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Si la música es el alimento del amor

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Miércoles 26 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara, X Primavera Barroca. «Orpheus britannicus and friends»: Alex Potter (contratenor), Mathilde Vialle (viola da gamba), Patrick Ayrton (clave). Obras de Purcell y otros compositores británicos.

Como dice el texto de Henry Heveningham (1651-1700) musicado por el otro Henry Purcell (1659-1695), el Orfeo británico, «Si la música es el alimento del amor», este nuevo concierto de la décima Primavera Barroca ovetense, en colaboración con el CNDM, fue como una merienda musical de velada cercana, amena, variada, centrada en el renacimiento y barroco inglés, con un trío perfecto encabezado por el simpático contratenor Alex Potter que hicieron de la sala de cámara del auditorio carbayón un salón de casa donde disfrutar cada obra con su poesía que cantada alcanza la categoría máxima, y donde sólo faltó «A cup of tea».

Y es que el programa se organizó por bloques que dieron unidad, permitiendo disfrutar los solos de Vialle y Ayrton intercalados entre las apariciones de un Potter de timbre bello, «natural» sin afectaciones ni cambios de color, con dicción perfecta y lógica en un inglés, así como dramaturgia en todas sus obras pues como decía para LNE «En el escenario hay que saber cómo contar historias para lograr transportar al público», algo que hizo desde su primer Purcell We sing to him, Z 199 enlazado con Henry Lawes (1596-1662) Love’s fruition, y Matthew Locke (ca. 1621-1677) Bone, Jesu, verbum Patris, afectos y efectos perfectamente arropado por Vialle, casi otra voz grave, y el perlado clave de Ayrton, respirando con el contratenor y entregados a este programa tan «british».

Daphne, IRS 5 de Richard Sumarte (¿?-1630) para viola de gamba dejó la prueba del buen hacer de Mathilde Vialle con una sonoridad redonda y clara dando el paso de acompañante al Fain would I change that note de «Musicall humors» (1605) de Tobias Hume (ca. 1579-1645) donde el dúo con Potter fue mágico más allá de la coincidencia literaria y cinematográfica del apellido.

El magisterio en el clave de Patrick Ayrton quedó patente con Ground en re menor, ZD 222 de Purcell, que como en la anterior enlazó acompañando las dos versiones del If music be the food of loveOrpheus britannicus«, 1698) donde Vialle completó una interpretación sentida por parte del contratenor.

No hubo pausa para el descanso pero sí una ligera variante con los dos temas de John Blow (1649-1708), primer el clave solo de Theater tune, Jigg, Ground y Rondo, esa «rueda» que empuja, y la aparición de Potter entre las butacas para cantarnos teatralmente Why does my Laura shun me? (The grove), de «Amphion anglicus» (1700) con la complicidad y comicidad del clavecinista en busca de la ninfa amada.

Alex Potter presentó y explicó cada bloque, y el siguiente sería a pares entre Purcell y Blow con dos obras potentes emocionalmente como así nos las cantó con clave (What hope for us remains now is gone?, Z472 por la muerte de su amigo Matthew Locke), dolor que también alimenta la inspiración (Tell me no more, de «Amphion anglicus«).

Pablo J. Vayón en sus excelentes notas al programa cuenta las relaciones de este Orfeo británico y también qué es un ground, como también el propio Potter: «… los equivalentes a los ostinati italianos, líneas de bajo repetidas sobre las que escribir melodías», completando la ilustración sonora Vialle y Ayrton. No faltó tampoco el humor emparejando de nuevo a Purcell y Blow, de «Orpheus britannicus« el Here the Deities approve (pertenciente a  «Welcome to all the pleasures», Z 339/3 (1683) y Sabina has a thousand charms (de «Amphion anglicus«), expresividad vocal y corporal a trío con obras a pares.

Presentando a Patrick Ayrton (1961) como «el mago de la improvisación» llegó la sorpresa prevista de sacar al azar entre el público cuatro notas bien barajadas, resultando la secuencia Si-Sib-Sol-Fa#, y sobre ellas con el humor británico hecho música barroca, unas variaciones «virginales» explorando la sonoridad de un clave bien afinado con unas ornamentaciones siempre limpias dominando el estilo de este concierto que llegaría al último tramo de nuevo emparejando compositores y espiritualidad, A hymn to God the Father («Harmonia sacra«, libro I, 1688) de Pelhlam Humfrey (1647-74) junto al Orfeo que cerraba velada: An evening hymn, Z 193, un himno vespertino con texto de William Fuller (1608-1675) : «Ahora que el sol ha velado su luz y ha dado al mundo las buenas noches…», como traduce Luis Gago, Aleluya cantado con clave y viola «que prolonga tus días».

Público llenando el «salón», gente joven que corrobora la actualidad barroca y grandes ovaciones regalándonos primero Sweeter than Roses, Z. 585, nº 1, traducido al español por Mathilde, y al fin la palabra y humor de Patrick presentando sui géneris un aria de «singspiel» (!) para concluir esta tarde al fin primaveral disfrutando del contratenor Alex Potter.

Perianes feliz heredero de Larrocha

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Martes 25 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Javier Perianes (piano). «Cruce de caminos», obras de Clara Schumann, Robert Schumann, J. Brahms y Granados. Concierto homenaje a Alicia de Larrocha en el centenario de su nacimiento.

Bajo el título «Cruce de caminos» volvía a Oviedo el onubense Javier Perianes (Nerva, 1978) para homenajear a Alicia de Larrocha (Barcelona 1923-2009) en el centenario de su nacimiento, y puedo decir que feliz heredero de la maestra catalana, pues aunque en el repertorio español destacan sobremanera, está claro que los grandes románticos también son referentes en sus interpretaciones.

Así lo demostró Perianes este martes en un auditorio con abundante presencia de estudiantes de piano que seguro tomaron nota de su magisterio, frente a los que peinamos canas que tuvimos el privilegio de escuchar a ambos, afirmando que también sus caminos se cruzan como reza el texto inicial del programa: «El piano, el genio, la admiración y el afecto fueron ejes de la relación entre el matrimonio Schumann y Brahms (…) Apegos cruzados en el corazón del romanticismo, cristalizados en las series de variaciones que Clara y Brahms componen a partir de la introspectiva y quieta cuarta BunteBlätter opus 99 de Robert Schumann.
Universos de nostalgias, miradas y reflejos. Evocaciones que marcan el camino de Granados al espejo sonoro de Goyescas; “mezcla de amargura y gracejo”, evocación del universo visual de Goya»
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El duro trabajo de años permite al pianista andaluz afrontar con personalidad y creatividad una primera parte romántica bajo el género de la variación en torno a Robert Schumann. Primero de Clara Schumann (1819-1896), de soltera Clara Wieck, cuyas siete Variaciones sobre un tema de Schumann, op. 20 además de un regalo para los 43 años de Robert son una verdadera belleza a partir de Albumblatt I (la cuarta Bunte Blätter, op. 99) de su amado esposo, intrincadas, personales, maduras, llenas de contrastes, los mismos calificativos aplicables a Perianes y con una dificultad que escuchándoselas no lo parecen, dado el dominio del onubense capaz de sonsacar de la gran densidad de la escritura de Clara toda la luz que esconde, como un orfebre que trabaja los detalles o el pintor que perfila con una amplísima gama de color.

Juan Manuel Viana titula sus notas al programa «Del amor y de la muerte: variaciones a seis manos», las de los tres compositores de la primera parte. Tras ClaraRobert Schumann (1810-1856) cuyas Quasi Variazioni: Andantino de Clara Wieck (de la Sonata nº 3 en fa menor, op. 14) son una miniatura de melodismo exquisito tal como la llevó Perianes desde una lectura reflexiva llena de emoción, la intensidad necesaria para dar continuidad a toda la carga musical de este «triunvirato a seis manos». La trayectoria del maestro andaluz ha ido dejando el poso que otorga tanto los conciertos orquestales como la música de cámara, y es ante la soledad del piano donde la madurez encuentra todo su reflejo.

Toda la grandeza y admiración hacia los Schumann de Johannes Brahms (1833-1897) la verterá en sus juveniles Variaciones sobre un tema de Schumann, op. 9, a partir también de las Bunte Blätter, op. 99, esta vez la primera de las «hojas de álbum», dieciséis miniaturas (I. Tema. Ziemlich langsam; II. Variación 1. L’istesso tempo; III. Variación 2. Poco più moto; IV. Variación 3. Tempo di tema; V. Variación 4. Poco più moto; VI. Variación 5. Allegro capriccioso; VII. Variación 6. Allegro; VIII. Variación 7. Andante; IX. Variación 8. Andante (non troppo lento); X. Variación 9. Schnell; XI. Variación 10. Poco Adagio; XII. Variación 11. Un poco più animato; XIII. Variación 12. Allegretto, poco scherzando – Presto; XIV. Variación 13. Non troppo Presto; XV. Variación 14. Andante; XVI. Variación 15. Poco Adagio; XVII. Variación 16. Adagio) de auténtico esfuerzo emocional que Perianes engrandeció, reflejando la doble personalidad homenajeada por el hamburgués de nuevo con el intrincado género de la variación para pasar de la luz a la sombra cual sucesión de lienzos cargados de color, fuerza, melancolía, esperanza, dolor… Contrastes de tempi ajustados a lo escrito con fraseos sentidos, matices inmensos del pp al ff, limpieza extrema, puliendo el sonido utilizando los pedales con total expresividad y pintando de un trazo con la seguridad de ambas manos. Una ejecución plena, madura y cercana a la extenuación por la total entrega de un Javier Perianes pletórico y «jondo» poniendo música al poeta José Hierro.

En este homenaje a la Maestra Larrocha no podía faltar Enrique Granados (1867- 1916), con las Goyescas, op. 11 (Los majos enamorados. Suite para piano) ejecutadas en su integridad y sin pausa ambos cuadernos, algo al alcance de muy pocos intérpretes, uno de ellos el propio Perianes.

Hace tiempo que califiqué al onuberse como «El Sorolla del piano» por la claridad que imprime a sus interpretaciones, especialmente Debussy pero también Falla. Y con estas Goyescas de Granados me reafirmo en esta personal impresión, pues los seis números pintaron al Goya de La lechera de Burdeos por un sonido cercano al impresionismo francés, también por el ambiente del genio de Fuendetodos donde Granados se inspira, el melodismo de la tonadilla sin letra que Perianes canta como nadie, auténticas «veladuras» musicales de aire universalmente hispano. Del Cuaderno 1 (1. Los Requiebros; 2. Coloquio en la reja; 3. El fandango del candil; 4. Quejas, o La maja y el ruiseñor) destacar cómo respira cada «cartón» elevado a cuadro, percepciones únicas, luminosidad y contrastes, dinámicas perfectas adaptadas al sentir de cada título, al ritmo -fandango de calado-, al tiempo con el que juega hasta lo imperceptible. G de Granados, de Goya, de Gracejo y Grandeza, de Genialidad. Donaire y melancolía abocetados con aire francés y pintados con mano firme, sentimientos amorosos, la música temática sin palabras, un verdadero testamento pianístico que Alicia de Larrocha nos dejó para la posteridad y Javier Perianes recoge en nuestro tiempo, pues como el propio Don Enrique decía «Goyescas es una obra de todo tiempo… Estoy convencido de ello». Sin resuello atacaría el Cuaderno 2 (5. El amor y la muerte; 6. Epílogo: Serenata del espectro), sentimiento de balada chopiniana, amor y muerte dramáticos en escritura e interpretación maestra con final fantasmal de piano hecho guitarra con aire atlántico premonitorio de la propia tumba del compositor catalán. Hondura, sentimiento, profundidad desde la madurez en una galería goyesca pintada por nuestro «Sorolla del piano».

Aún quedaría sentimiento para regalar, y de nuevo Brahms cuyo Intermezzo, Op. 118, nº 2 en la mayor nos dejaría la nostalgia común, el amor musical y la esperanza que nunca se pierde, pues el piano de Javier Perianes rezuma siempre optimismo tras un concierto intenso a más no poder.

P.D.: La Viena Española ofrecía también en la Sociedad Filarmónica de Oviedo un concierto de Lucía Veintimilla (violín) y María Cueva (piano).