Cuidada y bellísima escenografía de
Rosetta Cucchi donde la evolución del drama corrió pareja a los cambios de época en cada acto, y al momento vocal de los protagonistas, el recurso del teatro dentro del teatro que resultó efectista sin romper la trama. A destacar un tercero coral en el amplio sentido de la palabra, que contó además del duelo femenino con la belleza plástica del acróbata
Davide Riminucci y la bailarina
Luisa Baldinetti mientras se proyectaban unos vídeos homenaje al cine de los felices 20, pero especialmente el último ambientado en el París de los 70, impactante de emociones, buen gusto y originalidad donde se cierran los dos temas sobre los que gravita toda la ópera: el teatro y el amor bajo los focos, iluminación que siempre subrayó los momentos de intensidad emocional.

El teatro con sus actores,
la obra de Cilea con una música pura, bella, exigente para las voces muy entregadas a sus papeles donde el triunfo del amor puro de Michonnet fue el verdadero triunfador y dominador de la escena, un
Luis Cansino pleno y convincente desde su primera intervención hasta rematar un final lleno de emoción con Ermonela Lecouvreur, simbiosis total de
Jaho con la Adriana que ya ha hecho suya pese a incorporarla recientemente a su repertorio. La entrega de
la soprano albanesa es innegable, como su capacidad para comunicar con el público en cada aparición, declamando una Fedra en el tercer acto digna de las grandes de la escena, y una voz que fue ganando enteros a lo largo de la función, mimando los pianos y explotando sin esfuerzo su amplia tesitura. Su personaje, con un vestuario colorido de diva, culmina en la sencillez y simbolismo del negro setentero del séptimo arte, desde la “
l’umile ancella” al esperado y trágico final “
Poveri fiori” que arrancó los únicos aplausos tras el aria que no aparecieron en el resto, sensibilidad y buen hacer de
la soprano albanesa que sigue triunfando en nuestros escenarios.


La antagonista
Nancy Fabiola Herrera mantuvo el nivel homogéneo de los protagonistas, puro lirismo en su aria del segundo “
Acerba voluttà” y el dramatismo necesario de su pugna
por el amor de Maurizio, con dúos bien empastados en color además del buen gusto de la mezzo canaria. Será debilidad por las “malas de la película” pero tan necesarias para que brille más el amor en escena.
Alejandro Roy debutaba en su rol de Maurizio que, como el resto, fue ganando confianza a lo largo de la función. La fuerza característica del tenor asturiano es idónea en el llamado verismo, aunque puede traicionarle por momentos en los agudos a media voz, pero el tiempo acabará puliendo esos detalles a medida que se haga cada vez más con esta partitura exigente de principio a fin, situándole oculto en la escena final ya pletórico vocalmente, evolución temporal en vestuario hasta la luminosidad de la oscuridad sobre las tablas.
El cuarteto protagonista estuvo bien arropado por la
Oviedo Filarmonía, dueña del foso y madurando con los años, esta vez bajo la dirección de un
Daniele Callegari que supo sacar el refinamiento orquestal de
Cilea sin miramientos a las voces, exprimiendo el dramatismo a todos los intérpretes, con destacables intervenciones de los primeros atriles, colorida el arpa de
Miriam del Río, y sentido el violín de
Marina Gurdzhiya.

Y la ópera necesita de más voces, los mal llamados secundarios que, como en el cine, dan sentido y aportan la necesaria unidad dramática, manteniendo un nivel muy homogéneo en
cada personaje cantado, destacando el abate de
Josep Fadó, el Príncipe de
Felipe Bou o las “mademoiselles”
Cristina Toledo y
Marifé Nogales, la misma línea ascendente de toda la representación. El
Coro Intermezzo que dirige
Pablo Moras redondeó todo el elenco vocal que nos dejó una primera Adriana muy interesante, seguramente mejorando en las cuatro funciones restantes que pondrán punto final a la profesionalidad e intenso trabajo de todo el equipo de la Ópera de Oviedo, asentándose todos en esta maravillosa y poco habitual ópera de
Cilea que esperemos no pasen tantos años en reponerla. Está demostrado que no hace falta salir de nuestra tierra para tener todos los elementos necesarios que la ópera necesita en esta vida que es puro teatro.

Ficha:
Teatro Campoamor de Oviedo, jueves 27 de enero de 2022, 19:30 horas.
Adriana Lecouvreur. Maurizio,
Alejandro Roy. Príncipe de Bouillon,
Felipe Bou. Abate di Chazeuil,
Josep Fadó. Michonnet,
Luis Cansino. Quinault,
Carlos Daza. Poisson,
Albert Casals. Adriana Lecouvreur,
Ermonela Jaho. Princesa de Bouillon,
Nancy Fabiola Herrera. Mademoiselle Jouvenot,
Cristina Toledo. Mademoiselle Dangeville,
Marifé Nogales. Dirección musical,
Daniele Callegari.
Orquesta Oviedo Filarmonía. Coro Titular de la Ópera de Oviedo (
Coro Intermezzo). Dirección del coro,
Pablo Moras. Dirección de escena
Rosetta Cucchi. Diseño de escenografía,
Tiziano Santi. Diseño de vestuario,
Claudia Pernigotti. Diseño de iluminación,
Daniele Naldi. Coreografía,
Luisa Baldinetti. Diseñador de vídeo,
Roberto Recchia. Acróbata,
Davide Riminucci. Coproducción de la Ópera de Oviedo,
Teatro Comunale di Bologna y Sidney Opera House.
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