
En mi caso verano es sinónimo de desconexión laboral pero nunca de mis aficiones, entre las que nunca faltan lecturas y conciertos de todo tipo como se puede comprobar en el blog. Poder comprobar la evolución del alumnado es probablemente una de las satisfacciones mayores que se tienen tanto en la docencia como en mi melomanía, a menudo unidas ambas tras mis años de pianista repertorista, por lo que siempre que tengo a mano la posibilidad de escaparme a conciertos de clausura ahí estoy, y de nuevo Oviedo con «La Castalia» me ha dado la oportunidad de comprobar el buen estado vocal de nuestros jóvenes que ocupan el mes julio formándose con los mejores profesionales, todos luchando contra indolentes políticos, sin subvenciones, con zancadillas y rivalidades mal entendidas, poniendo dinero propio y apostando por un futuro más cercano de lo que se piensan los dirigentes, porque el tiempo vuela y no se puede dejar escapar el talento.

En nombre de esta incombustible Castalia del siglo XXI, su directora artística y profesora de canto Begoña García-Tamargo presentó este colofón de curso tras diez días duros de esfuerzo ímprobo para 14 alumnos, 100 horas de trabajo con profesorado de fonética (Ana Cristina Tolívar), análisis (Mª José Collazos) o repertorio vocal (Manuel Burgueras) para «desmenuzar» 76 obras y seleccionar las que finalmente pudimos disfrutar en el patio del RIDEA con un lleno impensable en un lunes al fin veraniego, con largas colas y una afición única en La Viena del Norte como llamo a este Oviedo musical, dejando aquí el programa. Además de recordar los sinsabores también repasó los conciertos en el Arqueológico, la centenaria Sociedad Filarmónica Ovetense, las distintas temporadas operísticas y sinfónicas con dos orquestas en la capital, junto a las Jornadas de Piano y Conciertos del Auditorio con su presupuesto pendiente de aprobar a estas alturas del año, aunque sabemos cómo funcionan nuestros dirigentes.

El maestro Manuel Burgueras al piano, del que dejo arriba la entrevista en La Nueva España, no solo ayudó durante todo el recital (al estar indispuesto Ángel Álvarez que también tenía sus obras) sino que continúa buscando lo mejor para cada voz, esta vez con mayoría de sopranos y distintos niveles pero todas ellas superando la dura prueba con público. Repertorio variado con canción de concierto para mayor disfrute pianístico y pureza total, arias de ópera, oratorio y también zarzuela para terminar. Acompaño fotos y obras junto a breves comentarios de todos los participantes.

Abría fuego el barítono coruñés David González Piñeiro con dos de las cinco canciones de «Let us garlands bring» opus 18 (G. Finzi) con textos de Shakespeare, Come away, come away death y Fear more the heat o’ the sun bien pronunciadas y sentidas para un timbre hermoso y delicado al que no debemos perderle la pista.

La jovencísima soprano Paula Montejo interpretó Amor, ch’atendi (G. Caccini) de voz natural a la que auguro largo recorrido, sin complejos y color prometedor totalmente adecuado a esta bellísima página, segura con el apoyo del maestro Burgueras.

El siempre difícil «Giulio Cesare» (Händel) del aria Si, spietata, il tuo rigore lo interpretó el bajo Román García, también joven pero que apunta maneras en su registro, agilidades bien resueltas con el aire adecuado para una voz que crecerá mucho con los sabios consejos de sus maestros.

Almudena Sanz es otra soprano que nos dejó muestras de dos estilos diferentes pero bien hilvanados y elegidos para su color, el complicado barroco de «Juditha Triumphans» (Vivaldi) con O servi volate más el clasicismo de Haydn y Quando la rosa non ha più spine (aria de Susana) de «La Metilde ritrovata» aún mejor.

Ya conocía al tenor Adrián Begega quien nos dejó el aria Sol può dir come si trova de «Il Re Pastore» (Mozart) que le va muy bien por tesitura y estilo, mejorando poco a poco su escena aunque el genio de Salzburgo siempre esconda dificultades en cada partitura.

Misma tesitura para otro tenor muy distinto, Vladimir López, voz con cuerpo en toda el registro y gusto en su línea de canto que optó por la conocida Parlami d’amore, Mariù (C. A. Bixio), disfrutando del piano y la melodía bien sentida, quedándome con ganas de escucharle algo más porque gustó en esta intervención.

También repetía la soprano Canela García que avanza en cada curso, cantando en su primera intervención la bellísima Nuit d’étoiles (Debussy), bien musicalmente y que deberá «romper» poco a poco en escena porque cualidades vocales las tiene.

Siguiendo en la misma tesitura de sopranos conocidas en estos cursos Cristina Suárez interpretó Ruhe meine Seele (R. Strauss) en perfecto alemán y protagonismo compartido con Manuel Burgueras, el siempre agradecido lied para ambos con un registro grave amplio e ideal en este repertorio al alcance de pocas voces jóvenes que la soprano gallega resolvió con solvencia.

Un placer escuchar a la mezzo asturiana María Heres en cada curso, siempre cómoda y segura en el repertorio barroco que adora, y más con el Messiah (Händel) con el que comenzó su primera intervención en la reposada aria He was despised and rejected of men con un piano mimando cada pasaje haciendo olvidar la orquesta original,

para continuar con el dúo O death, where is thy sting bien empastado con Adrián Begega en color e intención.

Las voces gallegas son habituales de «La Castalia» por cercanía y confianza en estos maestros, y una de ellas es la soprano ferrolana Carla Romalde, una veterana pese a su juventud, siempre con soltura en las obras trabajadas, dejándonos en primer lugar la complicada aria Ah, non credea mirarti de «La Sonnambula» (Bellini), belcantismo puro para una voz que se maneja bien con las agilidades.

Volvía el bajo Román García que se atrevió y cumplió con el aria Vieni, o levita de «Nabucco» (Verdi) asombrando de nuevo por un registro que el tiempo engordará para una cuerda en la que escasean estas voces.

Bellini volvería a sonar con Canela García quien interpretó Dopo l’oscuro nembo de «Adelson e Salvini» aprovechando esa voz con cuerpo y música de reminiscencias hermanas del Oh! quante volte («I Capuleti e i Montecchi») de mayor dramatismo vocal que corporal y el piano orquestal.

Más clasicismo de Haydn, la «canzonetta» con texto de Shakespeare She never told her love para la mezzo María Heres en su última intervención, inglés perfecto de dicción y confianza en un repertorio que avanza para su registro poderoso siempre cantando con emoción y buen gusto.

Del hermoso oratorio «Elías» (Mendelssohn), el tenor Adrián Begega eligió Zerreiset eure Herzen… So ihr mich resuelto con seguridad y matices algo exagerados pero solvente de principio a fin.

En la recta final y con segundas intervenciones llegaría la conocida aria Oh, ma lyre immortelle de la poco escuchada «Sapho» (Gounod) a cargo de Cristina Suárez, una joya que las grandes sopranos guardan para sus recitales y de agradecer poder escucharla en este concierto, bien trabajada por la cantante gallega que redondeó una buena intervención con la excelencia pianística del maestro Burgueras.

El apasionante mundo del lied volvía al recital con David González y Verborgenheit (H. Wolf) que requiere dicción y emoción, microrrelatos dialogados con el piano, perfectamente ensamblados ambos para este «descubrimiento mío» en el cuarto curso de «La Castalia», barítono al que espero poder seguir su trayectoria.

Oviedo ama la zarzuela, nuestro género por excelencia que tiene tanta tradición como la ópera en la capital asturiana (la segunda temporada tras Madrid) por lo que el cierre no podía ser otro, la romanza En un país de fábula de «La Tabernera del Puerto» (Sorozábal) que escuchamos hace poco en el Campoamor, aquí por la soprano Carla Romalde de timbre algo metálico pero seguro y suficiente con los ornamentos en su sitio  pausados junto a la «orquesta» de Burgueras, el acompañamiento ideal en esta clausura de curso y concierto que hizo las delicias de todos los presentes. Nombres de voces que cuando triunfen diremos «los escuché en Oviedo, La Viena del Norte gracias a La Castalia«.

Primus inter pares

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Martes 17 de julio, 20:00 horas. Verano en Oviedo 2018, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: La Real Cámara (Emilio Moreno, violín y maestro de concierto).

Crítica para La Nueva España del jueves 19, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

El nombre de Emilio Moreno va unido a la música antigua española, su reconocimiento es internacional por descubrir, defender y difundir nuestro patrimonio musical que sigue siendo todavía el gran desconocido. La formación que disfrutamos en este primer concierto del verano carbayón, estuvo compuesta por el propio Emilio Moreno más Enrico Gatti (violín), Mercedes Ruiz (chelo) y los hermanos Zapico (Aarón al clave, Pablo a la guitarra barroca y trioba), la misma que grabó hace tres años en nuestro auditorio un disco dedicado a Francisco José de Castro “Spagnuolo” (ca. 1670-ca. 1730), un jesuita sevillano que se iría a Brescia donde traduciría a los místicos españoles y participaría como violinista en la Academia “dei Formati”, componiendo unas triosonatas emulando a su maestro Arcangelo Corelli, con quien podemos decir que compitió y compartió calidad sin perder nunca el regusto hispano.

Del Trattenimenti Armonici da Camera, diez sonatas compuestas por el llamado “Corelli español” La Real Cámara eligió seis reuniéndolas con las del italiano para poder comprender mejor el calificativo del español en igualdad de condiciones pues el estilo de ambos es equiparable tras lo escuchado en el claustro del antiguo Monasterio de San Vicente. Distintas tonalidades mayores y menores del sevillano, coloridas y sentidas como “sonatas de iglesia” al igual que las de su modelo, todas de la Opus 2, con tiempos claramente contrapuestos para disfrutar de una escritura violinística a dúo limpia y brillantemente ejecutada por Moreno y Gatti sin rivalidades, alternando primero y segundo con total continuidad, normalidad y empaste; el impecable chelo de Ruiz completaría el trío desde la gravedad clara con momentos protagonistas emulando al dúo; finalmente para revestir cada una de las nueve obras seleccionadas, el continuo de los hermanos Zapico dándoles mayor empaque: el clave de Aarón siempre ornamentando en el lugar exacto con verdaderas perlas cultivadas, un imprescindible de Moreno con quien ha grabado a Boccherini, y Pablo jugando con tiorba y guitarra barroca según aires, ritmos y obras para completar el gusto español de Castro o hispanizar a Corelli en una visión de programa global donde resultó difícil distinguir entre maestro y alumno.

Hasta en Viena apareció un manuscrito de otro José de Castro, probablemente el sevillano con el que La Real Cámara nos regaló fuera de programa otra joya más para despertar esta música dormida que Emilio Moreno saca a la luz en una labor impagable de musicólogo e intérprete, rodeándose siempre de unos músicos que han trabajado este repertorio desde el rigor y pasión por continuar descubriendo esta música atemporal que sigue gustando al público, numeroso y variado que completó las dos alas del claustro con visibilidad y buena parte de las “ciegas” aunque respirando el mismo aire. Sonatas a tres del español, con sonoridades plenas y variadas, aires contrapuestos con regustos de danzas que fueron desgranándose junto a las del italiano.

Las sonatas 6 en do mayor, 1 en re menor y 7 en mi menor sonaron tan modernas como la Sinfonía à 3 Wo O6bis en re mayor de Corelli, manuscrito de la Biblioteca Nacional de Cataluña, o su Ciacona op. 2/12 en sol mayor colocada en mitad del concierto cual bisagra estilística más por la forma que por el fondo, pleno barroco puro de sonido ideal con este quinteto de lujo, texturas y dinámicas amplias que resultaron perfecto acompañamiento vespertino. La sonata quinta en sol menor del “spagnuolo” seguida de la sexta en re menor del italiano compartieron buen gusto y danzas (allemanda o giga) antes del broche final del “Corelli español”, la sonata 4 en re mayor y la 3 en si bemol mayor, modos mayores de un tiempo que abraza la tonalidad olvidándose modos renacentistas pero ganando en lumínico virtuosismo como el disfrutado en el Arqueológico a cargo de Emilio Moreno y La Real Cámara.

El verano musical ovetense brilla más que el climatológico aunque siga siendo “La Viena del Norte”. Entre estas piedras ideales en acústica quedan siete conciertos (este jueves Laura Mota al piano) hasta finales de agosto, dos más en el Museo de Bellas Artes de lo más interesantes, sin olvidarme del de órgano en La Corte para esta amplia oferta que cuenta con muchos intérpretes de casa y todos de calidad contrastada.

Ilusiones compartidas y mucho futuro

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Miércoles 11 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón: VII Concurso Internacional de Música Antigua. Ronda final. Entrada libre y aforo completo.

Uno de los platos fuertes del XXI Festival de Música Antigua de Gijón es el concurso internacional ya en su séptima edición, pasando a la ronda final dos de los cuatro grupos escuchados el día anterior, de nuevo con predominio de flautas e interesantes propuestas interesantes por repertorio y formaciones que volvieron a actuar en el orden del día anterior. Tengo que romper una lanza a favor de las «desconocidas» flautas dulces, realmente flautas de pico, que se verían relegadas por los traversos y todavía hoy asociadas al ámbito escolar (cosas de Carl Orff), cuando fueron las reinas desde el medievo hasta la llegada del clasicismo y la mayoría de edad de todos los instrumentos que conformarán las orquestas sinfónicas donde las flautas de pico no encontrarían acomodo.

El jurado estuvo formado por Pilar Montoya (catedrática de clavicémbalo y profesora de danza histórica en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León) como presidenta más los vocales Aziz Samsaoui (director artístico del Festival de Música Antigua de Granada y del grupo Veterum Mvsicae) y Alfonso Carraté (director de la revista «Melómano» y del Festival de Música Tres Cantos), quienes tuvieron difícil el veredicto que se hizo esperar con los nervios lógicos y abundante presencia del público que hizo su votación el día anterior coincidiendo con mi apuesta como dejé reflejado en mi anterior entrada y dejando a continuación la foto con Eduardo García Salueña director del festival, el jurado y Montserrat López concejala de educación y cultura junto al trío valenciano.

Ante la calidad de los grupos que tienen a su favor juventud, amor por la música y una trayectoria previa grande, decidieron dar el premio ex aequo a Vox Tremula Ibera Auri que en la final volvieron a gustar y deleitarnos con unas obras de dificultad como es de esperar en un concurso, junto al aplomo de un concierto a partes iguales de casi treinta minutos cada uno, sin repetir nada del día anterior.

Vox Tremula, trío de flautas formado en el Conservatorio Superior de Sevilla en 2012 y compuesto por Elena Escartín Díez, Judith Milena Cord-to-KraxGonzalo Martín Llao, combinaciones de flautas por parte de este consort internacional con dominio de todas las tesituras, alternando instrumentos de registros variados, abriendo en pie con el madrigal a tres voces Una panthera de J. Ciconia (c. 1370-1412), flautas cantando sin necesidad de letra.

Si el día anterior sus «contrincantes» optaron por una obra del portugués Cancionero de Elvas, ellos lo hicieron con Se do mal que me queréis, donde Milena realizó la voz grave desde una polifonía rica de matices, para proseguir con La canción del emperador de J. des Prez (c.1450-1521) / Luys de Narváez (1500-c.1555) cambiando a la grave Gonzalo, nueva muestra del magisterio por parte de los tres en toda la familia de las «incomprendidas» flautas de pico.

Impresionante el Contrapunto XIII de J. S. Bach (1685-1750) donde las tres flautas emularon el órgano no ya tímbricamente sino con el virtuosismo de Milena desde el grave cual pedalero coprotagonista, «El arte de la fuga» que Mein Gott escribe para todas las combinaciones posibles y «vox trémula» han hecho suya. La guinda de la técnica al servicio de la partitura nada menos que con la Sonata op. 1 nº 12, «La Follia» de A. Vivaldi (1678-1741), agudos en pie y necesariamente sentada con el bajo Elena, demostrando la riqueza de sonidos que guardan las flautas casi emulando un trío de cuerda, incluso con los pizzicati soplados porque el virtuosismo de los tres músicos alcanzó también los graves mientras los agudos flotaban cual pájaros inalcanzables desde los arcos, versión matizada, madura y dejándonos mayor riqueza que en la semifinal, comprendiendo las dificultades del jurado por acertar en su veredicto.

Mis preferidos y del público también Ibera Auri cerraban semifinal desde Valencia en Gijón, también trío pero «con flautas» y más completo al doblar clave o cantando también, variando todavía más las combinaciones posibles, apostando por obras breves variadas de estilo y también alguna conocida para los aficionados a la llamada «música antigua» que es cada vez más moderna. Lidia Rodrigo Royo en la final tuvo de nuevo protagonismo desde el clave pero también con la flauta en la segunda de las obras, el tenor Gabriel Belkheiri García del Pozo alternando e incluso duplicando papel con flauta de pico y su voz más Laia Blasco López, mezzo de voz natural, cálida y también virtuosa de las flautas de pico.

En la final comenzaron con el  Antoine Boësset (1587-1643) de quien interpretaron el dúo À la fin cette bergère con acompañamiento de clave casi guitarra o laúd por sonoridad y estilo, Laia cantando junto a Gabriel bien empastados, afinados y además con excelente vocalización y dramatización, casi dialogada, creída y creada.

Como flautistas nos dejaron la Trio sonate op. 3 nº 7 de Antoine Dornel (1685-1765), cuatro movimientos  (I Vivement – II Lentement – III Chaconne – IV Gigue) perfectamente complementarios y contrapuestos como buen barroco, mostrándose cómodos desde una ejecución impecable y muy trabajada. Nuevo salto de calidad con Passava amor su arco desarmado (recogido en «A musicall banquet»por Robert Dowland), un Anónimo del siglo XVI para mezzo, flauta y clave realmente delicioso por parte de los tres intérpretes que repetirían formato en Sosieguen, Descansen de Sebastián Durón (1660-1716), otra joya que me descubriese Raquel Andueza como a tantos de sus fieles seguidores, donde Laia Blasco puso todo el sentimiento, la flauta de Gabriel los perfectos toques coloristas y el clave de Lidia Rodrigo todo un muestrario de buen ornamento y armonía precisa.

Para terminar nada mejor que la Marizápalos, una joya anónima  del XVII que mi admirada navarrica canta como nadie y este trío plantea con alternancia de flautas y voz más el sustento imprescindible de un clave portentoso junto a dos voces cantando y contando la historia.
De nuevo un placer comprobar la seriedad interpretativa de esta generación joven y preparada que siguen ampliandorenovando proyectos sin perder nunca frescura ni calidad, alzándose con este premio que les dará todavía mayor visibilidad y conciertos, a fin de cuentas el mejor premio.
Aún queda festival en el patio del Antiguo Instituto Jovellanos aunque personalmente me despido agradeciendo el trabajo de toda la organización y colaboradores en seguir, no ya con este concurso sino apostando por un festival de música antigua que demuestra cada verano la buena respuesta del público, siempre fiel en Gijón.

Mucha flauta en semifinales

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Martes 10 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón: VII Concurso Internacional de Música Antigua. Ronda Semifinal. Entrada libre hasta completar aforo.

Dentro del XXI Festival de Música Antigua de Gijón se celebra este concurso internacional que llega ya a su séptima edición, pasando a la penúltima ronda cuatro grupos con predominio de flautas y algunas propuestas interesantes no ya por el repertorio donde abundó el Renacimiento, sino por las formaciones que actuaron por sorteo en el orden siguiente que paso a comentar.

Vox Tremula, un trío de flautas formado en el Conservatorio Superior de Sevilla allá por 2012 por la aragonesa Elena Escartín Díez, la alemana Judith Milena Cord-to-Krax y el argentino casi asturiano Gonzalo Martín Llao, quien también cantó De tous biens playne de Hayne van Guizeghem (c.1445-1476-97) antes de la versión instrumental de Alexander Agricola (c. 1445-1506) con la que abrieron la velada.

Combinaciones de flautas por parte de los tres músicos que continuaron con Calata ala spagnola (ditto Terzetti) de Joan Ambrosio Dalza (f. 1508), The eagles’s force & a gigg (William Byrd, 1543-1623) de virtuosismo a trío jugando con las dos danzas, y finalizar con la conocida Aria sopra «La Bergamasca« del barroco Marco Uccelini (1603/10-1680), apuesta arriesgada por los instrumentos con buenos resultados interpretativos pese a cierta «monotonía» tímbrica bien resuelta por las arreglos de las obras elegidas, ricas en polifonía y ritmos sumadas a la calidad y virtuosismo de este consort internacional.

El Dúo Acciaccatura que ya ganase el premio del público el pasado año, está conformado por la violinista madrileña Berta Ares López y el tiorba oscense Ignacio Laguna Navarro, también guitarra barroca aunque no la tañese este martes, personalmente el más original pero técnicamente algo flojo, puede que por la presión del concurso, poco volumen en la tiorba comiéndose algunas notas, y mayor presencia del violín barroco con ligeras imprecisiones en arco pero sobre todo de pulsación que dieron lugar a armónicos indeseados aunque sin perder nunca una musicalidad e ímpetu admirables, sobre todo en la violinista.

Las dos obras elegidas fueron sendas sonatas barrocas francesas de cuatro movimientos: Jean-Féry Rebel (1666-1747), la nº 6 en si menor, y de Jean Marie Leclair (1697-1764) la Sonata VIII en re mayor (Troisieme Livre de Sonates op. 5) de mayor exigencia para ambos intérpretes, sentidos los tiempos lentos y vívidos los rápidos destacando el final virtuoso a unísono que resolvieron bien pese a no lucir la tiorba como si de una viola da gamba o un clave para el acompañamiento se tratase.

Más flautas en el Ensemble Melante con Daniel Riquelme DelgadoJuan Miguel Illán Calado (flauta de pico y fagot barroco en la segunda de las obras) más la viola da gamba de Andrés García Fraile, juego tímbrico de viento y cuerda para la Suitte II en sol menor (Pièces en trio) de Marin Marais (1656-1728), tripartita (I Prélude / II Sarabande / III Air gay) bien contrapuestas y sentidas aunque poco agradecidas por su escritura y textura que pese al virtuosismo del compositor en la viola da gamba no tuvo el protagonismo esperado mientras las flautas completaron una partitura no muy inspirada,

en contraposición a la impresionante Trio Sonata TWV42:F3 para flauta de pico, viola da gamba y continuo (Essercizii Musici) de Georg Philipp Telemann (1681-1767), mucho mejor al contraponer la flauta protagonista junto al continuo del fagot barroco y «la madre del cello» en tres movimientos impactantes y bien ejecutados por el ensemble: I Vivace / II Mesto / III Allegro, destacando los extremos por virtuosismo y docta escritura por parte del compositor alemán bien leída por este trío.

Cerrando semifinal desde Valencia otro trío con flautas pero con clave y cantando también, variando combinaciones y apostando sobre seguro en el repertorio con obras breves, variadas e incluso conocidas presentadas orden cronológico, mi personal votación como público, Ibera Auri con Lidia Rodrigo Royo (clave y también flautas aunque no para las obras elegidas), Gabriel Belkheiri García del Pozo (flautas de pico y tenor) y Laia Blasco López (mezzo y flautas de pico).

Comenzaron con el anónimo del siglo XV Por qué llorax blanca niña en la voz femenina con el clave casi laúd y la flauta de perfecta ambientación sefardí, continuando con Por que não me vês Joana del Cancionero de Elvas otro anónimo del XVI alternando las flautas y voces, mejor la mezzo que el tenor pero ambos con naturalidad, fraseando después las flautas como el texto más el siempre presente y seguro clave, aparcando momentáneamente las flautas para cantarnos Frescos ayres del pradode Antoine Boësset (1587-1643), antes de las dos conocidas obras para el final, las instrumentales y virtuosas Folias para Dña. Tarolilla de Carallenosde Andrea Falconieri (1585-1656) y Trompicavalas amor de Juan Hidalgo de Polanco (1614-1685) con Laia Blasco cantando junto a la flauta de Gabriel y el clave de Lidia en una versión que madurará con ellos porque hay tantas versiones que todavía será inalcanzable la propia con este trío joven.

Al finalizar de escribir desconozco quiénes pasarán a la final del miércoles donde también se dará a conocer el premio del público que nuevamente abarrotó el patio del Antiguo Instituto Jovellanos aunque escuchase algunos despistes, mayormente jubiladas, confundiendo el clave con un piano de cola o la tiorba con un laúd… pero disfrutando todos de cuatro formaciones con mucha flauta.

P. D.: Vox Tremula e Ibera Auri finalistas para este miércoles 11.

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