Inicio

Las palabras se hacen música

6 comentarios

Domingo 23 de junio, 12:30 horas73º Festival de Granada. Monasterio de San Jerónimo / Cantar y tañer | Tríptico Haydn: Cuarteto Quiroga. Haydn: Las siete últimas palabras de Cristo en la cruzFotos de ©Fermín Rodríguez.

En la iglesia del Real Monasterio San Jerónimo la mañana del domingo invitaba al recogimiento y nada mejor que escuchar Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz de Haydn en un entorno único y con el Cuarteto Quiroga que congregó a un amplio espectro de público respetuoso a lo largo de la hora larga de «ceremonia».

Bernardo García-Bernalt Alonso en sus notas al programa titulaba el concierto Haydn, el orador ilustrado algunas de las cuales iré intercalando, nos ilustra sobre el origen de esta obra «para una celebración devocional singular, muy en consonancia con el modelo cultual de la Ilustración: el ejercicio de Las tres horas. Tal acto se venía celebrando desde hacía años en La Santa Cueva, un oratorio subterráneo en el centro de la ciudad de Cádiz. La ceremonia tenía lugar a mediodía del Viernes Santo y su objeto era la meditación sobre las frases que, según los evangelios, Cristo pronunció en la cruz». El Cuarteto Quiroga en un estado de absoluta compenetración y un sonido compacto, que la acústica favoreció (para ello elegí sentarme hacia atrás), arancó L´introduzione mostrando las cualidades de tantos años trabajando juntos, un solo corazón donde confluyen dos venas (Josep Puchades, viola y Helena Poggio, violonchelo) y dos arterias (Aitor Hevia con Cibrán Sierra en los violines) bombeando y limpiando una sangre musical que fluye por los instrumentos de los cuatro con el mismo latido por las aurículas y ventrículos de cuerda.

Antes de la primera palabra, Sonata I «Pater, dimitte illis, quia nesciunt, quid faciunt» y así a lo largo de los siete sermones primigenios «tras cada uno de los cuales se debía escuchar un movimiento lento que invitara a la meditación ante el calvario que presidía, y aún preside, el oratorio. Prédicas y música irían alternando y, tras la séptima sonata, sonaría la representación musical del terremoto que siguió a la crucifixión»Cibrán Sierra oficiaría de «Pastor» con las lecturas sacadas de los cuatro evangelistas sobre los últimos momentos de Jesús en la Cruz, preámbulo del discurrir de todas ellas y obligada meditación durante su escucha.

Imposible quedarse con alguna de las últimas siete palabras que Haydn convierte en música, estados anímicos, esplendor de esperanza unido al dolor compartido, unas cuerdas que lloran y conmueven, el sonido impoluto lleno de amplias dinámicas respetadas desde un silencio sepulcral que hacían todavía más expresivos los silencios, resonando el cello de Helena Poggio como la piedra que conecta con el suelo. Maravilloso observar los arcos, el escrupuloso respeto a lo escrito y especialmente la unidad de sonido que tanto en unísonos como en respuestas o motivos pasando de uno a otro alcanza el Cuarteto Quiroga del que puedo decir que sigo desde sus inicios hace más de dos décadas. Años de trabajo conjunto y tan necesarios en esta formación consiguen sumar talento y unir en un solo ente y mismo latido unas páginas donde «papá Haydn» encuentra inspiración sinfónica desde lo camerístico.

Vuelvo a citar a Bernardo García-Bernalt Alonso: «La recepción y circulación que la edición para cuarteto tuvo en España fue notable, como atestiguan su presencia en diversas bibliotecas y archivos, así como la venta de la partitura, anunciada en prensa desde 1790. De hecho, es probable que, durante el siglo XIX, fuera esta la versión que se interpretaba en el La Santa Cueva, colocando a los músicos en una galería superior que comunica con el testero de la capilla por dos ventanales. De este modo, como evocaba Castro y Serrano en 1866, «la melodía baja del cielo y suspende el ánimo del auditor»».

Cada lectura del evangelio nos preparaba anímicamente e incluso el «Pater Serra» declamaba con buena dicción unos versículos que Haydn transmutaría en música con la palabra «del Quiroga». La Sonata V «Sitio» jugó con unos pizzicatti delicados contrapuestos a la tensión siguiente, hasta llegar a Il terremoto final que no hubiese necesitado presentación para abrirnos las carnes, los oídos y hasta el amor por una música que el Cuarteto Quiroga ha hecho suya.

Finalizo con las notas del profesor García-Bernalt pues el Cuarteto Quiroga las interpretó al pie de la letra: «(…) cada una de las siete sonatas comienza en el primer violín con una breve melodía que se ajusta al texto evangélico, como si de una línea vocal se tratara; este motivo sirve como idea principal (Hauptsatz) que recorre y vertebra la sonata (Haydn insistió a su editor para que esas palabras aparecieran claramente bajo las notas correspondientes). A pesar de la homogeneidad, Haydn logra una subyugante variedad mediante un plan tonal imaginativo –incluso aparentemente extravagante–, organizado simétricamente en torno a la sonata central por pares de movimientos equidistantes de esta. A ello une una exquisita fluidez melódica y un uso innovador de la forma sonata. Su obra atrapa al oyente y, como fue la voluntad declarada del autor, «provoca la más profunda emoción del alma, incluso en la persona más sencilla». Pura oratoria musical». En mi caso titulo esta entrega «Las palabras se hacen música»….

Buena «misa dominical» antes de subir esta noche al Palacio de Carlos V para buscar un paraíso vienés que contaré sin prisa pero sin pausa.

Cuarteto Quiroga:

Aitor Hevia, violín  – Cibrán Sierra, violín – Josep Puchades, viola – Helena Poggio, violonchelo.

PROGRAMA

Joseph Haydn (1732-1809):

Die sieben letzten Worte unseres Erlösers am Kreuze, HOB.XX:2

(Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, 1787):

L´introduzione

Sonata I «Pater, dimitte illis, quia nesciunt, quid faciunt»

Sonata II «Hodie mecum eris in Paradiso»

Sonata III «Mulier ecce filius tuus»

Sonata IV «Deus meus, Deus meus, utquid dereliquisti me»

Sonata V «Sitio»

Sonata VI «Consummatum est»

Sonata VII «In manus tuas Domine, commendo spiritum meum»

Il terremoto

Un peregrinaje sin destino

3 comentarios

Sábado 22 de junio, 22:00 horas. 73º Festival de Granada. Palacio de Carlos V / Grandes intérpretes: Seong-Jin Cho, piano. Obras de Ravel y LisztFotos de ©Fermín Rodríguez.

Hace años que el Lejano Oriente, del que conocemos menos que ellos de nosotros, nos está «invadiendo» occidente, y el mundo de las nuevas tecnologías es una pequeña muestra que me viene como anillo al dedo para ampliarla a una legión de intérpretes, cada vez más mediáticos, que hacen dudar si son de este mundo, creados por la llamada IA (Inteligencia artificial) o robots capaces de asimilar como máquinas toda nuestra herencia milenaria. En los años en que el pianista de jazz Herbie Hancock era una leyenda, dio un concierto en el Imperio del Sol Naciente y un nativo estuvo tocando unas melodías que el americano no reconocía, contestándole que eran suyas y las había memorizado de sus discos… Sírvame la comparación con toda la distancia del tiempo y lo rápido que avanza todo, para intentar enfocar lo vivido en mi séptimo día de festival, tras la excelente mañana de órgano y la noche plomiza de piano ¡muchas teclas! y totalmente distintas.

Al pianista surcoreano Seong-Jin Cho (Seúl, 1994) formado en París y residente en Berlín le escuché hace un año en Oviedo clausurando las jornadas de piano, por lo que dejo el enlace a mi reseña de entonces para intentar no repetirme. La técnica asombrosa de esta generación venida de oriente es increíble y ya son verdaderos prodigios en su niñez (hay vídeos en las redes que lo atestiguan), preguntándome hasta cuánto de necesaria es para afrontar partituras al alcance de unos pocos, y una vez mecanizadas llegar a la «verdadera» interpretación o si se quiere, aportar lo propio, la visión tras investigar, conocer y asimilar una música escrita cual guión donde cada actor hace suyo con una impronta única que cuando se copia deja de ser original.

Elegir Liszt y Ravel, que mi admirada Ana García Urcola (d)escribe en las notas como «el peregrinaje técnico, estético y espiritual del piano moderno» habla de dos genios de la composición y que «no se puede entender la pacífica revolución de la escritura raveliana sin la arrolladora técnica y estética de Liszt». Una pena que su documentada presentación no me coincidiese con lo escuchado en el Carlos V, y quienes hemos gozado en vivo de las leyendas del piano en el pasado siglo se nos hace difícil convencernos con el marketing del siglo XXI. Nadie les negará los años de estudio y sacrificio para tocar y ganar concursos (cada vez más desprestigiados) optando por el virtuosismo vacuo, vacío de arte (por muy subjetivo que sea), olvidando lo personal, lo distintivo, lo original… mas cuando hay talento además de cualidades, éste emerge y es elemento diferenciador (al menos también los hay), más allá de fallar notas o comerse compases porque ¡errar es humano!.

Cho tiene una legión de seguidores, fans en todas partes que le idolatran. Cierto que hay algo de hipnótico y hasta mágico al escucharle, pero la técnica apabullante no emociona, al menos a quien esto suscribe. Con algunos cambios de obras sobre el programa inicial, el silencio en palacio que el surcoreano logró es para analizar desde la primera parte dedicada a Ravel, su sonido es vaporoso, etéreo, maneja el pedal perfectamente, los tempi elegidos son correctos, la gama dinámica amplia, más parecía estar escuchando algo pregrabado con las técnicas y programas que reproducen nota a nota las partituras. Del vasco-francés solo me abrió los ojos los Valses nobles et sentimentales porque el resto se me hizo plomizo, pesado y senza anima, será que ahora prima lo inocuo envasado al vacío.

De los Años de Peregrinaje de Liszt llegué a pensar mientras los escuchaba si tomar los hábitos al final de su vida sería para purgar tantos pecados y hasta exorcizarse de la fama de endemoniado («el Paganini del piano») que le precedía. Una estrella asentada y fenómeno de masas del XIX para un aprendiz del XXI que aún peca de excesos, artificio y tentaciones en las que cayeron sus acólitos. Creo que este peregrinaje  de Seong-Jin Chao no tiene destino por muchos años que le dedique, discos vendidos y entradas agotadas, aunque tengo claro que no viviré para saber si estoy confundido y la música va por unos caminos que ya desconozco.

La propina de la Rêverie (número 7 de Kinderszenen Op. 15, Träumerei) de Schumann me sonó a las melodías pregrabadas de algunos pianos electrónicos pese a los bravos de parte del público. Me estoy haciendo mayor y demasiado exigente…

PROGRAMA

-I-

Maurice Ravel (1875-1937):

Sonatine (1903-05):

Modéré – Mouvement de menuet – Animé

Valses nobles et sentimentales (1911)

Le tombeau de Couperin (1914-17):

Prélude. A la memoria del teniente Jacques Charlot III

Fugue. A la memoria de Jean Cruppi

Forlane. A la memoria del teniente Gabriel Deluc

Rigaudon. A la memoria de Pierre y Pascal Gaudin

Menuet. A la memoria de Jean Dreyfus

Toccata. A la memoria del capitán Joseph de Marliave

-II-

Franz Liszt (1811-1886):

Années de pèlerinage, Deuxième année «Italie», S. 161 (1846-49)

Sposalizio

Il Penseroso

Canzonetta del Salvator Rosa

Sonetto 47 del Petrarca

Sonetto 104 del Petrarca

Sonetto 123 del Petrarca

Après une lecture du Dante. Fantasia quasi Sonata

Bach, Messiaen y Alard

3 comentarios

Sábado 22 de junio, 12:30 horas73º Festival de Granada. Parroquia de Nuestro Salvador / Grandes intérpretes | +Bach: Benjamin Alard, órgano. Misterios de la Trinidad. Obras de Bach y MessiaenFotos de ©Fermín Rodríguez y propias.

En la sesión matutina de mi séptimo día de Festival tocaba subir al Salvador para volver a disfrutar  del magnífico órgano de Francisco Alonso Suárez del que me enamoré el año pasado, así que no quería faltar con el francés Benjamin Alard en su ambiente natural (sin experimentos) y con dos grandes del órgano alternándose, Bach y Messiaen en programa muy bien estructurado, ideal para un instrumento tan versátil en cualquier repertorio, estilo y época, titulado Misterios sonoros y misterios de la Trinidad que las notas al programa del también organista y profesor Pablo Cepeda relaciona con todo el simbolismo (yo añadiría magia ) del número 3, y de aquí el título de mi entrada.

Con un dominio de los registros del instrumento inaugurado en 2001 que ya se ha hecho al templo y va tomando solera, el intérprete francés iría «confrontando» a Bach con Messiaen en una lectura no ya rigurosamente académica, sino con la sonoridad apropiada para cada uno. Así abría con el Preludio en mi bemol mayor, BWV 552/1 (sin «necesidad» de fuga), majestuosidad, tutti impactantes y claridad tímbrica  en manos y pies con los tres registros bien delimitados.

Messiaen y su Subtilité des Corps Glorieux (de Les Corps Glorieux, 1939) supuso cambiar de registro en todos los sentidos, pero creando una atmósfera serenamente inestable, trompetería de dos cornetas dialogantes, espiritualidad y hasta evocación de un canto gregoriano imaginado que Alard elevó por la bóveda de Salvador cual armonio poderoso.

 

Como si quisiese continuar con el canto llano instrumental, vuelta a «dios Bach» y la Allemande de la Partita en la menor para flauta sola, BWV 1013, dos registros de flauta maravillosa, la respiración continua del fuelle organístico pero el fraseo humano, inmaterializable de ser la original que el kantor también dominaba y feliz en Köthen donde lo sacro no era obligado que Alard huyó del virtuosismo vacuo para ahondar en una sonoridad organística donde los saltos originales parecen más integrados, el aliento lo ponía el fuelle y dando unidad al orden de las obras de este concierto.

 

Adelante sin dejar de fluir la buena música y escritura organística, Les Eaux de la Grâce (de Les Corps Glorieux) que Messiaen comenta y Cepeda recoge en sus notas: «flujo incesante del simbólico río de gracia que fluye en la ciudad celestial. El extraño carácter líquido de la música tiene dos causas: polimodalidad y registración»., cuerpos resucitados y agua de gracia, metáforas granadinas que Alard buscó en un órgano capaz de sonar igual de poderoso con esta «biblia messiaenica» del siglo XX.

El instrumento fue calentando tubos, el organista dedos y llegaba un «bloque Bach» con el coral luterano «Christ unser Herr, zum Jordan kam», BWV 684, simbolismo de agua y bautismo en un maravilloso juego de manos y registros fluyendo limpios y cristalinos. A continuacion la Trío Sonata nº 2 en do menor, BWV 526, un mundo orquestal en tres tiempos (Vivace – Largo – Allegro) que Alard no solo contrapuso en aire sino en registros siempre claros de los movimientos extremos, con un equilibrio de dinámicas en los pedales fruto de una elección correcta, más un Largo donde «mein Gott» siempre nos hace cerrar los ojos y agradecer tanto a la música (y a la vida) de nuevo con un tres mágico.

 

El «misterio» de esta trinidad tomaba todo el sentido: Alard, Bach y de nuevo MessiaenLe Mystère de la Sainte-Trinité despedía al compositor francés en las manos de su intérprete y paisano, cierre de la colección de Les Corps Glorieux y exigente para todo organista. Por medio de los timbres que el órgano de la Placeta del Abad esconde y Alard conoce, pudimos comprender lo de «Dios, Uno y Trino«, Padre en el pedal registros graves que retumban, Hijo en la voz central y Espíritu Santo en el tiple, escucha perfecta de los tres, cada uno con su registro pero con la tímbrica y frecuencias perfecta que permiten la feliz unión  o «bendita comunión» organística, estructura tripartita y simbolismo elevado al máximo que personalmente  recreaba contemplando el altar mayor…

 

Para mí y tantos otros Bach es «dios padre de todas las músicas» y hasta Trino así que con él cerraba Benjamin Alard este concierto «a 3», primero la monumental Sonata en trío nº 6 en sol mayor, BWV 530 que como en la 2 sus movimientos conjugan virtuosismo y placidez (Vivace – Lento – Allegro) con la alegría de encontrar el equilibrio siempre estable del tres, teclados de manos y pedalero, una orquesta reducida pero inmensa, con fraseos precisos, pulsación rigurosa, ornamentaciones claras y cerrar desde el principio del Preludio al final de la Fuga en mi bemol mayor, BWV 552/2, forma pura, matemática espiritual donde cada elemento va construyendo un edificio sonoro con los planos de Bach y Alard de arquitecto.

Aplausos y bravos de los muchos madrugadores, algún despistado que se sintió «santificado» en El Albaicín y un regalo que parece flotar en el Festival de Granada: unas improvisaciones de Benjamin Alard sobre el conocido De los álamos, vengo, madre, aún frescas en su mente y en la mía desde hace unos días (más de tres) pero totalmente nuevas este mediodía disfrutando con los registros, jugando y explorando un órgano con solera, seguro, afinado, bien tratado y que necesita aire diario para seguir respirando. El francés lo demostró y Paco Alonso, «padre de la criatura» mantuvo la magia del tres…


PROGRAMA

«Misterios sonoros y misterios de la Trinidad»

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Preludio en mi bemol mayor, BWV 552/1

Olivier Messiaen (1908-1992):

Subtilité des Corps Glorieux (de Les Corps Glorieux, 1939)

Johann Sebastian Bach:

Allemande de la Partita en la menor para flauta sola, BWV 1013

Olivier Messiaen:

Les Eaux de la Grâce (de Les Corps Glorieux)

Johann Sebastian Bach:

«Christ unser Herr, zum Jordan kam», BWV 684

Sonata en trío nº 2 en do menor, BWV 526:

Vivace – Largo – Allegro

Olivier Messiaen:

Le Mystère de la Sainte-Trinité (de Les Corps Glorieux)

Johann Sebastian Bach:

Sonata en trío nº 6 en sol mayor, BWV 530:

Vivace – Lento – Allegro

Fuga en mi bemol mayor, BWV 552/2

Clase de Schiff en el Colegio

1 comentario

Viernes 21 de junio, 22:00 horas73º Festival de Granada. Colegio Mayor Santa Cruz la Real / Cantar y tañer | +Bach / Festival Joven: Orquesta Freixenet de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, Marlon Mora (trompeta),
Sir András Schiff (piano y dirección). Obras de BachHaydn y MendelssohnFotos propias y de ©Fermín Rodríguez.

La Escuela Superior de Música Reina Sofía (ESMRS) de Madrid es una cantera internacional de músicos que pronto pasarán a engrosar formaciones sinfónicas o se convertirán en la nueva generación de grandes solistas, contando con un claustro de profesores donde mirarse para seguir creciendo. Este sexto día de mi festival llegaba su orquesta con el maestro húngaro Sir András Schiff, tras su concierto en Madrid, dentro del llamado «Festival Joven» en el claustro del Colegio Mayor Santa Cruz la Real, todavía con estudiantes universitarios acabando el curso antes de las merecidas vacaciones (que por cierto los músicos nunca tienen), y un programa que supone una verdadera lección práctica de historia musical en tres de los periodos más transitados y necesarios tanto para público como los intérpretes: el Barroco de «dios Bach», el Clasicismo de «papá Haydn» y el Romanticismo de Don Félix, cerrando este círculo el pudiente compositor hamburgués que recalaría en el Leipzig del kantor.

La primera lección barroca contaría con el maestro Schiff ejerciendo de pianista y director de la Orquesta Freixenet, un «doctorado Bach» del húngaro que nos brindarían el Concierto para clave, cuerdas y bajo continuo en fa menor, BWV 1056 con una óptica nada historicista (que en mi juventud ni existía) pero fiel al estilo del alemán que además sigue siendo mi preferida y, como siempre digo, sólo «mein Gott» suena bien en todas las épocas y versiones. Maravilloso comprobar cómo Sir András desde el piano y con leves gestos fue llevando a la orquesta de la ESMRS, marcando una pulsación milimétrica desde el Allegro moderato con un sonido cristalino en el Steinway© que engrandece este concierto con todo el respeto a lo escrito en cuanto a los contrastes dinámicos, el ataque pluscuamperfecto, los ornamentos cristalinos y la cuerda de «La Freixenet» impecable, afinada, empastada, arropando y siguiendo al Maestro Schiff. El tiempo se detuvo en un Largo que me conmueve siempre desde los tiempos del «apóstol Gould», Sir András cincelando cada frase, perlando los trinos, transmutando el piano a la clave sonora de la «modernidad» con una orquesta acunada y rendida a esa música eterna, para con el ímpetu juvenil absorvido por el húngaro (ventajas de la docencia), atacar un Presto prístino, brillante, impecable, alegre e incluso juguetón incluso. El Collegium musicum de Leipzig fue Santa Cruz La Real de Granada y el primer sobresaliente.

Crecía la plantilla orquestal, se sumaba el colombiano Marlon Mora a la trompeta, y Sir András, sin tarima ni batuta -pues sus manos y cara transmiten sabiduría y conocimiento, con todo el programa de memoria inspirando confianza- arrancaba el conocido Concierto nº 17 para trompeta y orquesta de Haydn. Segunda lección que en «los apuntes» de Pablo J. Vayón «Un siglo de música alemana» entregados como programa de mano, cita: «(…) tras Bach que emplea el tipo de concierto vivaldiano (…) la estructura tripartita fue también la de los conciertos clásicos, aunque las formas en ritornello del Barroco hayan dado ya paso a las típicas formas sonata. Un buen ejemplo es este Concierto para trompeta en mi bemol mayor de Haydn, una obra tardía, ya que fue escrita en 1796 y no estrenada hasta 1800. El Concierto estaba destinado a Anton Weidinger, trompetista de la corte de Viena que hacia 1795 había inventado una trompeta de llaves en mi bemol que permitía reproducir todos los sonidos de la escala cromática en dos octavas. Haydn le escribe un Allegro de apertura en 4/4 y forma sonata, un Andante en 6/8 y un ágil y brillante Allegro de cierre en 2/4 en su forma preferida para estos tiempos, el rondó-sonata».

Los que peinamos penas aún recordamos a Maurice André y últimamente al gran Pacho Flores, así que el reto para el trompetista colombiano era grande, casi el examen final de curso, pero el trabajo bien hecho siempre tiene recompensa. El maestro Schiff fue presentando cada frase, cada motivo, con unos reguladores espectaculares y cediendo al joven Marlon su protagonismo, sin aparentes nervios para ir tomando confianza en el Allegro de sonido redondo, matizado, bien acompañado por una orquesta nuevamente cristalina y precisa, ya engrosada y engrasada con maderas, metales más timbales enriqueciendo la tímbrica del solista. Trinos claros, emisión redonda y el tempo giusto para este movimiento con una cadenza explorando los registros, dominada técnicamente y bien rematada por todos. En el Andante, cuyo inicio tiene notas del Himno de Alemania, cuerda y madera prepararon un movimiento plácido, lírico, para que el colombiano luciese un sonido aterciopelado antes de enfrentarse al siempre exigente Finale. Allegro donde Schiff no frenó, la orquesta respondió y la trompeta de Mora alcanzó con rigor militar la nota máxima en este segundo capítulo de la lección vespertina, con el beneplácito del Maestro y compañeros en el escenario. 

Y para cerrar en todo lo alto, «la Freixenet» al completo y una «Italiana» de Mendelssohn (concebida durante el Grand tour que hizo por el país transalpino entre 1830 y 1831 inspirada en la atmósfera, ritmos y colores de Italia) impecable. Un lujo observar de cerca a SirAndrás marcar todo con sus manos y su expresión facial, haciendo fácil lo difícil, confiando en este selecto alumnado, encontrando siempre la respuesta adecuada de la deliciosamente juvenil orquesta. Cuatro movimientos para examinar cada sección y primeros atriles: arranque enérgico sin titubeos ni medios tempos, directamente Allegro vivace sin contemplaciones. Dinámicas perfectas, balances en su sitio, escuchando todo lo escrito por el hamburgués impecable y «sin tachones». Majestuoso Andante con moto con los graves sustentando este edificio sinfónico, la disposición vienesa que se agradeció más que nunca con los violines enfrentados para conseguir la sonoridad y planos exactos, un viento afinado (como la leve brisa que apenas movió los papeles de los atriles), adornos dibujados con los dedos o la muñeca izquierda del Maestro en este caminar con leve parada antes del Con moto moderato moviendo, pasando los protagonismos bien consentidos en cada sección, en cada familia (bravo por las trompas y flautas), «repartiendo juego» cual profesor preguntando aparentemente de forma aleatoria pero con todo controlado antes del último esfuerzo que pide el Saltarello. Presto, apretando y exprimiendo cada dedo, cada labio, cada arco y llave, hasta las baquetas sin tropiezos, musicalidad exquisita y Matrícula de honor tras el último examen con ese gozo que supone la «tarantella» final.

El regalo como orla o birrete conjunto y Cum laude vendría con la obertura de Le nozze de Fígaro de Mozart. En los citados «apuntes» de mi admirado tocayo sevillano dice: «En el siglo XIX las sinfonías siguen el patrón formal haydniano, bien es cierto que después de la Eroica de Beethoven empiezan a expresar contenidos nuevos. Felix Mendelssohn conocía bien a Beethoven, pero su música sinfónica enlaza acaso mejor con la de los grandes clásicos, especialmente Mozart», por lo que perfecto broche fuera de «temario» tras una hora sin pausa que pasó volando con obras que todo melómano conoce de memoria pero siempre suenan distintas en el directo irrepetible.

Las calificaciones fueron justas, los aplausos merecidos para los alumnos pero todo el reconocimiento al Maestro Sir András Schiff que supo trasladar sabiduría a una orquesta madura de quienes algunas profesionales deberían escuchar para ser buen ejemplo, y no verse superadas pronto por esta generación que ocupará su lugar.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Concierto para clave, cuerdas y bajo continuo en fa menor, BWV 1056 (1738):

Allegro moderato – Largo – Presto

Joseph Haydn (1732-1809):

Concierto nº 17 para trompeta y orquesta en mi bemol mayor, HOB VIIe:1 (1796):

Allegro – Andante – Finale. Allegro

Felix Mendelssohn Bartholdy (1809-1847):

Sinfonía nº 4 en la mayor, op. 90 «Italiana» (1833):

Allegro vivace – Andante con moto – Con moto moderato – Saltarello. Presto

Frío nórdico en Granada

1 comentario

Jueves 20 de junio, 22:00 horas73º Festival de Granada. Palacio de Carlos V | Conciertos de Palacio: Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Juan Floristán (piano), Tabita Berglund (directora). Obras de Sibelius y Rajmáninov. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

El aviso de la repentina cancelación por enfermedad del esperado director finlandés Tarmo Peltokoski (Vaasa, 2000) nos llegaba el pasado lunes, pero rápidamente y con lo que supone afrontar un programa ya cerrado se contactó con la directora noruega Tabita Berglund (Trondheim, 1989), celeridad y acierto en encontrar para aceptar poder asumir semejante compromiso, otra batuta nórdica -verdadero vivero de músicos que vienen empujando- con una agenda completa, y más que una promesa como el finlandés Peltokoski (que esperemos se recupere para la clausura del Festival), toda una realidad que acumula éxitos con grandes formaciones y en las dos próximas temporadas estará al frente como principal invitado en Detroit y Dresde. Ahora queda sumar a su currículo este debut con la OCG y ser la primera mujer sobre el podio sinfónico en los 73 años del festival granadino, con un Sibelius recuperado por tantos directores bálticos capaces de descubrir nuevos matices del finlandés, compartiendo y escoltando en el programa al famoso segundo concierto de piano del ruso Rajmáninov, dos compositores cercanos en su tiempo como lo son hoy la maestra noruega y el pianista sevillano Juan Pérez Floristán (1993) precisamente juntos en un programa titulado «Jóvenes en plenitud«.

La noche fría pareció contagiar las obras y también a los intérpretes, comenzado con una Finlandia casi invernal por cierto destemple global en la OCG, opaca y del color primaveral de la tierra de Sibelius aunque la directora noruega lo marcase todo, batuta cual estilete y mano izquierda fraseando. Las siempre sobreexpuestas trompas tiritaron aunque el resto de metales diesen el calor épico de aquel julio de 1900 en Helsinki, esta vez gélido junio de 2024 en Granada.

El cinematográfico, bello y exigente segundo concierto para piano de Rachmáninov, estrenado en Moscú un año después de Finlandia, sigue siendo un referente y teniendo a Floristán era interesante cómo lo volvía a sentir tras haber ganado con él hace 9 años el Concurso de Santander. El sevillano ha madurado y su interpretación resultó en cierto modo rocosa como las piedras del Carlos V, dura y muy contrastada, mandando y mostrando buen entendimiento con la directora noruega atenta al solista, manteniendo buen balance orquestal aunque la formación local todavía no encontraría su temperatura, puede que algo descompensada la cuerda por mayor falta de efectivos en este programa, pero faltó tensión y brillo, más pegada en los graves e incluso momentos sin empastar las violas. Las maderas tampoco lucieron a excepción de un excelente oboe, y en este «segundo» el pianista sevillano llevó todo el peso desde el inicio, amplia gama dinámica ya en el Moderato inicial con gran expresividad, sin forzar los cambios de tempo y limpieza en los pasajes rápidos, aunque su mano izquierda resultase en exceso poderosa. Mucho más reposado, lírico y equilibrado el bellísimo Adagio sostenuto central, bien encajado con la orquesta antes del Allegro scherzando verdaderamente juguetón por su parte pero sin la misma respuesta que Tabita Berglund pedía con su gestualidad total, tal vez exajerada y en cierto modo contagiando un ímpetu que trajo inseguridad a la orquesta nazarí. Lo del público aplaudiendo cada movimiento comienza a ser preocupante y persistente (incluso en la Quinta) aunque no seré yo quien defienda una costumbre que los tiempos han ido cambiando (creo que para peor).

Juan Pérez Floristán agradeció su presencia en esta edición y tanta inspiración en esta mágica Granada con su Alhambra que estuvo disfrutando, por lo que el regalo fue la habanera de La Puerta del Vino tan cercana al Palacio y de un Debussy, que no la visitó pero recreó cual postal o acuarela impresionante (también impresionista) enviada por su amigo Falla, y donde el sevillano mostró el poso y buena elección de un repertorio más «liviano» sin problemas de excesos sobre la tarima, música bien interiorizada y tentación a la que debía sucumbir esta noche.

Un breve descanso que bajó la temperatura exterior pero al menos la OCG hizo el efecto térmico  inverso, algo más templada para la Quinta sinfonía de Sibelius. De ella el programa de mano titulado «Miradas, reflejos y vestigios» escrito por Justo Romero dice: «La Quinta sinfonía de Sibelius es obra de ancha gestación, cuya versión original se estrenó el 8 de diciembre de 1915 en Helsinki, el mismo día que Sibelius cumplía 50 años. De hecho, la sinfonía nació como respuesta a un encargo del Gobierno finés para conmemorar el medio siglo de vida del compositor más ilustre. Un año después, en 1916, presentó una versión revisada, que introduce sustanciales novedades, como cuenta el propio compositor en una carta fechada el 20 de mayo de 1916: «La Quinta sinfonía ha sido prácticamente compuesta otra vez […] Primer tiempo: enteramente nuevo; Segundo tiempo: reminiscencia del antiguo; Tercer tiempo: recuerda el final del primer tiempo de la antigua versión; Cuarto tiempo: los antiguos motivos, pero más enérgicos en la revisión. Todo, si se me permite decirlo, es una gradación plena de vida hasta el final. Triunfal». La versión definitiva, en tres movimientos, que refunde los dos primeros, se estrena el 24 de noviembre de 1919, con la Filarmónica de Helsinki dirigida por él mismo. Cinco meses antes, en julio, se había estrenado en Londres El sombrero de tres picos«.

Tabita Berglund infundió algo de color y calor a una obra de gran envergadura (yo digo que «no hay quinta mala»), con el Tempo molto moderato inicial empastado, una mejor madera (el fagot bien cantado) especialmente en el inicio del Andante mosso, quasi allegretto; los metales -con buenas trompetas- resultaron realmente broncíneos; finalmente una cuerda que al fin sonó tensa y presente, pero difusa, de pizzicati livianos. Sí logró la respuesta correcta en los cambios de aire así como en las dinámicas, atacando el Allegro molto algo acelerada y contagiando esa sensación, la mía que fue ella directora quien buscó esa sonoridad pero sin la claridad y luminosidad que esperábamos, optando más por la energía que por una tensión entendida desde la expresividad, dejando casi sin aliento el discurrir e impidiendo unos fraseos más diferenciados, tomando aire. Don Justo, el maestro pacense, nos recordaba que «Europa ya había escuchado las Cinco piezas para orquesta, op. 16, de Schoenberg, el Wozzeck de Berg, los ballets de Stravinsky o las músicas de Debussy y Ravel. De alguna manera, Sibelius sintió con su Quinta sinfonía la certidumbre de que el mundo iba por otros derroteros», y creo que este concierto también…

PROGRAMA

Jean Sibelius (1865-1957):

Finlandia, op. 26 (1900)

Serguéi Rajmáninov (1873-1943):

Concierto para piano nº 2 en do menor, op. 18 (1900-01):

Moderato – Adagio sostenuto – Allegro scherzando

Jean Sibelius:

Sinfonía nº 5 en mi bemol mayor, op. 82 (1915, rev. 1916-19):

Tempo molto moderato – Andante mosso, quasi allegretto – Allegro molto

Grand Bouffe chelística

1 comentario

Miércoles 19 de junio, 21:30 horas. 73º Festival de Granada. Crucero del Hospital Real | Grandes intérpretes / +Bach:
Jean-Guihen Queyras, violonchelo. Obras de Adnan SaygunBachKodály. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

La amplia oferta del festival granadino hace difícil elegir a qué concierto asistir, y en mi cuarto día entre el órgano en la Iglesia de los Santos Justo y Pastor con Bernard Foceroulle más Lamber Colson, siempre apetecible, me decanté por «Mein Gott» en el Crucero del Hospital Real (cambiado al inicialmente Patio de los Inocentes) con el chelista canadiense Jean-Guihen Queyras pues me permitía escuchar también a un para mí desconocido Ahmed Adnan Saygun (1907-1991) y el siempre agradecido Kodály en el instrumento más cercano a la voz humana.

Las notas en el libro del Festival tituladas «Bach mirando al futuro» nos cuentan que «en el Festival de 2022, el canadiense Jean-Guihen Queyras interpretó en una inolvidable matinal las suites impares para violonchelo de Bach, que preludió con piezas aforísticas de György Kurtág» y este último miércoles  primaveral volvía «por la noche al genial músico alemán con la más compleja y extensa de sus suites, la Sexta, escrita en realidad para un violonchelo piccolo de cinco cuerdas, lo que complica el acercamiento con un instrumento convencional. Y, como entonces, enfoca la música de Bach hacia el futuro del violonchelo, esta vez con dos obras del siglo XX, una, la de Kodály, bastante conocida y difundida también; la otra, estreno en España, es la de un importante compositor turco, que estudió en la Schola Cantorum de París y pasa, entre otras cosas, por ser el autor de la primera ópera turca de la historia».

Parece que el gran Pau Casals se «desayunaba» cada día una de las seis Suites del dios Bach, por lo que en principio me tomé como un aperitivo, con mucha enjundia, la Partita para violonchelo solo, op. 31 «To the Memory of Friedrich Schiller» (1955) del compositor turco que se estrenaba en España para un programa donde las notas de Enrique Martínez Miura se titulaban «Reflejos bachianos», y por tratarse de una novedad mejor las transcribo: «(…) la Partita de Saygun –acaso la música turca más conocida fuera de su país– nace de otra raíz, el folclore de Anatolia, que en noviembre de 1936 estudiaría con Bartók, cuya influencia no deja de percibirse en Saygun. Compuesta para recordar el 150 aniversario de la muerte de Schiller, la obra fue estrenada en Ankara en 1955 por Martin Bochmann. Hasta que se impuso el título actual, la página se conoció por otras denominaciones, como por ejemplo Requiem-cello Suite. La maestría de la escritura instrumental, puesta de manifiesto por todos los violonchelistas, aun en tesis doctorales dedicadas a la obra, se suma al subrayado de un tono algo pesimista, que se dice procedente de la filosofía sufí. Acordes disonantes, ritmos sincopados, ensimismamiento (Adagio, Allegretto) jalonan esta sorprendente cuanto desafiante Partita». Interesante obra en cinco movimientos reflejando el conocimiento de la forma «Partita» en pleno siglo XX donde todos los registros y técnicas del chelo se aprovechan al máximo, desde esa cuarta cuerda que resuena potente (más en el crucero y mejor que en el patio) hasta los armónicos explorando terrenos casi violinísticos donde Queyras «saca petróleo» de su instrumento (un Pietro Guarneri veneciano de 1729, puesto a su disposición por Canimex Inc. de Drummondville, Quebec, Canadá). Lo dicho, un primer plato potente de un menú que resultaría completísimo.

La Suite nº 6 de Bach si entrar en los planteamientos históricos de su exacto destino instrumental, donde hasta nuestro Adolfo Salazar ya en 1951 apuntaba a «la agilidad superior y una tesitura más aguda que un chelo normal, sobre el que la obra puede ser tocada –siempre y cuando el intérprete sea un virtuoso muy consumado–, bien que obligando a la corrección de algunos acordes», lo que no presenta dudas es el obligado dominio del instrumento y Queyras lo demostró. Toda partitura es cual guión donde el intérprete aportará su punto de vista, su trayectoria, sus experiencias y por supuesto el conocimiento, así que la partitura del kantor tiene todos los ingredientes para ser siempre distinta, sin olvidarnos de un lenguaje italiano del que Bach también tomó buena nota. El Preludio inicial enfocado con calma, la Allemande con ornamentos claros en el chelo del francés, bien «bailada» la Courante y virtuosa Sarabande (siempre recordándome a Marin Marais) con dobles, triples y hasta cuádruples cuerdas. Manteniendo ese contraste barroco las dos Gavottes me llevarían al Cantábrico con el aire de gaita francesa de la segunda antes de la última y elegante Gigue, una lectura la de Queyras visceral, sincera y honesta.

Tras una breve pausa donde ni acudir a verter aguas, llegaría lo más brillante de este concierto, la Sonata para violonchelo solo, op. 8 (1915) de Kodály dedicada a Jenő Kerpely, que la estrenaría el 7 de mayo de 1918, donde Queyras demostró su buena fama. Si Bach era el segundo plato del menú, Kodály no fue el postre sino un verdadero banquete por sí solo, original, apreciado por Béla Bartók, sonata virtuosa y explorando tímbricas que en su momento eran impensables, aunque el primer Saygun cocinó también estos ingredientesEnrique Martínez Miura la define como «un reto para cualquier intérprete (…)  De virtuosismo radical, se recurre a un catálogo de formas de atacar las notas, invocándose un espejismo polifónico, que es inevitable remitir a Bach, aunque en Kodály, salvo excepciones, el chelo sigue un curso básicamente homofónico. Abundan los efectos tímbricos, como la imitación de instrumentos cíngaros, mas ese alarde técnico nunca perturba la línea principal. Se suma la dificultad de la scordatura, de modo que las cuerdas tercera y cuarta, sol y do, deben afinarse como fa sostenido y si bemol».

Sus tres movimientos presentan un derroche de música y el esfuerzo del chelista donde la mano izquierda  llega a posiciones imposibles y el arco entra por todas partes, energía necesaria pero también momentos pastorales y especialmente los aires zíngaros tan familiares, vitales y expresivos donde Kodály muestra la inspiración en el folklore de su Hungría antes del último Allegro molto vivace, considerado como de los pasajes más difíciles de toda la literatura para violonchelo, una rapsodia casi polifónica en las manos del «chef» Queyras con esta fusión de formas para la bellísima y generosa sonata con la que culminaba esta «Grande Bouffe» chelística, por finalizar ya mis referencias gastronómicas.

PROGRAMA

-I-

Ahmed Adnan Saygun (1907-1991):

Partita para violonchelo solo, op. 31 «To the Memory of Friedrich Schiller» (1955)*

Lento – Vivo – Adagio – Allegretto – Allegro moderato

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Suite para violonchelo nº 6 en re mayor, BWV 1012 (1717-23)

Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte I – Gavotte II – Gigue

-II-

Zoltán Kodály (1882-1967):

Sonata para violonchelo solo, op. 8 (1915)

Allegro maestoso ma appassionato – Adagio (con grand’ espressione) – Allegro molto vivace

* Estreno en España

Martha Argerich y la Compañía Antonio Gades, Medallas del Festival de Granada 2024

1 comentario

En la última reunión del Consejo Rector del Festival de Granada, del pasado 21 de mayo, se acordó por unanimidad la concesión de dos Medallas de Honor, a la gran pianista argentina Martha Argerich y a la Compañía Antonio Gades.

Los galardones reconocen la relevancia artística y profesional de los artistas y su estrecha vinculación con el Festival de Granada en el que han participado en numerosas ocasiones desde la década de los 70.

Las medallas serán entregadas a la pianista Martha Argerich (Buenos Aires, 1941), por su especial relación con el Festival, en el que debutó en 1979, su enorme talento, su dedicación y servicio a la música durante más de seis décadas y su apoyo constante a los jóvenes intérpretes, ayudándolos y potenciando desde siempre sus incipientes carreras. La señora Argerich es un ser humano extraordinario y una pianista legendaria, que ha escrito su nombre con letras de oro en la historia del piano del siglo pasado y del actual. La medalla le será entregada en el descanso de su concierto en el Palacio de Carlos V, el 6 de julio.

La otra medalla será para la Compañía Antonio Gades, en el 20 aniversario de su creación, uno de los grandes puntales de la danza española y flamenca, que hace gala de la escuela definida por coreógrafo y bailarín Antonio Gades. Además, se celebrará en el Teatro del Generalife el 50 aniversario de Bodas de sangre (1974), una de las grandes coreografías del maestro alicantino, referencia en el mundo de la danza, esencia de la obra de Lorca, que consagra al flamenco como lenguaje dramático capaz de contar historias, convirtiéndose en difusor de la obra del poeta universal. La medalla será entregada en un acto que tendrá lugar en el Centro Lorca, el día 26 de junio, a las 11 horas.

Martha Argerich en el Festival

Su primera visita al Festival fue en 1979, con la Orquesta Nacional dirigida por Antoni Ros-Marbá. 41 años después, en 2020 (año de la pandemia), la pianista vuelve con un recital junto al violinista Renaud Capuçon. Su siguiente visita fue en 2022 en un concierto memorable junto a la Orchestre Philharmonique de Monte-Carlo dirigida por Chales Dutoit. En esta edición, la genial pianista argentina junto al director suizo Charles Dutoit vuelven a cruzar sus caminos en Granada, esta vez con la Orchestre de la Suisse Romande, que debuta en el Festival. Será con uno de los grandes conciertos de repertorio del siglo XIX, el de Schumann, en el que Argerich lleva décadas dejando muestras de una maestría casi insuperable.

La Compañía Antonio Gades

Es desde su creación en 2004 uno de los grandes puntales de la danza española y flamenca. Hace gala de la escuela definida por el maestro Gades, en la que predomina un lenguaje estético y depurado, arraigado en las tradiciones y la cultura del pueblo español. Dirigida artísticamente por Stella Arauzo, la Compañía Antonio Gades es la punta de lanza de la Fundación que, dirigida por su viuda Eugenia Eiriz y presidida por su hija María Esteve, mantiene viva la llama de uno de los legados más trascendentales de la danza española.

Antonio Gades (Alicante, 1936-Madrid, 2004), ha participado en el Festival con sus compañías de entonces, Ballet de Antonio Gades y Ballet Nacional Español, en cuatro ediciones. Entre sus coreografías más aclamadas interpretadas en el Festival, se destacan El amor brujo, Danza de la muerte, Danza del molinero, Jota, Caña, Ensueño, Soleá, Tango, Variaciones sobre el vito, Zapateado y fandangos, Rumba, Seguiriya, Bulerías y Farruca (en 1971); Bodas de sangre, Cantiñas, Debla, Fandangos, Bulerías, Farruca, Flamenco, Guajira, Martinete, Soleá por bulería (en 1979); Carmen (1988) y Fuenteovejuna (1995).

La Compañía de Antonio Gades, creada en 2004, ha participado en el Festival en cuatro ocasiones con las coreografías de Carmen (2007), Ainadamar (estreno en 2011), Fuego (2014) y Bodas de sangre y Suite Flamenca (2024).

Todo es posible en Granada

4 comentarios

Martes 18 de junio, 21:30 horas. 73º Festival de Granada, Patio de los Inocentes (Hospital Real) / Música de cámara | +Bach: Israel Galván (baile), Benjamin Alard (clave y dirección), Miguel Colom (violín) – Fernando Arias (violonchelo), Álvaro Octavio (flauta), Ángel Luis Sánchez (oboe), Vicente Alberola (clarinete). Manuel de Falla, entre la influencia y la creación. Obras de Bach, Sánchez-Verdú, D. Scarlatti, Vásquez, Victoria y Falla. Fotos ©Fermín Rodríguez.

Tercer día de mi festival granadino con un espectáculo original en el Patio de los Inocentes (buen nombre para lo que escuchamos) con entradas sin numerar y un lleno hasta los cipreses. Y de nuevo un estreno del gaditano José María Sánchez-Verdú que tomaría la palabra para explicarnos las relaciones e influencias de su paisano Falla y su inspiración en San Juan de la Cruz y su Cántico Espiritual siempre relacionado con Granada, como las Las ínsulas extrañas (2024).

Pero Bach padre de todas las músicas sería el encargado de abrir la tarde (que iría refrescando) con Benjamin Alard al clave del Museo de Falla (que sigo diciendo tiene muy poco volumen), Álvaro Octavio a la flauta y Miguel Colom al violín, el Affettuoso del quinto Concierto de Brandemburgo donde la originalidad fue el baile de Israel Galván, algo impensable aunque todo es posible en Granada, y aunque no hubiese una conexión con la música al menos pudimos comprobar una gestualidad propia que no ilustraba la música de «Mein Gott» sino la indicación de este movimiento.

El estreno de Sánchez-Verdú con la misma formación que el último Falla, estuvo dirigida por el propio compositor, en su lenguaje atonal exprimiendo todas las tímbricas del sexteto (como el día anterior en su trío), inicio de chelo y clarinete imperceptibles para ir sumándose clave, flauta y oboe. Mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón titula las notas al programa como «Ascética y mística del clave» pero en el caso de estas ínsulas al menos fueron creciendo en rítmica con la búsqueda de sonoridades por momentos bruscas, abruptas y atípicas explorando y explotando los recursos habituales del gaditano, que personalmente no me aportan nada nuevo en pleno siglo XXI. El propio compositor escribe de ella: «Mi pieza, lejos de emular el Concerto, describe un viaje casi místico a través de siete paisajes que trazan una ascensión en la percepción. El material musical se despliega en ostinati, bloques que se despliegan como espejos concéntricos, ecos en transiciones orgánicas entre paisajes, y tienen al clave siempre como centro del itinerario. […] Como la ascensión al Monte Carmelo –que describió y también diseñó en un muy especial dibujo con su mano el propio santo– en la pieza musical se conjuga la búsqueda de una plenitud mística y espiritual a través de un terreno místico por naturaleza: el camino. Las ínsulas extrañas es una cartografía de todos estos espejos y resonancias, con San Juan y Manuel de Falla y con el espacio de la montaña que los aunó en espacios y tiempos que dialogan».

Al menos los arreglos del algecireño para «llevarnos hasta Falla» mantuvieron la música primigenia, tanto de Juan Vásquez en De los álamos vengo, madre, ideal la elección de violonchelo y clarinete para ´disfrutar de esos grandes instrumentistas, tan solo algún exceso sonoro y sumando nuevamenre el baile de Galván, tampoco coreografía sino pura heterodoxia desde la expresión corporal, o el Tantum ergo de Victoria para la formación sin el clave, polifonía y tímbrica casi orgánica donde el viento con la cuerda «cantan» sin palabras esta joya  renacentista del Padre abuleño.

Con el cambio en el orden, volvería el sevillano Israel Galván en un taconeo para la Sonata para clavicémbalo en si menor, K. 87 de Domenico Scarlatti que taparía totalmente a Benjamin Alard. Si Bach soporta cante y baile allá donde suene, el napolitano hijo de Alessandro quedó totalmente eclipsado. Cierto que la pulsación del clavecinista francés era clara, precisa y cercana al bailaor, favoreciendo incluso el encaje entre ambos intérpretes, pero hubo más baile que música y la fusión barroca y flamenca aquí no funcionó aunque lo tomaremos como el homenaje a Don Manuel, un gaditano enamorado de Granada que sería lo mejor del espectáculo.

 

El Concierto para clave y cinco instrumentos de Falla, dedicado a Wanda Landowska, «apóstol del clave» como la califica Vayón, y que se lo estrenaría en el Palau catalán el 5 de noviembre de 1926, es en cierto modo una continuación lógica del Retablo que disfrutamos el pasado año con el mismo instrumento que parece enamoró al clavecinista y organista francés. El quinteto al que secundó se mostró impecable en la ejecución y sonoridad a lo largo de los tres movimientos, y escuchando esta página sigue pareciéndome aún más moderna y actual, mirando más a Europa que a España, sin folclorismo y con una desnudez por parte del sexteto que sí enlaza con el ascetismo. De nuevo escuchamos a Falla utilizando a Juan Vásquez en el Allegro, el Lento central con en el Tantum
ergo
victoriano y hasta la fiesta final y colorista del Corpus granadino. La modernidad de hace un siglo que sigue siendo actual.

 

Y la guinda sería utilizar la misma formación instrumental para que Galván se marcarse una sevillana propia (desconozco el arreglo), sentado en una silla (nada flamenca), con sus botines blancos, tocado con una rosa en el pelo, y esas manos que hablan como solo los del sur llevan en los genes. Todo es posible en Granada…

PROGRAMA

Manuel de Falla, entre la influencia y la creación

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Affettuoso del Concierto de Brandemburgo nº 5 en re mayor, BWV 1050, para flauta, violín y clave (1720-21)

José María Sánchez-Verdú (1968):

Las ínsulas extrañas (2024)*

Juan Vásquez (c. 1500-c. 1560) / José María Sánchez-Verdú:

De los álamos vengo, madre (arreglo para clarinete y violonchelo, 2024)*

Tomás Luis de Victoria (h. 1548-1611) / José María Sánchez-Verdú:

Tantum ergo (arreglo para quinteto de flauta, oboe, clarinete, violín y violonchelo, 2024)*

Domenico Scarlatti (1685-1757):

Sonata para clavicémbalo en si menor, K. 87 (L. 33)

Manuel de Falla (1876-1946):

Concierto para clavicémbalo, flauta, oboe, clarinete, violín y violonchelo (1923-26):
Allegro – Lento – Vivace

* Estreno absoluto, encargo Festival de Granada

El fluir del presente al pasado

6 comentarios

Lunes 17 de junio, 22:30 horas. 73º Festival de Granada, Patio de los Arrayanes / Música de cámara | #Schubert esencial: Trío Arbós. Obras de Sánchez-Verdú y Schubert. Fotos de ©Fermín Rodríguez y propias.

José María Sánchez-Verdú (Algeciras, 1968) es el compositor residente de esta septuagésimo tercera edición del internacional festival nazarí y protagonista esta noche junto a Franz Schubert (Viena, 1797-1828), entrando ambos en contacto en este programa del Trío Arbós uniendo clásicos y contemporáneos interpretando los dos tríos con piano del vienés, obras de absoluta madurez escritas un año antes de su muerte, junto a dos obras del gaditano: …In aeternum,  y Jardín de agua II, su sexto trío con piano y estreno absoluto encargo del Festival. Diálogo entre presente y pasado cuyo punto de contacto puede encontrarse quizá en la percepción “fluida” del fenómeno sonoro, y así enfocaré esta reseña inspirándome en las notas del programa: «a Schubert le gusta explorar la forma como meandro: en lugar de poner el foco en el armazón de la estructura, prefiere detenerse en los recodos, las zonas de sombra, en los giros que los materiales dan sobre sí mismos. A la “divina longitud” schubertiana responde la “eternidad” de Sánchez-Verdú, que es liquidez estancada, goteo incesante, eco y resonancia».

Abría el concierto el trío …In aeternum (1996) y más tarde confluída en el Trío II (1998) como movimiento conclusivo. El escritor y crítico Stefano Russomanno titula sus notas al programa «La música y su fluir». y dice de este trío que es una página enormemente parca en su desarrollo y está construida sobre la «resonancia y extensión de un ostinato, una pulsación sobre la que se despliega un viaje que juega con la resonancia de la scordatura de los instrumentos y con un cierto carácter extático en su material».  Interesante el juego tímbrico y mi propia evocación acuática que en este caso parecía estancada como el propio Patio de Los Arrayanes que ayuda a una acústica increíble, con un violín limpio (Ferdinando Trematore), un cello poderoso en los graves (José Miguel Gómez) y el piano abrazando a ambos (Juan Carlos Garvayo), creando texturas y sensaciones.

El agua fluiría con Schubert y su Trío con piano en si bemol mayor, D 898, op. 99 (1827), cual depuradora llena del estilo inconfundible del incomprendido austríaco, melodías bellísimas que saltaban de uno a otro miembro del trío en un juego muy cuidado y una excelente conjunción fruto de tantos años (llevan desde 1996) tocando juntos, con simples miradas, gestos o simplemente escucharse en el verdadero diálogo musical donde como digo siempre, las «tres patas» suponen el equilibrio perfecto.

Vuelvo a citar las notas de Russomanno sobre este trío: «Salvo por una esporádica incursión juvenil (un Allegro escrito en 1812 a los quince años), la aportación de Schubert a la plantilla del trío con piano se concentra en un espacio restringido de tiempo, entre 1827 y principios de 1828. Como si en su cabeza esta formación hubiese desencadenado de repente una eclosión de ideas imposible de condensar en una única pieza, en pocos meses Schubert escribió dos tríos con piano de extraordinaria envergadura, los opus 99 y 100, cuyos rasgos se antojan en cierto modo complementarios».

El opus 99 comienza con un Allegro moderato desenfadado que corre hacia el lirismo tan característico de Schubert, dando paso a un ambiente más dramático, como un lied sin palabras que quisiera darnos colores ocres en el Andante un poco mosso. Alegría de baile comparable a los saltos de la trucha en un río transparente, danza que va animándose y el Trío compartiéndola con un público que aplaudía cada movimiento (desconocimiento o impulso desenfrenado que espero no se haga «viral»). El Allegro vivace conclusivo nos devolvería a la tranquilidad de la orilla tras un discurrir brillante donde hasta las sombras fueron luminosas.

Volveríamos al estanque del algecireño y su Jardín de agua II (Trío VI) compuesto este año por encargo del Festival Internacional de Música y Danza de Granada y que en palabras del propio compositor, «está centrado en algunos elementos vinculados con el agua en su organicidad, movilidad, fluctuación, sonoridad…, pero en la sutilidad de un estanque en reposo, como en el arte árabe. Musicalmente hace un uso especial de la agógica, de las resonancias del piano y de la superposición de capas distintas de percepción entre los tres instrumentos. La pieza articula no solo estos límites como campo de trabajo, sino que también presenta ciertas formas de espejos (simetrías, deformaciones de imágenes, etc.) o superposiciones de tempi, etc. inspirándose profundamente en el citado arte árabe y en su trabajo con las superficies, la geometría y la ornamentación a través de los espacios, materiales y elementos fundamentales como el agua y la luz». De mayor extensión que el primer trío y siguiendo con los paralelismos acuáticos o acuíferos, personalmente me transmitió una ciénaga donde se vertían residuos tóxicos, casi como la catástrofe de Aznalcóllar, de hace cinco lustro, con el esfuerzo por limpiar un desastre ecológico. De nuevo un trabajo inconmensurable del Trío Arbós defendiendo con profesionalidad y entrega esta partitura aplaudida junto al propio compositor que saldría a saludar y felicitar a los intérpretes por este estreno de este sexto trío que tras el segundo de Schubert me pareció coherente en tanto que las referencias rítmicas sonaron como en la cocina de diseño se llama «deconstrucción».

Y llegó el segundo trío con piano de Schubert que no solo funcionó cual depuradora sino que nos devolvió ese fluir clásico del vienés, inconfundible e inimitable, con melodías utilizadas en multitud de películas (me quedo con Barry Lyndon de Kubrick) que han hecho esta música reconocible más allá de los propios conciertos. Escribe Russomanno que «la proximidad cronológica… con el segundo libro del Viaje de invierno se refleja acaso en el Andante con moto, cuya atmósfera desprende una mezcla –tan schubertiana, por otra parte– de lirismo y desolación. El Allegro inicial transcurre en los cauces de un copioso despliegue de temas y modulaciones que generan una tensión interna continua. La campechana solidez del Scherzo se asienta en un importante trabajo imitativo entre las partes, mientras que el imponente Allegro moderato es producto de la hibridación entre los modelos de la forma sonata y el rondó». Si el primero de los tríos demostró la calidad y calidez de «El Arbós», este segundo fue un dechado de perfección, dinámicas bien trabajadas, balances melódicos ajustados, pasajes rápidos ejecutados con una limpieza tan cristalina como el evocador río, contrastes anímicos hechos música y recuerdos de las propias sonatas de violín que al incorporar el chelo no solo engrosa la propia sonoridad sino que amplía la paleta emotiva siempre presente en Schubert.

De regalo tenía que seguir siendo Schubert de quien nos ofrecerían un arreglo para trío del lied Nacht und Träume (Noche de ensueño) con luna creciente, brisa nocturna y perfume de tilos presentado por Garbayo volviendo a mostrar el magisterio del Trío Arbós en la música del vienés y rindiendo homenaje a la capital austríaca, eje central de esta 73 edición del Festival de Granada.

PROGRAMA

José María Sánchez-Verdú (1968):

…In aeternum (del Trío II) (1996)

Franz Schubert (1797-1828):

Trío con piano en si bemol mayor, D 898, op. 99 (1827):

Allegro moderato – Andante un poco mosso – Scherzo. Allegro
Rondo – Allegro vivace

José María Sánchez-Verdú:

Jardín de agua II (Trío VI) (2024)*

Franz Schubert:

Trío con piano en mi bemol mayor, D 929, op. 100 (1827)

Allegro – Andante con moto – Scherzo. Allegro moderato – Allegro moderato

* Estreno absoluto, encargo del Festival de Granada

Última hora: Tabita Berglund sustituye a Peltokoski

1 comentario

Nota de prensa:

Por enfermedad debidamente justificada, el director de orquesta Tarmo Peltokoski se ha visto obligado a cancelar el concierto previsto con la Orquesta Ciudad de Granada el próximo 20 de junio, en el Palacio de Carlos V, en esta 73 edición del Festival de Granada.

En su lugar, la joven directora noruega Tabita Berglund se ha hecho cargo de este concierto con el mismo programa, a la que agradecemos su total disponibilidad para asumir esta repentina cancelación y dirigir en el Festival de Granada.

Tabita Berglund

Directora Principal Invitada de la Orquesta Sinfónica de Detroit (a partir de la temporada 2024/25); Directora Principal Invitada de la Dresdner Philharmonie (a partir de la temporada 2025/26).

Aclamada como «una de las mayores promesas de Europa» (Helsingin Sanomat), Tabita Berglund es una de las jóvenes directoras de orquesta más interesantes y talentosas de la actualidad, que se está ganando rápidamente una reputación por su estilo despierto, carismático e inspirador, que suscita «una creación musical excepcional» (The Arts Desk). Es Principal Directora Invitada Designada de la Orquesta Sinfónica de Detroit, a partir de la temporada 2024/25, y en 2025/26 se convertirá en Principal Directora Invitada de la Dresdner Philharmonie. A finales de 2023/24 concluyó su mandato de tres años como Principal Directora Invitada de la Orquesta Sinfónica de Kristiansand.

Recientemente, ha debutado con la Orquesta Sinfónica de Dallas, la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca, la Berner Symphonieorchester, la Orchestre National de Lyon, la Philharmonia Orchestra, la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, la BBC Scottish Symphony, la Dresdner Philharmonie, la Düsseldorfer Symphoniker, el Musikkollegium Winterthur y el Festival de Grafenegg, donde se puso al frente de la Tonkünstler-Orchester Niederösterreich, por segunda vez. Próximamente debutará con la Philharmonia Orchestra en la Ópera de Garsington, dirigiendo una reposición de Le nozze di Figaro de Mozart; volverá a dirigir a la Orquesta Sinfónica de Detroit, como invitada principal, la Dresdner Philharmonie, la Orchestre National de Lyon, la Tonkünstler-Orchester Niederösterreich, Festival de Grazburg, Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo y Orquesta Sinfónica de Trondheim, así como debuts con la Sinfónica de Gotemburgo, Orquesta Sinfónica de Lahti, Gürzenich-Orkester Köln, Orquesta del Mozarteum de Salzburgo (Festival de Pascua de Salzburgo), Orquesta de Cámara de París, Orquesta de la Svizzera Italiana, Orquesta de Minnesota y Sinfónica de Houston, entre otras. Berglund también debutará en Asia con la Tokyo Metropolitan Symphony Orchestra en noviembre de 2024. 

Berglund colabora regularmente con solistas de renombre internacional como Jean-Yves Thibaudet, Leila Josefowicz, Truls Mørk, Pekka Kuusisto, Cédric Tiberghien, Alexander Malofeev, Camilla Tilling y los hermanos Jussen, por citar algunos. Sigue defendiendo la música de compatriotas nórdicos como Sibelius, Stenhammar, Tveitt, Nordheim y Thorvaldsdottir, como parte de un amplio repertorio que abarca desde Mozart y Beethoven hasta Prokofiev, Boulanger, Mahler, Lutosławski y Britten, entre muchos otros.

Se graduó en 2019 en el Máster de Dirección Orquestal de la Academia Noruega de Música, donde estudió con el profesor Ole Kristian Ruud. Originalmente se formó como violonchelista y estudió hasta el nivel de maestría con Truls Mørk, actuando regularmente con las orquestas filarmónicas de Oslo y Bergen, así como con los Solistas de Trondheim, antes de que la dirección de orquesta se convirtiera en su enfoque principal en 2015. Fue la estrella 2018-20 del programa Talent Norway y fue galardonada con el Premio Neeme Järvi de la Gstaad Conducting Academy. El CD debut de Berglund, en el que dirige a la Filarmónica de Oslo con la violinista Sonoko Miriam Welde, se publicó en 2021 (LAWO) y posteriormente fue nominado a un Grammy noruego (Spellemann) en la categoría de Música Clásica 2022.

Older Entries Newer Entries