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ARSinNOVA pero con todos los premios

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Gran Premio Nacional de Canto Coral, Gijón 2013. Teatro Jovellanos, sábado 30 de noviembre, 19:00 horas y domingo 1 de diciembre, 11:00 horas. Entrada: 5€.

El 75 aniversario del RGCC cerraba sus celebraciones nada menos que trayendo a la capital de la Costa Verde la decimoquinta edición el premio de premios corales, llenando en dos sesiones el coliseo gijonés. Y es que además de la conocida trayectoria coral local y regional, tener cuatro coros premiados en los respectivos concursos del «circuito» para disputar la gran final en polifonía y folklore era razón más que suficiente para acudir a las dos sesiones.

ARSinNova

El auténtico triunfador fue el Coro ARSinNOVA de Barcelona, coro de cámara dirigido por Pere Lluis Biosca Soler que se alzó con el Primer premio de Polifonía y Primer premio de Folclore, así como el Ganador del Gran Premio Nacional, siendo la segunda mayor puntuación y representante en el próximo Gran Premio Nacional del mes de abril del próximo 2014, el Coro de Cámara Alterum Cor de Valladolid que dirige Valentín Benavides García.

Los otros dos coros participantes fueron VokalArs de Madrid con Nuria Fernández Herranz en la dirección, y la Camerata Coral de la Universidad de Cantabria con Raúl Suárez García.

En el orden citado estos cuatro coros fueron los ganadores del Certamen Coral de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), Certamen de la Canción Marinera de San Vicente de la Barquera (Cantabria), Certamen Coral de La Antigua de Zumarraga (Gipuzkoa) y Gran Premio de Canto Coral «Santander 2012», por tanto y como bien remarcó Patxi Poncela, presentador del Gran Premio 2013, «concurso de concursos» que acogía a estos ganadores para optar al máximo galardón. Estuvimos ante cuatro coros que dieron lo mejor de sí en dos sesiones (polifonía y folklore) con programas que dejo enlazados y sin crónica detallada porque ocuparía espacio para los dos días, incluso para los invitados fuera de concurso, aunque no dejaré de incluir algún comentario puntual.

Alterum Cor

Mis favoritos estaban ahí, de acuerdo con el de polifonía para los catalanes y para folklore con dudas pero apostando por los vallisoletanos, siendo los otros dos en el orden en que aparecen citados aquí, con pequeños detalles que «restaron puntos» (frase hecha) a las otras dos formaciones. El jurado sí puntuó con baremo riguroso, como es de esperar viendo su composición y experiencia: Esteban Sanz Vélez (Santander), Jordi Casas Bayer (Barcelona), Jesús Eguiguren Etxebarría (Durango, Bozkaia), Eva Ugalde Álvarez (San Sebastián, Gipuzkoa) y Marco Antonio García de Paz (Luanco, Asturias).

De los ganadores bien dentro de polifonía, destacando Heaven Heaven (Britten) de voces blancas excelentes y graves de menos a más, y Agnus Dei (Penderecki), con partitura donde las dinámicas fueron muy agradecidas. En folklore, sin necesidad de escenificar y primando la música me quedo con una potente sardana Les Neus que es fonen (Morera) que además repitieron para cerrar el concurso, donde el único pero sería «limar» cierto sonido metálico en los fortissimi, que supongo la sesión matutina, nunca óptima para cantar, forzó más de lo deseado. Demostraron la calidad de un coro de cámara bien trabajado, desenvolviéndose bien con repertorios más cercanos en el tiempo, en su folklore (El Cant dels ocells en armonización de Bernat Vivancos fue casi instrumental por el excelente color vocal), con enorme musicalidad y una línea de canto solvente.

VokalArs

Alterum Cor trajeron un excelente programa de polifonía para una formación muy homogénea y bien empasatada, siendo excelente Le chant des oisseaux (Janequin) sin exagerar las onomatopeyas, los Deux Choeurs, Op. 68 (Saint-Saëns) delicados y el tema Cómo quieres que te dé de «Dos cantos castellanos» compuesto por su director, obra popular de difíciles armonías y escucha para el gran público. Simpáticas y sobrias sus dos escenificaciones finales.

Camerata Coral de la Universidad de Cantabria

Siguiendo con los coros de cámara, el VokalArs de voces blancas (con un contratenor) que dirige Nuria Fernández Herranz afrontó las dos jornadas sin partituras y pareció adolecer del siempre necesario contrapeso de graves, aunque la elección de las obras siempre busca paliar y compensar un color vocal al que no estamos acostumbrados. Destacaron en polifonía Ave Maria (Alice Tegnér) con «r» muy marcadas pero lo mejor, impactante el Ave Regina Coelorum (Ko Matshusita) y pleno Salve Regina (Miklos Kocsár). En folklore bajó un poco el nivel pese a los detalles coreográficos, el Geantraí (McGlynn) con una virtuosa del bodhran o cantar sin dirección y abanicos rojos para Las Amarillas (Stephan Hatfield).

Finalmente la Camerata Coral de la Universidad de Cantabria, numeroso frente a los anteriores de cámara pero un peldaño por debajo, puede que afectado por actuar en primer lugar. En polifonía las obras elegidas resultaron demasiado complejas para una formación que estuvo más cómoda en folklore, especialmente con el Libertango (Piazzolla) que estuvo acompañado por tres acordeones, pero pese a la «hinchada» o cariño del público por la cercanía geográfica, el nivel estaba inalcanzable.

El León de Oro

Como ganador en dos ocasiones del Gran Premio, y escapando del jurado, Marco A. García de Paz nos trajo su «coro espejo» que dice el Doctor Busto, El León de Oro con un miniconcierto en la línea de excelencia a la que nos tiene acostumbrados y tantos triunfos les ha dado, obras de ahora y de siempre como sus voces: Lay a Garland (Pearsall), Beati quorum via (Standford), Nunc dimittis (Holst) y Trébole (Domínguez) con coreografía incluida, manteniendo esa búsqueda de la perfección coral para disfrute de todos.

Buen fin de semana coral.

Más Britten y aún mejor

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Sábado 23 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: OSPA, abono 4: «Música y Guerra-Música para la paz». Benjamin BrittenWar Requiem, op. 66 (1961). Evelina Dobraceva, soprano; Robin Trischler (tenor), Stephan Genz (barítono), Coros de la Fundación Príncipe de AsturiasRossen Milanov (director).

Volvía al Auditorio a repetir concierto del día anterior con el convencimiento de estar ante un espectáculo irrepetible que no escucharé muchas más veces y evidentemente único por celebrar el Centenario de Britten, nada menos que el colosal «Réquiem de guerra«, y sabiendo que no hay nunca dos conciertos iguales.

El sabatino previsto para Gijón y que por culpa del temporal dejó imposible celebrarlo en La Laboral, trajo a los abonados «playos» (saludé a algunos amigos) hasta la capital pero con una entrada inferior a la del viernes y eso que se regalaron entradas, pero sabíamos que podría pasar, lástima porque se perdieron un concierto aún mejor.

De todo lo comentado en el del sábado añadir detalles que subieron la nota final hasta la Matrícula de Honor.

Los tres Coros de la FPA estuvieron sublimes, limando los mínimos ajustes del día anterior, bien afinados, empastados, y sobre todo más seguros en las entradas (qué importante es tener ensayos suficientes), volúmenes apropiados, recreando una obra que solo coros profesionales pueden afrontar. Emocionantes todas sus intervenciones, esta vez de los mayores me quedo con el Recordare y nuevamente el Lacrimosa con los que alcanzaron las más altas cotas, incluso los «Amén» con la duración exacta para no exagerar nasalidades. Los pequeños todavía dieron más, y pese a que este sábado estaba en anfiteatro se les pudo escuchar valientes, con proyección más que suficiente, presentes sólos, con órgano (nueva felicitación al «titular» del coro) y con orquesta, seguridad que se alcanza con trabajo y más trabajo. Felicidades especiales a Natalia Ruisánchez, a José Ángel Émbil y a José Esteban García Miranda, auténtico receptor en el coro «grande» de todas las bases corales.

El trío solista se comportó y entregó al máximo: la soprano rusa emerge de la masa cual flautín, no importa el poderío sonoro en los momentos de tensión trágica o las intervenciones íntimas, su paleta vocal y emisión siempre ajustada a la partitura; impresionante el tenor británico cuyo color y técnica son ideales en estas obras, con la orquesta de cámara aún más lírico, en los dúos y concertantes plenos manteniendo su calidad en todo el Requiem; y el barítono alemán, digno alumno de Sto. Tomás de Leipzig, que se recuperó para mantener el nivel del trío subiendo el escalón del viernes, tanto con dinámicas plenas como en los dúos con el tenor. Feliz con ellos aunque siga quedándome con la soprano cuyas intervenciones fueron de ponerme la carne de gallina en una obra que es auténticamente profunda haciendo bello el horror narrado.

Y la OSPA ampliada volvió a sonar como en las grandes ocasiones, no sólo mantuvo la calidad sino que mejoró hasta alcanzar el grado óptimo en todas sus secciones, con los «fichajes» bien implicados con el resto, aunque la orquesta de cámara de «los doce magníficos» sonó impresionante. Con texturas de órgano en los recitativos, súbitos ataques subrayando los textos en inglés (del poeta Wilfried Owen ), merece la pena destacar las perfectas transiciones de la gran orquesta a ellos consiguiendo unas sonoridades como seguramente las quiso el propio Britten para esta partitura compleja y bellísima, virtuosismo al servicio de la música como auténticos maestros que son.

El titular Rossen Milanov se mostró no ya como responsable final, sino como el maestro que conoce sus discípulos y les exprime para que lo den todo. Realmente lo consiguió con gestos siempre claros, matices explosivos o íntimos, tempi ajustados y mayor implicación con cada protagonista puntual en otra lección de dirección por parte del director búlgaro desde el dominio de esta magistral la partitura del War Requiem que engrandece el Centenario Britten, contando con todos los elementos para otro colosal Britten al que asistí cual peregrino melómano y cuento cual musicógrafo que diría mi admirado Luis Suñén. De nuevo el «final Milanov» conteniendo el gesto nos hizo paladear «una eternidad silenciosa», otra reflexión de paz interior antes de bajar los brazos y liberarnos todos.

Grandeza de la música, mismos intérpretes, misma obra, mismo recinto… y siempre distinta, incluso mejor.

Colosal Britten

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Viernes 22 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: OSPA, abono 4: «Música y Guerra-Música para la paz». Benjamin Britten: War Requiem, op. 66 (1961). Evelina Dobraceva, soprano; Robin Trischler (tenor), Stephan Genz (barítono), Coros de la Fundación Príncipe de Asturias, Rossen Milanov (director).

Todo un espectáculo irrepetible celebrar el Centenario de Britten justo en el día de su nacimiento, festividad de Santa Cecilia, nada menos que con el colosal «Réquiem de guerra«, un esfuerzo enorme para todos y muy especialmente los tres Coros de la FPA: el Infantil (que dirige Natalia Ruisánchez), Joven (José Ángel Émbil) y el «grande» (José Esteban García Miranda), auténticos protagonistas, en un concierto memorable, lleno de emoción que compensa el duro trabajo de meses, al que sumar el impecable órgano positivo situado con el coro infantil.

Felicitar a mayores y pequeños por su interpretación, dándolo todo y bien: afinación, empaste, proyección, convencimiento, entrega a una obra de magnitudes impensables para muchos coros, presentes en los momentos de mayor ardor (Dies irae rotundo y delicado «Amén»), cercanamente contenidos en los íntimos y espirituales (Libera me emotivo o Lacrimosa perfectamente compartido con la soprano solista), angelicales desde el patio de butacas los más jóvenes -ya maduros- en sus intervenciones siempre (In Paradisum celestial), y sobre todo pletóricos, alcanzando un sobresaliente en la obra más difícil (o al menos la más complicada) que hayan afrontado en su ya dilatada trayectoria. Enhorabuena.

Como en el estreno que bien nos ilustró la autora de las notas al programa la doctora Mª Encina Cortizo el martes anterior en una conferencia para grabar y guardar, la nacionalidad del trío solista resultó la misma: soprano rusa, tenor inglés y barítono alemán, aunque el resultado evidentemente no fuese el mismo, en especial el alumno de Sto. Tomás de Leipzig que quedó un escalón por debajo aunque mantuvo el tipo en momentos de dinámicas menos comprometidas, empastando muy bien los dúos con el británico. Mención especial para la soprano ubicada atrás delante de la cuerda homónima del coro y entre metales, porque su tesitura, gusto y musicalidad sobrevoló siempre una obra que tiene mucho peso en su repertorio.

De la OSPA, esta vez amplia(da), sólo parabienes y merecida felicitación, destacando toda la percusión, con la «presencia» del gamelán («imitado» sin problemas por la combinación elegida de glockenspiel y otras placas), aunque todas las secciones brillaron con luz propia. Excelente la orquesta de cámara con doce componentes reconocidos (y reconocibles todos) que no sólo completaron una intervención redonda sino que rindieron como auténticos solistas de lujo en esta partitura compleja y bellísima para todos, virtuosismos endiablados como el propio elemento generador de la obra -el tritono «diabolus in musica»-, complicidades y guiños de auténticos maestros, texturas sabiamente logradas desde el entendimiento, siempre al servicio de la música.

El responsable final, nuestro titularRossen Milanov que creyó desde el principio en este War Requiem haciéndolo coincidir con el Centenario Britten, auténtico homenaje a la paz desde la música que Britten escribe de manera magistral, genial, recreando desde los orígenes de la polifonía a la estructura verdiana del propio «requiem», uniendo la poesía inglesa de Wilfried Owen con el latín de la misa de difuntos, lenguaje complejo y cercano, una concepción compositiva tanto vocal como orquestal avanzadísima, y sobre todo emociones sobre el pentagrama que (todos) los músicos supieron contagiarnos. Una auténtica lección de dirección por parte del director búlgaro asumiendo el mando global con decisión y seguridad que transmitió a los intérpretes, concertando y convenciendo, contagiando vitalidad y emoción, dominando la partitura de principio a fin con la sensación de dejar fluir la música, la misma que nos cautivó en su primera visita al frente de la OSPA. El final de Milanov fue de Maestro, supo contener el gesto y hacernos disfrutar de «una eternidad silenciosa» cual reflexión de paz interior antes de bajar los brazos y liberarnos todos en una estruendosa y merecida ovación (Neira seguro que cronometró todo).

Vuelvo el sábado y otra vez en el Auditorio (Gijón no soportó el temporal). Con esto está todo dicho.

Pinturas corales doradas

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Sábado 16 de noviembre, 20:30 horas. Basílica Santuario del Sagrado Corazón, Gijón: V Encuentro Coral de Música Sacra: Coro El León de Oro, Marco A. García de Paz (director). Obras de Mouton, PalestrinaAlonso LoboVictoria, Schütz, Pearsall, Grieg, Stanford, Holst, Pizzetti, Josep Vila y Ola Gjeilo.

Organizado por el RGCC y luchando contra la tijera cultural vuelve la música sacra a la capital de la Costa Verde en la incomparable «Iglesiona» que se llenó para disfrutar de nuestro coro mas internacional y laureado, un imprescindible para este Encuentro, legión de leónigans que acudimos a una auténtica lección histórica coral, perfectamente programada cronológicamente con un repertorio que sigue asombrando por su sabia elección para estas voces que marcan referencia. Las cualidades de El León de Oro siguen impolutas pese a la siempre necesaria renovación, porque el Proyecto LDO está muy bien asentado: cimientos sólidos desde su origen que mantienen segura la estructura vocal más las voces jóvenes que ascienden desde «Los Peques» o se suman ilusionados a la construcción del «coro grande» comulgando con esa búsqueda de la perfección. Empaste, afinación, equilibrio, dinámicas impresionantes, policoralidad exquisita, disciplina, mucho trabajo, entrega total y así hasta el infinito.

Cada partitura resultó un fresco que no admite corrección en su pintura, colores distintos para todas ellas a lo largo de esta historia de pintura coral que el maestro García de Paz va sacando con detalle a flote, perfilando, dibujando cada melodía como personajes pintados que descubrimos a medida que avanza la obra.

Nesciens mater (Jean Mouton) como un Leonardo en Francia, Nunc dimittis (Palestrina) auténtico Miguel Ángel y sentando cátedra del espíritu tridentino referido a la polifonía religiosa, Versa est in luctum (Alonso Lobo) cual Pedro Berruguete, y a continuación Regina coeli (Victoria) auténtico El Greco de la polifonía sacra hispana. Coro completo, medio o doble para jugar con la paleta vocal, siempre el color preciso y la temática contenida, ascetismo no exento de placer. El salto alemán, como si de Durero se tratase, vino con Heinrich Schütz con dos maravillas corales: Die mit Tränen säen, SWV 378 y Selig sind die Toten, SWV 391 que no pueden faltar en este recorrido histórico del Renacimiento al Barroco partiendo siempre del ideal romano y universal pero con el peculiar estilo de cada escuela, esta vez «dorada» por bien pintada a cargo del tándem LDO – Marco Antonio García de Paz que volvieron a sacar de cada partitura intensidades y líneas impensables. Para la primera parada rodear al público en su ubicación, compartir con nosotros esta nueva perspectiva sonora del Lay a garland (Robert Lucas de Pearsall) que abrazó con cuerpo este clásico coral.

Tomado el aire necesario y el cambio en la «base de imprimación» para continuar el fresco histórico coral, tras el «tactus» renacentista o el marcado silabeo barroco antes del equlibrio clásico, desde Noruega nos pintaron el Ave maris stella (Grieg) con la luz estival del norte antes del estallido siempre contenido para los sentidos del irlandés Sir Charles Villiers Standford y su motete Beati quorum via, el latín como idioma católico y la polifonía a su servicio en una forma musical que hace brillar como nadie a este coro que sigue alcanzando cotas increíbles en todas sus cuerdas, luminosidad que nunca ciega por la delicadeza de sus matices capaces de «forti» en su punto exacto al lado de «pianissimi» que quitan la respiración. Sigue asombrándome la versatilidad demostrada por el coro gozoniego, capaces de interpretar músicas de cualquier época con tanto rigor, aunque el gran público parece gozar más en la cercanía cronológica y ellos mismos «soltando tensiones» acumuladas antes de un nuevo derroche sonoro como sólo son capaces de alcanzar pletóricos. Y planetario resultó entrar en el siglo XX con el Nunc dimittis de Holst, nuevo ejemplo de la persistencia de Palestrina capaz de pintar un mismo tema con técnica y lenguaje distinto, mirando la bóveda ovoide de «la iglesiona» con esta música vocal en estado puro para «El León de Marco» seguido por el Agnus Dei (del «Requiem» de Ildebrando Pizzetti) que volvió a rodearnos a los asistentes en total simbiosis. Cada final de obra mimado permitiendo paladear el último suspiro antes del aplauso arrebatador con un público totalmente entregado al placer coral de la música sacra.

Josep Vila i Casañas (1967) y su Sanctus – Benedictus también es «equipaje» habitual del coro y más en estos conciertos sacros, mostrándonos obras actuales de nuestros compositores que triunfan en todo el mundo. Partitura maravillosa de este catalán que han hecho suya con una riqueza tímbrica sumada a las cualidades ya citadas, calidad coral en una interpretación emocionante, fresco hecho lienzo.

Como última experiencia cromática añadir el color del cello a este coro supone la rúbrica del paseo histórico de un concierto siempre emocionante. El noruego afincado en Estados Unidos Ola Gjeilo (1978) ha compuesto su Serenity (O magnum Mysterium) para coro y violoncello, esta vez del propio coro (Manuel Quintana) que dando el paso adelante pareció mudar su voz de bajo a las cuerdas del instrumento (dicen que más cercano a la voz), hacerlo cantar con un empaste más allá de la perfecta escritura de esta obra de nuestro tiempo interpretada con la misma calidad que el Mouton que abría velada cual cierre expositivo de esta auténtica lección de música coral cronológica y estilísticamente perfecta, siempre con «el lenguaje eterno del alma«.

Foto ©LDO / Víctor Gallego

Entregada una placa de agradecimiento al coro que inauguró en 2009 este ciclo y siempre que se les llama acuden a la cita, bisaron Holst en otro fresco coral todavía más lumínico en esta segunda «pasada del pintor Marco», y aunque finalizado hubo despistados (o hambrientos) que la hora debía parecerles avanzada, la exposición de pintura coral volvía a cerrarse como estaba prevista recreando «Serenity», serenidad aún más emotiva por parte de todos que volví a escuchar con los ojos cerrados. Tengo que seguir confesándome «leónigan» hasta la muerte. Gracias.

Pasión corsa por Don Alfredo

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Viernes 25 de octubre, 20:30 horas. Iglesia de San Isidoro, Oviedo: IX Ciclo de Música Sacra «Maestro de la Roza». Concierto inauguralGargulae Vocis, polifonía corsa.

El viernes final de octubre y los de noviembre son citas en la agenda musical carbayona desde hace nueve años con este ciclo que recuerda a Don Alfredo y trae a la capital asturiana músicas que también tienen su hueco y público en una ciudad tan melómana como Oviedo. Los organizadores trabajan y mucho para sacarlo adelante año tras año aunque la ceguera cultural de todos los políticos sea un lastre a la vista de más recortes que acaban necesitando y recabando el apoyo económico de una afición que también pasa por penurias aunque no pueda prescindir de este alimento espiritual que hace más llevadera esta angustia de la que no tiene culpa.

Apuntémonos con cualquier figura musical desde la semicorchea a la redonda en yosoydelciclo.com.

La Escolanía San Salvador continúa con la misma ilusión organizando un ciclo que mantiene calidad en los intérpretes, pues mengua sólo la cantidad, y este primer concierto del ciclo lo ofrecería un cuarteto hispano-francés (Juanma Rivero, Ángel David Martín Blas, Paul Leclerc y Jean-François Richon) apasionado por la polifonía corsa -declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 2009 como bien inmaterial, precisamente por esta característica polifónica, pues en muchos aspectos recuerda por momentos otras melodías del arco mediterráneo y si me apuran, hasta de nuestra Misa de Gaita– que mezcló cantos sacros y profanos de ahora y siempre, haciendo las delicias de un templo abarrotado que premió cada intervención y explicación del español Ángel David con merecidísimos aplausos.

La «Paghjella» es la tradición corsa cantada por hombres que combina tres registros vocales que siempre se producen en el mismo orden (Siconda, u Bassu y Terza) como bien explican las notas al siempre excelente programa editado para el ciclo, usando idiomas como el corso, sardo, latín y griego además de aunar la tradición oral secular y litúrgica, repertorio del que pudimos disfrutar en San Isidoro el Real a cargo del cuarteto Gargulae Vocis.

Llegaban cantando la tradicional L’Orme sanguine y caminando hacia la tarima que también se unió al concierto crujiendo y alternando con las campanadas que ayudaron a crear un clima único e irrepetible. Prosiguieron con dos tradicionales de la zona de Rusiu, Salve sancta parens, que me llevó al reciente concierto en León del Ensemble Organum que tanto ha influido en esta formación- y Kyrie, más el Ave Maris Stella en arreglo de Barbara Furtuna -otra formación corsa-, arte vocal tradicional, voces naturales con juegos melismáticos tan próximos a nuestra tonada, siempre con esa polifonía tan peculiar y difícil de empastar pero que este cuarteto domina a la perfección, rematando un expléndido y siempre emocionante Stabat Mater de la región Nebbiu, no tan lejana a nosotros.

La profano vino con dos melodías hermosas, Fiore y A Biasgina, llamándonos la atención la peculiar forma de unirse para el canto e incluso taparse un oído por parte de alguna voz para precisar la siempre difícil afinación, otra similitud con nuestros cantantes de tonada.

A mi lado, en el centro de la iglesia, se situaron para cantar el dúo Tota pulchra es Maria del manuscrito franciscano corso del siglo XVII, auténtica delicia de primera mano que me hizo sentir esta cercanía para unas obras que vinculan lo litúrgico y secular del pueblo como la citada Misa de gaita asturiana hizo aunque en menor medida. Prosiguieron con un impresionante Requiem y Tantum ergo sacramentum del mismo manuscrito corso, cerrando otro bloque polifónico de emociones y pasión vocal.

Dos canciones tradicionales profanas: Lettera a mamma, carta desde prisión de un soldado de la primera guerra mundial, tristemente actual en muchas partes de este mundo nuestro donde la música parece aminorar sufrimientos, seguida por un arreglo de J. E. Langianni de E Muntagne d’Orezza, prepararon la vuelta a lo sacro con el Offertoriu y el actual pero atemporal Lamentu à Ghjesù (M. Torchini / N. Acquaviva / T. Casalonga / R. Mambrini) donde Juan Manuel nos dejó una emocionada interpretación solista siempre con el «roncón» o bordón en boca cerrada de sus tres compañeros.

Para terminar la tradicional Moita Lode à San’Ghjiseppu antes de volver a situarse en el centro para cantar el himno corso Diu vi Salvi Regina, sentido con ellos, respirando y vibrando cada frase, cada sílaba, cada nota que reverberaba en San Isidoro. Todavía nos harían el Sanctus tradicional de la misa de Rusiu, un inicio que nos unía Córcega y Cerdeña con Oviedo para disfrute de Don Alfredo y todos los presentes, «La luz de la fe» como título e hilo conductor de este ciclo de 2013.

Ensayando Wagner para el anual

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Miércoles 23 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo, Ensayo general del XXII Concierto Premios Príncipe de Asturias: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), director: Jonas Alber. Obras de Wagner. Entrada gratuita con invitación previa.

Otro año más que la FPA prepara el «concierto de los premios» aunque los recortes también se han notado teniendo que tirar de lo de casa, salvo el maestro alemán invitado y conocido como «mago del sonido» tal y como pudimos comprobar en este ensayo, con todo lo que supone, aunque hubiese algún despistado a mi alrededor que no entendía la razón de repetir pasajes o las explicaciones que la soprano del coro Rosa Álvarez traducía para sus compañeros.

Estamos aún en el año del 200 aniversario del nacimiento de Richard Wagner y el programa buscó páginas conocidas para el gran público, no necesariamente wagneriano, de coros y preludios, con una orquesta algo reforzada para el homenajeado aunque todavía corta en cuerda (y así nos quedaremos a la vista de la tijera cultural), y un coro con mayoría de voces blancas sobre graves, y éstas a medio gas, supongo que guardando fuerzas para el concierto, porque el programa es realmente duro.

Además del protocolo obligado con los respectivos himnos de España y Asturias que abren y cierran concierto, la obertura de Tannhäuser pareció algo adormecida, aunque el director alemán se encargaría de limar detalles. El Coro de caballeros y damas «Freudig begrüssen wir die edle Halle» puso en pie a una agrupación vocal algo descompensada, afinada, con buena pronunciación pero dubitativa en alguna entrada, inseguro aún más en el Coro de los viejos peregrinos del acto III «Beglückt darf nun dich, o Heimat» que sacó a flote esa carencia de efectivos para un coro que requeriría casi el doble, y no era cuestión de aumentar volumen, menos aún en un ensayo. El efecto de colocar tres trompetas en un palco hizo desencajar ligeramente las entradas, aunque al repetir el pasaje resultó mucho mejor.

De Lohengrin escuchamos el Preludio del acto I que nos devolvió nuestra cuerda de primera bien respaldada por el resto de familias, tal vez planos en presencia pero inmensos en dinámicas, corrigiendo detalles de planos y fraseos el maestro Alber. La conocida marcha nupcial del tercer acto «Treulich geführt ziehet dahin» pareció más cómoda de lo que realmente es, con las voces blancas seguras y de emisión perfecta, luminosas y a la vez etéreas (como recuerda las notas del programa de este miércoles, supongo que de María Sanhuesa como las notas del programa «oficial») así como la orquesta en su nivel habitual de calidad, metales presentes y poderosos sin exageraciones, calidad aún mayor en el Preludio que va antes de la marcha que aquí se programó después, lo que no entiendo mucho porque finaliza precisamente cuando aparece la melodía más famosa de Wagner.

Y para cerrar este pequeño gran muestrario wagneriano Los maestros cantores de Nüremberg con el preludio que la orquesta asturiana ejecutó con más convicción, más apropiado para abrir concierto que cerrarlo,  y los coros del acto III, escena quinta «Wach auf, es nahet gen den Tag» realmente exigentes, y el final «Ehrt eure deutschen Meister«, cual himnos no ya de homenaje al compositor sino al «arte de los maestros cantores y el valor de las tradiciones», siendo los conciertos de la fundación una más dentro de la vida musical asturiana.

Interesante ensayo para desenredar la madeja del programa, que tan solo sirve para sacar ideas generales y ver cómo trabaja el maestro Alber con nuestra orquesta y coro en el siempre difícil Wagner. Espero con más ganas el War Requiem de Britten también centenario, con los mismos músicos de hoy más distintos solistas y el titular Milanov al frente. Será el 22 de noviembre.

Notre Dame de León

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Sábado 19 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León: XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León, Peregrinatio: VIII Ciclo Músicas Históricas de León: Ensemble Organum, Marcel Pérès (director): Peregrinatio II. París – Limoges – Moissac – Compostela. Peregrinaje musical en la Europa del siglo XII.

Nada más, y nada menos, que un quinteto vocal incluyendo a su director, fue capaz de mantener en silencio hora y media a una catedral a rebosar que escuchó las liturgias latinas del Ars Antiqva como si de una misa se tratase (incluyendo alguna tos resistente y aplausos iniciales rápidamente acallados por el propio Pérès), música no litúrgica aunque sus fuentes sí, pero música sacra a fin de cuentas. Arte antiguo, Ars veterum pero también historia vocal por suponer el arranque de la Polifonía a cargo de unos especialistas que dominan este dificilísimo repertorio logrando sonoridades que resonaron por las bóvedas de la Pulchra leonina al ir cantando y colocándose en distintas ubicaciones, con un empaste digno de admiración, dinámicas increíbles de proyección total fuesen a solo, dúos o conjunto, alguna entrada titubeante pero siempre atentos a los gestos del maestro Pérès.

Salieron de la Sacristía entonando el Conductus Beata viscera Marie Virginis de Perotin El Grande, el de Notre Dame, «conductus» real por ser pieza cantada cuando el leccionario era conducido procesionalmente al sitio en el que se proclamaba la lectura, y así se dirigieron con cirios encendidos hasta el coro antes del Versus (esta vez un «conductus» monofónico) Vellus rore de San Martial de Limoges. Impresionante espectáculo, inédito seguramente para muchos y además en su entorno natural, esos organum melismáticos o floridos, técnica polivocal y adornos por debajo de canto principal.

Del Codex Calixtinus, primera guía del Camino de Santiago, escuchamos ese diálogo que es la Antífona Ad sepulchrum beati lacobi, música que engrandece el texto, que lo subraya y ayuda a comprender, aprender, aprehender y entender en su magnitud desde las voces francesas que proseguían su lección de música antigua difícil de digerir pero capaz de vaciarnos para meditar desde el silencio profundo que toda escucha necesita.

Volvíamos a Limoges con el grueso de esta peregrinación vocal, la Prosa Alma chorus domini seguida de Veri solis radius, otro conductus (cum cauda por los melismas utilizados) Noster cetus psallat letus y la oración Ora pro nobis Sancta Maria, advocación de la catedral leonesa donde el canto sonó aún más cercano. Juegos virtuosos de interválicas casi imposibles siempre resueltas desde el magisterio de este «ensemble«, reconstrucciones de la manera como se cantaba antiguamente, con especial atención a la ornamentación, los intervalos y los microtonos que tanto me recordó al canto corso de Cortona.

De Moissac, donde la formación tiene su sede, disfrutamos del canto del diácono Venite populi, para dejarnos una muestra de Canto Mozárabe de Toledo, el Alleluia: Ortus conclusus más marcado que los anteriores volvió a enamorar en sonoridades, el cantus firmus en un potente bajo como base románica sobre la que se sustenta el gótico vocal, tenor y alto, con auténticas melopeas.

Del otro maestro parisino, Leonin el Benedicamus Domino a dos voces volvió a convertir la Catedral de Santa María en Notre Dame Leonesa, nueva lección de empaste y fiato en una voz grave que retumbaba abrazando las otras cuatro, antes de volver en peregrinaje al punto de partida procesionando con el Congaudeant Catholici de Albert de Paris, más que un concierto toda una liturgia vocal de formas inverosímiles con un magisterio francés tan cercano a esta peregrinación interior hasta Santiago de Compostela donde León y su Catedral es siempre parada obligada, esta vez musical.

León como Notre Dame

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Sábado 19 de octubre, 21:00 horas. XXX FIOCLE y CNDM, Ensemble Organum, Marcel Pérès (director): Peregrinatio II. París – Limoges – Moissac – Compostela.

Penúltimo concierto del festival con otro lleno histórico para vivir en directo el espectáculo de este quinteto vocal que nos deleitó con el Ars Antiqva de los grandes Perotin y Leonin convirtiendo la Pulcha Leonina en Notre Dame, impecables como sus blancos hábitos, procesionando por todo el templo, de la sacristía a la entrada, crucero y sobre todo en el coro, repasando liturgias de S. Martial de Limoges, el Codex Calixtinus, Moissac, Alberto de Paris e incluso el Aleluya: Ortus conclusus como máximo exponente de nuestros cantos mozárabes de Toledo.

Los inicios de la polifonía tan difíciles de entonar, conductus que la formación francesa mima con el maestro Pérès de auténtico oficiante, esas segundas voces que se abren y cierran (puntum contra punctum) como una sola en empaste sobrehumano, el ritmo que impone el latín, la liturgia del canto hecho filigrana «resonare fibris» del público convertido en peregrino. Los muros y bóvedas catedralicias reverberaron con los tenor y alto, con el bajo impresionante y verdadero sustento en la construcción polifónica, el tactus con mimo, el paso latino, cada palabra bien ubicada y la sutileza de cinco voces emitiendo desde los cuatro puntos cardinales que rompieron malos hábitos y lograron el necesario silencio meditativo cerrado por Congaudeant Catholici.
Me pregunto si todos comulgamos con esta polifonía inicial tan difícil de ejecutar y escuchar en un marco como el leonés, si realmente sabían con lo que se iban a encontrar, pero el milagro vocal del Ensemble Organum alcanzó por momentos la reflexión y deleite interior.

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Cierre de Oro

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Sábado 13 de julio, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: «Deutsche Polyphonie: el lenguaje eterno del alma». Coro El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director), Javier Utrabo (violone), Alfonso Sebastián (órgano). Obras de Orlando di Lasso, Heinrich Schütz y J. S. Bach. Entrada: 12€.

Como «leónigan» convencido no tengo mejor forma de cerrar el curso musical que con mi admirado coro luanquín, a su vez broche de oro de un festival gijonés que he podido seguir en su totalidad, viendo su avance en estos 16 años donde he crecido y viajado muchas veces por ellos, sintiendo cada concierto como algo propio, apreciando los progresos (muchos) y sufriendo por los recesos (pocos), sintiendo ausencias y disfrutando incorporaciones, compartiendo el amor por lo que cantan, las enseñanzas del maestro P. Phillips, la ampliación de repertorios no siempre valorados por el gran público, y sobre todo ese «bien inalcanzable» que siguen anhelando: «el sonido perfecto» al que ganan terreno para darnos cuenta «que el ideal no está sino un poco más lejos».

LDO tras su gira andaluza mi coro de referencia traía a Gijón probablemente el programa «más suntuoso al que se ha enfrentado» (palabras de Marco), esencia coral de la mayor belleza y dificultad que plasmaron en el coliseo «playu» con una entrada de primera tras pasar por taquilla, lo que refleja las pasión y entendimiento coral de la capital costera.

El nombre del espectáculo era un dogma de fé, polifonía alemana del Renacimiento al Barroco teniendo al gran Lasso de sus años en Munich como primera parte, para en la segunda añadir órgano y violone del sajón Schütz, referente además de puente entre épocas, y finalizar con «el dios Bach» y dos motetes, buscando el diálogo con el alma, porque «nadie ha tocado un alma, ni la ha visto, ni escuchado ni paladeado. ¿Cómo cantar al alma? Con el eterno lenguaje abstracto de tres de los mayores creadores de belleza que hayan existido. Con una música que no nos dice nada, que no significa nada, que no tiene traducción, que simplemente es bella. Bella y eterna como bella y eterna es el alma».

El León de Oro sigue teniendo a Orlando di Lasso y su Missa Bell’ Amfitrit’ altera a 8, como obra de cabecera que sigue demostrando un coro capaz de desdoblarse (7 mujeres +10 hombres y 9+9) sin perder nada de calidad, afinación, matices, emisión, técnica impecable y sobre todo esa musicalidad que hace meditar en un Santus «ex-missa» por la suntuosidad desde la interiorización. Media vita con «medio coro» (8+9) es la versión mínima para otra obra interiorizada desde el magisterio de Marco A. García de Paz que lleva la música renacentista minimalista a calidades increíbles, mimando afinaciones, respiraciones, fraseos e intepretaciones de época, introspección cantada. El motete Omnes de Saba recuperaba el coro al completo capaz de mantener volúmenes en los pianos y engrandecer los fortes sin renunciar a nada, manteniendo el «sonido LDO» que les diferencia del resto de formaciones corales cercanas. Primera parte muniquesa de un Lasso al que siempre necesitamos volver a escuchar para seguir rindiendo «pleitesía al sonido y la entrega a un bien superior como es la belleza» que ¡nunca está en crisis!.

La segunda parte trajo la incorporación de órgano y violone como perfecto complemento para los germanos Schütz y Bach, auténtico bajo contínuo de lujo, enriquecedor de un color coral de por sí bello con una pronunciación y vocalización alemana académica donde los instrumentos sacaron el brillo y sustento (espiritual) para las cuatro obras del primero y el subrayado perfecto en las dos del segundo.

Para Schütz nuevo derroche de combinaciones corales: los motetes Die mit Tränen säen, SWV 378 (10+9), el doble coro (13+12) a seis voces del Selig sind die Tote, SWV 391 y también Ich weiß daß mein Erlöser lebet, SWV 457 (7 mujeres +7 hombres) manteniendo uniformidad vocal y volcando emociones, sobre todo en el segundo, antes de afrontar nuevamente a doble coro y 8 voces el Deutsches Magnificat SWV 494, un magníficat alemán «magnífico», muestrario colorista de emotividad y buen hacer, contrastes de todo tipo con el complemento instrumental siempre en su sitio, órgano de registros bien elegidos y un bajo de arcos amplios fraseando con la cuerda masculina.

Para los motetes de Bach mantuvieron el doble coro y bajo continuo instrumental en distinta combinación pero igual resultado: El «controvertido» Ich lasse dich nicht, BWV 159a (7+10 y 9+9) sigue respigando su escucha, auténtico lenguaje terno del alma y las armas del LDO: «entusiasmo y calidad, amor y perseverancia» con unos fraseos y cambios de tempo capaces de traernos Sto. Tomás de Leipzig al teatro gijonés, rematando con Komm, Jesu, Komm, BWV 229 para dos coros mixtos (6+9 y 8+8) del kantor, eterno bálsamo musical para los mundanos placeres auditivos, aún mayor de haber estado en una iglesia con acústica al uso, encanto vocal en cada cuerda y desdoble, contrapunto virtuoso desde el convencimiento interpretativo, éxtasis poético en cada frase y consonante final donde música y palabra se hacen gozo espiritual. Este «león no ruge» sino que hipnotiza con sus cantos, los rugidos van a la entraña del melómano que se retuerce de placer.

Y el siempre eterno Palestrina de propina, Nunc dimitis (a ocho) «a capella» para retomar el Trento hispano, Contrarreforma llevadera porque se hace música, aunque LDO nos hagan pecar sin propósito de enmienda… y con ganas de repetir. Tomaremos las vacaciones como penitencia.

La Fura de Boo

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Viernes 12 de julio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: Carmina Burana (Carl Orff), Cantata escénica (1937). Montaje de La Fura del Baus. Beatriz Díaz (soprano), Luca Espinosa (soprano), Thomas E. Bauer (barítono), Xabier Sábata (contratenor), Orfeón Pamplonés (director: Igor Ijurra), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Director de escena y escenógrafo: Carlus Padrissa. Figurinista: Chu Uroz. Iluminadora: Melanie Schroeder. Entrada butaca: 38,50€.

«Oviedo es música» es el nombre del Festival de Verano de la capital más musical de España, estos días con turismo cultural que también deja ingresos en tiempos de crisis, y para empezar con buen pie llegaba el espectáculo de La Fura del Baus, tras cuatro años funcionando por el mundo casi con el mismo elenco, al «templo del Campoamor» con las entradas agotadas para las dos funciones (12 y 13) y conocedores del éxito de esta producción que resulta impactante, trepidante o si se prefiere rompedora en todos los sentidos incluso antes de presenciarla, por la propia obra de Orff, la más conocida y popular, la puesta en escena de La Fura que nunca deja indiferente, y unos intérpretes que dieron la talla, incluso con «altos vuelos», auténticos profesionales capaces de plegarse a exigencias durísimas de trabajo sin perder nunca su musicalidad.

Vídeo del Ensayo General 11JUL13: ©Canal YouTube Ayto. Oviedo 

Los que me conocen saben que comenzaré por la parte musical, con una orquesta colocada en el escenario muy atrás, rodeada de telas, quedando su sonido algo opaco, con más presencia sonora de la percusión precisamente por esa disposición. Perfectas todas sus secciones, pianissimi incluso en metales que ayudaron siempre a las voces, vigor en los tutti sin estridencias, una Tanz delicada y rítmicamente preciosista, y el sonido compacto al que nos tienen acostumbrados en estos casi quince años que comienzan a dar sus frutos.

El coro, auténtico sustento de la cantata, a ambos lados y separando voces blancas (izquierda) y graves (derecha), con una dimensión tímbrica distinta, sin ver directamente al director, y pese al número de cantantes, sin la pegada esperada para una obra donde su presencia debería ser mayor. Agradecerles el esfuerzo escénico (bien danzando incluso), dotados de carpetas con «leds» que dieron mucho juego, siempre respetuosos con la partitura, afinación correcta pero emisión algo corta, puede que necesitando más confianza para «soltarse» (sobre todo en el Ecce gratum y el ataque del Reie aunque compensando con los pianos), teniendo además la orquesta detrás, lo que siempre ayuda o como en Floret silva donde las sopranos afrontaron con miedo sus agudos. Tampoco fue muy inteligible Chramer, gip die warve mir o Were diu werlt alle min, aunque la rítmica y presencia que Conti imprimió tapó más carencias. Bien los hombres In taberna quando sumus compartiendo puesta en escena con el barítono que salpicó con el agua-vino la primera fila. Faltaron los niños para Amor volat undique que la cuerda de sopranos no pueden igualar como en Tempus est iocundum. Ya avanzada la obra estuvieron más asentados en Veni, veni, venias. Y el último O Fortuna no resultó lo apoteósico que esperábamos pero sí en la línea aseada de todas las intervenciones, arropados por una orquesta bien llevada por su titular.

Del cuarteto vocal impresionante el barítono alemán Bauer capaz de cambiar no ya de ubicación o vestuario en poco tiempo sino de registros en un papel complicado musicalmente y aún más con su puesta en escena, tan pronto a remojo como saliendo por el patio de butacas. Su color vocal y gama dinámica resultaron de lo más apropiado para el papel que le han diseñado. «El sol todo lo suaviza» (Omnia sol temperat) resultó cálido como los rayos y ya «en la taberna» su Estuans interius literal: «Ardiendo interiormente» por lo apretado del agudo. La salida entre el público como abad en Ego sum abbas permitió paladear su voz y dotes interpretativas coqueteando con el respetable y bien contestado por el coro, al igual que en In taberna quando sumus. Los difíciles cambios de registro para Dies, nox et omina los solventó con técnica al servicio de la melodía, mezcla de lírica y canto popular. Bien con el coro en Circa mea pectora con los cambios rítmicos bien encajados entre todos y buena gama dinámica, al igual que en Tempus est iocundum.

Otro tanto sobre las condiciones del contratenor Sábata, bien conocido en Asturias y que en  posición casi horizontal colgado de las alturas, tuvo que «lidiar» actoral y musicalmente notándosele incluso cómodo, lo que dice mucho de su profesionalidad, afrontando un solvente Olim lacus couleram con el coro y orquesta (también el público), a sus pies…

La crevlillentina Espinosa demostró unas facultades físicas dignas de su entrenamiento como karateka, además del musical, incluso natación sincronizada por el tiempo que pasa sumergida en ese vaso – tinaja de agua – vino. Como en un music-hall la valenciana, pareja en otras representaciones de este Carmina su paisana Amparo Navarro, vuelca toda su capacidad en escena aunque nos quedásemos con ganas de escucharla en otros repertorios.

Y dejo para el final a la soprano asturiana, la todoterreno Beatriz Díaz en un nuevo rol que volvió a hacer suyo con toda la dificultad añadida de cantar sobre una grúa que sobrevoló el patio de butacas o dando vueltas para desenrollar los cinco metros de tela: potencia en el momento preciso (Dulcissime), fiatos increíbles, registro medio redondo y sobre todo una línea de canto (In trutina) donde la musicalidad que emana en cada intervención (Stetit puella) es un placer para el oyente, sin olvidar una teatralidad increíble para esta «Monster High» al uso. Lo da siempre todo y es de agradecérselo, esperando siga apostando por partituras como la de Orff que resultan todo un descubrimiento en su voz, actualmente en un momento excelso donde puede «con lo que le echen», siendo la auténtica Fura de Boo.

Al maestro Conti habrá que ir preparándole un homenaje por los nuevos aires que ha traído a nuestra tierra con arriesgadas apuestas desde su llegada a la titularidad, destacando personalmente las bandas sonoras en vivo que pienso han venido a complementarse con esta escenografía de La Fura para esta cantata escenificada donde las imágenes proyectadas y el movimiento actoral encajaron a la perfección desde una dirección que no brilló más por lo apuntado de la colocación de orquesta y coros. Mimó cada intervención solista y bisar O fortuna ayudó a rubricar el espectáculo de las etapas de la  alegría de vivir en 25 cuadros, armonía con los astros y la luna, suerte, sol, agua, música infinita que diseñaron Padrissa y La Fura.

Retomando palabras del propio Carlus así como del reportaje que Jesús Ruiz Mantilla en «El País» hace cuatro años atrás, la puesta en escena de esta Carmina de ritmo atávico repetido en la historia del ser humano, pasa por varios estados, nos creamos en el agua, pasamos al aire cuando nacemos y finalmente a la tierra, proceso de vivir corto en relación al universo, cambios de intensidades como el pulso del corazón, los goliardos que apuntaban buenos momentos de vivir, lo que queremos todos, y una música que nos hace felices. Casi nada y casi todo en una hora frenética de luces y sombras, movimientos escénicos bien calculados y la música invadiéndolo todo. Fiestas mediterráneas tan de La Fura dels Baus que vienen del origen de la tragedia griega y aún antes, el hombre y sus manifestaciones artísticas que han ido perdurando según las culturas, aunque cambien el nombre, el hombre como ser vivo de lo que se impregnan estos catalanes, artista libre que se deja llevar por la naturaleza, pasionalmente, Fura que en su larga trayectoria se acerca últimamente a la ópera, manifestación «interface» de cómo unir diferentes disciplinas y sumar lo máximo, lo más parecido al «arte global», ¿wagnerianos de nuestro tiempo?, el público como coro distinto, silencio tan provocativo como el grito.

Carmina Burana como obra de arte madura aglutinando y codificando diferentes disciplinas, percusión que marca el pulso vital, nada gratuito ni falso, sin excesos (!), y cuatro imágenes: tierra, mar, aire, agua (como los cuatro elementos de las imágenes en la propia web de Beatriz Díaz, esta vez rojo fuego como el vino de la vendimia) que van mostrándose en un montaje realmente logrado, imágenes sobre ese círculo de tela como «acelerador de partículas» que se mueve, sube y baja o se inclina, donde se proyectan vídeos con «imágenes que cumplen una función de luz para el espectáculo», como aseguraban David Cid y Sagar Fornies (autores de todo el trabajo visual) en el citado reportaje del 4 de agosto de 2009 en plena Quincena. Todo en el «haber» pero en el «debe» parecen olvidarse que hacer música es complicado siempre, y las condiciones en las que hacen trabajar a los intérpretes (orquesta, coro y cantantes) no son siempre las idóneas para cumplir con su cometido. A pesar de todo y pensando también en un público global, todo un espectáculo antes, durante y después.

En el diario regional «El Comercio» Igor Ijurra señalaba que en este montaje sigue el subtítulo de la obra: «canciones laicas para cantantes y coristas para ser cantadas junto a instrumentos e imágenes mágicas». Añadió que este ‘Carmina Burana’ es una obra para iniciarse, para gente joven, y «que huye de la solemnidad de los grandes conciertos». Por su parte el maestro Conti apuntó que esta obra «mueve una ciudad, ya lo hizo en Florencia». El éxito está asegurado y apostando sobre seguro.

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