CD «Mientras se borra el mundo. Lírica de cámara de Borja Mariño». Mar Morán – Gabriel Alonso – Aurelio Viribay.

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Este viernes 13 de septiembre a las 12:30 se presenta en el ambigú del Teatro de la Zarzuela el último trabajo discográfico de Borja Mariño (Vigo, 1982) en el sello que dirige Javier Monteverde y grabado a finales de abril del presente año.

Del músico gallego hay mucho que escribir, aunque nadie mejor que mi admirado Arturo Reverter en el fenomenal texto introductorio «Al calor de los poemas» (que dejo íntegro al final de esta entrada). Borja Mariño conoce como pocos la voz humana pues no debemos perder de vista su enorme trabajo como maestro repetidor (para quien lo desconozca: el que trabaja desde el piano las partituras orquestales) en los mejores teatros de ópera, siendo larga la lista de grandes voces que han tenido la suerte de tenerle a su lado. Probablemente le viene de aquí esta vocación por la llamada «Canción de concierto», así que nadie mejor para sentarse al piano que el vitoriano Aurelio Viribay Salazar (a quien Don Arturo ha bautizado como «arqueólogo de la canción española»), una autoridad en este repertorio y que conoce bien tanto las composiciones del compositor gallego como la sabia elección de las voces para este disco que recoge cinco del compositor vigués: la soprano pacense Mar Morán (con quien llevó al disco tanto a García-Leoz como el pasado año las canciones de Manuel Palau) y el barítono ferrolano Gabriel Alonso (recuperando a compositores gallegos de distintas épocas en No camiño). Esta es una recopilación de los principales ciclos de Mariño con ese título tan enigmático como Mientras se borra el mundo organizadas alternando las voces, la soprano «Versos de mujer», «Campanas de sol y aire» más «Cuatro canciones antiguas sobre textos sefardíes» mientras el barítono canta el «Tríptico de Hierro» y los «Tres poemas de guerra y un sueño», todas ellas con el magistral piano del vitoriano.

Como en toda canción denominada lírica, incluso desde su propia acepción de adjetivo ‘perteneciente o relativo a la lira, a la poesía apropiada para el canto o a la lírica’, los textos (que se incluyen en el libreto) son inseparables de la música, así que la (s)elección de Borja Mariño no puede ser mejor, engrandeciendo la palabra al elevarla con su música, de cuño propio y actual pero que conoce toda la evolución del género y estilo. Y si además hay un guiño a las mujeres, el resultado final es óptimo, dejándonos en este último trabajo una producción que ya ha sonado en diferentes escenarios e incluso orquestada a lo largo de estos últimos años con elencos de talla internacional.

De los textos, en el caso de «Versos de mujer» que abre la grabación, es un homenaje a la poesía femenina con textos de Dulce María Loynaz (1903-1997), Alfonsina Storni (1892-1938), Josefina de la Torre (1907-2002) y Carmen Jodra (1980-2019), junto a dos escritoras vivas como Carmina Casala (Atienza, Guadalajara) y la asturiana Dalia Alonso (Gijón, 1996).

Por comentar brevemente todas las canciones comenzaré con las de Mar Morán, las primeras seis pistas del disco:

Quiéreme toda (Loynaz), La falda eléctrica (J. de la Torre), Bola de nieve (D. Alonso), ¡Agua, agua! (A. Storni), Adiós, amor (C. Casala), y Cita final (C. Jodra). Seis cuadros de mujer, con la primera desde una introducción de piano plenamente «entera» y tan lírica como la voz de la cantante extremeña, fraseos sentidos y llevados por el propio texto, de agudos extremadamente matizados junto a los puentes instrumentales más allá del acompañamiento. «Electrizante» y cautivadora la segunda, auténtico lied hispano de protagonismo entre sus intérpretes, escritura de herencia hispana y creatividad gallega para estos versos de saltos casi acrobáticos en registros agudos sin perder nunca el buen gusto. Intimismo de nieve que cala por su sensibilidad a pares la tercera contrastado en carácter con el agua matadora de la argentina Alfonsina que Mariño traslada la inquietud tanto a la palabra cantada como al piano. Tras la angustia vital la del alma, el adiós sentido y plenamente romántico pero de nuestro tiempo, el canto casi susurro acunado por el piano con los silencios justos para redondear la musicalidad. Y el breve final de estos versos en femenino plural, alegres y optimistas con un maravilloso piano vistiendo la melodía cautivadora.

«Campanas de sol y aire» es un canto a la milenaria Hispalis sobre poemas de cuatro escritores  contemporáneos sevillanos: Juan Lamillar (1957), Lutgardo García Díaz (1979), José María Jurado (1974) e Ignacio Trujillo, quienes imprimieron en sus poesías, desde su propia perspectiva, la belleza y el carácter de la capital andaluza, y que la soprano extremeña ya ha interpretado en el Ateneo de Sevilla así como en Mérida, ocupando aquí las pistas undécima a decimocuarta:

Mientras se borra el mundo (J. Lamillar) da título al álbum, perfecta conjunción de voz y piano, fraseos compartidos jugando con un rubato mínimo adecuado al texto. Milagro en Valdezufre (L. García Díaz) de musical aire francés pero sin fronteras, melodía cantada revestida por un piano para tejer una página atemporal. El bosque, la flor y la muerte (J. Mª. Jurado), el texto, la voz y el piano, esencia de la canción, nuestro «lied hispano» desde una raíz más allá del folklore para disfrutar cada frase. Y Alta torre (I. Trujillo), bravura sin complejos explorando todos los registros de voz y piano para comprobar esa altura sevillana entendida como metáfora musical.

Por último las «Cuatro canciones antiguas sobre textos sefardíes» (cortes 18 a 21), una de las primeras obras para voz del compositor vigués, ciclo que gira en torno a los cuatros modos de la música antigua con textos recogidos por la musicóloga Susana Weich, que representan diversos momentos vitales: el casamiento, la muerte, una nana y una canción de juegos, estrenadas en el año 2000 por Patricia Blanco (posteriormente orquestadas con gran repercusión en la personal interpretación que hizo en 2013 la soprano Saioa Hernández en el Auditorio Nacional de Madrid con Alejandro Jassán al frente de la Sinfónica Chamartín):
Entender esa cultura no tan conocida pese a la cercanía nos trae primero Demudada de mi amado (textos recogidos en Sofía, Bulgaria), melismas sinceros más que adornos, calderones y la voz desnuda rápidamente arropada al piano con formas de cantar que se mantienen en nuestra tierra y Mariño actualiza desde su magisterio. Altas voces doloridas (textos recogidos en Tetuán, Marruecos) de aires renacentistas como tantos otros compositores han tomado para la canción de concierto, la música modal tan rica y paulatinamente adoptada en la actualidad. La cabecita de la luna (textos recogidos en Jerusalén), recordando «otras lunas» por ambos intérpretes, siempre inspiradora en música, que en esta bellísima nana del compositor vigués ha encontrado en Mar y Aurelio sus mejores transmisores de emociones. Para finalizar con Juego de niños (textos recogidos en Israel y Quintana del Monte, León), el carácter infantil con la óptica adulta de una escritura musical que no tiene nada de juego sino de estudio y conocimiento vocal e instrumental, perfecto cierra de esta grabación.

En la voz de Gabriel Alonso comento el resto de pistas:

«Tres poemas de guerra y un sueño» con textos de Antonio Machado (Sevilla, 1875 – Colliure, 1939), es un encargo del propio barítono que forma parte de un proyecto de tres ciclos de tres autores escritos para su trabajo de fin de carrera. Mariño se centra en los últimos poemas del escritor sevillano donde encara el exilio y los estragos de la Guerra Civil española, canciones que dibujan la profunda desolación retratada por el poeta, intercaladas por una cuarta, Sueño, que da un pequeño respiro a tanta oscuridad. El ciclo fue estrenado por Alonso junto al piano de Duncan Gifford en 2021 (en el Auditorio Sony de la Escuela Superior de Música Reina Sofía) que también se interpretó en el Ward Recital Hall de Washington (por el barítono Gustavo Ahualli junto al pianista Agustín Muriago):

Estos tres poemas son ideales para el color vocal del ferrolano (de sus características remito de nuevo a Don Arturo), pero mis impresiones tras su repetida escucha van desde el Horizonte, de nuevo con un piano introductorio que prepara el fraseo cantado desde una escritura actual perfectamente adaptada al texto del poeta sevillano, La primavera esperanzadora con unas sombras planteadas en el «acompañamiento» tan protagonista y descriptivo, junto a una línea de canto exigente bien resuelta por el barítono en todo el registro desembocando en un final luminoso. Prosigue el desgarrador Sueño cual copla de ciego actual sin «tonalidad» como el propio poema, y La muerte del niño herido, marcha fúnebre para un dolor creativo desde todos los puntos de vista, nana perpetua en una penumbra musical bien escrita y ejecutada por ambos intérpretes.

«Tríptico de Hierro» fue compuesto para conmemorar en 2022 el centenario del premiado con el Príncipe de Asturias de las Letras en 1981, el poeta madrileño José Hierro (1922-2002), tríptico estrenado por el barítono David Oller con el propio Mariño (también tiene versión sinfónica estrenada en el Auditorio Manuel de Falla de Granada y con César San Martín y la Orquesta de Getafe en 2023, dirigida por Carlos Díez en el Teatro García Lorca).

El buen momento parece describir el que comparten intérpretes y compositor, la poesía de Pepe Hierro que tan bien casa en la música del compositor gallego con la entrega de voz y piano en este universo férreo, Las nubes que dibujan formas e inspiran un canto emotivo, entregado, revestido de un teclado evocador como la propia «firma», para terminar con el Paseo, sincopado con paso firme, los acentos poéticos que se enriquecen en esta página de Mariño, «eternamente joven» en ese calendario desgranado en una verdadera «crónica del dolor» hecho canción y así entendida por Gabriel y Aurelio.

AL CALOR DE LOS POEMAS

Es éste un álbum vocal variopinto, que alberga piezas líricas provenientes de distintas fuentes literarias que han servido de base a la pluma sabia de un compositor y pianista tan avezado como Borja Mariño (Vigo, 1982), que conoce desde hace años todos los secretos del arte lírico como intérprete y como creador. De su inspiración en este último aspecto nos da pruebas este amplio recorrido por la poesía culta y popular de diversas procedencias y épocas.

La escucha y estudio de estos cinco grupos de canciones nos dan las claves de la personalidad del músico y de su tino para elegir los modos y maneras, las combinaciones y acentos adecuados en orden a servir las variadas fuentes literarias y poéticas. Es fácil comprobar que, de una manera general, la inspiración cala hondo en el significado de los poemas para acercárnoslos de forma muy directa e ilustrativa.

En sus propuestas Mariño revela que sabe tratar la materia, y evidencia enorme fantasía para colorear, matizar y extraer expresiones adecuadas de cada frase, de cada compás. Sirve a cada poema de forma diferente, maneja el ritmo sabiamente y cambia de compás en busca de la expresión más justa y certera, propone armonías claras y alusivas en un estilo ecléctico, elegante y sincero. Y escribe para la voz con pericia, extrayendo de ella las expresiones más convincentes y sinceras. Hay conocimiento y gusto por el canto más caluroso, esbelto y bien delineado. Su música se pliega a los textos de manera natural y sencilla; algo que revela un delicado y diestro trabajo de medida y encaje. Y que nos permite conocer la intensidad de la expresión y de lo más profundo y caleidoscópico de un ejemplar arte vocal.

Hablemos brevemente de los cinco grupos de canciones que ocupan el CD. Se abre con el álbum Versos de mujer, que requiere una voz de soprano y que ilustra poemas de seis escritoras diferentes. Sucesivamente: Dulce María Loynaz, Josefina de la Torre, Dalia Alonso, Alfonsina Storni, Carmina Casala y Carmen Jodra. Quiéreme toda, dedicada a María Miró, establece un tempo rubato, marcado ya en la extensa introducción pianística. La pieza transcurre tranquila y mesurada, de manera podríamos decir que introvertida. Se establece un hermoso diálogo voz-piano. Hay mucha intensidad y contrastes dinámicos. Es explicativa la apasionada frase en tesitura aguda, con La bemol 4 incorporado, “¡Y madrugada en la ventana abierta!”.

La falda eléctrica, con la acotación Sinuoso, nos presenta un ataque súbito de la voz sobre un lecho de tresillos y abre compases en los que se enseñorea una línea melódica muy inspirada: “cómo se ondula mi falda…”. Un 6/8 da curso a una lírica agitación que se disuelve en un final a bocca chiusa en pianísimo. Bola de nieve es tranquila y discreta, contemplativa y ondulante, y discurre entre continuos y expresivos cambios de compás. Cierre en pianísimo sobre un La natural agudo. ¡Agua, agua!, marcada Trepidante, exhibe una especial movilidad y demanda una innegable expresión dramática.

Adiós, amor propone un canto plano, pasito a pasito, que promueve un hermoso diálogo piano-voz y pide al final una especial intensidad. Un vibrante Si bemol agudo cierra el curso de la última canción del cuaderno, Cita final, que aparece con el inspirador enunciado Entusiasmado. La impulsan vibrantes y demoledores arpegios.

De acuerdo con el orden del disco pasamos al cuaderno Tres poemas de guerra y un Sueño sobre textos de Antonio Machado. Destinado a una voz de barítono, aquí resplandece la vena lírica del compositor gallego que los dedicó al cantante y compatriota que los interpreta. Horizonte es la primera canción, que ha de discurrir, de acuerdo con su enunciado, de forma meditabunda. El curso es andarín. El acompañamiento gira en torno a una figura constituida por la sucesión de cuatro notas. Muy poético su colofón. Caminando es la indicación que define La primavera, que repite insistentemente el mismo ritmo y nos descubre insólitos dramatismos. Sueño transcurre a lo largo de un Allegro en forma recitativo. Muy escueta y económica escritura. Y La muerte del niño herido, Serena, plantea un aire lógicamente fúnebre y ofrece una escritura luminosa y despojada a la manera de una sui géneris canción de cuna.

Seguimos con la serie de cuatro canciones titulada Campanas de sol y aire sobre poemas de otros tantos escritores: Juan Lamillar, Lutgardo García Díaz, José María Jurado e Ignacio Trujillo, todos ellos contemporáneos y afincados en la ciudad de Sevilla donde se estrenó el ciclo. Se abre con Mientras se borra el mundo, marcada No lento, con expresión. Discurre en algún momento sobre compases no habituales, como 5/8. Es triste y desolada con la voz en alto y un cierre poco resolutivo. Milagro en Valdezufre se define Scorrevole (resbaladizo). Presenta una escritura fluyente con pasajeros aires de danza (compás de 3/8). Nos sugiere un recitado de signo popular al modo de las ferias pueblerinas.

El bosque, la flor y la muerte es bien distinta. Un Andante que discurre sobre un lecho de animadas y corretonas semicorcheas que prepara unos meditativos compases del teclado. Hay también una parte recitada muy cambiante. Al final prevalece la expresión delicada y poética. El grupo se cierra con Alta torre, homenaje a la Giralda, un Allegro impetuoso con un comienzo en 5/4 y 6/4, que establece un discurso en parte quebrado. Hay un atmosférico interludio pianístico. Cierre afirmativo y pasajeramente melismático.

Nos llegamos ahora al cuaderno titulado alusivamente Tríptico de Hierro que ilustra poemas de Pepe Hierro. Misterioso es el calificativo que encabeza la primera canción, El buen momento, que transcurre sobre una suerte de recitativo y que expresa un muy introvertido lirismo. Pieza lineal y reconcentrada. Las nubes se ha de cantar de manera ensimismada, pese a la intempestiva introducción de la voz. Por momentos se llega a un aire curiosamente danzable. Se describen retazos de signo autobiográfico. Concluimos con Paseo, Allegro semplice, de ritmo marcado (4/4) y afirmativo, nada fácil de medir y con evidentes toques funerarios (“nos vamos muriendo”). Es, con todo, una canción variada y contrastada, que pone al descubierto secretos sentimientos. Una especie de marcha fúnebre.

La grabación se cierra con Cuatro canciones antiguas sobre textos sefardíes extraídos de un libro de la investigadora Susana Weich. La música es original de Mariño e imita, según declaración propia, los modos antiguos: Re, Mi, Fa y Sol. De ahí que cada pieza posea su sonoridad y que recuerde vagamente a la música folklórica antigua. Demudada de mi amado, Allegro, emplea graciosos trinos y melismas cuajados de tresillos, para retratar el momento de la partida de la novia desde la casa materna para el casamiento. Altas voces doloridas es una lenta melopea, íntima y recogida, calmosa y meditativa de escritura más bien grave, como corresponde a la llegada de la muerte. Descenso al La 2 y acorde conclusivo dramático y disonante. Sigue La cabecita a la luna, que muestra notas como gotas: sempre cantabile. Es una especie de canción de cuna que nos recuerda vagamente a la Nana de Falla. Bocca chiusa al final. La cuarta, Juego de niños, una retahíla para echar a suertes, es un saltarín Allegretto, juguetón y de toque infantil, con episódica escalada —oppure— al Re 5.

En la grabación concurren artistas de primer nivel. La soprano, Mar Morán, posee un timbre de fúlgido metal y una impostación perfecta, con ligero y agradable vibrato. Mantiene una envidiable igualdad de registros y un gran desahogo en la zona más aguda. El barítono, Gabriel Alonso, es dueño de un instrumento vocal de ricos claroscuros, lírico y homogéneo. Revela el exquisito arte de un fraseggiatore. Al piano, Aurelio Viribay: un instrumentista veterano y sapiente, estudioso de la canción española de toda época. Es el acompañante perfecto por su preparación, elasticidad y conocimiento del métier. Las canciones de Borja Mariño están con todo ello bien servidas.

Arturo Reverter